martes, 18 de agosto de 2020

Hiroshima y Nagasaki

 Las bombas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki fueron el colofón de una aplastante campaña aérea contra el pueblo japonés, que empezó a finales de 1944. Entre diciembre de 1944 y agosto de 1945 los aviones estadounidenses lanzaron más de 41.000 toneladas de bombas sobra la población nipona. Según la historiadora Joanna Bourke, estos bombardeos causaron la muerte de 600.000 personas, y sólo en Tokio acabaron con la vida de 137.582 personas, más  los miles y miles de heridos y contando con los imponentes destrozos. En febrero de 1945 el primer ministro japonés, Fumimaro Konoye, le exigió al emperador Hirohito que se rindiese a fin de salvar al país de una revolución comunista. Por entonces un 51% de las casas de la isla de Japón fueron destruidas por los bombarderos y un 13% fueron eliminadas para formar cortafuegos. 

La primera bomba atómica, cuyo nombre era «Little Boy» («Niñito»), se trasladó a la isla de Tinian a través del crucero Indianapolis y esperó allí tres días hasta que el tiempo se despejó. La bomba explotó el 6 de agosto de 1945 a las 8:15 horas a unos 580 metros de altura de la superficie de la ciudad católica de Hiroshima (de una población que oscilaba entre los 350.000 y 400.000 habitantes). El artefacto sería arrojado en un paracaídas desde el bombardero «Enola Gay», un B-29 ES pilotado por el capitán Robert A. Lewis. La bomba medía unos tres metros de longitud y pesaba 3.600 kilogramos, y su onda expansiva fue de ocho toneladas por metro cuadrado. Littel Boy tardó en caer 43 segundos, el impacto llegó a alcanzar una temperatura de 1.800ºC en la superficie y 300.000ºC en el centro. A bordo del Enola Gay iban cuatro científicos destacados y una tripulación de nueve hombres encabezados por Paul Tibbets, el cual aseguró que pudo ver una gran bola de fuego e inmediatamente un «hongo atómico»: «Toda la superficie de la ciudad no era más que una gigantesca balsa de alquitrán negro e hirviente. Donde minutos antes había existido una ciudad, con sus casas, edificios y todo aquello que podía distinguirse desde el cielo, ahora sólo veíamos una masa negra de ruinas hirvientes» (citado por David Boyle, II Guerra Mundial en imágenes, Traducción de Javier Alfonso López, Edimat Libros, Madrid 2012, págs. 580-586). 

La ciudad de Hiroshima fue elegida por el general de división Curtis E. LeMay porque su puente en forma de T era un blanco perfecto y porque, que él supiera, no había prisioneros de guerra Aliados. Pero esto no era cierto. Hiroshima era un importante puerto de embarque y un centro industrial, además de contar con un gran almacén militar, aunque no disponía de defensa antiaérea. Teóricamente el objetivo del bombardeo era una base armamentística del ejército japonés.  

Antes de la caída de la bomba, la ciudad, que había sido poco atacada por los bombarderos, estaba siendo abandonada por sus habitantes al oír las amenazas. Sin embargo, permanecieron allí 300.000 personas. Según Joanna Bourke, la bomba acabó con la vida de 140.000 personas en el acto (Joanna Bourke, La Segunda Guerra Mundial. Una historia de las víctimas, Traducción de Víctor Pozanco, Paidós, Barcelona 2002). Según estima el necrometrista Matthew White, fueron 49.000 muertos en el acto. Según un informe de las autoridades municipales de Hiroshima realizado en 1946, el número de muertos se estimó en 118.661 más unos 3.677 desaparecidos. Para El libro negro de la humanidad estos cálculos son los más fiables, siendo los cálculos de las muertes posteriores a causa de la radioactividad «meras especulaciones» (Matthew White, El libro negro de la humanidad, Traducción de Silvia Furió Castellví y Rosa María Salleras Puig, Crítica, Barcelona2012, pág. 863). No todos los muertos eran japoneses, pues también murieron prisioneros estadounidenses al producirse la explosión, y los que sobrevivieron fueron linchados por una población japonesa lógicamente enfurecida. También murieron miles de obreros coreanos que trabajaban prácticamente como esclavos en la ciudad. El 70% de los edificios fueron destruidos.

