miércoles, 20 de octubre de 2021

Henry Williamson: “Los Diarios de Winston”

 

La herencia humana no se continuaba porque uno se hiciera oir, sino por el hecho de permanecer cuerdo. Volvió a la mesa, mojó en tinta su pluma y escribió: Para el futuro o para el pasado, para la época en la que se pueda pensar libremente, en que los hombres sean distintos unos de otros y no vivan solitarios… Para cuando la verdad exista y lo que se haya hecho no pueda ser deshecho. George Orwell (1984)

Henry Williamson fue un naturalista inglés, agricultor y prolífico autor conocido por su historia natural y por sus novelas. Ganó el Premio Hawthornden de Literatura en 1928 con su libro “Tarka la nutria”.


Henry Williamson nació en Brockley, al sureste de Londres, el 1 diciembre 1895, pero se trasladó a Ladywell cuando era joven; se crió en un entorno semirural donde desarrolló un profundo amor por la naturaleza que le acompañará el resto de su vida y que marcará profundamente tanto su pensamiento y su forma de vida como su obra literaria. El segundo acontecimiento que marcó profundamente a Henry Williamson fue su intervención como soldado británico en la Primera Guerra Mundial, una experiencia que ayudó de forma decisiva a que surgiera en él una nueva visión del mundo.

Guerra y fútbol (1914)
La tregua de Navidad de 1914, cuando los alemanes y los ingleses abandonaron sus trincheras para fraternizar y jugar al fútbol, lo afectó profundamente. También fue fuertemente influenciado por la camaradería en las trincheras y en particular por aquella entre los soldados británicos y alemanes a pesar de estar en guerra unos con otros. Se sintió profundamente disgustado con la inutilidad de una guerra que creía firmemente que había sido causada por la avaricia y la usura, llegando a la conclusión de que Alemania y Gran Bretaña nunca debían enfrentarse de nuevo.
Sus experiencias de la guerra quedaron reflejadas en buena parte de su obra: “La húmeda llanura de Flandes” (1929), “El progreso del patriota” (1930) y en una serie de quince libros semi autobiográficos, “Crónica del Sol antiguo”, escritos entre 1951 y 1969.
En 1922 Williamson regresó al campo y alquiló una casa que había sido construida en los tiempos del rey Juan, junto a la iglesia local en Georgeham, North Devon. Williamson vivía en ella como un ermitaño y se dedicaba al estudio de la naturaleza, dando largos paseos por el campo. Las puertas y ventanas de su casa estaban siempre abiertas y se reunieron a su alrededor una familia de perros, gatos, gaviotas, halcones, urracas y un cachorro de nutria.
La nutria, Tarka (que significa pequeño vagabundo agua), había sido rescatada por Williamson después de que un granjero hubiera disparado a su madre. La nutria caminaba como un perro junto a Williamson. Un día entró en una trampa para conejos, se asustó y huyó. Williamson pasó años buscando a Tarka siguiendo los ríos Taw y Torridge. Aunque no encontró a Tarka su contacto íntimo con la naturaleza le inspiró para escribir su libro más famoso: “Tarka la nutria”. Publicado en 1927, este libro popular fue una descripción íntima del campo Inglés y ganó el Premio Williamson Hawthorne de Literatura en 1928.
“Tarka la nutria” es la más influyente novela de Henry Williamson. Fue publicada por primera vez en 1927 y sigue siendo la más conocida y popular de sus obras. Aunque ahora a menudo es catalogada como un libro para niños, “Tarka” ha influido en figuras literarias tan diversas como Ted HughesRachel Carson o Roger Deakin, quien describió a Tarka como un “gran poema mítico”.El libro fue muy bien recibido por el público atrayendo elogios, entre otros, Thomas Hardy y su amigo TE Lawrence (más conocido como Lawrence de Arabia) del que hablaremos más adelante, pues su muerte fue uno de los más oscuros pasajes de la historia de Inglaterra en el que Henry Williamson se vio directamente involucrado.

