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miércoles, 16 de agosto de 2023

Vaquero Oroquieta: "En el País Vasco y Navarra hay un déficit enfermizo de libertad pública, ideológica y mental"

 


Fernando José Vaquero Oroquieta (Pamplona, 1961), funcionario de la Administración Central del Estado y prolífico articulista, es actualmente uno de los escritores más destacados del panorama intelectual español. Autor de varios libros, entre los que destacan De Navarra a Nafarroa y La Constelación Masónica, ambos editados por La Tribuna del País Vasco, donde mantiene desde hace una década la columna Disidente por obligación, Vaquero Oroquieta acaba de publicar ahora, de la mano de Ediciones Pompaelo, De ETA a EH Bildu. Las pieles de la serpiente. Se trata del segundo volumen del proyecto El nacionalismo vasco y Navarra, que sigue a su anterior ensayo Biografía no autorizada del PNV. En este reciente trabajo, Vaquero Oroquieta estudia en una apretada síntesis la poliédrica historia de la organización terrorista ETA: desde sus orígenes en la órbita del PNV a su protagonismo político. Tal y como se señala en la presentación del libro, "ETA ya no mata, efectivamente, pero las secuelas individuales y sociales derivadas de varias décadas de terror perduran en muchos de sus más íntimos mecanismos sociales, marcando patológicamente la sociología actual del País Vasco y de Navarra. Por otra parte, el creciente fenómeno de una izquierda abertzale disidente autodenominada proletaria, en evidente ruptura con sus mayores, exige un esfuerzo continuo de memoria y análisis que no pierda de vista la naturaleza y raíces de aquel fenómeno tendencialmente terrorista, así como sus mitos, sus principales características mantenidas a lo largo del tiempo, las complicidades que ganó, y sus derivas y expresiones colectivas".

En los últimos años se vienen publicando numerosos títulos especializados y muy consistentes en torno al terrorismo de ETA. ¿Qué aporta, en este panorama editorial, su nuevo ensayo?

Es cierto. Seguro que se refieres a los nuevos libros sobre la Guardia Civil y su lucha contra ETA, testimonios de víctimas, el papel de la Policía Nacional, experiencias en primera persona de políticos relevantes, los efectos económicos del terrorismo... En ese sentido, la existencia del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo de Vitoria ha impulsado, en buena medida, tan necesaria labor, minuciosa y científicamente. Por lo que respecta a mi trabajo tengo que señalarle dos aspectos. En primer lugar, este texto forma parte de un trabajo más amplio, que es el del impacto del nacionalismo vasco en la historia contemporánea de Navarra, de ahí que mi libro anterior estuviera centrado en Sabino Arana y el PNV (Biografía no autorizada del PNV, Pompaelo, 2022). Con el tercero y último de esta serie investigaremos, Dios mediante, su historia particular en mi tierra navarra. En segundo lugar, ante tamaña dispersión de fuentes, títulos, informes, documentales en diversas televisiones y plataformas, novelas y testimonios, mi ensayo proporciona una visión global, cronológica, estratégica incluso, de lo que supuso ETA, de sus raíces y de sus influencias en la actualidad. No en vano, el País Vasco y la Navarra de hoy no podrían explicarse sin la historia y la acción del terrorismo de ETA.

Mucho se ha escrito y publicado sobre la banda terrorista ETA. ¿Queda historia relevante por ser rescatada?

Sí, mucha y en diversas direcciones. Especialmente en lo que respecta a los crímenes sin resolver: 379 asesinatos, entre ellos. Pero también en relación a las conversaciones/negociaciones que han mantenido representantes de ETA con emisarios del Gobierno español en diversos periodos históricos recientes. Gracias a cálculos de Mikel Buesa, se considera que en ETA militaron unas 7.800 personas. La mayor parte de esas personas también lo hicieron, o siguen hoy, salvo fallecidos y gentes que la abandonaron, en diversas estructuras de la autodenominada izquierda abertzale, especialmente en Sortu, que es el partido nuclear y dirigente de la coalición EH Bildu. Si en su momento las más altas autoridades judiciales determinaron que Ekin, Jarrai, Xaki, Herri Batasuna, Gestoras Pro-amnistía, Egin, etc., formaban parte de ETA, hoy es necesario, por exigencias elementales de transparencia democrática y de sentido de la realidad, desvelar las conexiones entre los últimos liderazgos de ETA y su interrelación con Sortu y esas otras estructuras actuales que no dejan de ser mero trasunto de las en su día ilegalizadas: Ernai, Sare, Naiz, etc. Pero existe una dificultad: en no pocas ocasiones, las filtraciones al respecto proceden de la izquierda abertzale, en función de sus cálculos. Ahora, EH Bildu está más interesada en rebasar electoralmente al PNV que en desprestigiar al Estado, pero esta circunstancia puede cambiar.

¿Ha existido algún tipo de relación privilegiada entre ETA y el euskera?