Tan sólo tres días después, el 9 de agosto, el bombardero «Bock’s Car», otro B-29, lanzó a las 10:58 horas una bomba de plutonio llamada «Fat Man» sobre la ciudad de Nagasaki, que era un centro de construcción naval. En Nagasaki se forjó en el siglo XVI la primera comunidad católica sólida en Japón, lo que fue obra de jesuitas y franciscanos. Es llamativo que las dos ciudades seleccionadas para lanzar la munición nuclear fuesen las dos únicas ciudades católicas de Japón. ¿Casualidad o causalidad? No hay que olvidar que el presidente estadounidense, Harry Truman, era masón de grado 33. No hay que extrañarse de la visita del Papa Francisco a ambas ciudades con motivo del 75 aniversario: «Es inmoral la posesión de las armas atómicas» (https://www.youtube.com/watch?v=APs0OY9ZT6k).

En principio, se eligió para el segundo bombardeo atómico a la ciudad de Kokura, pero el mal tiempo hizo que los estadounidenses se decantasen finalmente por Nagasaki, una ciudad que contaba con 240.000 habitantes. Un error de cálculo hizo que la bomba no cayese en el centro de la ciudad, lo cual hubiese provocado más muertos. La bomba caería sobre el barrio católico romano de Urakami y el impacto dejó un cráter de 2.000 millas de largo. Según Joanna Bourke, la bomba acabó con la vida de 74.000 personas. Dos tercios de los católicos de la ciudad murieron a causa de la bomba; la cual, a pesar de ser más potente, provocó menos muertos que la de Hiroshima. Truman, a bordo del crucero Augusta, al conocer el fin de la operación, dijo: «Es el mayor acontecimiento de la historia» (citado por David Boyle, II Guerra Mundial en imágenes, pág. 590).

Algunos autores sostienen que «180.000 muertes instantáneas en las dos ciudades no es una exageración, y fueron seguidas de otras causadas por la radioactividad y, en generaciones posteriores, por lesiones genéticas» (Williamson Murray y Allan R. Millett, La guerra que había que ganar(2002), Traducción de Jordi Beltrán Ferrer, Crítica, Barcelona 2010, pág. 576). Aunque el número de muertos por las dos bombas atómicas lanzadas contra la población japonesa es controvertido, pues todo depende de si se cuentan los muertos en el acto o si se añaden los muertos por radioactividad. Según un informe que realizó el CBS News el 4 de agosto de 2004, los muertos por el impacto de Hiroshima fueron 237.062, cantidad en la que estaban incluidos unos 5.142 que murieron el año anterior, en el 2003, a causa del cáncer y otras largas enfermedades relacionadas con la bomba. Luego se seguían contando los muertos de Hiroshima 59 años después del bombardeo. 

Truman afirmó que «los japoneses empezaron la guerra por aire en Pearl Harbor. Pues bien: hemos replicado con creces». Y llegó a decir que la bomba era un regalo de Dios que los «hombres de bien» debían utilizar con prudencia. «Damos gracias a Dios porque [la bomba] haya llegado a nuestras manos en lugar de a las de nuestros enemigos. Que Él nos guíe para utilizarla de acuerdo con Su voluntad» (citado por Bourke, La Segunda Guerra Mundial. Una historia de las víctimas, pág.162). Por su parte, el general Dwight D. Eisenhower llegó a preguntarse si realmente fue necesario «atacarlos con algo tan espantoso» (citado por Bourke, pág. 163). 

Por si fuera poco, un millar de aparatos de la Fuerza Aérea estadounidense bombardeó Tokio entre el 8 y el 10 de agosto. Los bombardeos a la capital nipona empezaron el 17 de noviembre de 1944, y en total murieron 120.000 civiles. 

La noche del 9 al 10 de agosto Hirohito les dijo a sus asesores que redactasen una nueva respuesta a la Declaración de Potsdam en la que se afirmaba la rendición de Japón bajo la condición de que el emperador siguiese como representante simbólico del pueblo japonés. A media mañana su mensaje llegó a Washington y a las demás capitales del mundo. Truman, asesorado por Stimson, aceptó la oferta de Hirohito aunque éste quedase como emperador desdivinizado.

