viernes, 13 de enero de 2023

Los talibanes iconoclastas de Euskaltzaindia - Pedro Chacón

 

Los talibanes iconoclastas de Euskaltzaindia

Voy a comenzar aquí el relato de la destrucción del patrimonio toponímico y onomástico que ha tenido lugar en el País Vasco desde 1978 hasta hoy, llevado a cabo por el nacionalismo, y en su nombre por la Real Academia de la Lengua Vasca, que es como se llama Euskaltzaindia. Y lo comparo con la destrucción de templos y esculturas que emprendieron los talibanes desde el poder en ciudades milenarias y patrimonio de la humanidad como Palmira, Nínive o Tombuctú que vieron demoler, dinamitar, bombardear e incluso tirotear monumentos y esculturas contrarios a la ley islámica. Alguno me podrá decir que cómo puedo comparar el daño o la desaparición que infligieron los talibanes sobre el patrimonio histórico universal del Oriente Medio con lo que ha hecho con los topónimos una institución tan pacífica como Euskaltzaindia. Pero yo estoy comparando exclusivamente los comportamientos hacia el patrimonio (que en el caso que nos ocupa podemos denominar inmaterial, por tratarse de una relación intrínseca que existe entre apellidos y topónimos) y que desde ese punto de vista sí es equiparable con lo ejecutado por los talibanes sobre el patrimonio material, arquitectónico y religioso, por lo que tienen ambos de borrado de una tradición histórica que conlleva una pérdida irreparable de identidad y de memoria. Aunque, puestos a decirlo todo, aquí, en el País Vasco, por las mismas ideas que impulsaron a los miembros de Euskaltzaindia y al nacionalismo en general a cambiar los letreros y los nombres de ciudades, ríos, montes y valles, y durante el mismo periodo, además, en el que se llevaron a cabo dichos cambios, otros, que pensaban parecido en cuanto a la política, la lengua y la identidad del pueblo vasco, y ante la pasividad, cuando no la complicidad, de una mayoría, implantaron un terror que facilitó y allanó esos cambios. Sin el terror producido por ETA, que mató sin piedad a policías, guardias civiles, militares, concejales, periodistas, taxistas, empleados y, en definitiva, a todo aquel que, según ellos, representara a España en el País Vasco y Navarra, no se entiende que desde una institución como Euskaltzaindia se cambiara a voluntad (y en ocasiones a capricho) y sin contestación de ningún tipo, toda la toponimia con la que, durante siglos, se han denominado aquí municipios, provincias y todo lo denominable, y que estaba íntimamente conectada con los apellidos de sus naturales, residentes tanto aquí como en el resto de España.

Aquí, con la excusa de la “normalización lingüística”, se han llevado a cabo cambios en los nombres de los pueblos con una alegría, una inconsciencia y una irresponsabilidad asombrosas. Porque un cambio en un nombre de un pueblo implica muchas cosas. No se trata de que, bueno, como a partir de ahora le vamos a llamar todos oficialmente así, pues cambiamos todos los papeles oficiales con el nuevo nombre, los letreros indicadores y lo que aparece en la página web y asunto concluido. Nadie parece que ha reparado en que ese nombre, que se considera ajeno a lo vasco, por no ir en grafía eusquérica o por haber sido creado por alguien a quien no se considera de aquí y que por eso se cambia, implica una historia de siglos que afecta directamente a la onomástica con la que está relacionada íntimamente la toponimia. Si esto no es destrucción pura y dura de patrimonio, de tradición, de historia y de identidad, ya me dirán cómo se puede denominar.

Porque aquí ha habido cambios en cuanto a la grafía de los topónimos, que se han repuesto en eusquera siempre que se ha podido y aun cuando no se ha podido, forzando hasta límites inauditos la transformación. De Vizcaya, los únicos que se han salvado, entre los nombres de municipios, aunque sea porque no tenían ni siquiera una pobre tilde que quitar, han sido solo 25 nombres, del total de 112 municipios que hay en la provincia, o sea, menos de una cuarta parte. Entre ellos citamos unos cuantos: Arrigorriaga, Basauri, Bermeo, Lanestosa, Mañaria, Portugalete, Sestao, Sopuerta, Zalla y Zamudio. Todos esos pueblos se llamaban igual en la época franquista. Si los pudieran haber cambiado, seguro que lo hubieran hecho. Pero no pudieron. No hubo forma. Eran y son nombres perfectamente autóctonos, tan vascos como españoles, imposibles de cambiar. De los 88 municipios que hay en Guipúzcoa, se han mantenido sin cambios solo 26: por ejemplo, Azpeitia, Hernani, Lezo, Orio, Tolosa, Segura y Urnieta. En el caso de Álava – paradójicamente, por tratarse de la provincia menos euscaldunizada–, de sus 51 municipios (no vamos a contar los 417 núcleos de población), solo 9 se han mantenido con el nombre que tenían antes de la llamada operación de normalización lingüística emprendida en esa provincia por Euskaltzaindia junto con el nacionalismo dominante en sus instituciones. Los municipios cuyo nombre ha sobrevivido intacto son Amurrio, Armiñón, Barrundia, Berantevilla, Bernedo, Leza, Navaridas, Samaniego y Zambrana. Todos los demás o han cambiado o han visto añadido otro nombre oficial al original.

Esta operación de liquidación de los nombres tradicionales ha traído como consecuencia mayor dejar privados a los apellidos que se originaron de esos topónimos de su referente histórico original. Porque no me refiero solo a la grafía eusquérica que se ha impuesto a los topónimos históricos en grafía castellana, que también los ha alejado de sus apellidos correspondientes (salvo que los portadores de los mismos se los hayan cambiado, cosa que ha ocurrido en muy pequeña proporción como veremos). Lo peor de todo se ha dado con el cambio radical del topónimo original, que ha significado la amputación histórica de la relación entre los apellidos y sus topónimos correspondientes. Por lo tanto, no se trata, como decíamos, de un simple cambio de nombre y ya está. Estamos hablando de algo mucho más trascendente que consiste en la alteración sustancial, por vía de los topónimos y de sus apellidos correspondientes, del núcleo denominador que conforma la esencia histórica misma del patrimonio cultural de un país, a consecuencia de lo cual muchos apellidos españoles se quedan sin sus referentes toponímicos originales.

Veámoslo con ejemplos, empezando por Vizcaya. Para empezar, digamos que el Nomenclátor de apellidos vascos de Euskaltzaindia apenas tiene en cuenta a los apellidos que son a la vez nombres de municipios. La inmensa mayoría de los que vamos a ver a continuación no aparecen en dicho Nomenclátor, lo cual es una forma de ignorar o de disimular la desconexión entre los topónimos y sus apellidos que estamos denunciando aquí, al suprimir o alterar los primeros. Euskaltzaindia hace aquí como si no se enterara de lo que está pasando y que ella misma ha causado, autorizando e incluso proponiendo los cambios en la toponimia.

En cuanto a los topónimos que se han alterado solo en su grafía. Tenemos los siguientes casos:

El municipio de Alonsótegui pasa a ser Alonsotegi. El apellido Alonsótegui tiene 23 portadores de primer apellido y 9 de segundo, la mayoría de ellos residentes en Cantabria. Alonsotegi, en cambio, como era de suponer, no tiene portadores.

Arcentales pasa a ser Artzentales. Arcentales tiene 160 portadores de primer apellido y 130 de segundo, que viven en 6 provincias españolas. Ninguno en el País Vasco y solo unos pocos en Navarra. Donde más apellidados Arcentales hay es en Barcelona, seguido de Madrid. Personas apellidadas Artzentales, en cambio, como era de suponer, no hay.

Arrancudiaga pasa a ser Arrankudiaga. Arrancudiaga tiene 30 personas apellidadas así de primero y 22 de segundo, repartidos a mitades entre Guipúzcoa y Madrid. Arrankudiaga, en cambio, como era de prever, no existe como apellido.

Baracaldo tiene 45 personas apellidadas así de primer apellido y 59 de segundo, de las que solo hay unas pocas viviendo en Vizcaya. El resto viven, por este orden, en Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y Madrid. Barakaldo, como era de prever, no tiene a nadie que se apellide así.

Frúniz tiene 23 apellidados así de primero y31 de segundo, todos en Vizcaya. Pero el topónimo que han puesto en grafía eusquérica, Fruiz, como es obvio, no tiene ninguna persona apellidada así.

Galdácano tiene unos pocos portadores en Vizcaya. Galdakao, que es la forma oficial, no tiene nadie con ese apellido.

Lo del apellido Garay es paradigmático en este sentido. Es el nombre de un municipio de Vizcaya (bueno, era, porque ahora se llama oficialmente Garai). Pero como apellido, Garay tiene 5007 portadores de primero y 5013 de segundo en toda España, algo que lo sitúa como uno de los 300 apellidos eusquéricos que rebasan los 1000 portadores. Hay personas apellidadas Garay en todas las provincias españolas menos en 6. En País Vasco y Navarra hay algo menos de 2000 en total, tanto de primer apellido como de segundo, la mayoría en Vizcaya. La forma eusquérica, Garai, como apellido se la han puesto unas 500 personas de primer apellido y algo menos de segundo, la mayoría, como era de prever, en Vizcaya, seguida de Guipúzcoa, Alava y Navarra y alguno hay también en Madrid. El caso es que solo un 10% de los apellidados Garay se ha cambiado a la forma eusquérica Garai. El resto de los apellidados Garay, o sea, la inmensa mayoría de los portadores de este apellido, se han quedado sin su referente toponímico, que ha pasado a denominarse solo Garai.

Con el topónimo Gatica pasa una cosa muy curiosa. Como apelllido tiene 373 portadores de primer apellido y 382 de segundo en toda España. Pues bien, ninguno de ellos reside en las provincias vascas o en Navarra, sino en otras 13 provincias españolas, donde más con diferencia en Cádiz. Y por supuesto, como era de prever, la forma eusquérica que le han puesto, Gatika, no tiene portadores.

Gordejuela tiene 210 portadores de primer apellido y 219 de segundo en toda España, donde más en Burgos, seguido de las provincias vascas y Navarra. También está presente en otras 9 provincias españolas. Gordexola, que es la forma eusquérica del topónimo, naturalmente no existe como apellido puesto que, según creemos, fue una invención pura y dura de Sabino Arana, quien así denominó una de las cuatro batallas de su libro “Bizkaya por su independencia”, que correspondía a Gordejuela. Y por eso se denominó Gordexola uno de los batallones de gudaris de la Guerra Civil.

Hay 59 personas apellidadas Lejona de primer apellido y 50 de segundo, casi todas en Vizcaya. Pues bien, Leioa, que es el topónimo oficial en eusquera, no hay nadie que se apellide así.