Para responder a esta pregunta tan relevante destaquemos un hecho: los cinco fundadores de Ekin/ETA estuvieron relacionados toda su vida con el desarrollo y la implantación del euskera. Por algo sería. Julen Madariaga Aguirre, además de su larga trayectoria en partidos abertzales, también escribió numerosos libros en euskera. José María Benito del Valle Larrinaga abandonará ETA, pero impulsará la revista Branka, una cabecera mítica para el nacionalismo vasco. Rafael Albisu Ezenarru, por su parte, fue padre de uno de los últimos dirigentes de ETA, Mikel Antza, un gran escritor y crítico literario en lengua vasca que mamó esa cultura desde la cuna y las experiencias vitales de su padre. José Luis Álvarez Enparanza, Txillardegi, además de dedicar buena parte de su vida a la enseñanza del euskera, publicaría en 1957 la primera novela moderna en este idioma: Leturiaren egunkari ezkutua. Iñaki Larramendi, por último, desvinculado de ETA a raíz de su V Asamblea, se dedicaría al euskera y al movimiento de las ikastolas hasta su fallecimiento. Y qué decir de otros intelectuales y dirigentes históricos de la organización, caso, por ejemplo, de Federico Krutwig, quien en un temprano 1943 ingresó en la Real Academia de la Lengua Vasca. Este impulso voluntarista responde a una calculada vinculación de un idioma con la “construcción nacional”. Algunos pretenden, por ejemplo, el gran político e intelectual navarro de UPN, Iñaki Iriarte, que el euskera no responda a motivación o fuerza que no sea la propia del gusto por un idioma que debiera servir para comunicar, sin otras connotaciones.

Me temo que la realidad no confirma tan deseables como altruistas deseos. En definitiva: los ideólogos nacionalistas diseñaron el escenario, el lenguaje, las normas internas, los tiempos y los papeles a representar; pretender jugar asépticamente en un campo tan predeterminado en sus causas y consecuencias me parece una falta de realismo.

Vascongadas, Navarra, ¿son sociedades plenamente democráticas?

No. No obstante, muchos tertulianos y políticos afirman que ETA ya no mata y que hablar de ETA es propio de partidos españolistas que no tienen un programa que ofrecer, o de oportunistas que se mueven por el espíritu de venganza. Lo cierto es que en Vascongadas y Navarra se produjo una verdadera “limpieza ideológica” que aceleró los planes hegemónicos de los nacionalismos vascos en su conjunto. Así, mayormente, en los bares, calles y pueblos hablan los de siempre, y continúan ejerciendo modalidades de violencia de raíz política también los de siempre. E incluso, el fantasma de una presunta disidencia de ETA –ya sea ATA o el denominado Movimiento Socialista-, desde la que se han desplegado no pocos episodios de violencia, tales como actos de kale borroka o el asalto de la Universidad en Vitoria en marzo de 2022, que se saldó con 34 abertzales detenidos, contribuye a que esta sociedad no pueda liberarse de los efectos perniciosos de tantas décadas de violencia, delaciones, maltratos y, aunque no guste recordarlo a muchos, de terrorismo en suma. En definitiva, en el País Vasco y Navarra hay un enfermizo déficit de libertad pública, ideológica y mental.

En su libro anterior, deconstruía algunos episodios históricos del PNV, así como su imagen de presunta honorabilidad democrática. Ahora que EH Bildu puede llegar a desbancar electoralmente al PNV, ambas formaciones, ¿siguen compartiendo agenda política?

Ambas familias políticas comparten, efectivamente, una estrategia política análoga en lo que se refiere a fines últimos, caso de la independencia y la previa “construcción nacional”. Asumen igualmente una agenda social radical-progresista, que es probable porte en su lógica interna las causas de su futuro declive; me refiero al declive demográfico y a la progresiva sustitución poblacional. Una circunstancia, el del impacto de la emigración, sobre la que ya ha levantado una voz de alarma el intelectual orgánico de la izquierda abertzale José María Esparza, editor de Txalaparta. Pero existe una dialéctica de confrontación política y generacional y sobre todo, militante. Si desde ETA y sus directos colaboradores de la izquierda abertzale “movieron el árbol” durante décadas, ahora se niegan a que continúe siendo el PNV el que siga recogiendo cómodamente las nueces; no en vano, ellos pusieron los muertos, y las presos, y los exiliados...

Dedica uno de los treinta y tantos capítulos de su libro a la relación de ETA con la Iglesia católica... ¿ETA nació en un seminario?

No. Pero encontró en la iglesia vasca un terreno fértil y unos espacios de relativa libertad alimentados por la “opción preferencial por los pobres”, ciertas expresiones de la Teología de la Liberación y sobre todo, la dureza y frialdad moral de algunos de sus pastores, que le favoreció en su conjunto. En este sentido, la perversa figura de un José María Setién siempre estará contrarrestada con la de un paternal Fernando Sebastián, quien elaboró algunas de las condenas más contundentes e inteligentes del terrorismo desde la jerarquía católica. En todo caso, no puede resumirse esta historia tan compleja en una narración maniquea de malos malísimos e ingenuos bienintencionados. ETA nunca fue una organización confesional, se despegó rápidamente de los medios católicos asumiendo el marxismo-leninismo y el ateísmo práctico por parte de la mayor parte de su militancia. No pocos católicos jugaron el papel de “tontos útiles”, es cierto. Pero no olvidemos que la inmensa mayoría de víctimas de ETA fueron católicas, al menos bautizadas como tales. Otro hecho inquietante en esta brutal historia es que ningún clérigo católico fuera asesinado por la banda. Señalemos, por último, que Gesto por la Paz estuvo en gran medida impulsado por católicos sinceros que creían en la no-violencia como herramienta de cambio social.