El 12 de agosto los Aliados aceptaron las condiciones niponas. Pero el emperador debía ser el responsable de una rendición cooperativa y que la «firma definitiva» del futuro gobierno japonés dependiese de «la voluntad libremente expresada del pueblo japonés» (citado por Murray y Millett, La guerra que había que ganar, pág. 578), lo que en la práctica supuso la transformación de Japón en una democracia parlamentaria homologada a la estadounidense, esto es, una democracia capitalista con pluralidad de partidos y libertad de prensa influida por la american way of life con el añadido nada insignificante de la formación de un mercado pletórico de bienes y servicios que es lo que precisamente posibilita la democracia liberal. 

Una vez lanzadas las bombas atómicas sobre Japón, la URSS atacaría a los japoneses por Manchuria (el Manchukuo japonés), enfrentándose al ejército de Kwantug, que era considerado la fuerza más prestigiosa y poderosa que el ejército japonés puso en campaña. El ataque se desarrolló a uno 5.000 kilómetros que cubrían desiertos, grandes ríos y montañas, con mucha maquinaria y mucho apoyo aéreo y naval. Fue una auténtica Blitzkriegque el Ejército Rojo había incorporado tras las enseñanzas de la guerra. El alto al fuego se llevó a cabo el 19 de agosto, aunque hubo combates hasta el 3 de septiembre. A su vez, el mariscal Aleksandr Vasilesvski tomaría la isla Sajalín el 10 de agosto, con la intención de continuar hasta Japón. El día 15 atacó las islas Kuriles (que en la conferencia de Yalta se le había prometido a la Unión Soviética). El 18 de agosto el Cuartel General Imperial de Japón emitió «suspender todas las tareas operativas y detener todas las hostilidades» (citado por Robert Gellately, La maldición de Stalin, Traducción de Cecilia Belza y Gonzalo García, Pasado & Presente, Barcelona 2013, pág. 216). Y pese a todo, algunas tropas japonesas seguían combatiendo. 

Mao dijo que «el ejército rojo vino a ayudar al pueblo chino a expulsar a los agresores. Este hecho de valor inestimable no ha tenido paralelo en la historia china» (citado por Robert Gellately, La maldición de Stalin, Traducción de Cecilia Belza y Gonzalo García, Pasado & Presente, Barcelona 2013, pág. 218). Como afirmaría el mariscal Vasilevski, el Ejército Rojo entregó un enorme material de arsenales japoneses que fortaleció a las fuerzas comunistas chinas que posteriormente harían la revolución contra el ejército del Kuomintang dirigido por Chaing Kai-shek.. 

Antes de que se llevase a cabo el lanzamiento de las bombas atómicas, el Comité Conjunto de Planes de Guerra le comunicó a Truman que una invasión convencional a la isla de Japón le hubiese costado al ejército estadounidense entre 25.000 y 46.000 vidas humanas, es decir, menos que los japoneses que murieron a causa de las imponentes explosiones y mucho menos del millón de vidas que calculaban interesadamente los partidarios del lanzamiento de las bombas. Como se ha dicho, la cifra de un millón de muertos «no fue más que un mito  de la posguerra para justificar el lanzamiento de la bomba sobre la población civil» (Bourke, pág. 164).  

Luego no es verdad que las dos bombas atómicas arrojadas en Japón «salvaron muchos más millones de vidas que las que destruyeron», porque Japón estaba prácticamente derrotado y su capitulación no hacía falta forjarla lanzando dos bombas atómicas contra su población civil. Es más, la economía de guerra japonesa estaba desmoronada. En 1942 tan sólo un 40% del petróleo de los campos petrolíferos ocupados por Japón llegaba a la metrópolis a causa del dominio cada vez más notorio de Estados Unidos en los territorios conquistados por Japón del sudeste asiático (arrebatándoselos al Imperio Británico). Entre 1943 y 1944 tan sólo llegaba a las costas japonesas un 5% y en 1945 sencillamente no llegaba petróleo a la isla. ¿Qué posibilidades tenían un Japón sin petróleo y sin aliados? Efectivamente: ninguna. Es más, el Ejército Rojo colocó a un millón de hombres en Manchuria a través de Siberia. De hecho, el emperador de Japón, Hirohito, intentó pedir la paz a Estados Unidos el 12 de julio de 1945, poco menos de un mes antes de los lanzamientos.