Con el apellido Munguía hay 1208 portadores de primer apellido y 1229 de segundo. De los cuales en País Vasco y Navarra residen 147 de primero y 145 de segundo. La gran mayoría, por tanto, residen en el resto de España, repartidos en 29 provincias, en la que más con diferencia en Las Palmas de Gran Canaria, seguida de Madrid y Barcelona. Apellidados Mungia, en cambio, que es el nombre oficial actual del municipio, solo hay 29 personas con ese primer apellido y 19 de segundo, repartidas entre Guipúzcoa y Vizcaya por este orden.

Finalmente, en este apartado, el caso de Abadiano sí que tiene su guasa. Abadiano pasa a ser Abadiño en la grafía oficial actual. El apellido Abadiano tiene 355 portadores de primer apellido y 279 de segundo, repartidos en 7 provincias españolas, donde más en Navarra pero también los hay y muchos en Barcelona, Zaragoza, Huesca, La Rioja y Soria. De las provincias vascas solo está en Vizcaya. En cambio, Abadiño sí que existe también y en estos casos siempre en mucho menor número que el anterior. Pero en esta ocasión, además, se da la paradoja de que, aunque solo tiene 10 portadores de segundo apellido, resulta que 5 de ellos viven en Madrid. Por lo que, en este caso, la cadena histórica que une a los apellidos con sus topónimos no solo no han conseguido romperla, sino que más bien lo que han revelado es la existencia de personas apellidadas Abadiño (esto es, como los nacionalistas consideran que se debe redenominar ese municipio) nada menos que en la capital de España.

Pero ya si vamos a los topónimos que no solo es que se hayan puesto en grafía eusquérica sino que se han cambiado completamente por otros supuestamente más vascos, el destrozo ha sido completo. Veamos, si no, un par de ejemplos sin salirnos de Vizcaya:

Tenemos el caso de Pedernales, con 15 personas apellidadas así de primero y 10 de segundo, todas residentes en Vizcaya. El topónimo que le pusieron en eusquérico, por aquello de ser el municipio donde está enterrado Sabino Arana, tenía que romper por completo con el anterior y es, en efecto, Sukarrieta. Lógicamente no hay nadie apellidado así.

Y tenemos el caso de Villaro, villa histórica vizcaína, cuyo apellido tiene 378 portadores de primero y 349 de segundo, repartidos por 12 provincias españolas, donde más con diferencia en Barcelona, seguida de Lérida y La Rioja. En las provincias vascas y Navarra tiene en total 33 portadores de primero y 29 de segundo. A Villaro le han redenominado Areatza, que como era de esperar no tiene a nadie que se apellide así, por ser algo completamente nuevo e impuesto.

Y si nos vamos a la provincia de Guipúzcoa y dividimos los topónimos como en el capítulo anterior en el que tratábamos de Vizcaya, esto es, entre los que solo han puesto grafía eusquérica al nombre preexistente y los que lo han cambiado completamente, en ambos casos con la consiguiente ruptura de la conexión tradicional entre topónimo y apellido, nos encontramos con los siguientes ejemplos:

Lazcano es un apellido importante, dentro de las dimensiones de los apellidos vascos. Lo portan 1788 personas de primero y 1882 de segundo. Se extiende por 36 provincias españolas, siendo las vascas y Navarra las que se llevan la mayoría, con 1031 y 1079 de primero y segundo respectivamente. El caso es que el topónimo actual, Lazkao, no lo porta nadie.

Motrico lo portan 28 de primer apellido y 38 de segundo, algunas de ellas residentes en Cádiz, aunque la mayoría en Vizcaya y Guipúzcoa. El apellido Mutriku, que es el topónimo oficial ahora, no lo porta nadie.

Oñate es otro apellido histórico y, por lo tanto, extenso, con 2708 portadores de primero y 2681 de segundo, presente en 43 provincias españolas. En el País Vasco y Navarra tiene 373 portadores de primer apellido y 345 de segundo. Donde más presente está es, por este orden, en Madrid, Cádiz, Barcelona, Vizcaya, Murcia, Valencia y Sevilla. En cambio, el topónimo oficial hoy, Oñati, no tiene portadores, rompe la tradición, se queda como una isla desierta en la conexión histórica entre topónimos y apellidos.

Rentería tiene 1136 portadores de primer apellido y 1053 de segundo, que están repartido en 35 provincias españolas. En las provincias vascas y Navarra tiene 386 de primer apellido y 323 de segundo. Donde más en Vizcaya, pero no obstante, hay muchos más fuera de País Vasco y Navarra, o sea en el resto de España. El caso es que Errenteria, que es la forma eusquérica oficial que le han puesto al municipio, rompe por completo la relación topónimo-apellido y, como era de prever, no tiene nadie que se apellide así. Ni siquiera el actual lendacari Urkullu, que se apellida Rentería de segundo, ha dado ejemplo cambiándoselo. Pero el nombre del municipio sí que lo han cambiado.

El municipio de Legazpi, apellido histórico del fundador de Manila, se ha sustituido por Legazpia. Las consecuencias son obvias. El apellido Legazpi lo portan 251 personas de primero y 279 de segundo, repartidas por 10 provincias españolas, donde más con diferencia en Madrid seguido de Asturias. En las provincias vascas solo está en Vizcaya, con 16 y 13 portadores respectivamente. En Navarra no está tampoco. En cambio, Legazpia, el nombre actual, solo lo portan como apellido 24 y 12 personas de primero y segundo respectivamente, la mayoría en Álava y algunas en Guipúzcoa.

Y en cuanto a cambios drásticos, tenemos el ejemplo de Salinas de Léniz, que desde tiempos inmemoriales se llamaba así, en concreto la primera referencia que nos da la propia Euskaltzaindia es del año 947 nada menos, y así se mantiene sin interrupción durante seis siglos hasta la obra de Isasti (Compendio historial de la muy noble y muy leal provincia de Guipúzcoa) que es del año 1625, y donde junto a Salinas aparece Gatzaga por primera vez. La denominación actual es Leintz Gatzaga, que es la traducción al eusquera de los términos originales con los que desde siempre se denominaba la localidad. Aquí no se puede recurrir, por tanto, al argumento de la antigüedad de la denominación, como se ha hecho por ejemplo con un par de casos que veremos luego, como los de Vitoria/Gasteiz o Salvatierra/Agurain. Aquí la razón es única y exclusivamente lingüística y ejecutada en la actualidad por preferencia puramente ideológica.

De Álava ya dijimos al principio de este tema que vamos a considerar solo la redenominación de sus municipios, que son 51 y de los que solo 9 se salvaron de ser alterados. De sus más de cuatrocientos concejos no vamos a ocuparnos por ahora. Para Álava el cambio de Salvatierra por Agurain es justificado por investigadores del prestigio de José María Jimeno Jurio, que decía que así era como se llamaba Salvatierra antes de la fundación de la villa por Alfonso X el Sabino en 1256 y así era como quedó en la tradición de sus habitantes. José María Jimeno Jurio por argumentaciones como esta, entre otras, es por lo que luego recibiría el premio Sabino Arana de manos del PNV en 1997. Hoy el pueblo tiene las dos denominaciones oficiales. El mismo caso es el de Mondragón con Arrasate, por ejemplo.

Con Vitoria/Gasteiz pasa lo mismo. Gasteiz era un pequeño poblado, parece ser, situado donde luego se empezó a expandir la ciudad de Vitoria a raíz de su fundación en 1181 por Alfonso X el Sabio. Decir ocho siglos después que el nombre de Vitoria fue una imposición o que el auténtico nombre de la ciudad es el de un minúsculo poblado que, de no ser por la fundación del rey sabio habría permanecido en el más absoluto anonimato, no tiene ni pies ni cabeza, pero así es como va la cosa. De hecho, Gasteiz ni siquiera siguió usándose después por los hablantes, ni siquiera por los eusquéricos, por lo que no se mantuvo en la tradición de los moradores del municipio, como dice Jimeno Jurio que pasó con Agurain, Arrasate y otros.

Alegría de Álava ha pasado a ser Alegría-Dulantzi, siendo Dulantzi un término de clara ascendencia latina, solo que eusquerizado luego con la fórmula –tz-, de la que ya hablamos en esta serie en “El síndrome del averchale sobrado”.

Con Aramayona la influencia de Euskaltzaindia y del nacionalismo vasco está consiguiendo el efecto de que los apellidados así vayan pasando poco a poco a apellidarse Aramaio, que es el nombre oficial del municipio en eusquera. Esto solo puede ocurrir con apellidos con muy pocos portadores, que son la mayoría de los eusquéricos, que no pasan de 100 portadores en muchos casos. Y a ello se suma la influencia del entorno sociolingüístico, que es muy notable en Aramayona, al ser el único municipio alavés incluido en la asociación de municipios eusqueroparlantes (UEMA) y eso tiene influencia decisiva en el caso. De hecho, las personas apellidadas Aramayona son 31 con primer apellido y 49 con segundo, la mayor parte de ellas residentes fuera del País Vasco y Navarra, concretamente en Madrid, Valladolid y Zaragoza. Obsérvese la diferencia de número entre primero y segundo apellido, por el efecto de que son los primeros apellidos los que tienden a eusquerizarse, por ser más visibles. Las personas apellidadas Aramaio son 44 de primer apellido y 43 de segundo, la mayoría residentes en Vizcaya y alguna en Guipúzcoa, pero curiosamente ninguna en Álava, que es donde está el municipio.

Arceniega tiene 17 y 16 portadores de primer y segundo apellido respectivamente, residentes en Vizcaya y Álava. Artziniega, que es el nombre oficial del municipio en eusquera, no tiene portadores, como era previsible.

Lo de Ayala es más escandaloso si cabe. Un topónimo que corresponde a un apellido eusquérico de los grandes, puesto que lo portan 17.000 personas como primer apellido y otras tantas, en números redondos, como segundo. Que está presente en todas las provincias españolas menos en Palencia. Y que ha sido sustituido como nombre oficial eusquérico por Aiara, que, como cabía esperar, no tiene a nadie apellidado así, al carecer de trayectoria histórica.

Baños de Ebro es Mañueta en eusquera. Mañueta es un neotopónimo, o sea, un invento. Había que ponerle un nombre en eusquera a la localidad como fuera, había que rebautizarla. Y este es el nombre que eligieron para hacerlo. Ni más ni menos.