Se habla mucho de la victoria de los demócratas y de la importancia del relato...

Sí, hasta el punto de que son auténticos mantras políticamente correctos y acríticamente reiterados desde los medios de comunicación mayoritarios y la inmensa mayoría de los políticos. Pero hay que partir de una constatación: los medios de comunicación de masas y los políticos españoles son cortoplacistas, mientras que el nacionalismo vasco siempre ha trabajado con la voluntad y la mirada puestas en el futuro mediante el trabajo incansable de varias generaciones. De ahí que lo que fue una victoria incuestionable por parte de la policía y la sociedad española, se está convirtiendo en una derrota política. Y la elaboración del relato se haya relegado en aras de apremios políticos coyunturales. Por todo ello, el nacionalismo vasco en su conjunto, y la izquierda abertzale de ETA en particular, estén invirtiendo ambas perspectivas históricas en una oportunidad para sus propias ambiciones; siempre desde el odio a España y con la voluntad política de borrar todo lo español de su territorio y del imaginario común de los ciudadanos que habitamos estas tierras.

Para terminar, ¿EH Bildu es ETA?

Sin duda se trata de una pregunta muy justa y que atraviesa todo mi libro. Pero prefiero que el lector se forme su propio juicio a través de las fuentes e informaciones que le presento en mi ensayo. De ahí esa metáfora que reflejo ya en su título: la de una serpiente que, por cierto, ETA se encargó de que figurara en su logo, como símbolo de astucia, junto al hacha que expresa la fuerza. La serpiente muda de piel, tiene criaturas, pero sigue siendo ella misma, respondiendo a los imperativos de su naturaleza. En este caso es la consecución de la independencia y la implantación del socialismo, sirviéndose de cualquier medio, especialmente el victimismo, el cultivo del odio y la falsificación histórica ahora, tal y como fuera el terrorismo entonces. De ahí que su rechazo actual del terrorismo únicamente sea táctico y no estratégico, oportunista en suma. ETA no fue únicamente una banda terrorista, un partido político, un movimiento social, o una maquinaria engrasada por dinero manchado de sangre. Fue todo aquello a la vez, con comportamientos colectivos propios de una secta destructiva, impulsados desde un liderazgo jamás cuestionado, y unas prácticas mafiosas fruto de su voluntad de alcanzar un control social total. Una organización totalitaria, por tanto, que se adapta a las cambiantes circunstancias de los sucesivos ciclos históricos. 

Fuente

viernes, 13 de enero de 2023

Los talibanes iconoclastas de Euskaltzaindia - Pedro Chacón

 

Los talibanes iconoclastas de Euskaltzaindia

Voy a comenzar aquí el relato de la destrucción del patrimonio toponímico y onomástico que ha tenido lugar en el País Vasco desde 1978 hasta hoy, llevado a cabo por el nacionalismo, y en su nombre por la Real Academia de la Lengua Vasca, que es como se llama Euskaltzaindia. Y lo comparo con la destrucción de templos y esculturas que emprendieron los talibanes desde el poder en ciudades milenarias y patrimonio de la humanidad como Palmira, Nínive o Tombuctú que vieron demoler, dinamitar, bombardear e incluso tirotear monumentos y esculturas contrarios a la ley islámica. Alguno me podrá decir que cómo puedo comparar el daño o la desaparición que infligieron los talibanes sobre el patrimonio histórico universal del Oriente Medio con lo que ha hecho con los topónimos una institución tan pacífica como Euskaltzaindia. Pero yo estoy comparando exclusivamente los comportamientos hacia el patrimonio (que en el caso que nos ocupa podemos denominar inmaterial, por tratarse de una relación intrínseca que existe entre apellidos y topónimos) y que desde ese punto de vista sí es equiparable con lo ejecutado por los talibanes sobre el patrimonio material, arquitectónico y religioso, por lo que tienen ambos de borrado de una tradición histórica que conlleva una pérdida irreparable de identidad y de memoria. Aunque, puestos a decirlo todo, aquí, en el País Vasco, por las mismas ideas que impulsaron a los miembros de Euskaltzaindia y al nacionalismo en general a cambiar los letreros y los nombres de ciudades, ríos, montes y valles, y durante el mismo periodo, además, en el que se llevaron a cabo dichos cambios, otros, que pensaban parecido en cuanto a la política, la lengua y la identidad del pueblo vasco, y ante la pasividad, cuando no la complicidad, de una mayoría, implantaron un terror que facilitó y allanó esos cambios. Sin el terror producido por ETA, que mató sin piedad a policías, guardias civiles, militares, concejales, periodistas, taxistas, empleados y, en definitiva, a todo aquel que, según ellos, representara a España en el País Vasco y Navarra, no se entiende que desde una institución como Euskaltzaindia se cambiara a voluntad (y en ocasiones a capricho) y sin contestación de ningún tipo, toda la toponimia con la que, durante siglos, se han denominado aquí municipios, provincias y todo lo denominable, y que estaba íntimamente conectada con los apellidos de sus naturales, residentes tanto aquí como en el resto de España.