El Director de Inteligencia Militar del Teatro de Guerra del Pacífico, Alfred McCormack, una de las personas mejor informadas sobre la situación, afirmaba que la rendición de Japón podía llevarse a cabo en dos semanas a través del bloqueo: «Los japoneses no tienen comida en sus almacenes, y sus reservas de combustible están agotadas. Si bombardeamos todos sus puertos se conseguirá llevar las operaciones a su conclusión lógica. El bombardeo de ciudades japonesas con bombas incendiarias y de otro tipo es totalmente innecesario» (Carroll Quigley, Tragedia y Esperanza, Traducido al español por jota2016@gmail.com. Esta traducción corresponde al resumen del libro realizado por John Turmel, http://www.cyberclass.net/turmel/quig00.htm, pág. 862). Es más, en 1942 Roosevelt afirmó que «la derrota de Alemania significa la derrota de Japón, probablemente sin disparar un solo tiro ni perder una sola vida» (citado por Henry Kissinger, Diplomacia, Traducción de Mónica Utrilla, Ediciones B, Barcelona 1996, pág. 427). No obstante, el general Norstad sostuvo desde Washington que el bloqueo era un procedimiento indigno y cobarde para la Fuerza Aérea, y por ello no se llevó a cabo y se procedió al bombardeo incendiario y atómico. 

No obstante, sí es cierto que los americanos no sólo se ahorraron «las bajas que hubiera supuesto una invasión a Japón, sino que, al haber perdido la carrera atómica, el Ejército Rojo dejó de contemplar la posibilidad de atosigar a las reducidas y exhaustas Fuerzas Armadas de los británicos y los norteamericanos y de hacer realidad el sueño de Lenin y Trotski de una Unión Soviética que abarcase desde el Atlántico hasta el Pacífico» (Donald Rayfield, Stalin y los verdugos, Traducción de Amado Diéguez Rodríguez y Miguel Martínez-Lage, Taurus, Madrid 2003, pág.480). Es decir, la bomba atómica en posesión del Imperio Estadounidense acabó definitivamente con la revolución mundial o, más en rigor, con el expansionismo soviético de imponer la revolución en los territorios que su fuerza militar conquistase. También consolidó a Estados Unidos el poder absoluto en la región asiática, aunque la proclamación de la República Popular China el 1 de octubre de 1949, con la inestimable ayuda de la URSS, supuso finalmente una derrota estratégica de Estados Unidos en Asia (aunque dos décadas después retomaría el control al pactar de facto con China aprovechando el conflicto sino-soviético). 

El mismo mes de agosto de 1945, medio millón de soldados estadounidenses tomaron y ocuparon Japón, y pusieron en marcha la reconstrucción económica y social del país desmilitarizándolo y democratizándolo (avance de la democracia o derecha liberal estadounidense frente al comunismo soviético o quinta generación de izquierda). El 15 de agosto Japón se rindió, aunque acabaría firmando el acta de capitulación el 2 de septiembre a bordo del USS Missouri. La ocupación estadounidense, que se mantuvo hasta 1952, no alteró seriamente el sistema oligárquico japonés, dado que era considerado fundamental para los intereses norteamericanos en el contexto de la Guerra Fría en marcha. Por lo tanto, Japón continuó siendo un país conservador y anticomunista, lo cual benefició su economía al posicionarse con Estados Unidos frente a la Unión Soviética, recuperándose económicamente en los años 50, esto es, el denominado «milagro económico» japonés. De hecho, fue el país que más prosperó en la Guerra Fría; y el segundo, pese a quien le pese, fue España.

Fuente

Crimen y castigo en la posguerra

Como es sabido, en la posguerra española hubo muy pocos asesinatos de represalia y casi todas las ejecuciones lo  fueron después de juicio. En el resto de Europa occidental fue al revés: incontables asesinatos y muy pocos juicios, la mayor parte de ellos en medio de griterío e insultos.  Me ha comentado Miguel Platón que está ya muy cerca de culminar su estudio sobre la represión de posguerra en España acudiendo a las fuentes más directas, los expedientes guardados en el archivo de Ávila, sobre los que lleva trabajando concienzudamente  varios años. El primer tomo está previsto que salga el año próximo. 