El nombre del municipio de Lanciego también funciona como apellido. Al ponerle Lantziego en eusquera, le han amputado esa conexión. No está recogido tampoco en el Nomenclátor de Euskaltzaindia, como la gran mayoría de los topónimos vascos que también funcionan como apellidos y que estamos relacionando aquí. Lanciego lo portan 115 personas de primer apellido y 106 de segundo, de las cuales la mitad, más o menos, residen en Navarra y el resto, por este orden, en Madrid, Guipúzcoa, Zaragoza, Ávila y Valencia. En Álava y Vizcaya no hay (o al menos no llegan a 5 los portadores en cada una de ellas).

El municipio de Oquendo lo han desfigurado conviertiéndolo en Okondo, cuando Oquendo tiene una prosapia histórica importante, por dar nombre al famoso marino Antonio de Oquendo y Zandategui (San Sebastián, 1577 – La Coruña, 1640). Su padre, Miguel de Oquendo, también fue capitán general de la Armada real de Guipúzcoa. El apellido Oquendo lo portan 419 personas de primero y 475 de segundo, que residen en 22 provincias españolas, donde más en Madrid, seguida de Barcelona, Valencia y Murcia. En País Vasco y Navarra solo hay en total 15 personas apellidadas Oquendo de primero y 23 de segundo.

Al municipio de Villabuena de Álava le han endosado como denominación en eusquera un término tan absurdo como Eskuernaga, que hasta suena mal. Recomiendo la lectura del artículo de mi colega y amigo Xabier Zabaltza, en El Correo de 7 de junio de 2011 titulado “Esquizoglosia”, que aplicado al caso vasco viene a significar “la presunción de que el euskara es algo intrínsecamente opuesto al castellano. Tal principio se deja sentir tal vez más que en otros ámbitos en la toponimia, especialmente en la de las zonas de Vasconia donde no se habla vascuence desde hace siglos. Cuando un pueblo no tiene en euskara un nombre distinto al castellano, hay que inventárselo”. En ese artículo, además de referirse a otros casos parecidos, se cita Eskuernaga también, ocurrencia que para el autor es un “puro dislate.” En realidad, Xabier Zabaltza del caso que más habla en “Esquizoglosia” es del de Biasteri, término eusquérico disputado por los municipios de Laguardia y Lanciego, hasta que al final el primero ha acabado llamándose Guardia en eusquera mientras que Biasteri sirve para denominar en eusquera a la pedanía de Viñaspre, en Lanciego.

El caso de Villarreal de Álava consiste en que no contentos con ponerle Legutiano, que es el antiquísimo nombre del municipio, previo a su fundación como villa en 1333 y que ni siquiera tiene origen eusquérico, al parecer, sino más bien latino, al cabo de treinta años lo cambiaron por Legutio, que les parecía más eusquérico todavía. Ni que decir tiene que ni Legutiano, ni mucho menos Legutio, existen como apellidos.

Y de momento lo voy a dejar aquí, porque en este tema de los topónimos vascos se han hecho tantas barrabasadas que casi es mejor ir tomándoselo poco a poco, sin olvidarlo nunca, eso sí, para no darles a los causantes de semejante atropello histórico y cultural ni un momento de tregua: no se lo merecerían en ningún caso, por ignorantes y por irresponsables. 


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sábado, 12 de noviembre de 2022

Marcelo Gullo: "La izquierda actual es un caniche al servicio de la oligarquía financiera"



 Pregunta.- El pasado 12 de octubre se volvió a escuchar el lema «nada que celebrar». ¿Es este libro una respuesta a esa idea?


Respuesta.- Es una respuesta, claro. Porque hay mucho que celebrar. Lo que pasa es que los españoles no lo conocen porque se les ha ocultado y falsificado su propia historia. Es un caso muy curioso porque es el único país en el mundo -o al me- nos el único de los que conozco, he estudiado o en los que he vivido- que cree la historia que sus enemigos cuentan de él. Y aun más: que la toma como propia. La leyenda negra es la falsa historia de España contada por los enemigos de España. Primero por Holanda, después por Inglaterra, luego por Estados Unidos... Podemos decir que la leyenda negra es la primera gran manifestación de fake news de la historia y la obra más genial del marketing político británico.

P.- ¿En qué sentido?

R.- La propaganda política no se hace con libros, se hace con panfletos o libelos. Y si los autores le contestan a un libelo con 12 tomos que no lee nadie, entonces los otros le vuelven a hacer tres panfletos más, que se responden con 24 tomos más. Pero es- tos tomos eran absolutamente inservibles desde el punto de vista de ganar la opinión pública.

P.- Pues le pido, por favor, que haga de verificador de esas fake news.

R.- ¿Por qué, si nada más fueron a robar, matar y asesinar, se les ocurrió enseñar en esas universidades algo completamente revolucionario y anti colonialista? Esto es, que el poder viene de Dios, el rey pero Dios no se lo da al rey, como decían los franceses o los ingleses, sino al pueblo, para que lo gobierne como un padre. Y si el rey no gobierna como un padre, el pueblo tiene derecho a la revolución e incluso al tiranicidio. Esa era la doctrina oficial que se enseñaba en Hispanoamérica, en la universidad, donde fundamentalmente iban mestizos e indios, porque había muy pocos criollos en aquéllas aulas.

P.- ¿Algo más?

R.- La segunda gran pregunta es: ¿hizo algo semejante Francia en África? Y más: ¿dónde están las universidades francesas fundadas en África? ¿Y los hospitales? ¿Dónde están las universidades belgas fundadas en el Congo? Ni hablar de los alemanes en la parte que le tocó en África, que no fundaron ni un jardín de infancia.

P.- ¿Y ahora?

R.- La última etapa es muy posterior, cuando la izquierda, por contraposición al franquismo, se hace negrolegendaria, de forma absurda. No toda la izquierda: ahí está Alfonso Guerra. Si Franco hubiese dicho que la tierra era redonda, entonces hoy la izquierda española sería terraplanista. Simplemente por oponerse. Así, admitieron la leyenda negra y eso provocó el mayor engaño que la juventud española sufrió en su historia. Le enseñaron una historia que solo hablaba de muerte y atrocidades, como si España hubiese sido la mayor calamidad y la peor nación del mundo. Ese engaño gigantesco empezó a convertirse al poco tiempo en lo políticamente correcto. Y cualquiera que desafiaba eso quedaba excluido del mundo académico, del mundo periodístico, del mundo político.

P.- ¿Pero diría usted que también se cometieron horrores en la conquista de América?

R.- Aquella gesta, que en realidad no fue conquista sino liberación de América (porque hay que entender lo que era América antes de que llegara España), fue hecha por hombres, no por ángeles. Y hay hombres que hacen actos heroicos y santos, pero también hay delincuentes, violadores, asesinos. En una empresa como esta, se pueden encontrar actos que parecen sublimes y otros que parecen abominables.

P.- Otro de los aspectos que critica en el libro es el desdén del protestantismo hacia España por su catolicismo.

R.- España fue juzgada por un tribunal arbitrario que tenía las manos manchadas de sangre y ninguna autoridad moral. Hubo una guerra gigantesca, entre el protestantismo y el catolicismo, que ganó el bando protestante. Y como la historia la es- criben los vencedores, los protestantes la falsificaron. A partir de ahí, se entiende Suecia como un ejemplo de tolerancia cuando en Suecia la reforma se impuso a sangre y fuego masacrando al campesinado católico, que no quería ser protestante por- que sabía que el protestantismo iba a conducir al establecimiento de una nobleza que se iba a apropiar de la tierra de la iglesia, que estos campesinos alquilaban, y se iban a quedar sin nada, convertidos en la escoria de la sociedad.

P.- ¿Qué le parece la idea de que el protestantismo conlleva progreso?

R.- Vamos a poner la cosa en su medida: la Alemania que se industrializa hasta hoy, que convierte al país en una potencia industrial, después de la unificación, era la Alemania católica. No había industria del lado protestante. No tiene nada que ver que el protestantismo conduzca al progreso y a la industrialización.

P-¿Entonces qué conlleva?

R.-El triunfo del protestantismo cambió los valores cristianos, porque estableció que lo bueno era lo útil y que lo útil era aquello que servía para ganar dinero. Eso llevó a desvalorizar todo un humanismo católico, que implicaba que España e Italia fuesen la escoria del mundo. 

P.- ¿Es el tópico de España como «tierra cainita> otro producto de la leyenda negra? ¿Cómo lo desmontaría usted?

 R.- Los españoles dicen: «Somos un pueblo cainita porque nos matamos en la Guerra Civil». Las guerras civiles son espantosas siempre y los dos bandos cometen barbaridades. La guerra no es una cosa linda, pero volvamos a poner las cosas en su medida. En la Revolución Francesa, la región del norte de Francia de la Vendée se opuso a esta y el Comité de París ordenó el exterminio de su población. Las tropas mandadas por París tenían la orden de exterminar a toda la población. Ponían a las niñas y a las mujeres en hornos de pan para quemarlas y se deleitaban con sus gritos. Hicieron guantes con la piel de las mujeres, hicieron botas con los piel de los hombres, hicieron jabón con sus restos. Fueron el antecedente del nazismo. Semejante barbaridad, un genocidio que eliminó en algunos pueblos al 80% de la población, no pasó nunca en la historia de España. Mucho más atroces que los españoles han sido los franceses, mucho más atroces han sido los ingleses y alemanes.

 P.- ¿Cómo es la situación de la leyenda negra en su país?

R.-Argentina fue el país más cariñoso hacia España de toda Hispanoamérica. El primero que reivindica la obra de España en América. Hipólito Yrigoyen fue el primer presidente argentino elegido por voto popular y secreto, en 1916, por el partido Unión Cívica Radical. A los pocos meses de asumir el cargo de primer presidente realmente democrático, decreta de su puño y letra que el 12 de octubre sea festivo. Es un decreto extraordinario, señalando las obras de civilización cumplidas por España en América. En música, por ejemplo, Carlos Gardel ha- ce un tango llamando a España madre querida de mi amor. Ese profundo reconocimiento de Argentina a España ha empezado a desaparecer en los últimos años. Porque también hay una dictadura en Argentina de lo políticamente correcto. El centro de esa dictadura es la leyenda negra. Y ahora los sectores universitario y las clases medias argentinas son absolutamente negrolegendarios, porque hace 20 años que se machaca sobre esto, sobre el falso genocidio, el robo del oro y todas esas historias. Se impone en los colegios y las juventudes se forman en un odio y resentimiento hacia España.

P.- ¿Qué consecuencias ha tenido la leyenda negra para España?