Aquí, con la excusa de la “normalización lingüística”, se han llevado a cabo cambios en los nombres de los pueblos con una alegría, una inconsciencia y una irresponsabilidad asombrosas. Porque un cambio en un nombre de un pueblo implica muchas cosas. No se trata de que, bueno, como a partir de ahora le vamos a llamar todos oficialmente así, pues cambiamos todos los papeles oficiales con el nuevo nombre, los letreros indicadores y lo que aparece en la página web y asunto concluido. Nadie parece que ha reparado en que ese nombre, que se considera ajeno a lo vasco, por no ir en grafía eusquérica o por haber sido creado por alguien a quien no se considera de aquí y que por eso se cambia, implica una historia de siglos que afecta directamente a la onomástica con la que está relacionada íntimamente la toponimia. Si esto no es destrucción pura y dura de patrimonio, de tradición, de historia y de identidad, ya me dirán cómo se puede denominar.

Porque aquí ha habido cambios en cuanto a la grafía de los topónimos, que se han repuesto en eusquera siempre que se ha podido y aun cuando no se ha podido, forzando hasta límites inauditos la transformación. De Vizcaya, los únicos que se han salvado, entre los nombres de municipios, aunque sea porque no tenían ni siquiera una pobre tilde que quitar, han sido solo 25 nombres, del total de 112 municipios que hay en la provincia, o sea, menos de una cuarta parte. Entre ellos citamos unos cuantos: Arrigorriaga, Basauri, Bermeo, Lanestosa, Mañaria, Portugalete, Sestao, Sopuerta, Zalla y Zamudio. Todos esos pueblos se llamaban igual en la época franquista. Si los pudieran haber cambiado, seguro que lo hubieran hecho. Pero no pudieron. No hubo forma. Eran y son nombres perfectamente autóctonos, tan vascos como españoles, imposibles de cambiar. De los 88 municipios que hay en Guipúzcoa, se han mantenido sin cambios solo 26: por ejemplo, Azpeitia, Hernani, Lezo, Orio, Tolosa, Segura y Urnieta. En el caso de Álava – paradójicamente, por tratarse de la provincia menos euscaldunizada–, de sus 51 municipios (no vamos a contar los 417 núcleos de población), solo 9 se han mantenido con el nombre que tenían antes de la llamada operación de normalización lingüística emprendida en esa provincia por Euskaltzaindia junto con el nacionalismo dominante en sus instituciones. Los municipios cuyo nombre ha sobrevivido intacto son Amurrio, Armiñón, Barrundia, Berantevilla, Bernedo, Leza, Navaridas, Samaniego y Zambrana. Todos los demás o han cambiado o han visto añadido otro nombre oficial al original.

Esta operación de liquidación de los nombres tradicionales ha traído como consecuencia mayor dejar privados a los apellidos que se originaron de esos topónimos de su referente histórico original. Porque no me refiero solo a la grafía eusquérica que se ha impuesto a los topónimos históricos en grafía castellana, que también los ha alejado de sus apellidos correspondientes (salvo que los portadores de los mismos se los hayan cambiado, cosa que ha ocurrido en muy pequeña proporción como veremos). Lo peor de todo se ha dado con el cambio radical del topónimo original, que ha significado la amputación histórica de la relación entre los apellidos y sus topónimos correspondientes. Por lo tanto, no se trata, como decíamos, de un simple cambio de nombre y ya está. Estamos hablando de algo mucho más trascendente que consiste en la alteración sustancial, por vía de los topónimos y de sus apellidos correspondientes, del núcleo denominador que conforma la esencia histórica misma del patrimonio cultural de un país, a consecuencia de lo cual muchos apellidos españoles se quedan sin sus referentes toponímicos originales.

Veámoslo con ejemplos, empezando por Vizcaya. Para empezar, digamos que el Nomenclátor de apellidos vascos de Euskaltzaindia apenas tiene en cuenta a los apellidos que son a la vez nombres de municipios. La inmensa mayoría de los que vamos a ver a continuación no aparecen en dicho Nomenclátor, lo cual es una forma de ignorar o de disimular la desconexión entre los topónimos y sus apellidos que estamos denunciando aquí, al suprimir o alterar los primeros. Euskaltzaindia hace aquí como si no se enterara de lo que está pasando y que ella misma ha causado, autorizando e incluso proponiendo los cambios en la toponimia.

En cuanto a los topónimos que se han alterado solo en su grafía. Tenemos los siguientes casos:

El municipio de Alonsótegui pasa a ser Alonsotegi. El apellido Alonsótegui tiene 23 portadores de primer apellido y 9 de segundo, la mayoría de ellos residentes en Cantabria. Alonsotegi, en cambio, como era de suponer, no tiene portadores.

Arcentales pasa a ser Artzentales. Arcentales tiene 160 portadores de primer apellido y 130 de segundo, que viven en 6 provincias españolas. Ninguno en el País Vasco y solo unos pocos en Navarra. Donde más apellidados Arcentales hay es en Barcelona, seguido de Madrid. Personas apellidadas Artzentales, en cambio, como era de suponer, no hay.

Arrancudiaga pasa a ser Arrankudiaga. Arrancudiaga tiene 30 personas apellidadas así de primero y 22 de segundo, repartidos a mitades entre Guipúzcoa y Madrid. Arrankudiaga, en cambio, como era de prever, no existe como apellido.