   Durante largo tiempo se ha hablado de 200.000 ejecutados en la posguerra, cifra que circuló por toda Europa y América. Tras los  estudios de R. Salas Larrazábal, que los reducían a unos 23.000,  tuvieron que ir desinflando la cifra a la mitad, a ochenta mil o a los que les pareció mejor, siempre muy por encima de la realidad. Los estafadores de la  memoria histórica (sí, estafadores es la palabra que les corresponde, sembradores del odio mediante la calumnia), los Preston, Viñas, Tuñón, Juliá, Casanova  y tantos más productos de una universidad embrutecida, admiradores de los crímenes y robos de Negrín, han seguido clamando sobre  un “holocausto” o “genocidio”, presentando los juicios como arbitrarios y  sin la menor garantía contra honrados “republicanos” culpables de “no pensar” como Franco. Y no olvidaban, en su feminismo histérico, una represión sobre las mujeres especialmente brutal y humillante. Lo que nunca hizo ninguno de ellos fue recurrir a las fuentes primarias, a los archivos, como ha hecho Miguel Platón. Su táctica, típicamente propagandística, consiste en tomar retazos de información e inflarlos y dramatizarlos al máximo con ayuda de unos medios de manipulación de masas tan degradados como ellos. Le comenté cómo en mi investigación de los archivos de la Fundación Pablo Iglesias estaba yo solo muy a menudo. 

De acuerdo con el estudio de Platón, las cifras finales vienen a ser: entre 1939 y 1975 los Consejos de Guerra ejecutaron unas 14.000 sentencias de muerte, aproximadamente la mitad de las pronunciadas. La mayoría por acciones durante la guerra, aunque también hay condenados por delito común ajeno a la guerra,  por delitos específicamente militares, actuaciones del Maquis  y terrorismo. Entre 1960 y 1975 los Consejos de Guerra dictaron 54 condenas a muerte y hubo 9 ejecuciones de miembros de grupos políticos: uno del PCE (Grimau), y por terrorismo tres anarquistas, dos de ETA y tres del FRAP. Del total de 54 condenados, 38 fueron indultados, entre ellos 9 de ETA y 5 del FRAP. Todas estas cifras están documentadas, nombre a nombre. 

El número de mujeres ejecutadas fue insignificante, en torno al 1% o menos. La mayoría de los ejecutados pertenecieron a la UGT y a la CNT, que ejercieron la mayor represión de retaguardia durante la guerra, con crímenes a menudo de crueldad espeluznante. En la UGT la mayoría eran socialistas, pero ya desde poco antes de la guerra se habían infiltrado allí los comunistas. Esto justifica el programa de “Una hora con la historia”  sobre el PSOE de las chekas y el genocidio, aunque debo precisar que genocidio propiamente hablando solo hubo el de la persecución religiosa, en la que el PSOE tuvo un papel “estelar”, al lado de la CNT. Los comunistas solían atender más al frente que a la retaguardia.

Como podrá verse en el estudio, los juicios distaron mucho de ser arbitrarios o sin defensa. Los acusados tuvieron defensa,  la sentencia pasó una segunda evaluación más técnica  y se tuvieron siempre en cuenta los atenuantes y las peticiones de clemencia, fueran de sus familiares o de conocidos franquistas, que también las hubo. Franco no solo no firmó ninguna sentencia (esta invención, tan aireada por la izquierda,  provino del mitómano Sainz Rodríguez, monárquico), sino tampoco las conmutaciones, dando el enterado, con muy pocas excepciones,  a la decisión de los expertos jurídicos del ejército, que también habían decidido las conmutaciones.

   Es preciso ir señalando estas cosas y prestando atención a este estudio, para evitar que cuando salga lo ahoguen en el  silencio los políticos, periodistas e “historiadores” de la memoria histórica, para seguir envenenando a la opinión pública. Como han hecho con el estudio terminante de Alberto Bárcena sobre el Valle de los Caídos, por ejemplo. 

miércoles, 12 de agosto de 2020

El engaño del Covid, China y el americanismo

 


Se ha escrito que el Covid ha derrotado al liberalismo/mundialismo. Lo único que el Covid no ha vencido, sino perfeccionado y hecho todavía más poderosa es la globalización, el mundialismo y todo aquello que viene dado bajo el pintoresco nombre de NWO. Amazon, por ejemplo, (con los datos en la mano, véase nota 1) ha facturado en los tres meses de encarcelamiento (no debe llamarse «lockdown» o cuarentena, sino encarcelamiento abusivo y forzoso) como nunca en toda su historia. Las grandes multinacionales, el capital internacional, los bancos, seguros de sus ganancias astronómicas, están comprando a precio de saldo TODO. Mientras, hoteles, pequeñas actividades, emprendedores y negocios no están reabriendo, se están suicidando o cayendo en bancarrota. Las multinacionales, los bancos y Silicon Valley están haciendo ganancias y negocios que nunca podrían haber hecho si no en una situación de tal género. Se dice que las fronteras han estado cerradas y entonces el liberalismo ha sufrido un retroceso. ¡Falso! Las fronteras han sido cerradas para los ciudadanos europeos, pero, ciertamente, no para las ONG's y sus desembarcos, que se han cuadruplicado en estos meses, o bien para las mercancías del mundialismo (hemos puesto el ejemplo de Amazon, pero los ejemplos son muchos, véase la nota para profundizar) o por el capitalismo financiero que ha hecho negocios de oro en estos tres meses aumentando el hambre, la desocupación, la desesperación y aumentando las desigualdades sociales. 

