miércoles, 28 de septiembre de 2022

La UE declara la guerra a Europa

 El entreguismo de la sedicente “élite” europea a EE. UU. causa extrañeza. En efecto, el verdadero responsable de la política exterior de la UE no parece ser el Alto Representante de turno, sino los Estados Unidos de América. Así, de forma patente, la política exterior europea no defiende los intereses de los europeos, sino los del gobierno norteamericano.

Estados Unidos afirma constantemente que los países europeos son sus “aliados”, pero esta simplificación edulcora la fría realidad geopolítica. En efecto, en las relaciones internacionales no existen cursis alianzas basadas en la amistad o en “valores comunes”, sino uniones temporales de mayor o menor duración basadas en una confluencia de intereses o en relaciones de subordinación, como es el caso.

Además, EE. UU. ve a Europa más como reliquia de museo que como potencia, pues su militarismo sólo respeta a quienes cuentan con ejércitos importantes y Europa no los tiene.

Pero lo más relevante es que para Estados Unidos Europa es un competidor, y de igual modo que a lo largo de la Historia el Reino Unido siempre intrigó para que la Europa continental se mantuviera débil y dividida, el gobierno norteamericano considera que una Eurasia en paz y unida por la interdependencia de lazos comerciales supone una amenaza a su hegemonía política y económica (doctrina Brzezinski).

Por lo tanto, la cronificación de la guerra en Ucrania no tiene nada de altruista, sino que es para EE. UU. un arma geopolítica para debilitar a Eurasia. Divide et impera.

El inicio del conflicto, de hecho, ha coincidido con la finalización del gaseoducto Nord Stream 2, que reforzaba enormemente los lazos de Rusia con Europa como proveedor de energía barata. ¿Creen que ha sido una coincidencia?

Así, el primer objetivo americano al involucrar a Europa en esta guerra era hacer descarrilar dicha infraestructura, considerada una amenaza estratégica para los intereses norteamericanos, e inicialmente lo logró gracias al entreguismo del gobierno alemán.

Y cuando ante la llegada del invierno Alemania empezaba a comprender su error, se produce el sabotaje submarino simultáneo de Nord Stream 1 y 2. ¿Qué países poseen la capacidad operativa para hacerlo? ¿Cui prodest? ¿Quién se beneficia de ello?

“Preparados, disparen, apunten”

En contraste con la calculada estrategia norteamericana, la toma de decisiones de la UE no ha sido precedida de ningún análisis coste-beneficio mínimamente serio que defendiera los intereses de los europeos. La consigna ha sido: preparados, disparen, apunten, y al disparar primero y apuntar después nos hemos pegado un tiro en el pie.

Al inmiscuirse en un pulso de poder que nos era completamente ajeno, los burócratas de la UE no han hecho más que contentar a EE. UU. y, no satisfechos con propiciar una escalada del conflicto, han ido imponiendo sanciones sin ton ni son en un descabellado in crescendo que puede suponer el tercer suicidio de Europa en un siglo.

En efecto, estas sanciones están perjudicando mucho más al ciudadano europeo que al ruso. Aunque la fluctuación de las divisas responda a factores complejos, una muestra del efecto de las sanciones es la evolución del rublo y del euro frente al dólar desde que comenzó la guerra. El rublo sube y el euro se hunde:

La caída del euro, además, contribuye al gravísimo problema de inflación preexistente (empeorado por la guerra) que en España amenaza con devolver a la pobreza, vía pérdida de poder adquisitivo, a nuestra frágil clase media, creada con enorme esfuerzo a partir de 1950.

Asimismo, al romper relaciones comerciales con el proveedor ruso, hemos creado una crisis energética sin precedentes previamente sembrada por el fanatismo “verde”. Efectivamente, sólo Europa se toma tan en serio el timo del cambio climático inventado por el globalismo, cuyo resultado final serán los apagones y una factura eléctrica inasumible.

Intentar justificar el actual boicot a productos rusos criticando a posteriori la “dependencia energética” que teníamos de Rusia es una triquiñuela. Europa carece de suficientes fuentes de energía propias, luego a medio plazo simplemente sustituiremos la dependencia energética de Rusia por la dependencia energética de EE. UU., de las dictaduras árabes o del Magreb. ¿Hemos mejorado? No lo creo.

En poco tiempo Rusia podrá establecer nuevos lazos para vender sus abundantes materias primas a China e India, hogar del 36% de la población mundial, y probablemente la perdamos para siempre. ¿Comprenden ustedes el golpe de gracia a la prosperidad futura de Europa que nos ha dado EE. UU. con la complicidad de los ineptos de Bruselas y Berlín?

Aprendiendo de la historia

Decía Santayana que “aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”. El 28 de junio de 1914 el heredero de la corona del Impero Austrohúngaro fue asesinado a tiros en un atentado terrorista en Sarajevo (entonces Serbia).

Sólo cuatro semanas después y tras un ultimátum, Austria declaró la guerra a Serbia a pesar de que este país había aceptado 13 de los 14 puntos de dicho ultimátum. Los yonquis del poder tenían decidido ir a la guerra y las “causas” inmediatas del conflicto no fueron más que coartadas, como suele ocurrir.

La política de alianzas transformó entonces una contienda local en una devastadora guerra mundial. Rusia activó su alianza con Serbia y anunció la movilización de sus tropas, lo que propició que Alemania, aliada de Austria, declarara la guerra a Rusia; Francia acudió en ayuda de Rusia y Gran Bretaña en ayuda de Francia, quedando conformados dos bandos: la Triple Entente (Francia, Reino Unido y el Imperio Ruso) frente a los dos grandes imperios centroeuropeos, Alemania y Austria. Más adelante, Italia, Japón, el imperio otomano y otros países se unirían a uno u otro bando.

Cuatro años más tarde la devastación era absoluta: en los campos de Europa yacían los cadáveres de 17 millones de personas sin que para entonces nadie recordara el motivo real por el que habían muerto.

De aquí se desprenden algunas lecciones para la Europa de hoy. Primero, el poder no sólo corrompe la moral del individuo, sino también su capacidad de juicio. Así, en 1914 las “élites” europeas arrastraron al continente hacia la hecatombe con una estupidez, frivolidad e inmoralidad aterradoras. Segundo, las “alianzas” son peligrosas armas de doble filo que pueden transformar un conflicto local en una guerra mundial.

El artículo 5 de la OTAN, por ejemplo, fue diseñado para disuadir al difunto Pacto de Varsovia de tentaciones expansionistas durante la Guerra Fría. Lo que en realidad preveía no era la ayuda mutua de sus débiles firmantes, sino la protección del fuerte (es decir, de EEUU) a cualquiera de ellos.