R.- Nadie puede tener una personalidad completa y sana si tiene un problema de autoestima. Una personalidad absolutamente acomplejada fue lo que llevó a Ortega y Gasset a decir que Europa era la solución cuando en realidad Europa era el problema. Nadie puede construir una nación despreciándose a sí mismo, repudiando su esencia. Las naciones se construyen a partir del respeto a los otros, pero primero, el aprecio a uno mismo. Por- que nadie puede querer a los otros si no se quiere primero. Y en el caso español llevó a un absurdo absoluto, que es el europeísmo como ideología. Para entrar en Europa admitió la condición francesa y alemana, que era la desindustrialización de España. España perdió su soberanía industrial y después le siguieron dictando normas que los otros no aplicaban. Y ahora España está a punto de perder su soberanía energética. Cierra sus minas de carbón y elimina las centrales nucleares mientras los otros construyen más y después le compran energía nuclear a los franceses. Si yo cierro mi central nuclear acá y a 30 kilómetros hay otra francesa, ¿para qué la cerré? Si aquella explota, me va a contaminar a mí. ¿En qué cabeza cabe? Ahora España está perdiendo lo último que le faltaba, que es su soberanía alimentaria, porque no va a producir nada más de agricultura. ¿Va a depender sólo del turismo? Y si algún día, por alguna razón, una nueva pandemia más extensa o una guerra más extensa cortase ese turismo, la economía española se caería como un castillo de naipes porque no quedaría nada. No es que el turismo sea malo, hay que tenerlo. Pero, como quien juega, hay que tener varias cartas en la mano. España se suicida por pasos.

P.- En el libro cuenta cómo muchos de los países que avivaron la leyenda negra están empezando a ser víctimas de algo parecido, como los movimientos identitarios. ¿Cómo lo valora?

R.-Foucault ha pasado por un gran intelectual, siendo un degenerado mental y moral, violador de niños y promotor de la pederastia, que él quería despenalizar. Y lo mismo con Derrida. Después de la caída del Muro de Berlín, el marxismo cultural, que tiene muy poco que ver con el otro marxismo, está financiado por la oligarquía financiera mundial. Nadie pregunta por qué. Y la respuesta es muy sencilla: porque esa política y esas ideas destruyen espiritualmente a los pueblos, los aniquilan. Si ya no hay verdad, si todo es relativo, ¿para qué dar la vida por algo? ¿Para qué sacrificarse? ¿Para qué tener hijos? Al perderse el sentido de trascendencia sólo queda vivir el instante, porque la vida no tiene ningún sentido. Y para vivir un instante me molesta el otro y hasta mi propia familia, mis propios hijos.

P.- O sea, una paradoja.

R.- La gente del marxismo cultural es la mano de obra más barata que jamás tuvo el imperialismo internacional del dinero. Son una izquierda caniche al servicio de la oligarquía financiera mundial. 

P.- ¿Puede ser el peronismo una solución a estas encrucijadas? 

R.- Perón fue un pensador universal y el peronismo fue el primero y el último proyecto universal de los argentinos. El mundo vivía tironeado entre un liberalismo materialista y un colectivismo materialista. Y Perón dice que hay que construir una comunidad organizada donde exista una armonía entre espíritu y materia, porque el hombre no es solamente espíritu, pero tampoco sólo materia. Es decir, una armonía entre los valores material y los valores espirituales, entre el yo y el nosotros, entre lo individual y lo colectivo. No se puede ahogar al yo como quiere el colectivismo, el yo sin la comunidad engendra el egoísmo, la sobreestimación de los derechos propios y el desdén por los derechos ajenos. Eso engendra a su vez la lucha de las sociedades. Y esa propuesta lleva a una cosa que en España sonaría rara, porque en España hay una dicotomía izquierda-derecha absoluta, que es que uno puede tener el corazón a la derecha y la cabeza a la izquierda. Es decir, defender la justicia para los más necesitados y al mismo tiempo defender los valores de la patria, del orden, de la familia. Decir con la cabeza que tiene que haber un sistema de justicia social para todo el mundo, donde todo el mundo puede realizarse, porque no hay hombre que pueda realizarse sin una comunidad que no se realiza. Pero el ser humano necesita que se le protejan determinados derechos ante el poder avasallador de quienes más tienen.

martes, 1 de noviembre de 2022

«Papá, ¿quién es ese señor que siempre sale en el No-Do inaugurando pantanos?»

Poblado construido por el franquismo para los trabajadores de Aldeadávila en los Arribes del Duero.

 

En toda Europa se advierte de la posibilidad de una importante escasez de energía que dejaría al continente sin electricidad, calefacción y todo tipo de suministros. En Austria la televisión aconseja hacer acumulación de alimentos, agua, velas y de todo lo necesario para sobrevivir una etapa de tiempo que puede ser insoportablemente larga, como si se hubiese vuelto a la Edad Media.

España, con una de las mejores redes eléctricas de Europa y con un muy considerable número de presas con saltos de agua, puede ser una de las naciones europeas que mejor salga de este nuevo problema si se gestiona bien la crisis.

Entre los años 1945 y 1975, especialmente durante el tardofranquismo, era una imagen habitualmente aburrida, al ir al cine, ver en el NO-DO a Franco, antes de empezar la película de turno, inaugurando un pantano. Una noticia que, a los asistentes, hacía sonreír al no comprender qué obsesión llevaba al «Caudillo» a pasarse el día de pantano en pantano. Durante la larga dictadura franquista se inauguraron 615 pantanos. Una media de 16 al año. De entre los diez más grandes existentes en España, que almacenan gran cantidad de agua y generan por tanto muchos gigavatios de electricidad limpia, uno fue construido en 1935 durante la II República, ocho durante el franquismo y solo uno después de la muerte de Franco.

Los pantanos más importantes

Entre estos embalse y saltos de agua franquistas destaca el gigantesco embalse de Alcántara (Cáceres), el segundo más grande de España y el cuarto de Europa, unido a la central José María de Oriol, que fue inaugurado en 1969, con una capacidad de embalse de 3.162 hectómetros de agua y con una producción de 916 megavatios. Su planta cuenta con cuatro grupos hidroeléctricos de 229 megavatios de potencia que entraron en servicio entre los años 1969 y 1970. La pieza más pesada de la instalación es el rotor de cada generador de 600 toneladas cada uno.

El siguiente pantano en importancia es el de la Almendra (Salamanca), inaugurado en 1970 y que embalsa 2.648 hectómetros cúbicos de agua y con una producción eléctrica de 857 megavatios. Almendra es una obra de ingeniería hidroeléctrica en el curso inferior del río Tormes, dentro del sistema saltos del Duero, junto con las infraestructuras instaladas en Aldeadávila, Castro, Ricobayo, Saucelle y Villalcampo. Su planta hidroeléctrica, construida hace más de medio siglo, es muy peculiar y derrocha grandes dosis de ingenio. Sus turbinas no se encuentran a pie de presa, con lo que se conseguiría una altura de 202 metros, sino que tiene una toma de agua casi en la parte inferior que discurre por un túnel excavado en la roca de 7,5 metros de diámetro y 15.000 metros de longitud que acaba desaguando en el embalse de Aldeadávila, en el río Duero. Con esto se consigue obtener una altura de 410 metros, con una superficie de embalse de solo 8.650 hectáreas. Sus grupos turbina-alternador son reversibles y pueden funcionar como motor-bomba. La potencia instalada de la central es de 857 megavatios y tiene una producción media de 1.376 gigavatios anuales (un gigavatio equivale a mil megavatios).

La presa de Aldeadávila I fue puesta en marcha en 1962 y Aldeadávila II fue puesta en marcha en 1986. La primera  tiene 810 MW mientras que la segunda posee 433 MW, lo que hace un total de casi 1.243 MW. Su producción media es de 2.400 GW al año.

La central de Saucelles, que forma parte del sistema de saltos del Duero, posee dos centrales hidroeléctricas. Saucelle I fue construida entre 1950 y 1956, con una potencia de 251 megavatios gracias a sus cuatro turbinas Francis. Saucelle II, nacida a la sombra de Saucelle I, entró en funcionamiento en 1989 y dispone también de 2 turbinas Francis y una potencia instalada de 269 MW, lo que hace un total de 520 MW.
Otra de las grandes obras hidráulicas de la Dictadura es el embalse de Buendía (Guadalajara), nacido en 1958, tres años después de la entrada de España en la ONU. Embalsa 1.638 hectómetros cúbicos de agua. Junto al de Entrepeñas, Bolarque, Zorita y Almoguera, forma parte del denominado Mar de Castilla.

El embalse de Mequinenza (Aragón) fue inaugurado en 1966 y embalsa 1530 hectómetros cúbicos en el río Ebro. La central entró en funcionamiento en 1961. Está equipada con cuatro turbinas Francis y tiene una potencia de 324 MW. Es una central de tipo embalse y el salto de agua tiene una altura de 60 metros. El salto de Mequinenza se proyectó en los inicios del desarrollismo español, en el marco de una amplia estrategia de aprovechamiento hidráulico, y supuso un gran reto tecnológico para la época. Aunque las presas de gravedad ya estaban muy experimentadas, las enormes dimensiones de ésta –79 m de altura y 461 m de coronación recta– con capacidad para soportar el empuje de un río mediterráneo, obligó a tomar importantes precauciones que impidiesen problemas futuros.

Otras de lass grandes presas del Régimen son el embalse de Valdecañas (Cáceres), inaugurado en 1964 y con una capacidad de 1.446 hectómetros cúbicos de agua; el embalse de Alarcón (Cuenca) en 1955 con una capacidad de 1.112 hectómetros; y el embalse de Iznajár (Córdoba), que se terminó en 1969 y con su capacidad de 981 hectómetros cúbicos es el más grande de Andalucía.

Entre las últimas centrales construidas por el franquismo está la de Cedillo. Se construyó en 1975, en función del convenio firmado en 1968 con Portugal y con el fin de «regular el aprovechamiento hidráulico de los tramos internacionales de los ríos Miño, Lima, Tajo, Guadiana, Chanza y sus afluentes». Entró en servicio en 1978 y tiene una potencia instalada de 500 MW.

La energía hidroeléctrica se empezó a desarrollar a gran escala en España como parte de la política de grandes embalses que comenzó al finalizar la Segunda Guerra Mundial en tiempos del bloqueo internacional y la crisis energética que esto provocó. Actualmente hay unas 800 centrales hidroeléctricas de muy diverso tamaño. Hay 20 centrales de más de 200 MW, que representan en conjunto el 50 % de la potencia hidroeléctrica total. Existen decenas de pequeñas presas con potencias menores de 20 MW repartidas por toda España. La mayor parte de estas obras se realizó durante el franquismo sin contraprestación de las compañías eléctricas por los embalses realizados por el Estado. El objetivo del Régimen era garantizar electricidad barata y abundante, tanto para la industria como para los consumidores particulares. Objetivo que logró.