El Covid es un fraude, comparable al 9/11. Un evento inexistente, planificado y preconizado: véase el Evento 201, el coronavirus imaginario en el centro de simulación del Evento 201, acontecido con la colaboración entre el John Hopkins Center of Health Security, el World Economic Forum y el Bill and Melinda Gates Foundation, se llamaba CAPS, e comenzó con los cerdos en Brasil antes de difundirse por todo el mundo; o véase Bill Gates ID2020. Números falsos, muertos inexistentes, espectacularización de todo (véanse los camiones militares en Bérgamo), problema inexistente, soluciones deseadas. Es el «11 de septiembre» del 2020. Un nuevo 9/11 estadounidense, pero esta vez con la complicidad (o la ayuda) China. La OMS, medio, artífice y ejecutora de esta mentira global, es un organismo con dirección política China y financiación estadounidense (se pronuncia Bill Gates, pero se lee Rockefeller y todo el sistema financiero estadounidense anexado... Ya el abuelo de Bill Gates trabajaba para los Rockefeller). 

Aquello que se cree que es un «aprovecharse de una situación» es en realidad un extraer beneficio de un evento planificado desde el inicio, como para el 9/11. Esta es una aceleración del mundialismo, del liberalismo, del control global, de la imposición de las tecnologías como medio de control social y despersonalización. Agamben ha desarrollado ampliamente algunos de estos aspectos. Se trata de un cambio antropológico y social, un ataque a la humanidad. Pensar que solo se trata de un aprovechamiento deriva del hecho de que no se pone en cuestión el engaño en la fuente, quiere decir creer que realmente China pensaba tener un virus letal en casa y que no haya montado un circo, quiere decir creer que la OMS (agencia ONU) es una agencia imparcial e independiente y que sus declaraciones (además siempre confusas y contradictorias) sean fruto de la honestidad: es famosa la frase «China solo podía perdernos, si lo dice China, si la cuarentena la ha aconsejado China, si China denuncia la presencia de un virus quiere decir que es verdad». Si se acepta la narrativa de que existe un virus más o menos asesino, se hace más difícil entender que las consecuencias eran deseadas y previstas. 

Las soluciones dadas son y fueron planificadas porque el «virus» es y estaba planificado. Este es el paso final del sistema global/liberal librecambista. Es un perfeccionamiento de un camino iniciado a comienzos del siglo XX, que tiene, como siempre, a los Estados Unidos en el centro, pero que ahora ve otras potencias cómplices y plenamente activas. 

China, con sus sistemas distópicos que sirven de modelo (a fin de cuentas lo llaman «sistema chino») y que dejan en mal lugar a Huxley u Orwell, con su control digital asfixiante, el reconocimiento facial, el 5G, las vacunas, el encarcelamiento forzoso por un «virus» de una gripe estacional y la tecnología/ciencia usada de manera distópica, omnipresente, antihumana e inmoral, no es otra cosa que un americanismo 2.0. Resulta paradigmático que solo en China se puedan hacer experimentos de todo tipo como, por ejemplo, mezclar genes de hombre y de simio: «El experimento, nacido de una colaboración entre el Salk Institute estadounidense y la Universidad Católica de San Antonio de Murcia, ha sido realizado en China para evitar complicaciones legales»; en este país los científicos de todo el mundo, comprendidos aquellos estadounidenses como Fauci o como el caso anteriormente citado, pueden llevar adelante todo tipo de experimentos al límite de la moralidad. China no es una alternativa a nivel moral, social, sanitario y económico, sino una continuación, una extensión de una globalización perfeccionada y mucho más restrictiva gracias a la tecnología. Como decía Soros en 2016: China liderará el Nuevo Orden Mundial». Que luego venga quejándose de que China es un sistema totalitario poco importa, es la ideología la que obliga a decirlo, pero en aquello que importa, el dinero y la economía, Soros sabe muy bien que China está cabalgada. 