Sin embargo, era sólo un arma disuasoria. De no haber funcionado, ¿qué habría ocurrido? El papel lo aguanta todo, pero bajemos a lo concreto: ¿enviaría usted a su hijo a luchar y morir por Ucrania? ¿Cree usted que los alemanes o los ingleses vendrían a defendernos de un ataque de Marruecos?

LA OTAN, ¿fuente de paz o de conflicto?

El órdago del artículo 5 fue un éxito, pero quedó obsoleto cuando la amenaza del comunismo soviético desapareció en 1991. De hecho, la OTAN es hoy exclusivamente una herramienta de poder norteamericana y una organización cuya supervivencia depende de que su enemigo tradicional siga siéndolo. De ahí su interés por que la opinión pública identifique falazmente a la actual Rusia con la antigua URSS, aunque nada tengan que ver.

Al igual que la OTAN, las vastas estructuras burocráticas de las agencias de inteligencia, el Departamento de Estado y el complejo militar-industrial norteamericanos (el Deep State) dependen de la existencia de un enemigo grande que justifique su tamaño y su poder. Sólo hay que aplicar la lógica del cui prodest y comprender los mecanismos de la patología del poder para concluir que, como el Ministerio de la Paz de Orwell, están tan interesados en la guerra perpetua como la OMS lo está en la pandemia perpetua.

Pero más allá de cuestionar la OTAN, lo preocupante es que, como en la Primera Guerra Mundial, el poder ha corrompido la moral y la capacidad de juicio de la “élite” europea y un dominó de alianzas puede transformar un conflicto local de daño contenido en una contienda mundial de consecuencias imprevisibles.

El objetivo de Estados Unidos es debilitar a Rusia…y a Europa

Mientras Occidente se obsesiona con Ucrania, en el resto del planeta no ocurre lo mismo. De hecho, los países que han sancionado a Rusia suponen sólo el 13% de la población mundial. El 87% restante mantiene sus relaciones con Rusia incólumes. ¿Es Rusia la que se está quedando sola o es Occidente?

Quizá el resto del mundo tiene claro que el origen del conflicto está en la provocación de EEUU a Rusia (sirviéndose del corrupto régimen ucraniano) esperando que el glacial autócrata ruso mordiera el anzuelo con sus mandíbulas de acero, como hizo. Por eso, el único actor mundial interesado en prolongar la guerra en Ucrania es EEUU, motivo por el cual hizo descarrilar las negociaciones entre ambos bandos llevadas a cabo antes de verano en Turquía en las que Ucrania habría accedido a no entrar en la OTAN, a aceptar el statu quo de Crimea y el autogobierno del Donbass, ya reconocido en los Acuerdos de Minsk II del 2015.

¿No creen que el mundo sería hoy más seguro y próspero si se hubiera alcanzado dicho acuerdo? ¿Estamos mejor o peor?

En el orden global de las cosas, la guerra de Ucrania se enmarca en el intento de alargar la hegemonía anglosajona puesta en riesgo por el despertar de Asia y el declive moral de Occidente, y en este contexto a EE. UU. le interesa debilitar a Rusia a costa de Europa con una guerra de desgate en la que ellos no ponen los muertos ni sufren la debacle económica.

No sería la primera vez que Estados Unidos sacrifica a Europa en pro de sus intereses. En primavera de 1917 la opinión pública europea estaba harta de tanta carnicería. Tras la revolución, Rusia prometía retirarse del conflicto y Francia y Austria entablaban discretas conversaciones de paz: algunas divisiones francesas se negaban a combatir y el emperador Carlos de Austria, angustiado por no poder frenar la escabechina (en contraste con el agresivo káiser alemán), apelaba al papa Benedicto XV. Parecía que la guerra iba a acabar sin un claro vencedor, lo que suele ser el mejor resultado posible.

Sin embargo, EE. UU. quería protagonizar la organización del “nuevo orden” posbélico. Tras forzar la guerra contra España en 1898 con el pretexto del Maine, había probado el sabor del imperialismo y no podía dejar pasar la oportunidad de acabar con dos grandes competidores centroeuropeos.

De este modo, entró en la guerra a última hora utilizando la coartada du jour, alargándola un año más y produciendo como resultado unos vencedores y unos vencidos claros, que fueron humillados hasta el extremo en el Tratado de Versalles: el imperio austríaco fue desmembrado y Alemania condenada a la pobreza, lo que provocaría a la postre la llegada al poder de Hitler, democráticamente elegido por el desesperado pueblo alemán. EE. UU. apenas perdió 116.000 hombres, mientras los europeos perdieron millones.

Al borde del precipicio

Hoy Europa vuelve a estar al borde del precipicio porque la “élite” política europea se dedica a obedecer al amo americano y renegar de su obligación de defender a sus propios ciudadanos. Así, nos han involucrado imprudentemente en un pulso de poder que nos era ajeno y puesto en marcha sanciones de carácter autodestructivo que dañan a los europeos tanto como regocijan a los americanos, centrados sólo en preservar su preeminencia.

Europa, indefensa frente al belicismo norteamericano y abandonada por la cobardía e incompetencia de sus propias autoridades, se enfrenta al colapso económico y a una peligrosa escalada de un conflicto en el que se ha querido arrinconar a una potencia nuclear. Como en 1914, no cabe mayor estupidez, frivolidad e inmoralidad. ¿Quién defiende al ciudadano europeo? Nadie, y no comprender esto es no comprender nada.

Fernando del Pino Calvo-Sotelo

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viernes, 23 de septiembre de 2022

A comerse más sapos. Por Ernesto Ladrón de Guevara

 

Que vivimos en una tiranía con ropajes de democracia ya no lo duda nadie que tenga un ancho de frente mínimo.

            Los nacionalistas y adjuntos están muy  preocupados por el bajo índice de uso social del euskera. Hubo hace unos meses un dato muy significativo que se expuso en diferentes medios para dar el reflejo del estado de la situación sociolingüística.  Salió a la luz que la gente que solicita ser atendido en las autoescuelas en vascuence (el término euskera es un neologismo nacionalista) no superaba el dos por ciento. Y eso pese a que los que normalmente se sacan el carnet de conducir son jóvenes que se incorporan a la actividad adulta, es decir los que han pasado por el régimen de euskaldunización obligada, y una cosa característica de esa incorporación es que se sacan dicha acreditación que les posibilita adquirir un vehículo y conducirlo.

Los nacionalistas y adjuntos de la izquierda entienden la libertad como el marco ideológico suyo dentro del cual se puede ejercerla. Si te sales de ese marco ya no tienes derechos.  Y uno de esos derechos es a hablar con los demás seres de tu entorno familiar y social en la lengua que te de la gana, simplemente porque somos personas nacidas con dignidad por ser humanos y entrar la libertad de pensamiento, de expresión y de relación con los demás en ese concepto de dignidad, sin ser sometidos a requisitos restrictivos absurdos. Porque absurdo es que te impongan una lengua que colisiona con eso que se llama en derecho el ejercicio consuetudinario, o de costumbre o de usos transmitidos de generación en generación, lo que hace que lo que prevalezca sea la utilización de un idioma, el español, y no de otro de laboratorio como es el batua, pergeñado como ingeniería del comportamiento y herramienta de modificación cognitiva. Es decir, como vehículo para convertir a la gente en nacionalistas por obligación, no por devoción. 