Henry Williamson en su cabaña (1929)

Con los beneficios generados por la venta de “Tarka la nutria” consiguió suficiente dinero para comprar una cabaña de madera cerca de Georgeham donde escribió muchos de sus libros posteriores.
En Williamson, como en Ezra Pound y Hamsun, se reconocen nuevas formas literarias que tendrán un impacto crucial en la literatura del siglo XX. Sin embargo todos ellos han sido enviados al agujero de la memoria.

Esto no sólo se debe a que se identificaron con los fascismos europeos sino que, a diferencia de algunos de sus contemporáneos, nunca mostraron arrepentimiento alguno ni repudiaron de ello, por lo que nunca serán perdonados ni por los liberales ni por los lobbies sionistas que controlan el mundo editorial y la crítica literaria occidental.

Oswald Mosley

Williamson fue uno de los primeros en comprometerse con Mosley y la Unión Británica de Fascistas y defendió Hitler como líder visionario del renacimiento europeo.
Williamson asistió al Congreso de Nuremberg en 1935 quedando impresionado por los logros económicos y sociales de Alemania mientras que los británicos continuaban languideciendo en la pobreza y el desempleo. Vio una comunidad racial basada en los valores de la tierra y un campesinado revivido, libre de interés bancario. Williamson observó cómo los rostros de la gente expresaban tal confianza en Alemana que parecía como si estuvieran “respirando, una cantidad extra de oxígeno”.

En las Juventudes Hitlerianas vio una reminiscencia de sus días como un Boy Scout. Aquellos jóvenes eran el reflejo de una vida sana y Williamson no pudo evitar compararlos con la juventud enfermiza de los barrios bajos de Londres. No parece que Williamson estuviera viendo a la juventud Alemana de forma irreal o idealizada pues la misma descripción fue dada por el periodista estadounidense William Shirer, autor del texto antinazi “Auge y caída del Tercer Reich”, cuyo odio hacia Hitler está fuera de toda duda.

Grupo de adolescentes y niños de las Juventudes Hitlerianas

“Los jóvenes en el Tercer Reich estaban creciendo hasta tener unos cuerpos fuertes y sanos, una gran fe en el futuro de su país y en sí mismos y un sentido del compañerismo y camaradería que hizo añicos todas las diferencias de clase y las barreras económicas y sociales.

Lo recordé más tarde, en los días de mayo de 1940, cuando a lo largo de la carretera entre Aquisgrán y Bruselas vi los contrastes entre los soldados alemanes, con el aspecto bronceado y limpio de una juventud criada bajo el sol con una dieta adecuada, y los primeros prisioneros británicos de guerra, con sus pechos huecos, hombros redondos, tez pastosa y malos dientes, trágicos ejemplos de la juventud que Inglaterra había descuidado tan irresponsablemente en los años de entre guerras”

Williamson tenía una creencia bien conocida de que Hitler era esencialmente un hombre bueno que sólo quería construir una nueva y mejor Alemania. Creía así mismo que las guerras fueron causadas por “los intereses económicos y de la usura”, de forma que pronto se sintió atraído por la Unión Británica de Fascistas de Oswald Mosley a la que se unió en 1937.

Con su característico estilo descriptivo Williamson escribió: “Las ratas, las malas hierbas, los pantanos, los mercados deprimidos, los trabajadores en el paro, las cabañas podridas, los arroyos contaminados, las divisiones de clase, los partidos políticos controlados por las centrales eléctricas y el dinero de la banca y de las compañías de seguros, los agricultores perdiendo sus tierras hipotecadas y los ricos invirtiendo sus millones en el extranjero -pero no en el imperio-. Esa fue la verdadera Inglaterra de este período de la Historia”. (La Historia de una granja de Norfolk).
Entre los amigos de Williamson encontramos a Thomas Edward Lawrence, un oficial del ejército británico reconocido especialmente por su papel de enlace durante la Campaña del Sinaí y Palestina y la rebelión árabe contra el Imperio Otomano de 1916-1918. La amplitud y variedad de sus actividades y asociaciones le valieron fama internacional como Lawrence de Arabia, un título que más tarde se utilizó para dar nombre a la película de 1962 basada en sus hazañas durante la Primera Guerra Mundial.