Dos embalses, uno de ellos el de Reinosa, con solo dos saltos de agua eléctricos –que producen 498 y 541 megavatios– generan más energía que la central nuclear más grande de España, la de Vandellós, que produce 1.076 MW. Vandellós I inició su producción en 1972 estando en actividad hasta 1989. El franquismo también comenzó una activa política de construcción de centrales nucleares en su etapa final.
En los 60 en España se pagaban muy pocos tributos y hasta la aprobación de las leyes General Tributaria y de Reforma del Sistema Tributario de 1964 no se sistematizaron los nuevos impuestos sobre la renta y sobre el tráfico de empresas.

Con el franquismo, durante mucho tiempo, solo había impuestos indirectos que gravaban todos los bolsillos por igual y, por lo tanto, los ricos pagaban lo mismo que los pobres, ya que no había baremos en función de los ingresos. La Hacienda franquista hizo una gran reforma en 1964 con los planes de desarrollo para modificar este sistema, aumentado la presión fiscal hasta el entorno del 17 %, cifra que se alcanzaría el 20 de noviembre de 1975, día en que murió Franco.

De todo lo anterior, lo que más llama la atención de este alarde constructor, tecnológico y de previsión en materia hidroeléctrica es que fue hecho por un régimen político con fama de «obtuso» y con una presión inferior al 15-17 % sobre los españoles. Actualmente está en torno al 37´3 %. Hoy España es el quinto país de los grandes europeos en función de su presión fiscal, pero comparte el segundo puesto con Francia en términos de exigencias tributarias a los ciudadanos. 

Luis E. Togores

jueves, 6 de octubre de 2022

Elvira Roca Barea: “Si fuera positiva con el futuro de Europa sería idiota”

 

39 ediciones después, la autora de “Imperiofobia” amplía el “best-seller” sobre la Leyenda Negra y anima al mundo panhispánico a cambiar de rumbo “si no quiere la subordinación política, económica y cultural”


Cinco años atrás, Elvira Roca Barea atendía en el mismo lugar y casi a la misma hora: mediodía en Almagro, 24, Madrid. Incluso en la misma sala de la sede de Siruela. La excusa de entonces fue Imperiofobia, un ensayo que empezaba a sonar con fuerza y a molestar a algunos. Tiempo después, la cita es la misma, con Imperiofobia de por medio; sin embargo, entre unas y otras, han pasado 39 ediciones y 150.000 ejemplares vendidos para consolidar el «best-seller»; más otros títulos de la filóloga. Aun así, reconoce que «nada ha cambiado»: «Mismo barrio y casa», dice esta «maestra de pueblo con mayúsculas», puntualiza.

Pero sí hay algo que ha alterado las páginas del libro. «Había dos cosas y media que se podían mejorar», la revisión de un capítulo y otros dos completamente nuevos. Uno de ellos, el último, nacido a ritmo del Guacarrock de la Malinche, de los mexicanos Botellita de Jerez: «Escucho la música de allí».

−Tras las primeras críticas me preguntó si yo entendía el éxito de su libro. ¿Ya lo comprende?

−No, sigo igual. Creo que esas cosas nunca se sabrán. Estoy demasiado cerca como para entenderlo. Me dicen que se lee muy bien.

−Se tiene que notar la mano de una maestra...

−La intención era que se comprendiera por el mayor número de personas. No quería refugiarme en el estilo erudito. ¿De qué sirve si no llega a la gente? Cuando un orador no se hace entender es su propia culpa y no del auditorio.

−¿Por qué revisarlo?

−Quería desarrollar lo que había sido una globalización económica y también hablar de la creciente oleada de hispanofobia en forma de indigenismo que hay en toda América, que ha ido a más hasta llegar a niveles enloquecidos. Y, luego, también quería abordar de otra forma los imperios.

−¿Ya no se tiran estatuas o es que la actualidad nos ha hecho mirar hacia otro lado?

−Como todas las modas violentas eso también pasa. Fue su momento de gloria, pero la verdad es que el fenómeno de la hispanofobia es una corriente ininterrumpida desde hace años. En realidad, no hay diferencias entre esto y los murales de Diego Rivera o los grabados del siglo XIX con caras de «serial killer».

−¿Por qué levantó ampollas Imperiofobia?

−No fue el libro en sí, sino el vender más de 100.000 ejemplares. Eso dio urticaria a algunos.

−¿Sintió el acoso?

−No porque ya lo esperaba. Me sorprendió que reaccionaran tan tarde. Sé muy bien cómo se manejan los machos alfa de las cátedras. Ellos pontificaban, pero apareció una maestra de pueblo y...

−¿Molestó más que fuera una «outsider» o que fuera mujer?

−Desde luego que el vocabulario que emplearon no lo utilizan con los hombres.

−¿Fue envidia?

−Ese, en sus cabezas, debía haber sido un éxito suyo, pero llegó una tía y los adelantó. La envidia es propia de la naturaleza humana, aunque tiene dos caras: su lado más destructivo y otro que es la competencia para superarse. En la parte destructiva ahora encontramos la rusofobia. Asusta porque se ha eliminado por completo el sentimiento crítico occidental. No hay posibilidad de discrepancia. Es el silencio absoluto y vamos hacia un problema de dimensiones épicas, con una desinformación absoluta de la población sobre las causas y las consecuencias.

−No le veo muy positiva.

−Si fuera positiva con el futuro de Europa Occidental sería idiota. Estamos sembrando tempestades desde hace tiempo y poco nos ha pasado. Estamos muy perdidos.

−Por si fuera poco, la amenaza nuclear ahí está.

−Eso es un farol. Lo que no es un farol es el acoso a los que fueron territorios del Imperio ruso. No tengo dudas de que algo pasará en el Cáucaso. Por otra parte, ¿alguien pensaba que Occidente ganaría algo poniendo a Rusia en manos de los chinos?

−¿Siente que una parte de la sociedad, la ultraderecha, se ha adueñado de su libro?

−Si lo toman así, se equivocan hasta la médula. Es una consecuencia más de la polarización porque mi trabajo no va más allá de la investigación de fenómenos que tienen siglos y que son muy anteriores a la derecha y a la izquierda. Son cuatro sexadores de pollos ideológicos que he tenido detrás todo este tiempo y que no han encontrado otra forma de dañar mi reputación. Han ido al aspecto personal porque con el libro nadie se ha metido; no han dicho ni «pío». Es disparatado llevar el Imperio español a una ideología. Es un ciclo cerrado por mucho que la extrema derecha quiera mantenerlo vivo. De todas formas, derecha e izquierda tienen comportamientos gemelos: por ejemplo, con la bandera hay una gilipollez colectiva, por exceso o por defecto.

−Viendo nuestra influencia en el mundo actual, convendría olvidar el Imperio, ¿no?

−Hay que dejar de hablar de «nuestro imperio». ¿Qué impero? ¿Quién tiene un imperio? Hay que olvidarse de la idea esencialista de la España eterna, empezando por el presidente de México. España no es una unidad inmutable con el paso del tiempo. Es una cosa enfermiza respecto a nosotros y al presente. Hispanoamérica no ha podido salir del Imperio y ahí siguen dándose cabezazos contra un muro que no existe desde hace dos siglos. Estar en ese marco conceptual es no entender el presente.

−¿Por qué no se sale de ahí?

−Es un problema de analfabetismo creciente desde hace décadas. Lo sabré yo que vengo de la mina de la enseñanza media. En 4º de la ESO ya no se puede «Trafalgar» y hace 20 años sí.

−¿Y es un problema español?

−¡No! Pasa en todas partes.

−¿Por la digitalización?

−Efectivamente, está causando estragos. Vemos cosas brillantes y salimos corriendo para allá. Estamos en un mundo enloquecido por lo digital, que está en su momento álgido. Es posible que tenga un descenso, que encuentre su sitio, pero el hecho es que es evidente el descenso intelectual. Y los profesores dejan de mandar algunos libros porque les cuestan mucho trabajo a los alumnos, con lo cual, mandas otros más simplones. Es la pescadilla que se muerde la cola: como no se lee, tenemos menos palabras en la cabeza.

−Luego dice que es positiva...

−Veo mucha luz, pero lejos de aquí. Me parece muy interesante la irrupción de Asia en el mundo. Un cambio de eje total a lo que ha gobernado el planeta hasta ahora. Estamos en una atalaya perfecta para ver cómo se produce una mutación de estas características. Soy pesimista con nuestro cotarro, pero no con el mundo.

Defendió recientemente que votaría a favor de que Cataluña se fuera de España.

−Hace mucho que no leo las entrevistas que hago porque me acaban endemoniando... Lo que defiendo es una reforma constitucional, no un referéndum a la catalana en claves enloquecidas. Las unidades políticas no son sagradas, se crean, se destruyen y se transforman.

−Ahí está la historia para certificarlo...

−Entonces, nosotros vivimos en un país que aparece en el siglo XIX después del desmembramiento bastante catastrófico de un imperio. Y nuestra España contemporánea tiene un problema territorial desde el minuto uno. Si entre Israel y Palestina si hizo lo de «paz por territorios», aquí hemos tenido «unidad por privilegios». Y a mí esa tesitura no me interesa. Yo soy de una región no privilegiada [Andalucía] y no quiero vivir en un país con ciudadanos de primera y de segunda. Me ofende. Ya está bien de regiones que han comprado su permanencia en la unidad del país a base de obtener beneficios sobre otras regiones. Y lo peor es que eso no ha demostrado, en absoluto, ser capaz de dar estabilidad. Es pan para hoy y hambre para mañana. En algún momento hay que cortar con ese sistema insolidario, poco democrático e injusto. Quizá un sistema tipo helvético valdría. Me imagino que nadie saldrá a decir que esto ha sido un éxito...

Fuente


El caso de Miguel Serrano: o el nazismo idealizado y ocultista

 


Este escrito constituía uno de los apéndices a un trabajo más amplio sobre el “esoterismo nazi”. Lo sorprendente fue que, a medida que avanzaba en este trabajo me daba cuenta de que, a pesar de que algunos neofascistas se interesasen por el esoterismo (fundamentalmente a través de la obra de Evola y de Guénon), lo cierto es que “nazismo” y “esoterismo” eran dos términos que no tenían absolutamente nada que ver y que, como máximo, en la prehistoria del nazismo apareció un grupo ocultista (ocultismo no es esoterismo, por cierto), la Sociedad Thule, que se eclipsó muy pronto y que, tras la revolución de los Consejos Obreros de Baviera de 1919, dejó de tener la más mínima relevancia política, social e, incluso, como grupo ocultista. Y ese era el “nexo” más importante –muy tenue, por otra parte– que permitía vincular “nazismo y ocultismo”. Pues bien, el trabajo debía terminar con algunos comentarios sobre la obra de Miguel Serrano, el autor chileno que con más ahínco ha seguido sostenido tal vinculación. 
El trabajo que ofrecemos a continuación está inconcluso. A medida que avanzábamos, nos íbamos dando más y más cuenta de que el conjunto de la obra de Serrano no podía tomarse en serio y que sus planteamientos no podían tener lugar en un trabajo que pretendía ser objtivo.