            Pero para los nacionalistas solamente existe su endogamia aplicada a los demás con un tacto tan poco sutil que todo aquel que no sea nacionalista lo ve como una intrusión insoportable en su vida privada y en su marco de decisiones particulares. Lo cual es un atropello con todas las letras del lexema.

El tema es que uno de los pocos reductos libres que ha habido hasta ahora era el de las autoescuelas. Y como paso por las Horcas caudinas, han improvisado un curso en la Academia de la Ertzaintza para capacitar a los futuros monitores de las autoescuelas y, oh sorpresa, esos formadores han de ser duchos en el uso de la lengua de Sabino Arana. No pueden impartir sus dominios cognitivos por la vía de la lengua del común de los vascos y de las vascas que es el castellano.

Y aquí esta explicado lo de las Horcas caudinas, pues la pretensión es que nadie pueda ser investido de  las funciones monitoras para enseñar a conducir al 98 % de los aprendices que no quieren ser aleccionados en la lengua de D. Sabino.   Pero, ¡oh sorpresa!, resulta que no hay formadores suficientes que tengan como lengua “propia” el vascuence, y se ha formado un cuello de botella que impide que entren en el mercado nuevos instructores de conducción.  El caso es “joder” al personal, y aplicar el deporte preferido de estos aprendices de brujo que es que si la sociedad no quiere taza darle tazón y medio. Es decir, que si hay fracaso escolar derivado de la inmersión lingüística, no importa, más inmersión que estos lo soportan todo. Que si no hay demanda de aprendizaje a la conducción en euskera porque la lengua materna de la absoluta, absoluta, mayoría de los hablantes es la lengua del conjunto de los españoles, da igual, se les pone una cincha alrededor de la cintura y se les lleva a cordel, como a los niños de párvulos y así suma y añade el IVA.

            ¿Serán los vascos y vascas no nacionalistas capaces de más tragaderas?  Seguro que sí. Por eso lo hacen.

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jueves, 22 de septiembre de 2022

Ernesto Milá: BIENVENIDOS LOS "GPS SOCIALES"


 Será porque la vida me ha hecho observador o quizás, porque a mi edad, uno empieza a saber qué es lo que le gusta y qué rechaza, pero el caso es que este verano he observado una serie de “tendencias” en nuestro país que, en sí mismas, son auténticas estupideces sin ningún valor, pero que, juntas, facilitan un diagnóstico, no solo de lo mal que va el país, sino que aportar la certidumbre de que si el país “va mal” es, precisamente, porque la sociedad va peor.

El verano permite ver partes de la anatomía, seguramente más amplias que en cualquier otro período del año. Especialmente en zonas turísticas como la que vivo. El hecho de que, en los dos años de la pandemia, el turismo hubiera descendido, pero en poco tiempo hayamos recuperado los niveles de visitas turísticas del período anterior, con la masificación que conlleva, quizás ha sido el detonante para que me fijara en que cada vez son más las personas tatuadas. Y no se trata ya de un pequeño tatuaje, sino de amplias zonas de su cuerpo, completamente taladradas por las agujas. El fenómeno afecta a toda la Europa Occidental y a algunos países del Este. Pero, me da la sensación de que en España se ha convertido en una moda de masas. Yo he tatuado. Así que sé de lo que estoy hablando. He tatuado artesanalmente con agujas de coser y tinta de bolígrafo mientras estaba en la cárcel (por delito político, faltaría más). De hecho, al entrar en la cárcel se nos preguntaba si llevábamos algún tatuaje. En aquella época estar tatuado era signo de moverse por ambientes manguis. La policía tenía fichados a tatuados y a tatuajes. Eran los años 80 y el socialismo ya estaba en el poder.

Soy de los que opina que el cuerpo humano es bello y cualquier cosa que lo cubra, lo adorne, lo convierta en un anuncio publicitario de lo que le gusta o de lo que rechaza, es fundamentalmente innecesario. Especialmente en la mujer. Y esto no es machismo: cuando estoy con una mujer, me gusta toda ella, no ese dragón que se ha tatuado en la espalda y que parece mirarme. Si, ya sé que esto es propio de neuróticos, pero todos somos algo neuróticos y, al menos, la mía es una neurosis selectiva.

Pasó el tiempo, poco a poco, esto del Tatoo se fue desdramatizando. En los 90 ya había revistas sobre el tema (trabajé en una editorial que publicaban dos de este tipo y allí fue donde vi a los primeros tipos politatuados). Si menciono esto es porque no hace mucho me encontré con uno de aquellos personajes. Hacía 20 años que no nos veíamos. Los tatus que en otro tiempo estaban claros y nítidos, bien afirmados, ahora parecían manchas inconexas; casi una enfermedad de la piel. El tiempo lo mata todo y desvirtúa a los pocos años la perfección del mejor tatuaje.


Lo que este verano me ha sorprendido, además, es que he visto tatus inconexos, independientes unos de otros, salpicando cuerpos de hombres y, especialmente, de mujeres. Una cosa es el tatu “unificado”, coherente, y otro el caprichoso: aquí el rostro de Einstein, al lado un dragón, el logo de un conjunto en una mano y en otro el perfil de Sitges, sin olvidar la inefable lengua de los Rolling. En algunos (y, mucho más, en algunas), cada miembro tenía su pequeño e inconexo tatu, dando al conjunto una sensación de improvisación, capricho, y escasa meditación sobre algo que se va a llevar toda la vida.

Pero también lo que me ha sorprendido es que he visto tatuajes de los de a 1.000 euros o más el trabajo, lucidos por gentes de rentas bajas. Calculando lo que se ve y lo que no se ve, en algunos, es posible que el tatuado haya pagado entre 6.000 y 10.000 euros al tatuador por todo el conjunto y en distintas entregas. Servidor, educado en el ahorro y en la previsión del futuro, considera un gasto así, excesivo y desproporcionado, especialmente si uno no pertenece a la yakuza.

Y luego están los perros. También entiendo de la materia porque siempre que he vivido en el campo he tenido perros. Y utilizo el plural. Perros, varios y grandes. Nunca les he dejado entrar en casa. Siempre han tenido un lugar propio cerca de la casa: el suyo. Es bueno que los perros estén libres y sueltos en el campo. Entre otras cosas porque son depredadores y unos mismos tienden a procurarse alimentos complementarios a las croquetillas de saco o a los arroces partidos con sopa de ortigas. Me gustan los perros tranquilos que, llegado el caso, sacan los dientes y arrugan la nariz como única y última advertencia: “Atrás o te como”. No me gustan los perrillos mini de apartamento de 80 metros cuadrados, chillones, ladradores y poco mordedores. Pero son los que más se ven en nuestras calles. Creo que hay demasiados. O, dicho de otra forma, hay demasiada soledad en la sociedad para creer que un perro de escasos cinco kilos, nervioso, comedor y meón, es una compañía que pueda sustituir a la de un hijo o un humano.