Baracaldo tiene 45 personas apellidadas así de primer apellido y 59 de segundo, de las que solo hay unas pocas viviendo en Vizcaya. El resto viven, por este orden, en Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y Madrid. Barakaldo, como era de prever, no tiene a nadie que se apellide así.

Frúniz tiene 23 apellidados así de primero y31 de segundo, todos en Vizcaya. Pero el topónimo que han puesto en grafía eusquérica, Fruiz, como es obvio, no tiene ninguna persona apellidada así.

Galdácano tiene unos pocos portadores en Vizcaya. Galdakao, que es la forma oficial, no tiene nadie con ese apellido.

Lo del apellido Garay es paradigmático en este sentido. Es el nombre de un municipio de Vizcaya (bueno, era, porque ahora se llama oficialmente Garai). Pero como apellido, Garay tiene 5007 portadores de primero y 5013 de segundo en toda España, algo que lo sitúa como uno de los 300 apellidos eusquéricos que rebasan los 1000 portadores. Hay personas apellidadas Garay en todas las provincias españolas menos en 6. En País Vasco y Navarra hay algo menos de 2000 en total, tanto de primer apellido como de segundo, la mayoría en Vizcaya. La forma eusquérica, Garai, como apellido se la han puesto unas 500 personas de primer apellido y algo menos de segundo, la mayoría, como era de prever, en Vizcaya, seguida de Guipúzcoa, Alava y Navarra y alguno hay también en Madrid. El caso es que solo un 10% de los apellidados Garay se ha cambiado a la forma eusquérica Garai. El resto de los apellidados Garay, o sea, la inmensa mayoría de los portadores de este apellido, se han quedado sin su referente toponímico, que ha pasado a denominarse solo Garai.

Con el topónimo Gatica pasa una cosa muy curiosa. Como apelllido tiene 373 portadores de primer apellido y 382 de segundo en toda España. Pues bien, ninguno de ellos reside en las provincias vascas o en Navarra, sino en otras 13 provincias españolas, donde más con diferencia en Cádiz. Y por supuesto, como era de prever, la forma eusquérica que le han puesto, Gatika, no tiene portadores.

Gordejuela tiene 210 portadores de primer apellido y 219 de segundo en toda España, donde más en Burgos, seguido de las provincias vascas y Navarra. También está presente en otras 9 provincias españolas. Gordexola, que es la forma eusquérica del topónimo, naturalmente no existe como apellido puesto que, según creemos, fue una invención pura y dura de Sabino Arana, quien así denominó una de las cuatro batallas de su libro “Bizkaya por su independencia”, que correspondía a Gordejuela. Y por eso se denominó Gordexola uno de los batallones de gudaris de la Guerra Civil.

Hay 59 personas apellidadas Lejona de primer apellido y 50 de segundo, casi todas en Vizcaya. Pues bien, Leioa, que es el topónimo oficial en eusquera, no hay nadie que se apellide así.

Con el apellido Munguía hay 1208 portadores de primer apellido y 1229 de segundo. De los cuales en País Vasco y Navarra residen 147 de primero y 145 de segundo. La gran mayoría, por tanto, residen en el resto de España, repartidos en 29 provincias, en la que más con diferencia en Las Palmas de Gran Canaria, seguida de Madrid y Barcelona. Apellidados Mungia, en cambio, que es el nombre oficial actual del municipio, solo hay 29 personas con ese primer apellido y 19 de segundo, repartidas entre Guipúzcoa y Vizcaya por este orden.

Finalmente, en este apartado, el caso de Abadiano sí que tiene su guasa. Abadiano pasa a ser Abadiño en la grafía oficial actual. El apellido Abadiano tiene 355 portadores de primer apellido y 279 de segundo, repartidos en 7 provincias españolas, donde más en Navarra pero también los hay y muchos en Barcelona, Zaragoza, Huesca, La Rioja y Soria. De las provincias vascas solo está en Vizcaya. En cambio, Abadiño sí que existe también y en estos casos siempre en mucho menor número que el anterior. Pero en esta ocasión, además, se da la paradoja de que, aunque solo tiene 10 portadores de segundo apellido, resulta que 5 de ellos viven en Madrid. Por lo que, en este caso, la cadena histórica que une a los apellidos con sus topónimos no solo no han conseguido romperla, sino que más bien lo que han revelado es la existencia de personas apellidadas Abadiño (esto es, como los nacionalistas consideran que se debe redenominar ese municipio) nada menos que en la capital de España.

Pero ya si vamos a los topónimos que no solo es que se hayan puesto en grafía eusquérica sino que se han cambiado completamente por otros supuestamente más vascos, el destrozo ha sido completo. Veamos, si no, un par de ejemplos sin salirnos de Vizcaya:

Tenemos el caso de Pedernales, con 15 personas apellidadas así de primero y 10 de segundo, todas residentes en Vizcaya. El topónimo que le pusieron en eusquérico, por aquello de ser el municipio donde está enterrado Sabino Arana, tenía que romper por completo con el anterior y es, en efecto, Sukarrieta. Lógicamente no hay nadie apellidado así.

Y tenemos el caso de Villaro, villa histórica vizcaína, cuyo apellido tiene 378 portadores de primero y 349 de segundo, repartidos por 12 provincias españolas, donde más con diferencia en Barcelona, seguida de Lérida y La Rioja. En las provincias vascas y Navarra tiene en total 33 portadores de primero y 29 de segundo. A Villaro le han redenominado Areatza, que como era de esperar no tiene a nadie que se apellide así, por ser algo completamente nuevo e impuesto.