Ni Hitler era un ocultista, ni un médium, ni tenía conciencia de estar poseído para realizar una "misión mágica", ni tan siquiera se interesó por el ocultismo, sino que más bien lo combatió y denunció entre sus filas, hasta conseguir erradicar a la Sociedad Thule del patronazgo del grupo ariosófico del que había emanado. Y, en lo que respecta al Tercer Reich fue, ante todo, un portento de racionalidad. Puede ser comprensible que la relación entre nazismo y ocultismo pudiera ser rescatada en 1962 –cuando la guerra apenas hacía 17 años que había terminado– con la aparición de El Retorno de los brujos, a efectos de denigración del hitlerismo, pero muchos menos comprensible es que en 1978 un neo–nazi chileno, Miguel Serrano, produjera una obra como El Cordón Dorado que, no solamente, asumiera la tesis anti–nazi emitida por Pauwels y Bergier, sino que la ampliarla.

Expliquemos, en primer lugar, cómo conocimos la obra de Miguel Serrano.

A principios de los años 80, un editor especializado en textos esotéricos y ocultistas, Luis Cárcamo, nos pasó un juego de fotocopias de esta obra para que la valorásemos a efectos de su publicación en España. El juicio que emitimos fue particularmente negativo a la vista del contenido de la obra: una mera divagación sobre lugares comunes al ocultismo, un deja vû de textos recurrentes ya aparecidos sobre el tema de las relaciones entre Hitler y el ocultismo, y finalmente un popurrí extraído de las muchas secuelas de El retorno de los brujos, algunas de ellas de ínfima calidad, otras confusas, la mayoría intrascendentes y toda olvidables.

En aquel momento, Miguel Serrano apenas era conocido en medios neo–nazis europeos y no lo sería sino hasta una década después cuando en el interior de estos círculos empezaron a crearse círculos para “estudiar” su obra. Serrano volvió a la carga, una y otra vez, con libros cada vez más osados y ajenos a la realidad histórica: en 1982 apareció Adolf Hitler, el último avatara, luego en 1986 Nacionalsocialismo, única solución para los países de América del Sur y ese mismo año La resurrección del héroe: Año 97 de la era hitleriana[1]. Sorprendentemente, estas obras merecieron elogios de círculos neo–nazis iberoamericanos, elogios que más tarde se trasladaron a España. Serrano estuvo a finales de los años 80 en nuestro país predicando la buena nueva de un hitlerismo que iba en el sentido de la evolución del cosmos y que, por tanto, triunfaría, finalmente, y lo hizo en medios procedentes de la antigua organización CEDADE ya por entonces disuelta. Todavía tardaría veinte años en llegar a otros países europeos. En la actualidad, existen obras de Miguel Serrano traducidas al francés y al italiano, publicadas en editoriales más o menos próximas al neo–fascismo.

¿Quién era Miguel Serrano? Diplomático de profesión y escritor de vocación, prolongó su vida entre 1917 y 2009. Podría haber quedado como un escritor interesado por la espiritualidad y de él se diría que tenía una vocación de místico autodidacta, sino fuera por sus escritos de carácter neo–nazi. Huérfano desde los siete años, se afilió al Movimiento Nacional Socialista de Chile en un momento en el que esta opción atraía a buena parte de la juventud de aquel país, dirigido por Gonzalo Van Maräes y Carlos Keller[2]. En 1938, esta organización protagonizó un abortado intento de golpe de Estado que costó la vida a 63 jóvenes de la organización, fusilados de manera inmisericorde por el gobierno dirigido por Arturo Alessandri apoyado por la izquierda y el centro–izquierda radical. La llamada “masacre del Seguro Obrero”[3] tendría lugar en el edificio de este nombre situado en un edificio próximo al Palacio de la Moneda en donde 35 años después se suicidaría Salvador Allende ante el golpe de Estado del General Pinochet. Serrano vivió de cerca este episodio en el que fueron asesinados varios conocidos suyos.

Viajará en 1947 como periodista a la Antártida en el curso de una expedición internacional y luego, en 1951, viajará a Europa donde conocerá a Hermann Hesse y Carl Gustav Jung. Dos años después ingresará en el cuerpo diplomático siendo destinado a India, Yugoslavia y Austria. Volvió a Chile durante el gobierno de Pinochet y sería a partir de entonces cuando colaboraría, durante los años 80, con los medios juveniles neo–nazis de aquel país, publicando sus libros sobre el ocultismo nazi y manteniendo contactos con jóvenes de Europa y América que compartieron sus ideas. No todos los neo–nazis chilenos aceptaron sus tesis, achacándole algunos el que creara quimeras y falsas expectativas cosmogónicas que tenían como único efecto retirar a militantes de la acción política para ponerlos en la vía muerta del misticismo más vago.

A todo esto ¿qué dice Miguel Serrano sobre el “hitlerismo esotérico”? Para entender un galimatías que recuerda mucho a las obras de Helena Petrovna Blavatsky en su técnica de superponer conceptos e ideas de tradiciones muy diferentes que poco tienen que ver, aportar datos sobre los que es imposible constatar su veracidad y aludir a “contactos en el astral” y a la “sabiduría de maestros” para justificar las más varias y temerarias afirmaciones, hay que repasar, siquiera superficialmente las más de 2.000 páginas que dedica al “hitlerismo esotérico” y, aun así, será difícil que un espíritu coherente y disciplinado por el pensamiento lógico o, incluso un espíritu abierto al estudio de las tradiciones, logre comprender el mensaje que nos transmite Serrano.


Vayamos en primer lugar a la definición. Serrano se define como “hitlerista esotérico”. Lo que le interesa, mucho más que la realidad contingente del movimiento nacional–socialista, es la personalidad de Hitler, amparándose en la frase escrita presuntamente pronunciada por Hitler: “quienquiera que piense que el nacionalsocialismo es sólo un movimiento político no entiende nada[4]Pero la frase no es de Hitler, sino que aparece en Hitler me ha dicho, firmado por Hermann Rauschning, un producto de la propaganda de guerra escrito por un hombre que había conversado con Hitler en apenas tres ocasiones en su vida y siempre en recepciones, pero nunca en solitario[5]. La frase se habría olvidado, como aquel libro, de no ser por El Retorno de los Brujos renovó el interés por aquel texto de pura propaganda de guerra. Uno de quieres transitaron por los senderos trillados por Pauwels y Bergier: el ocultista francés, Gran Maestre masón y martinista, Robert Ambelain recuperó el fragmento de Rauschning y lo incorporó en su obra dedicada al ocultismo nazi[6].

Existen, pues, dos posibilidades: que Serrano haya extraído la frase directamente de la obra de Rauschning, o bien de la de la edición francesa de la obra de Ambelain o, acaso, de El retorno de los brujos. El primero pertenecía al grupo de los “jóvenes conservadores”, y se autoexilió a poco de subir Hitler al poder, poniéndose al servicio de las iniciativas antinazis durante su estancia en París. En cuanto a Ambelain participó simplemente en la resistencia, vio a varios de sus amigos martinistas fusilados, era un alto grado de la masonería y del Rito de Menphis-Misraim y tenía buenas razones para difundir seguir denigrando a Hitler. La frase de la que parte Serrano como punto de arranque para su teoría sobre el “hitlerismo esotérico” no se encuentra en Mi Lucha, ni en texto de ningún historiador solvente: es, paradójicamente, un producto de la propaganda anti–nazi.

El razonamiento siguiente que realiza Serrano, a la vista de lo anterior, es una construcción elaborada en el vacío: El Nacionalsocialismo fue siempre Hitlerismo, y el Hitlerismo siempre tuvo un fondo esotérico”... Gracias a un concepto erróneo (que el nacional–socialismo era “algo más” que un movimiento político –en realidad, era también un movimiento social y nacional, afirmaba un estilo de vida diferente y antiburgués– Serrano entiende que “debería ser” un… movimiento ocultista), llega a esta peregrina conclusión realizada a despecho de cualquier dato histórico (como la insignificancia del papel de la Sociedad Thule cuando Hitler asumió la dirección del NSDAP, o el hecho de que la propia sociedad se disolvió –lo cuenta Sebotendorff[7]– a finales de los años 20 ¡por falta de afiliados! Gracias a este silogismo mal formulado (El Nacionalsocialismo fue siempre Hitlerismo” y “el hitlerismo era esotérico”)Serrano llega a su objetivo: “nazismo = esoterismo”. Pero si el concepto de partida, formulado por Rauschning y no por Hitler (los recientes estudios históricos sobre Hitler y el nacional–socialismo, prescinden completamente del libro de Rauschning que, cuando el historiador Ian Kershow lo analizó conforme al método histórico se evidenció como un producto de la propaganda de guerra y su autor como un falsario[8]) toda la construcción posterior es falsa y, aunque el silogismo hubiera sido correcto, se apoyaría sobre una base falsa.

Hitler no era ocultista y no hay absolutamente nada en su vida que pueda demostrarlo; y, por lo demás, Hitler no fue el único doctrinario del NSDAP, siendo su papel mucho más importante en la conducción táctica del movimiento, dejó el terreno doctrinal a sus subordinados (Rossemberg, Darré, Feder, Strasser y muchos otros, sin olvidar que antes de que se fundara el Partido Obrero Alemán, precedentemente, en Austria ya existía un movimiento nacional–socialista que luego terminó integrándose en la órbita de Hitler). Hitler, incluso, se negó a modificar el programa original del partido “para no atarse las manos” y tener plena libertad táctica para poder maniobrar: el único objetivo que le interesaba –tal como han demostrado las biografías de Kershaw o de Joachim Fest– era proseguir su inexorable ascenso al poder, no como un fin en sí mismo, sino como un medio para transformar la sociedad. A diferencia del leninismo para el que la “revolución” era la irrupción de las masas bolcheviques en el poder y el hecho de derribar al gobierno zarista, para Hitler la transformación de la sociedad solamente podía hacerse desde el “poder” y, desde este punto de vista, cualquier cosa que aproximara a su formación al poder era “bueno” y cualquier cosa que lo separase de la posibilidad de ejercer el poder era “malo”. No es, por tanto, erróneo calificar al “hitlerismo” como un pragmatismo radical derivado de un frío razonamiento lógico, en absoluto de consideraciones ocultistas o de predicciones astrológicas.