Sí, ya sé que, con los precios de la ropa, de la comida y de la escuela, tener un hijo, puede ser considerado como una inversión ruinosa. Además, no hay garantías de cómo saldrá, de si estudiará o será un colgadete toda su vida. Ni siquiera de si lo podremos mantener con dignidad o no. Así que mejor un perro que, en última instancia, se puede abandonar, como al abuelo, en una gasolinera y ya vendrá alguien que lo recoja. He identificado varios casos arquetípicos: perro para matrimonio sin hijos (lo normal es que al cabo de unos meses compren otro perro de la misma raza para que su mascota no esté sola, así cada cónyuge tiene a su “hijo más querido”; en estos casos, la pareja humana compra todo tipo de gadgets para sus perros, incluidas, botas -sí, botas, lo he visto- pero también cochecitos de bebé para pasearlos y mantitas para el invierno, olvidando que la naturaleza de los perros favorece que en invierno generen más pelo y en verano lo pierdan); luego está el caso del abuelo que se ha quedado solo y al que sus hijos le han regalado un perro(normalmente de tamaño medio) para que esté con él y no sienta la soledad a la que los hijos le han abocado (lo normal es que, antes o después, el perro tire tanto del abuelo que termine por hacerlo ingresar en urgencias con la cadera rota); y no olvidemos el caso del chaval joven que quiere un perro de raza agresiva que infunda respeto (normalmente, se trata de alguien que se gana la vida con trabajos no particularmente bien pagados; el perro se come, literalmente, parte de la paga, por lo que, pasada la primera euforia, el fulano se deshace del perro y lo endosa a otro como él o a la perrera municipal). No podemos olvidar al matrimonio con hijos caprichosos que piden un perro y los papás que se lo compran valorando únicamente la cara de satisfacción de sus hijos en el momento en que se lo entreguen (esa cara pasará pronto y, por pasar, también pasarán algunas enfermedades del perro a los niños, sin olvidar que cada día, los padres, además de cuidar de sus hijos, deberán cuidar de las mascotas de sus hijos, porque ellos, jamás, pasearán al perro, y resolver los destrozos caseros en mobiliario especialmente causados por los caprichos de sus hijos). Hay otras tipologías de “tenedores de perros” a los que el gobierno está haciendo sufrir a la espera de la próxima ley de mascotas que prevé cursos de capacitación y castigos bíblicos para quien ose maltratar a sus mascotas, pero lo cierto es que lo más habitual son las que acabamos de presentar brevemente.

Y esto, por asociación de ideas, me lleva a otro terreno que está proliferando excesivamente: las uñas postizas. Yo no sé qué experimentará una mujer cuando se “hace uñas nuevas”. Si es que le gustan a ella o es que creen que gustan a otros. O si es que compiten entre ellas por el título de la más hortera de su círculo. Tampoco sé lo que se puede hacer con esas uñas: no, desde luego, acariciar, ni tampoco cocinar o batir un huevo, deben ser molestas para conducir, incompatibles con algunos oficios y seguramente por todo eso, nunca me he aproximado a una mujer con esas “uñas de fantasía” a lo Fu-Manchú. Ni aconsejo a nadie que lo haga, salvo que quiera relacionarse con alguien que denota por este mero rasgo, falta de gusto, narcisismo, y la innegable componente hortera a la que ya he aludido.

Otra cosa más. En la última película de Cronemberg, Crímenes del Futuro, que se estrenará uno de estos días, uno de los personajes cita la frase: “La cirugía es el nuevo sexo”. Por otra parte, corre por ahí una actriz infantil española que luce, a sus nueve o, a lo más, diez años, unos labios recauchutados a base de bótox. El efecto es desmoralizador e, incluso, diría, aterrador: un rostro que ha pasado por cirugía estética, sin necesidad, se convierte en una caricatura de sí mismo y mucho más si los inductores han sido sus padres para hacer de ella una máquina de ganar dinero. Unos labios artificialmente hinchados son tan falsos como un socialista honesto, unas arrugas disimuladas con regatas de bótox servidos en la peluquería, no pasan de ser bultos deformantes de la expresividad natural; no digamos unos pómulos artificialmente marcados; y luego están las operaciones de crecimiento de senos de las que siempre quedan rastros y que hay que renovar de tanto en tanto. O los aumentos “latinos” de culo. Y en el ámbito gay los “blanqueados” de ano (sí, blanqueados de ano que les fascinan).

No es raro que, después de pasar por todas estas operaciones -y hay que recordar que los propios médicos y el sentido común son los primeros en recomendar entrar en un quirófano solamente las pocas veces que sea necesario- los transexuales que se han operado, demasiado apresuradamente y sin valorar las consecuencias a medio plazo, persistan en sus depresiones y, dato que se oculta, los niveles de suicidio entre ellos sean los mismos que entre los aspirantes a trans que no se han operado. Habrá que dar la razón a Cronenberg en lo de que la “cirugía es el nuevo sexo” y, como en el sexo, también aquí hay gente que adquiere esa adicción: la cirugía estética -las más de las veces innecesaria- se convierte en un foco de adicción. Y nadie, absolutamente nadie, parece dispuesto a decir en voz alta que la mayor parte de retoques que se ofrecen en centros de este tipo de cirugía, deforman irremediablemente cuerpo y rostro, hasta hacerlos irreconocibles y verdaderas caricaturas.

Hay más. Hemos hablado de tatus, de perros, de uñas, de cirugías, podríamos añadir, adicción a móviles, difusión de las peores músicas que se hayan compuesto en la historia (rap, hip-hop, bachata), del culto al cuerpo, al ciclismo. Hagamos un aparte sobre este último que está causando verdaderas masacres. Si usted quiere practicar “ciclismo”, de momento, ponga algo más de 3.000 euros sobre la mesa. Mil para una discreta montura y dos mil para los complementos: casco, zapatos, maillot y demás. Y luego, cuando media docena de amigos, compartan la “afición”, láncese sábados y domingos a la carrera, en grupo (porque si no es en grupo, parece como si no se pudiera practicar este deporte). A fin de cuentas, esto es España, y el grupo sirve solamente para ir aquí a comer o pedalear a destajo hacia aquel otro garito en el quinto coño que dan unas almejillas inolvidables. La energía que se consume el ciclista, la repone siempre el mismo día en algún lugar de la geografía gastronómica de este país. Uno termina con el culo roto, hemorroides de por vida, pero, eso sí, con las pantorrillas y el estómago hiperdesarrollados. La fiebre del ciclismo no es eterna, dura solamente unos meses -a veces, incluso, pocas semanas- el cansancio, las protestas de la esposa o de la novia, el aumento de peso, y la relativa eficacia del fármaco hemorroidal, generan abandonos temporales que tienden a convertirse en definitivos.