Tras la captura de Damasco Lawrence viajó a Inglaterra para defender la causa de la independencia árabe. Desempeñó servicios en la delegación británica en la Conferencia de Paz en París en el año 1919, trabajando junto con el Emir Feisal. Su idea de independencia árabe fue rechazada tanto por los franceses, determinados a gobernar Siria, como por el gobierno británico que tenía ambiciones similares sobre Iraq.
Se sabe que Lawrence había recibido propuestas de Henry Williamson y otros para reunirse con algunos líderes de la Alemania Nacional Socialista, incluido Hitler.
“La nueva era debe comenzar… Hitler y Lawrence deben cumplir…” escribió Henry WilliamsonLawrence llevaba fuera del ejército apenas un mes cuando los reporteros de la prensa sitiaron su casa. ¿Cuándo iba a ver a Hitler? ¿Estaba preparado para convertirse en un dictador de Inglaterra? Evitó estas preguntas incómodas, salió de su morada y se fue a recorrer el oeste del país, pero no antes de que la prensa hubiera atacado su casa de campo, tirando piedras a la azotea y rompiendo las baldosas. Lawrence tuvo que usar sus puños y la policía tuvo que establecer protección día y noche.

El 13 de mayo de 1935 Lawrence montó en su motocicleta por última vez y se dirigió al campamento de Bovington para enviar un telegrama en respuesta a una carta recibida esa mañana de Henry Williamson en la que le proponía un encuentro personal con Adolf Hitler. El telegrama dando su conformidad fue enviado y después, en el camino de regreso, se produjo el accidente que terminó con su vida estando a tan sólo doscientos metros de su casa.
Casi de inmediato llegó un camión del ejército en el que se trasladó a Lawrence a un hospital donde se le impuso una guardia de seguridad. Avisos especiales fueron puestos en todos los periódicos y la Oficina de Guerra se hizo cargo de todas las comunicaciones. Policías de la Brigada Especial se aposentaban junto a su cama y vigilaban la puerta, sin permitir visitas. La casa de Lawrence fue allanada y muchos de sus libros y papeles privados fueron confiscados. Seis días más tarde Lawrence murió, a pesar de las muchas lagunas y contradicciones existentes en la investigación del accidente. Dos días más tarde de su muerte una precipitada investigación que duró apenas dos horas dio un veredicto de “muerte accidental”.

El año siguiente, 1936, Inglaterra asistió a la prohibición de desfiles políticos en uniforme y a la abdicación forzada del rey Eduardo, otro patriota que, al igual que Lawrence, tenía que ser eliminado por los belicistas que estaban decididos a destruir a Alemania y Gran Bretaña en otra guerra europea. Y lo consiguieron.

En 1940 alrededor de mil ingleses fueron internados sin juicio por oponerse a la guerra, incluyendo a Mosley y a ochocientos miembros más del la Unión Británica de FascistasWilliamson fue uno de los arrestados. Fue puesto en libertad condicional con el requisito de que permaneciera en silencio, una condición que consiguió eludir por medio de sus novelas. Con la derrota de Alemania Williamson afirmó que sus esperanzas de una Europa regenerada habían sido asesinadas.
Tras la guerra Williamson fue uno de los primeros en responder a la llamada de Mosley para una Europa Unida y escribió para la nueva revista del Movimiento Sindical de Mosley y en “La Europea”, una revista editada por Diana Mosley, en la que proclamó el nacimiento de una nueva Europa, en sintonía con la naturaleza.
Williamson, en su análisis de post-guerra, expresó su opinión de que el fascismo había fracasado porque era demasiado nacional. Su oponente, la democracia económica, no lo era. Williamson ofreció como alternativa un llamamiento a los europeos para superar sus viejas heridas y rivalidades y avanzar en la construcción de un “espíritu europeo”. Siempre se mantuvo fiel a aquello en lo que había creído, como hicieran Ezra Pound o Knut Hamsun, entre otros, y como a ellos se le negaron todos los honores y fue ignorado durante décadas. Se le negó incluso un doctorado honorario por la Universidad de la que era benefactor.

Willamson murió el 13 de agosto de 1977 y fue enterrado en el norte de Devon. Descanse en paz.

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