Y si nos vamos a la provincia de Guipúzcoa y dividimos los topónimos como en el capítulo anterior en el que tratábamos de Vizcaya, esto es, entre los que solo han puesto grafía eusquérica al nombre preexistente y los que lo han cambiado completamente, en ambos casos con la consiguiente ruptura de la conexión tradicional entre topónimo y apellido, nos encontramos con los siguientes ejemplos:

Lazcano es un apellido importante, dentro de las dimensiones de los apellidos vascos. Lo portan 1788 personas de primero y 1882 de segundo. Se extiende por 36 provincias españolas, siendo las vascas y Navarra las que se llevan la mayoría, con 1031 y 1079 de primero y segundo respectivamente. El caso es que el topónimo actual, Lazkao, no lo porta nadie.

Motrico lo portan 28 de primer apellido y 38 de segundo, algunas de ellas residentes en Cádiz, aunque la mayoría en Vizcaya y Guipúzcoa. El apellido Mutriku, que es el topónimo oficial ahora, no lo porta nadie.

Oñate es otro apellido histórico y, por lo tanto, extenso, con 2708 portadores de primero y 2681 de segundo, presente en 43 provincias españolas. En el País Vasco y Navarra tiene 373 portadores de primer apellido y 345 de segundo. Donde más presente está es, por este orden, en Madrid, Cádiz, Barcelona, Vizcaya, Murcia, Valencia y Sevilla. En cambio, el topónimo oficial hoy, Oñati, no tiene portadores, rompe la tradición, se queda como una isla desierta en la conexión histórica entre topónimos y apellidos.

Rentería tiene 1136 portadores de primer apellido y 1053 de segundo, que están repartido en 35 provincias españolas. En las provincias vascas y Navarra tiene 386 de primer apellido y 323 de segundo. Donde más en Vizcaya, pero no obstante, hay muchos más fuera de País Vasco y Navarra, o sea en el resto de España. El caso es que Errenteria, que es la forma eusquérica oficial que le han puesto al municipio, rompe por completo la relación topónimo-apellido y, como era de prever, no tiene nadie que se apellide así. Ni siquiera el actual lendacari Urkullu, que se apellida Rentería de segundo, ha dado ejemplo cambiándoselo. Pero el nombre del municipio sí que lo han cambiado.

El municipio de Legazpi, apellido histórico del fundador de Manila, se ha sustituido por Legazpia. Las consecuencias son obvias. El apellido Legazpi lo portan 251 personas de primero y 279 de segundo, repartidas por 10 provincias españolas, donde más con diferencia en Madrid seguido de Asturias. En las provincias vascas solo está en Vizcaya, con 16 y 13 portadores respectivamente. En Navarra no está tampoco. En cambio, Legazpia, el nombre actual, solo lo portan como apellido 24 y 12 personas de primero y segundo respectivamente, la mayoría en Álava y algunas en Guipúzcoa.

Y en cuanto a cambios drásticos, tenemos el ejemplo de Salinas de Léniz, que desde tiempos inmemoriales se llamaba así, en concreto la primera referencia que nos da la propia Euskaltzaindia es del año 947 nada menos, y así se mantiene sin interrupción durante seis siglos hasta la obra de Isasti (Compendio historial de la muy noble y muy leal provincia de Guipúzcoa) que es del año 1625, y donde junto a Salinas aparece Gatzaga por primera vez. La denominación actual es Leintz Gatzaga, que es la traducción al eusquera de los términos originales con los que desde siempre se denominaba la localidad. Aquí no se puede recurrir, por tanto, al argumento de la antigüedad de la denominación, como se ha hecho por ejemplo con un par de casos que veremos luego, como los de Vitoria/Gasteiz o Salvatierra/Agurain. Aquí la razón es única y exclusivamente lingüística y ejecutada en la actualidad por preferencia puramente ideológica.

De Álava ya dijimos al principio de este tema que vamos a considerar solo la redenominación de sus municipios, que son 51 y de los que solo 9 se salvaron de ser alterados. De sus más de cuatrocientos concejos no vamos a ocuparnos por ahora. Para Álava el cambio de Salvatierra por Agurain es justificado por investigadores del prestigio de José María Jimeno Jurio, que decía que así era como se llamaba Salvatierra antes de la fundación de la villa por Alfonso X el Sabino en 1256 y así era como quedó en la tradición de sus habitantes. José María Jimeno Jurio por argumentaciones como esta, entre otras, es por lo que luego recibiría el premio Sabino Arana de manos del PNV en 1997. Hoy el pueblo tiene las dos denominaciones oficiales. El mismo caso es el de Mondragón con Arrasate, por ejemplo.

Con Vitoria/Gasteiz pasa lo mismo. Gasteiz era un pequeño poblado, parece ser, situado donde luego se empezó a expandir la ciudad de Vitoria a raíz de su fundación en 1181 por Alfonso X el Sabio. Decir ocho siglos después que el nombre de Vitoria fue una imposición o que el auténtico nombre de la ciudad es el de un minúsculo poblado que, de no ser por la fundación del rey sabio habría permanecido en el más absoluto anonimato, no tiene ni pies ni cabeza, pero así es como va la cosa. De hecho, Gasteiz ni siquiera siguió usándose después por los hablantes, ni siquiera por los eusquéricos, por lo que no se mantuvo en la tradición de los moradores del municipio, como dice Jimeno Jurio que pasó con Agurain, Arrasate y otros.