Item más. El móvil se ha convertido en uno de los complementos más útiles y, al mismo tiempo, más molestos para el ser humano. Aparte de que hoy el terminal de telefonía se utiliza más para cualquier otra cosa que para comunicarse verbalmente con otros, el problema es que un buen porcentaje de quien lo hace, carecen de la sensibilidad y el pudor necesario para su empleo. La palabra clave es “pudor”: no solamente se experimenta pudor al ocultar las desnudeces a otros, el “pudor” atañe a todo aquello que tiene que ver con nuestra intimidad. Estoy harto de oír conversaciones que no me interesan, en la que gente absurda hace públicas sus miserias. Chonis poligoneras que se quejan de que su rollo no les hace puto caso. Julandrones explicando cómo les han tomado el pelo o les han decepcionado. La abuela que telefonea a su hija desde el tren justo al salir de la estación hasta la que le ha acompañado para ver si “todo va bien”. No sabía que dentro del “contrato social”, la cláusula que prohibía la intemperancia había sido abolida o existía una dispensa para los usuarios compulsivos de móviles.

Matemáticamente puede establecerse una razón en este tema: cuanto más intrascendente, frívola y estúpida es una conversación, mas quien la protagoniza se cree obligado a alzar la voz para que todos comprobemos su nivel de aculturización y degradación simiesca. RENFE, consciente de los problemas que se han ido generando con todas estas interrupciones que suponen para la normalidad de un viaje, ha reservado un pequeño vagón en la cabecera de los trenes de largo recorrido en la que quien paga el complemento se compromete a no hablar en voz alta, no responder al móvil sino es saliendo del compartimento y no oír música a través del altavoz del móvil. Y ese vagón siempre está lleno. Es el vagón de la tranquilidad.

LAS DESCORAZONADORAS CONCLUSIONES

Podía seguir, pero con estos ejemplos creo que está claro que las cosas no van bien y que estamos inmersos en una sociedad irresponsable, decadente, irrespirable y, lo que es peor, que este proceso es irreversible. Lo inherente a todas estas muestras de decadencia es claro: falta de pudor, falta de educación, falta de cultura, falta de exigencia de calidad, modas, tendencias marcadas por “influencers” de rebajas por fin de temporada, modas importadas de la inmigración tercermundista -sí y tercermundista, y añado una nota de desprecio, por si no ha quedado claro, hacia todo lo que llega de por ahí, habitualmente lo peor de lo peor- que encuentran terreno abonado en una sociedad perdida y abandonada a sí mismo, seguidores activos de lo que no son más que muestras de estupidez.

Recuerdo aquellos tiempos en los que en los balcones de Cataluña aparecían banderas independentistas a modo de declaraciones de fe. Quienes ponían esos trapos parecían muy orgullosos de mostrar su fe política. Había quienes los odiaban y no pensaban más que en arrancar aquellos trapos y lazos amarillos. Yo siempre estuve en contra: para mí, eran nuevos signos de la topografía urbana que ayudaban a orientarse. En efecto, si ahí han colgado un trapo con el triángulo azulado, es que allí vive alguien que tiene poca cultura política, nula cultura histórica y que es un fanático indepe del que hay que alejarse. Gracias por indicármelo. Era el GPS de la estupidez.

Análogamente, todos los signos externos que he enumerado, crean cribaS: jamás me relacionaré con alguien que sea adicto a algo, cuando veo a alguien que tiene en su pisito a uno o dos perros, sé muy bien que esa persona tiene carencias y problemas de todo tipo; cuando veo un rostro deformado por el bótox o unas tetas más artificiales que el carisma de Feijó, no me pidan que me acerque; alguien que habla a gritos por el móvil o te obliga a que compartas sus pésimos gustos musicales con él, no es alguien cuya compañía me gustaría más allá de los 5 minutos que dura un trayecto entre dos paradas de metro. Veo unas manos y si sus uñas se han convertido en zarpas adornadas con todo tipo de gilipolleces, la persona en cuestión ha quedado reconocida, clasificada y descartada, pasa a tener para mí tanto interés como el pienso de las hamburgueserías McPerro. Un ciclista, bajado de la bicicleta, de aspecto ridículo, con esos zapatos que le impiden andar y el culo prieto por un maillot ajustado con almohadillas adosadas en el lugar correspondiente a los lóbulos del culo, es un pobre diablo al, que le han tomado el pelo, a pesar de lo cual, si se trata de un amigo, habrá que consolar y llevar por el buen camino. Directo al bar sin pasar por el suplicio de la bici.

Vivimos un momento afortunado en la historia: podemos reconocer la estupidez con facilidad. Los humanoides tienen a bien mostrarnos signos externos para reconocer su talante y su valía. Hoy, cada cual se muestra tal como es. Eso tiene una ventaja: el sujeto se cree libre para mostrarse en su plenitud. Pero, también, un inconveniente para él: inmediatamente sabemos a quien no nos acercaremos jamás. Antes hacía falta entablar conversaciones largas y no concluyentes con alguien para reconocer su naturaleza profunda, su verdadera personalidad. Ahora es todo mucho más simple: un tatu ayuda a conocer lo que piensa alguien. Con algunos estaremos de acuerdo y a otros habrá que esquivarlos. Algunos ritmos musicales evidencian el grado de negrificación de una persona. Y, lo siento, pero soy “hombre blanco heterosexual” y no tengo el menor inconveniente en confesar, en esta época de relativismo y entusiasmo por el “hombre blandengue”, que la cultura europea es diferente y superior. Hagan un “mestizaje cultural” entre Beethoven y el tam-tam y lograrán algo que está por debajo de Beethoven e incluso del tam-tam.

¿A cuanto de qué viene todo esto? A que se ha perdido la pauta indicativa de “normalidad” y “anormalidad”. De lo admisible y de lo inadmisible. De la personalidad y del look. De la originalidad y de la excentricidad. De lo razonable y de lo estúpido. De lo conveniente y de lo sugerido por “influencers” que lo son a falta de poder ser otra cosa. Y para recuperar esa pauta de normalidad es preciso plantearnos todo lo que rechazamos y todo lo que amamos.