A medida que ha ido pasando el tiempo, desde la publicación de El Cordón Dorado (que no era sino un popurrí de temas extraídos de la Colección Otros Mundos publicada desde finales de los 60 y durante los años 70 por la Editorial Plaza & Janés, al que se había añadido algunos comentarios elogiosos a Hitler y, en el apéndice, una inmensa relación de libros que las páginas anteriores demostraban que el autor no se los había leído), Serrano y sus partidarios han sido conscientes (especialmente después de la publicación de la obra de Goodrick–Clarke sobre las “raíces ocultistas del nazismo”) de que los documentos objetivos, aceptados por los historiadores, no iban precisamente en dirección a demostrar la existencia de un “hitlerismo esotérico”, sino más bien de todo lo contrario.


A partir de ese momento, en ulteriores obras de Serrano y en páginas elogiosas de sus partidarios se ha ido imponiendo la idea que ya estaba presente en germen en El Cordón Dorado, según la cual los documentos objetivos y las pruebas fidedignas a las que se refiere Goodrick–Clarke y otros historiadores son “aspectos superficiales”, pero que existiría un “significado más profundo”[9]. ¿En dónde reside ese “significado más profundo”? Nos lo explica Serrano: 

Para mí el Hitlerismo Esotérico está siendo poseído por los arquetipos del inconsciente colectivo, que los griegos solían llamar Dioses —entre ellos Apolo, que realmente es Wotan para los alemanes y Vishnú o Shiva para los hindúes— y su desarrollo en las almas individuales y colectivas de los guerreros hitleristas actuales. Esto significa una religión nueva/antigua, con todos sus rituales y mitos que son necesarios para descubrir o descubrir de nuevo. Su Drama central es la aparición en esta Tierra de la persona de Adolf Hitler, el último Avatara, quien vino para producir esta tormenta enorme de catástrofe a fin de despertar a todos aquellos que están dormidos y abrir la Nueva Era que vendrá después del Diluvio. Por eso hemos comenzado a contar el principio de la Nueva Era a partir del nacimiento de Hitler. Estamos en el año 105[10]

La frase, extremadamente confusa, parte de una pirueta: dar por sentado que existe "algo" –“el hitlerismo esotérico”– de lo que no hay ningún rastro histórico constatable. Este ente inexistente “estaría poseído” por unos "arquetipos" extraídos de las teorías del psicoanálisis junguiano –muy cuestionables por lo demás– que permiten afirmar a Serrano que se insertan en “los guerreros hitleristas actuales” (¿cuáles? ¿dónde están?). Serrano nos está hablando de que su versión del nacional–socialismo no supone rescatar un movimiento político de carácter histórico que hizo ejercicio de racionalidad (y si se nos pura, de fiera y fría racionalidad) tanto en su etapa de ascenso al poder como durante el ejercicio del mismo, sino de una nueva religión para una nueva era. Esta idea es importante porque remite a los orígenes doctrinales de Miguel Serrano, sobre los cuales, él mismo no fue muy explícito.

En efecto, los conceptos de “nueva era” son de naturaleza puramente teosófica y tienen su origen en la terminología decimonónica establecida por este movimiento[11]Desde hace 125 años, los teosofistas vienen debatiendo el inicio de la “nueva era” (“new age”, “período acuariano”, “nueva era de Acuario”, etc.) y dándole distintas fechas. Serrano no ha hecho más que añadir otra: 1889, año natal de Hitler. Así pues, en el momento de escribir estas líneas estaríamos en el año 126 de la “nueva era”. A partir de ese momento, Hitler deja de ser un personaje político, un líder de masas, un “reformador”, para convertirse en un “avatara”. El último. Poco importa que la noción de “avatara” proceda del hinduismo y se utilice en el contexto de esa religión como “encarnación terrestre de un dios”. Hitler sería el “último” Kalki “el destructor de la impureza”, que seguiría a Buda, y que el hinduismo ortodoxo espera que se manifiesta al final del Kali–Yuga. Para desgracia de Serrano, esto debería ocurrir, según el hinduismo, en el año 428.899[12]

Serrano explicará en el curso de la entrevista mencionada que llegó a tal conclusión gracia a “conversaciones con algún SS” y “poco más tarde con mi Maestro chileno, que me reveló las raíces secretas del Hitlerismo y “quién” era realmente Adolf Hitler: un gurú que tenía el poder para “salir voluntariamente de su cuerpo y comunicarse con otros seres no corporales”… En ninguna obra anterior se había aludido a que las SS creyeran en la doctrina hindú de los avataras, ni siquiera en El Cordón Dorado, Serrano había ido tan lejos. De hecho, el concepto de “avatara” no aparece en su primer libro sobre el “hitlerismo esotérico” (1978), pero, en cambio, forma parte del título de la obra escrita en 1984. ¿Qué ha ocurrido entre las dos fechas?


Es simple: Serrano ha ido a remolque de las novedades editoriales que iban publicándose. Por ejemplo, en El Cordón Dorado, cuando alude a Otto Rhan, lo hace tomando como base el libro de Jean y Michel Angebert, Hitler y la Tradición cátara[13],publicado en castellano en 1974. De las ocho ocasiones en las que el nombre de Rahn aparece en la obra, todas ellas son citas o ideas extraídas de esta obra, muy mediocre, por lo demás. Sin embargo, en Hitler, el último avatara, hay todo un capítulo en el que demuestra que ha leído la obra de Rhan Cruzada contra el Grial que aparecería publicada en castellano en 1982[14]. A partir de la página 504 y en las cincuenta páginas que seguirán se limita a resumir el libro de Rhan interpolando solamente algunas “morcillas” referidas a su obra Elella[15]. Obviamente, no hay ninguna indicación ni referencia a la otra obra de Rhan La corte de Lucifer… que solamente fue editada en castellano en 1993, pero que podía leerse en francés y alemán en ediciones muy anteriores. Este detalle es importante: Serrano en sus obras fue siempre a remolque de las editoriales de divulgación de literatura popular en la estela de El Retorno de los brujos que se iban editando en cada momento.

El Cordón Dorado no es más que un amasijo, mal digerido, de una veintena de títulos que habían sido populares en España en la primera mitad de los 70 y que habían sido publicados en miles de ejemplares: los nombres de Louis Charpentier, Gérard de Sede, los mismos Jean y Michel Angebert, los autores que escribieron libros sobre la Atlántida, hinduismo, alquimia, fenómenos paranormales o sobre OVNIS, y que se publicaron en los años anteriores a la redacción de El cordón dorado, nos indican las lecturas de Serrano y las influencias: todas, absolutamente todas, proceden de autores de esta literatura “popular”, bestsellers equivalentes a lo que hace una década fue El código da Vinci y veinte años antes las obras de Peeter Berling o El enigma sagrado de Baignet, Lincoln y Leigh. Sin desmerecer este tipo de literatura poco exigente y entretenida para un público de masas cuyos gustos cambian cada cierto tiempo, Serrano, a partir de estos textos, reordenándolos, extrayendo ideas e interpolando “morcillas", de manera muy “osada” –si queremos ser piadosos en los calificativos–  trató de establecer una nueva religión para una nueva época

¿Por qué cae en la cuenta Serrano en su obra de 1984 que Hitler es un avatara? La pregunta es pertinente porque en la obra anterior de 1978 esta palabra ni siquiera aparece. Es fácil explicarlo. A principio de los años 80 la obra de Julius Evola penetró en medios de la extrema–derecha española. Yo mismo fui uno de los difusores, traductores y transmisores de las obras de Evola[16]. Además, en las revistas y boletines de la extrema–derecha de principios de los años 80 se publicaban y reproducían artículos y textos extraídos de revistas franceses de carácter tradicionalista: especialmente de Totalité, Rebis, L’Age d’Or y… Kalki[17]. El primer número de L’Age d’Or (invierno de 1983) tenía un primer artículo titulado Kalki, dernier avatara de Vishnu et destructeur du Kali Yuga. Ese es el primer momento en el que aparece, en la extrema–derecha la noción de Kalki como “último avatara”. A pesar de que tanto Evola como Guénon habían aludido tangencialmente a la doctrina de los avataras, fue a partir de este artículo cuando el tema se difundió ampliamente entre la extrema–derecha europea. Resulta perturbador que un año después la obra de Miguel Serrano tenga precisamente este título y el mensaje de que “Hitler es el último avatar de Visnhu”.

Quedaría una duda por plantear.

En muchas ocasiones, en sus libros, Serrano se refiere a “su maestro”. No está claro a quién se refiere. La misma introducción de El Cordón Dorado se subtitula Lo que el maestro me dijo[18], y añade: En Ni por Mar ni por Tierra y en La Serpiente del Paraíso he contado como llegué a encontrarme con mi Maestro y fui iniciado. No insistiré en el tema. Básteme decir que jamás he dejado el sendero, aunque siguiéndolo a mi manera, en medio de muchas dificultades, debiendo sobrevivir en lugar continua conmigo mismo. La Orden es de guerreros. Y mi lealtad al Maestro es de por vida y más allá de la vida[19]… palabras demasiado crípticas para qué puedan entenderse.

Pero esta frase resulta mucho más clara: “Algo que nunca he dicho es que fue el Maestro quien nos puso esotéricamente junto a Hitler en la Gran Guerra. El Maestro nos dijo: "Hitler es un iniciado, puede comunicarse en astral. Desconozco quienes son sus Guías, pero he decidido ayudarle. Hitler es un ser de voluntad inquebrantable, definitivo, una vez que ha recibido orden de actuar. Jamás vuelve atrás. He estado en comunicación con él". Otro día nos explicó que Hitler tenía por misión transmutar el Destino, en el vértice de los tiempos, dando a la tierra el impulse necesario para su mutación, su transfiguración, que haría posible vencer la entropía física, remontando el Kaliyuga, o Época Oscura, de Hierro; la transmutación de todos los valores, única posibilidad de sobre vivencia. Hitler era el vehículo a través del cual pasaba un rayo del Espíritu (…) cuando los archivos de los procesos de Nuremberg fueron abiertos a los investigadores, la sorpresa se ha apoderado de muchos; sin embargo, las raíces secretas permanecerán ignoradas. El Maestro, una vez más, ha sido confirmado[20].