Alegría de Álava ha pasado a ser Alegría-Dulantzi, siendo Dulantzi un término de clara ascendencia latina, solo que eusquerizado luego con la fórmula –tz-, de la que ya hablamos en esta serie en “El síndrome del averchale sobrado”.

Con Aramayona la influencia de Euskaltzaindia y del nacionalismo vasco está consiguiendo el efecto de que los apellidados así vayan pasando poco a poco a apellidarse Aramaio, que es el nombre oficial del municipio en eusquera. Esto solo puede ocurrir con apellidos con muy pocos portadores, que son la mayoría de los eusquéricos, que no pasan de 100 portadores en muchos casos. Y a ello se suma la influencia del entorno sociolingüístico, que es muy notable en Aramayona, al ser el único municipio alavés incluido en la asociación de municipios eusqueroparlantes (UEMA) y eso tiene influencia decisiva en el caso. De hecho, las personas apellidadas Aramayona son 31 con primer apellido y 49 con segundo, la mayor parte de ellas residentes fuera del País Vasco y Navarra, concretamente en Madrid, Valladolid y Zaragoza. Obsérvese la diferencia de número entre primero y segundo apellido, por el efecto de que son los primeros apellidos los que tienden a eusquerizarse, por ser más visibles. Las personas apellidadas Aramaio son 44 de primer apellido y 43 de segundo, la mayoría residentes en Vizcaya y alguna en Guipúzcoa, pero curiosamente ninguna en Álava, que es donde está el municipio.

Arceniega tiene 17 y 16 portadores de primer y segundo apellido respectivamente, residentes en Vizcaya y Álava. Artziniega, que es el nombre oficial del municipio en eusquera, no tiene portadores, como era previsible.

Lo de Ayala es más escandaloso si cabe. Un topónimo que corresponde a un apellido eusquérico de los grandes, puesto que lo portan 17.000 personas como primer apellido y otras tantas, en números redondos, como segundo. Que está presente en todas las provincias españolas menos en Palencia. Y que ha sido sustituido como nombre oficial eusquérico por Aiara, que, como cabía esperar, no tiene a nadie apellidado así, al carecer de trayectoria histórica.

Baños de Ebro es Mañueta en eusquera. Mañueta es un neotopónimo, o sea, un invento. Había que ponerle un nombre en eusquera a la localidad como fuera, había que rebautizarla. Y este es el nombre que eligieron para hacerlo. Ni más ni menos.

El nombre del municipio de Lanciego también funciona como apellido. Al ponerle Lantziego en eusquera, le han amputado esa conexión. No está recogido tampoco en el Nomenclátor de Euskaltzaindia, como la gran mayoría de los topónimos vascos que también funcionan como apellidos y que estamos relacionando aquí. Lanciego lo portan 115 personas de primer apellido y 106 de segundo, de las cuales la mitad, más o menos, residen en Navarra y el resto, por este orden, en Madrid, Guipúzcoa, Zaragoza, Ávila y Valencia. En Álava y Vizcaya no hay (o al menos no llegan a 5 los portadores en cada una de ellas).

El municipio de Oquendo lo han desfigurado conviertiéndolo en Okondo, cuando Oquendo tiene una prosapia histórica importante, por dar nombre al famoso marino Antonio de Oquendo y Zandategui (San Sebastián, 1577 – La Coruña, 1640). Su padre, Miguel de Oquendo, también fue capitán general de la Armada real de Guipúzcoa. El apellido Oquendo lo portan 419 personas de primero y 475 de segundo, que residen en 22 provincias españolas, donde más en Madrid, seguida de Barcelona, Valencia y Murcia. En País Vasco y Navarra solo hay en total 15 personas apellidadas Oquendo de primero y 23 de segundo.

Al municipio de Villabuena de Álava le han endosado como denominación en eusquera un término tan absurdo como Eskuernaga, que hasta suena mal. Recomiendo la lectura del artículo de mi colega y amigo Xabier Zabaltza, en El Correo de 7 de junio de 2011 titulado “Esquizoglosia”, que aplicado al caso vasco viene a significar “la presunción de que el euskara es algo intrínsecamente opuesto al castellano. Tal principio se deja sentir tal vez más que en otros ámbitos en la toponimia, especialmente en la de las zonas de Vasconia donde no se habla vascuence desde hace siglos. Cuando un pueblo no tiene en euskara un nombre distinto al castellano, hay que inventárselo”. En ese artículo, además de referirse a otros casos parecidos, se cita Eskuernaga también, ocurrencia que para el autor es un “puro dislate.” En realidad, Xabier Zabaltza del caso que más habla en “Esquizoglosia” es del de Biasteri, término eusquérico disputado por los municipios de Laguardia y Lanciego, hasta que al final el primero ha acabado llamándose Guardia en eusquera mientras que Biasteri sirve para denominar en eusquera a la pedanía de Viñaspre, en Lanciego.