Hemos hablado de frivolidades. Luego, claro está, hay que establecer DISCRIMINACIONES entre conceptos, ideas y valores que son, a fin de cuentas, los que interesan. Pero, si hemos empezado por ahí es porque quien muestra los signos externos que hemos enumerado, es que -habitualmente- ya está situado en “el otro lado” y difícilmente encontraremos un punto de encuentro con alguien que nos muestra unas uñas de Fu-Manchú, unos pectorales como pitones o evidencia sus pocas exigencias musicales o habla a gritos por el móvil. Y así sucesivamente.

Fuente

domingo, 18 de septiembre de 2022

Entrevista inédita de José Antonio y lo que realmente pensaba de Hitler y Mussolini.

 

n la incansable labor de ir recuperando la mayor parte de la historia desconocida u ocultada de la Falange, hemos descubierto una entrevista que le hicieron a José Antonio el 14 de noviembre de 1934, es decir, cuando ya era el único Jefe Nacional de la Falange en el periódico parisino "Le Petit Journal", en la cual José Antonio aclaraba lo que pensaba sobre los más importantes dirigentes del fascismo europeo, Adolfo Hitler y Benito Mussolini.

Es conveniente aclarar, para evitar malentendidos, que antes de esa entrevista José Antonio había conocido personalmente tanto a Hitler como a Mussolini, con este último se reunió en el palacete de la Plaza Venecia de Roma unos pocos días antes de que se fundara la Falange, a principios de octubre de 1933.

La reunión duró escasamente media hora y José Antonio acudió a ver a Mussolini para pedirle consejo y anunciarle el nacimiento de un partido fascista "a la española", que todavía carecía de nombre.
Parece ser que Mussolini no quedó muy encantado, pues entendía que para ser jefe fascista debías provenir del pueblo y no de la aristocracia, como era el caso de José Antonio, motivo por el cual incluso le recomendó que intentara contactar con el entonces dirigente anarco-sindicalista Ángel Pestaña para atraerlo al nuevo proyecto.

De igual manera, José Antonio también fue recibido el día 6 de mayo de 1934 por Hitler, la entrevista duró unos escasos minutos y prácticamente no cambiaron impresiones, ya que Hitler solo hablaba alemán y José Antonio no conocía esa lengua, podemos decir sin temor a equivocarnos que prácticamente solo cruzaron un saludo sin que hablaran de ningún tema en concreto.
José Antonio desde Berlín fue en tren hacia París y allí comentó a su amiga Ana Pombo ,que le había ido a buscar a la estación, lo siguiente:

"Con este hombre no nos entenderemos nunca, no cree en Dios".

Una vez aclarados dichos antecedentes personales de José Antonio con Mussolini y Hitler, pasaremos directamente a trascribir el contenido íntegro de la entrevista que le realizaron a José Antonio en el periódico "Le Petit Journal", con sus preguntas y respuestas, ciñéndonos concretamente al tema que nos ocupa:

PERIODISTA: ¿El hijo de Primo de Rivera hará triunfar en España un fascismo a la italiana? Los objetivos de Falange Española.

RESPUESTA JOSÉ ANTONIO: Nada es tan irritante para nosotros, dice José Antonio Primo de Rivera, como la testarudez que induce a confundir fascistas y conservadores. La Acción Popular de Gil Robles es un gran partido conservador. Pero FE es una milicia fascista. Entre las dos organizaciones no hay semejanzas, solo contrastes.

PERIODISTA: El espíritu de la Falange.

RESPUESTA J.A.: Esto es lo que nosotros queremos hacer. Generar en la juventud el gusto por una empresa colectiva a la que dedicarse. El español es un hombre de clan. Está apegado a sus amigos, a su partido, a su clase con un extraordinario fervor.
Es necesario que traslade este fervor a un grupo más amplio: la nación…
Es curioso que el sentimiento nacional no esté desarrollado entre nosotros. En parte los intelectuales son culpables. No han intentado identificar los elementos del genio nacional. Ellos han sido los propagadores voluntarios en España de los movimientos intelectuales extranjeros.
PERIODISTA: ¿Va España hacia un fascismo a la italiana?

RESPUESTA J.A.: ¿Conoce usted a Krause?

Krause, explica, era un filósofo alemán de tercer orden que entusiasma a algunos jóvenes españoles que estudiaban allí. Esto sucedía en el siglo XIX, pero después, se funda una escuela "krausista" en España, mientras que Krause permanecía siendo un desconocido para los alemanes, como lo es para usted.

PERIODISTA: ¿Cuántos son ustedes?

RESPUESTA J.A.: 60.000.
PERIODISTA: ¿Actúa en el plano parlamentario o en la calle?

RESPUESTA J.A.: Soy diputado. Pero nuestra acción consiste sobre todo en propaganda en la juventud con mítines y manifestaciones. Actualmente esta actividad política nos está prohibida, al igual que a los socialistas.

PERIODISTA: ¿Cuáles son sus relaciones con los socialistas?

RESPUESTA J.A.: De completa oposición, aunque estemos de acuerdo con sus objetivos sociales. Ellos son un partido de clase e internacional y nosotros somos nosotros, un movimiento específicamente español y que admite todas las clases… siempre que se integren en un estado totalitario…

PERIODISTA: ¿Qué postula inspirado en esos principios?

RESPUESTA J.A.: El pueblo se somete al Estado. El Estado asume la responsabilidad del destino del pueblo … De esta manera, cada persona, teniendo su misión, se sentirá liberada de la angustia actual…

PERIODISTA: ¿MUSSOLINI O HITLER? ¿Usted vincula sus ideas al fascismo alemán o al fascismo italiano?

RESPUESTA J.A.: ¡Por Dios, no al fascismo alemán! ¡Es endiabladamente romántico! Mientras que el fascismo italiano está penetrado por el espíritu clásico, y el fascismo italiano es el esfuerzo heroico de un hombre, de un grupo de hombres, para deshabituar a un pueblo de ciertas maneras de ser y habituarlo a otras, para transformarlo… o si usted lo prefiere, para formarlo … Mussolini es un escultor, mientras que Hitler… (duda un momento)… Hitler, continúa, es un gran orador. No transforma al pueblo alemán, solamente lo adula. Hay una comunicación íntima entre Hitler y la multitud que le escucha. En realidad, se escucha a sí misma. El hitlerismo no corrige los vacíos de la democracia, los amplifica. ¡Es la democracia llevada al paroxismo!

PERIODISTA: ¿Qué posibilidades hay de éxito? ¿Cómo, pregunto, ve usted la llegada al poder de Falange Española?