Su respeto hacia el maestro no tuvo límites: El Maestro ha sido siempre confirmado. Nunca se equivocó. Con cinco años de antelación me dijo lo que le sucedería a nuestra patria: "Chile llegará al fondo de la miseria y, desde allí, se levantará nuevamente hasta ponerse a la cabeza de las naciones de América". En aquellos momentos pudo parecer una afirmación sin sentido. Pero el nunca declare algo que no se cumpliera (…) A la Guerra le debo mi iniciación. Al Maestro el conocimiento del Hitlerismo Esotérico. El Maestro nunca cambió de opinión. Si lo hubiera hecho, o me lo hubiera ordenado, yo le habría obedecido. Pero no lo hizo. Nunca dijo que hubiésemos estado equivocados[21].

Pero, en cualquier caso, el Maestro es situado por Serrano en un rango inferior a Hitler: “Aun mi Maestro era "humano, demasiado humano". Hitler no. Era sobrehumano, o inhumano. No era de aquí[22], pero sólo el “maestro” había sido capaz, como ningún otro, de conocer al “verdadero Hitler”: “Aquellos que estuvieron con Hitler, como Otto Skorzeny, Leon Degrelle, Hanna Reitsch y otros, con quienes he conversado, mantienen impresiones contradictorias, haciéndonos ver que nadie le conoció verdaderamente (salvo Rudolf Hess, quizás), porque a cada uno se le presentaba de modo diferente, guardando celosamente su secreto. Excepción hecha de mi Maestro, quien le viera en astral, donde nadie puede ocultarse ni disimularse[23].

No le importa que no siempre el “maestro” acertase en sus vaticinios: “Al comienzo de la guerra, el Maestro nos dijo: "He visto a los ejércitos de Hitler invadir Inglaterra. Llegaban hasta al palacio real y hacían prisionero al rey"[24]. La fe en el “maestro” no se conmueve por este error visible: Serrano dice que el hecho estaba escrito en los “Registros Akhásicos” (otro concepto específicamente teosófico ideado por la Blavatsky, el lugar en donde estaría registrada toda la historia, pasada y futura, del mundo, sin equivalente en la tradición hindú a pesar del nombre). Si no se cumplió fue porque Hitler decidió “perdonar a Inglaterra”, del que Serrano dice que era “otro país ario” y enviar a Hess a para establecer un “Pacto Sagrado con los restos de Hiperbórea[25]

El “maestro” también veía a Stalin “en el astral[26]. La “revelación” definitiva del “maestro” decidió el destino personal de Serrano: “Una tarde, de hace ya tantos años, el Maestro me cito en su refugio. Y me revelo el secreto: "Hitler está vivo. No murió en Berlín. Le he visto bajo tierra. Esta cambiado, su bigote es ahora largo Nos contemplamos de frente. Se volvió y se alejó rápido. Le llame por su nombre, pero desapareció abajo, en una semi oscuridad[27]. Poco después, Serrano se embarcó como periodista en una expedición a la Antártida en busca del refugio en el que podía encontrarse Hitler (y que, luego, a la vista de que comparte la teoría excéntrica de la “Tierra hueca”, resultará que el improbable refugio estará en el interior de la Tierra).

Para los que están familiarizados con la literatura teosófica y sus derivados, toda esta temática les resultará familiar. Es frecuente que los autores teosóficos, neo-rosacrucianos y ocultistas justifiquen cualquier teoría, por peregrina que sea, aludiendo a que ha sido “comunicada desde el astral”. En este caso no es Serrano quien comunica con Hitler “por el astral”, sino “su maestro”. Vale la pena detenernos un momento en quién podría ser este personaje.


*      *      *

[aquí interrumpimos el trabajo escrito. Reunimos, eso sí, documentación suficiente que acreditaba al dentista chileno Carlos Rogat Salas, como “Don Carlos”, “Maestro Rogat”, “Raaknahaif” o “Sri Raaknahaif”, en cualquier caso, el “maestro” de Serrano. Reunimos un amplio dossier sobre este personaje y sus escritos. Al parecer, cuando Serrano publicaba la revista La Nueva Edad(1941-43), de la que aparecieron 36 números, conoció a Rogat Salas en torno a la publicación del número 19 (fechado el 26 de marzo de 1942) y, a partir de ese momento la revista adquiere un tono significativamente mucho más ocultista que antes. Debió ser en ese momento, cuando Serrano encontró a “su maestro”.

Juzgamos que ya no valía la pena investigar más en esa dirección. Los trabajos de “Sri Raaknahaif superponibles a los de decenas de “contactados”, visionarios y médiums que emergieron a lo largo del siglo XX. Es un tipo humano demasiado habitual en medios ocultistas; habitualmente, tiende a confundir sugestiones, impresiones subjetivas, pensamientos espontáneos y fantasías con “realidades espirituales” o “canales”. Si éste era el “maestro” de Miguel Serrano -y él mismo lo reconoció a su muerte en un artículo publicado en el diario chileno El Mercurio-, es que no valía la pena seguir valorando el trabajo del discípulo. Quien esté interesado en la vida y la obra de Rogat Salas puede consultar esta nota aparecida en Wikipedia y que posteriormente fue borrada, para ser rescatada por el blog ACADEMIC]


[1]Una biografía de miguel Serrano y la relación completa de sus obras puede verse en http://www.wikipedia.org/Miguel_Serrano_Fernández. Para elaborar estos párrafos, hemos consultado las ediciones digitales de estas obras.

[2]Para informaciones sobre este movimiento puede consultarse: Histografía chilena (1842–1970) Vol. II, Cristián Gazmuri, especialmente el Capítulo XIV, Penguin Random House Grupo Editorial Chile, Santiago 2012 y Chile y la guerra, 1933–1943, Raffaelle Nocera, Dirección de Bibliotecs, Archivos y Museos, Santiago 2006,  págs. 53–55

[3]El 5 de septiembre de 1938 un grupo de jóvenes miembros del MNSCh se hizo fuerte en el edificio del Seguro Obrero (actualmente Ministerio de Justicia, ubicado en la Plaza de la Constitución de Santiago de Chile) y en el decanato de la Universidad de Santiago de Chile. El plan consistía en inducir al ejército a sublevarse e imponer como presidente al General Ibáñez. Sin embargo, el Regimiento Tacna, de guarnición en la capital consiguió reducir al grupo que había tomado el decanato, llevándolos al edificio del Seguro Obrero para inducir a la rendición a sus camaradas. Estos depusieron las armas, sin embargo, los militares los fusilaron a la mayoría. El oficial al mando intentó simular que las víctimas se habían resistido, pero pronto el país supo que se había producido un fusilamiento masivo, sin juicio y sin resistencia armada alguna por parte de los jóvenes “nacistas” (como habitualmente se conocía a los miembros del MNSCh). En las elecciones que tuvieron lugar poco después venció el candidato del Frente Popular. El presidente del país, hasta el momento mismo de su muerte siguió pregonando su inocencia, a pesar de que existían datos objetivos que lo señalaban a él como la persona que dio la orden (o al menos permitió), la masacre. Para una versión completa de este episodio puede consultarse: Los asesinados del Seguro Obrero. Carlos Droguett, Crónica. Editorial Ercilla, Santiago de Chile 1940 (Existe una versión accesible en PDF en http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0001108.pdf). El autor fue testigo presencial de los hechos que narra.

[4]Entrevista concedida por Miguel Serrano a Kerry B. Bolton en 1994 y reproducida on line en http://es.metapedia.org/wiki/Miguel_Serrano en donde se puede encontrar una “biografía oficial” sobre Serrano.

[5]Ver nota 9 para una crítica sobre la credibilidad de la obra escrita por Rauschning que hoy carece por completo de credibilidad y a la que, sistemáticamente, recurren todos los ansiosos por demostrar que en el hitlerismo hubo algún rastro esotérico: si no era “sólo” un movimiento político, afirman, no podía ser más que un “movimiento esotérico”, salto mortal que no queda avalado por ningún documento histórico.

[6]Los arcanos negros de Hitler, Robert Ambelain, Ediciones Robin Book, Barcelona 2005, pág. 225. Sin embargo, existe una edición anterior publicada en México por Edivisión en 1977, pero el libro está escrito en 1984 y publicado originariamente por Editorial Robert Lafont en la colección Énigmes de l’Univers y una reedición en París 1990 que hemos utilizado para este trabajo.

[7]Antes de que Hitler llegara, edición italiana, anexo cronológico.

[8]Ver nota 9

[9]Véase la introducción de la entrevista de Kerry R. Bolton a Miguel Serrano realizada en 1994.

[10]Ídem.

[11]Abordamos este tema en nuestro ensayo publicado en el número 100 de la revista El Viejo Topo, titulado Irracionalidad y espiritualidad femenina. Y en el número de julio de 1996 de la misma revista, en el artículo titulado Lo paranormal, los Ovnis y la izquierda del abuelo. Ambos están recogidos como apéndices en nuestra obra El pensamiento excéntrico, e–book 2008.

[12]Garudá-purana (1.86.10-11), publicado en el sitio web Dharma Kshetra

[13]Hitler y la Tradición Cátara, Jean  Michel Angebert, Colección Otros Mundos, Editorial Plaza & Janés, Barcelona 1974. La edición original en francés se publicó en 1971

[14]Cruzada contra el Grial, Otto Rahn, Editorial Hiperión, Barcelona 1982.

[15]Elella, el libro del amor mágico, Miguel Serrano, Editorial Kier, Buenos Aires 1973.

[16]Autor del que, en España, hasta ese momento solamente se habían editad dos obras en editoriales de alta difusión: El misterio del Grial, Julius Evola, Editorial Plaza & Janés, Colección Otros Mundos, Barcelona 1975 y La Tradición Hermética, Julius Evola, Colección La Otra Ciencia, Editorial Martínez Roca, Barcelona 1977.

[17]Todas estas revistas fueron publicadas entre 1977 y 1987 por el grupo que, a partir de 1981 se llamó Editorial Pardes (Puiseaux, Francia). La línea de la editorial desde su fundación ha sido tradicionalista en el sentido dado a esta palaba por Julius Evola y René Guénon. En su primera época, sus cuadernos eran lectura obligada para la extrema–derecha más cultivada de Europa occidental. Posteriormente fueron ampliando su catálogo y en la actualidad es una editorial de referencia (frecuentemente realizan co–ediciones con Editorial Tredaniel) para temas de tipo tradicionalista.

[18]Op. cit., pág. 8.

[19]Op. cit., pág. 10.

[20]Ídem.

[21]Op. cit., pág. 11.

[22]Ídem.

[23]Ídem.

[24]Op. cit., pág. 12.

[25]Ídem.

[26]Op. cit., pág. 16.

[27]Op. ct., pág. 17.


Fuente

Los talibanes iconoclastas de Euskaltzaindia - Pedro Chacón

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