El caso de Villarreal de Álava consiste en que no contentos con ponerle Legutiano, que es el antiquísimo nombre del municipio, previo a su fundación como villa en 1333 y que ni siquiera tiene origen eusquérico, al parecer, sino más bien latino, al cabo de treinta años lo cambiaron por Legutio, que les parecía más eusquérico todavía. Ni que decir tiene que ni Legutiano, ni mucho menos Legutio, existen como apellidos.

Y de momento lo voy a dejar aquí, porque en este tema de los topónimos vascos se han hecho tantas barrabasadas que casi es mejor ir tomándoselo poco a poco, sin olvidarlo nunca, eso sí, para no darles a los causantes de semejante atropello histórico y cultural ni un momento de tregua: no se lo merecerían en ningún caso, por ignorantes y por irresponsables. 


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sábado, 3 de octubre de 2020

El fracaso de 35 años de imposición nacionalista del euskera

 

35 años de imposición del euskera a los estudiantes vascos y miles de millones de euros dilapidados en construir una “educación integral” en esta lengua no han sido su"cientes para alcanzar el objetivo supremo del poder nacionalista: euskaldunizar a machamartillo a los ciudadanos vascos, que conforman una sociedad donde prácticamente la totalidad de los habitantes tienen el español como lengua materna y donde el vascuence apenas tiene un 13% de uso social.

El Consejo Escolar de Euskadi (CEE), integrado en el Departamento de Educación del Ejecutivo autonómico, señala en su informe dedicado a analizar la situación del sistema educativo vasco entre los años 2017-2019 que ahora es necesaria “una re!exión en profundidad sobre la situación del proceso de euskaldunización, sobre todo del mayoritario modelo D (íntegramente en euskera), porque los resultados en competencia lingüística en euskera disminuyen desde hace años en las dos etapas obligatorias".

El CEE también aprecia que la comprensión lectora de ese alumnado es insuficiente en una parte importante de este modelo y que "un alto porcentaje" de alumnos tanto públicos como concertados, que realiza todo su proceso de aprendizaje en esa lengua, "muestra hoy un bajo nivel en euskera". Lo que no dice el CEE es que la mayor parte de las familias que desde hace décadas diseñan el aprendizaje de sus hijos íntegramente en euskera lo hacen no por el hecho de que tengan conocimiento o interés en esta lengua sino porque la escuela pública no ofrece otra alternativa.

Y las imposiciones idiomáticas siempre tienen malas consecuencias, incluso para los objetivos de quienes se encargan de implantarlas. De hecho, el 37% del alumnado de Primaria y el 46% de ESO mostraron "un bajo nivel en euskera" y, consecuentemente, por ejemplo, "se aprecia que la comprensión lectora del alumnado del modelo D es insu"ciente en una parte importante del alumnado de este modelo". El CEE dixit.

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martes, 1 de octubre de 2019

El suicidio demográfico vasco es especialmente pronunciado

Eustat, la oficina estadística vasca, ha publicado hace unos meses los datos completos de nacimientos del País Vasco de 2018. Son muy malos globalmente respecto de 2017 (-5,8% bebés), pésimos en el caso de madres españolas (-9,5%), y muy buenos en el caso de madres extranjeras (+7%), que ya aportan un 25,3% de los nacimientos vascos (desde 22,3% en 2017). Eso, en un contexto de bajo paro de vascos de nacionalidad española (9,6% de media en el período en que fueron concebidos, entre abril de 2017 y de 2018) y a la baja, y de amplias ayudas económicas a la natalidad. En contraste, el paro entre los extranjeros superó el 30% de media en ese período, pero la evolución de su natalidad fue muy positiva.
Inmigrantes aparte, en 1976 nacieron casi el cuádruple de niños de vizcaínas que en 2018, más del triple de bebés de guipuzcoanas, y casi el triple en el caso de mamás alavesas. El suicidio demográfico vasco es especialmente pronunciado, en contraste con el alto nivel de vida de esta comunidad autonóma. Y su clase política y su sociedad civil, como la del resto de España, sin apenas reaccionar, y tratando con medidas esencialmente ineficaces -cuando no contraproducentes- esta gravísima enfermedad social: entre todos no nos reproducimos lo suficiente, y eso a la larga es insostenible.
Estarán orgullosos los “jeltzales” del PNV y demás abertzales del desastre sociodemográfico vasco, que lleva su firma. ¡Aman tanto a los vascos que están consiguiendo que desaparezcan!
Los datos de septiembre a diciembre de natalidad vasca acentúan la tendencia de todo el año. En tasa interanual, los bebés vascos de madres nacidas en España cayeron a plomo en el último trimestre de 2018: un 11% menos, dándose la mayor caída en Vizcaya, del 14,1%. En contraste, los nacimientos de madres extranjeras crecieron en Vascongadas en el último trimestre un 11,5%, dándose el máximo en Guipúzcoa (+16,6%). En total, hubo una caída del 6% en el número de nacimientos en el País Vasco. El suicidio demográfico vasco autóctono (con o sin “ocho apellidos”), combinado con la explosión demográfica de raíces foráneas, que no compensa globalmente el declive nativo, va a transformar profundamente las Vascongadas.

ENTREVISTA a José Ignacio Irusta, exlíder de Falange Vasconavarra

  ENTREVISTA a José Ignacio Irusta, exlíder de Falange Vasconavarra: «Algunos contribuimos bastante al fin de ETA en 2010» 25 de noviembre d...