RESPUESTA J.A.: Por el momento nuestra preocupación es crear un cierto estado de ánimo. Esta es una tarea enorme y a largo plazo. Las historias de tomas del poder son novelas-folletín. Los planes de los conjurados no son los que llevan al éxito de la toma del poder, es el estado de la opinión lo que lo decide. Que el pueblo espere y confíe en lo nuevo, que las Fuerzas Armadas estén en sintonía con lo nuevo, y solamente entonces una minoría activa puede aspirar a tomar los controles del mando.
Hasta aquí el contenido de la entrevista inédita y totalmente desconocida de José Antonio como Jefe Nacional de la Falange para un periódico francés en el mes de noviembre de 1934.
De sus respuestas quedan claros una serie de conceptos: que la Falange es una "milicia fascista". Que la acción política de la Falange va dirigida especialmente a la juventud. Que están de acuerdo con los objetivos sociales de los socialistas. Que postula un Estado totalitario. Que el verdadero fascismo revolucionario es el italiano, pues pretende transformar a un pueblo y Mussolini es el escultor de ese nuevo pueblo. Que la Falange no tiene vinculación alguna con el fascismo alemán por ser endiabladamente romántico y por cuanto además no tiene contenido revolucionario al no pretender la transformación del pueblo alemán, sino solamente su adulación, llegando a decir que el nacionalsocialismo de Hitler es "la democracia llevada al paroxismo".

En cuanto a la estrategia política, ya desde ese momento José Antonio estaba convencido de que para conquistar el poder el pueblo debía confiar en lo nuevo (la Falange) y el Ejército estar en línea con la Falange, para que una minoría (la Falange) pueda tomar el poder.

Aunque en esta entrevista José Antonio alardea de una radicalidad más propia de Ramiro Ledesma (Estado totalitario, milicia fascista), es evidente que esa era el concepto de la Falange que tenía José Antonio a finales de 1934, aunque debemos reconocer que al poco tiempo y tras la escisión-expulsión de Ramiro Ledesma, Ansaldo y demás monárquicos derechistas, José Antonio fue modificando y desarrollando su pensamiento político, aunque la estrategia continuaba siendo la misma, alcanzar el poder mediante un alzamiento armado del Ejército contra la legalidad republicana, que pudiera ser controlado y dirigido por una minoría inasequible al desaliento que no sería otra que los cuadros de mando de Falange.

En cualquier caso, el contenido de la entrevista que hoy publicamos en primicia, también destruye varios mitos que han venido arropando a la figura política de José Antonio, y en base a sus propias palabras queda claro el distanciamiento de la Falange con el nacionalsocialismo de Hitler y las más que claras concomitancias con el fascismo de Mussolini, por lo que realmente podemos deducir una vez más que la Falange de José Antonio era ni más ni menos, con todos los matices que se quiera, "el fascismo a la española".

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Stanley Payne: «La situación política en España es desastrosa», por Jesús Palacios

 

Fuente


Es ya una institución para el historicismo en España y una referencia para todos los interesados en el convulso y complejo pasado de nuestro país. A Stanley Payne (Texas, EE UU, 1934), miembro de la Real Academia de la Historia y autor de más de 25 libros sobre nuestro siglo XX, puede definírsele como el gran hispanista.

Mañana se le rinde un homenaje por sus más de 60 años dedicados a la investigación de la Historia de España. ¿Qué balance hace de todo ese tiempo?

El de ser un testigo privilegiado del «medio siglo de oro» de España. He tenido la oportunidad de haber vivido la segunda época más extraordinaria (tras la etapa 1480-1590) de toda la larga y excepcional historia de España; el auge del franquismo, la cultura tradicional, el desarrollo de la sociedad y su última etapa, la transformación y modernización del país, que resolvió desafíos seculares, y después, la reconciliación y democratización política, y un cuarto de siglo de estabilidad y prosperidad, truncado por la vuelta de la radicalización política.

¿De qué asuntos o investigaciones está más satisfecho?

Del estudio «La revolución española» (1970); «Unión Soviética, comunismo y revolución en España» (1931-1939) (2003), y «La Europa revolucionaria: Las guerras civiles que marcaron el siglo XX» (2011). Y también los dos libros sobre el fascismo (1980 y 1995), fundamentales en mi otro campo de investigación, el de la fascistología comparada.

¿Qué le hubiera gustado investigar y ha quedado pendiente?

La historia que más falta hace es la investigación objetiva, pormenorizada y completa de las dos represiones en la Guerra Civil, pero esto excede de la capacidad de un solo historiador.

¿Se siente orgulloso de ser el primer y único de los hispanistas que públicamente se ha declarado defensor de España, y de que su historia es única en el mundo?

Sí, por supuesto. Ser defensor es ser defensor de la verdad, no patrocinar exageraciones o excusas falsas sobre errores o atrocidades

Inicialmente recibió la Transición con emoción y esperanza, pero con el tiempo le ha decepcionado. ¿Está España ante un nuevo fracaso histórico?

España está viviendo otra época de crisis, pero no es una experiencia propia a contracorriente, como ha ocurrido en el pasado. Es la crisis común de Occidente, pero en su versión española. El fracaso es haber perdido el espíritu de la reconciliación, que ya se dio entre los españoles en los años sesenta, y la aceptación de la historia que caracterizó a la Transición.

¿Cree que el régimen del 78 ha fracasado, colapsado?

No hay colapso, porque funciona todavía. No es imposible resolver la crisis y salir del bache, pero será difícil.

Y la sociedad, ¿hasta qué grado es culpable de la situación?

Los dos grandes problemas son la fragmentación política y la mala gestión del Estado en varios sectores clave. Hay algo de verdad en eso de que todos los pueblos tienen la clase de gobierno que se merecen. España tiene políticos destructivos e irresponsables, y eso es porque muchos ciudadanos ordinarios los han votado. Estos últimos son igualmente responsables.

La decadencia de España se aceleró con los Borbones, especialmente durante el siglo XIX. De ese periodo es una famosa frase de Federico El Grande, que equivocadamente se atribuye a Bismarck. El rey afirmó que España era la nación de Europa más difícil de arruinar, porque sus gobiernos lo han intentado durante años sin conseguirlo. ¿Pone un foco de esperanza en algún tipo de partido o movimiento social capaz de frenar la deconstrucción de España?

Tener líderes adecuados y elites gobernantes con talento son siempre cosas muy importantes. Pero en una verdadera democracia hay que superar las divisiones políticas, que es algo difícil actualmente en muchos países occidentales, como en Estados Unidos. Una resolución de los problemas básicos puede venir solamente del centro-derecha (PP) y la derecha (Vox), pero esta tiene difícil conseguir una gran expansión nacional por el persistente bloqueo del PP. En la izquierda, es muy difícil que el PSOE vuelva a ser un partido serio.

España no es ninguna isla y la quiebra de su sistema es similar a lo que está pasando en el mundo que llamamos Occidente. ¿A qué atribuye está decadencia generalizada?

Esa pregunta merece todo un largo ensayo. En síntesis; problemas del racionalismo / materialismo / mecanicismo modernos, la evolución de la «revolución cultural», que empezó durante la década de 1960 y que está llegando a su auge; la profunda división social, que es el resultado de la pérdida de una orientación espiritual y religiosa firme; esto es, de la cristiandad; las consecuencias de una prosperidad prolongada, que tiene el efecto de socavar y corromper a las naciones por sus élites políticas; el estilo de vida atomizado y narcisista, que impide contribuir al bien común, entre otras.

¿Es hoy válido en el mundo el debate izquierda-derecha?

Ciertamente, pero el contenido y las posiciones de ambos ha cambiado. Ahora la derecha sigue siendo el partido de una parte de los cristianos, pero solo una parte. Y en algunos países los grandes capitalistas son de izquierdas dedicados a la globalización, con la convicción de que la revolución cultural puede beneficiar a sus negocios.

Los Estados Unidos están bajo una profunda crisis de sistema acentuada tras las últimas elecciones que entregaron la presidencia a Biden y a los demócratas ¿Corren el riesgo de una confrontación civil?

EEUU se enfrenta a su peor crisis desde la Guerra de Secesión de 1861. Desde la época de Obama, los demócratas han trabajado activamente en fomentar un nuevo tipo de elecciones que ignora la urna clásica y el día de votar, por el «ballot harvesting» («cosechar votos»; esto es, recogerlos en las casas o en mítines a través de agentes pagados, enviándolos por correo), y utilizando «drop boxes» (cajas en varios sitios apartados de las urnas). No es completamente ilegal, porque han conseguido cambiar muchas leyes. Con ello se busca un sistema de partido único y una forma semitotalitaria, llamada «la democracia salvada». El sistema americano ha llegado a ser tan manipulado y falsificado que funciona muy mal, y con un porvenir incierto.

¿Quién le parece peor, Biden o Pedro Sánchez?

Con mucho, Biden. Sánchez hace sufrir a los españoles, pero a nadie más. Los desastres continuados del Biden senil afectan a muchos más.

¿El mundo occidental es o será unipolar o multipolar?

EEUU ya no es tan dominante como antes, pero todavía es «el elefante en la habitación». No hay verdadera multipolaridad, sino varios intentos y mucha confusión. Si los demócratas consiguen imponer su sistema de partido único, el declive de EEUU se acelerará.

Hablemos del Globalismo y la amenaza que supone para las sociedades occidentales.

Esta tendencia ha crecido desde 1980. Representa la creación de una interdependencia de las élites en los países más desarrollados, que parcialmente engloba a los pobres también. Hasta cierto punto, puede beneficiar a los pobres, mientras desequilibra a los países desarrollados. Es un cálculo a corto plazo.

¿Hay un plan siniestro, una conspiración, en las intrigas que está llevando a cabo el Globalismo y su Agenda 2030?

No hay ninguna «conspiración», porque el gobierno chino es totalmente egocéntrico y nunca coopera de verdad, sino que existe una hegemonía generalizada de globalistas en los países desarrollados, que se compagina con la revolución cultural y el wokismo, aunque confusamente. Lo notable es haber conseguido el dominio de una pseudotecnocracia centralizada, con capacidad para un totalitarismo, y una censura a través de la alta tecnología. Así que no es una cuestión meramente de partidos políticos, sino de estructuras impersonales. Un excelente estudio sobre esto es The Psychology of Totalitarianism (2022), del psicólogo flamenco Mattias Desmet. Un aspecto del deterioro de la sociedad americana que están favoreciendo los demócratas es la enorme expansión del sector que no trabaja y que vive a merced del gobierno al precio de sus votos. Si alcanzan su meta, el efecto será desastroso y habrá llegado el totalitarismo.

En España tenemos las mal llamadas leyes de Memoria Histórica Democrática sobre el eje de la culpa única de los vencedores y diversos objetivos.

La tendencia de convertir la historia en arma de lucha ha llegado a ser universal. Antes las izquierdas españolas eran a veces los primeros en la radicalización, pero ya no. Es sencillamente la versión española coetánea de un proceso casi universal. Si esto se convierte en ley, las izquierdas españolas pueden volver a ser las más extremistas de Occidente.

Usted ha criticado abiertamente la Ley de Memoria Histórica, ha inspirado el Manifiesto por la Historia y la Libertad y ha presentado en el parlamento cántabro un memorable discurso contra la misma. ¿En su objetivo final puede llevar a la polarización social, a la confrontación?

Representa una táctica fundamental; controlar el discurso del pasado para dominar el momento actual. El objetivo no tiene nada que ver con el pasado, sino con el presente y el futuro. Pero como nos muestra la historia, las izquierdas en España están muy divididas. No se puede hablar de proyecto único, y de ahí que la situación de España, aun siendo desastrosa, puede ser menos critica que la de EEUU.

¿Qué está sucediendo en Ucrania, donde los USA-OTAN-UE se están enfrentado a la Rusia de Putin?

Putin y la dictadura rusa constituyen el malo de la película, y eso no es ningún artilugio o manipulación, sino que se trata de un Estado mafioso capaz de las mayores maldades. Entendido eso, los ucranianos y el gobierno americano no se han portado de un modo muy inteligente. Si hubiera habido un verdadero deseo de negociar es muy probable que la invasión se hubiera evitado. Hay cierta confusión en la política ucraniana, pero el gobierno de Biden se ha portado con su típica estupidez y consecuencias destructivas.

En Francia hay un gran debate a raíz de una entrevista que la editora de Le Fígaro le hizo al historiador Pío Moa sobre la edición en francés de su libro «Los mitos de la Guerra Civil», en el que responsabiliza al PSOE liderado por Largo Caballero e Indalecio Prieto como causantes de la Guerra Civil.

Sí, se ha conseguido el comienzo de un debate, algo que no existe en el mundo pre-totalitario español. Isabelle Schmitz, la editora de «Le Fígaro», es inteligente y valiente. Pero en el mundo historiográfico francés no hay ningún nuevo François Furet.

Además de sus obras y trabajos, ha entregado su biblioteca personal al gran fondo de la biblioteca Cortada, hoy Cortada-Payne. ¿Qué son esos fondos?

La Colección Cortada es un fondo historiográfico creado a lo largo de medio siglo por el distinguido historiador James Cortada, un ingeniero informático y antiguo ejecutivo de IBM. Hoy es, probablemente, la mayor biblioteca privada de historia española en el mundo fuera de España. En los últimos años hemos intentado encontrar una institución adecuada para entregar los fondos, pero han surgido serios obstáculos; no hay interés en la historia de España en EEUU, y las bibliotecas y la dedicación a leer libros están en declive como consecuencia de internet. En España estuvo a punto de cuajar una solución gracias al impulso de Rafael Gil Casares, siendo embajador en Washington, y de Gonzalo Quintero, diplomático y autor del mejor estudio sobre Bernardo Gálvez. Pero en el último momento todo se vino abajo.

La UE declara la guerra a Europa

  El entreguismo de la sedicente “élite” europea a EE. UU. causa extrañeza. En efecto, el verdadero responsable de la política exterior de l...