Hoy está sucediendo aquello que Soros auguraba en el 2016. Así como es la ideología y no el análisis de los datos económicos los que hacen escribir a analistas cosas tan delirantes como que «la economía de Trump iba mal». Nada más falso, pero por ideología se dice de todo sin tener en cuenta los hechos. Más bien el Covid, y esto sí ha sido (quizás) un efecto montado a posteriori, habría servido para destruir la economía estadounidense que bajo Trump iba mucho mejor que respecto a la era de Obama y comprometía entonces la reelección que habría vencido sin duda alguna, especialmente después de haber confesado el Russiangate. Esta no es una defensa o muestra de simpatía de o por Trump: Trump se equivoca cuando habla de «virus chino» porque en realidad es un pseudo-virus estadounidense inventado con la complicidad China. Trump se equivoca también porque permanece vinculado a la vieja idea de los Estados Unidos hegemónicos. No ha entendido que ahora quien es más inteligente que él es realmente quien detenta el poder en los Estados Unidos (los banqueros o Silicon Valley por ejemplo, o los varios «Bill Gates») está instaurando un nuevo orden que engloba también a China. China, que vende tanta muerte como Estados Unidos: 5G y vacunas para todos. Todo lo demás (aparentes desencuentros de quien nos vende estos aparatos de muerte) es para nosotros, dicho en la lengua del maestro del discurso, «cotilleo». Dejando de lado el «business» entre China e Israel, y el hecho de que en China produzcan todas las multinacionales estadounidenses y que conocimientos técnicos (know-how) y éxito económico, hasta que se demuestre lo contrario, han llegado allí también «gracias» a ellas, he aquí otros ejemplos que demuestran la connivencia de Estados Unidos (concretamente Silicon Valley) y China: juntos han planificado 37000 kilómetros de fibra submarina de internet que dan la vuelta a África (también con la participación de Francia con Orange) y un megacable submarino de internet que conecta a California con Hong Kong (Pacific Light Cable «Puso a punto el proyecto Alphabet, el holding que pertenece a Google junto a Facebook y a un socio chino, la Dr. Peng Telecom & Media Group».); este último cable ha sido suspendido por ahora por la misma sinofobia de Trump, que, repetimos, todavía no ha entendido que los verdaderos señores del mundo tienen planes bien diferentes del clásico y viejo imperialismo estadounidense. 

Trump se equivoca también cuando denuncia al 5Stelle cómo vendido a China. El 5Stelle es un órgano de los banqueros internacionales (Los Sassoon, aquellos de la guerra del opio, financiaron a Casaleggio) que sintetiza egregiamente el nuevo ordenamiento mundial, es decir, un sistema en manos de los banqueros/capitalismo estadounidense y del neoliberalismo que utiliza sistemas de control social chinos, efectivamente, mucho más eficaces que aquellos estadounidenses. China y su sistema solo han contribuido (directa o indirectamente) a acelerar el discurso «estadounidense»: control social de masa, la omnipresencia de la tecnociencia, la globalización de los monopolios, la lobotomización humana y el engaño global. 


Notas: 

(1) Es suficiente con echar una ojeada al Bloomberg Billionaires Index: en el podio de los que, respecto al año pasado, más ganan hay no uno, sino dos Bezos, Jeff y su (ex) mujer MacKenzie, que estando recientemente separada del fundador de Amazon, ha obtenido un paquete accionarial del 25%. Porque entre los efectos post-coronavirus también sucede esto: que algunos ricos se han hecho todavía más ricos. He aquí entonces del petróleo a la moda, del comercio electrónico a la ropa, que en estos momentos de emergencia sanitaria a nivel global, no sólo no están perdiendo, sino que están ganando mucho dinero.


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martes, 11 de agosto de 2020

Antonio Ríos Rojas: “El melancólico duda, y el ser que duda, piensa, y el que piensa se convierte en alguien peligroso”

 

La melancolía ha cautivado muchas mentes a lo largo de la historia, especialmente las de aquellos que se propusieron observar y conocer la naturaleza humana. Así, desde Aristóteles hasta Oscar Wilde, pasando por Guardini y Dante, la lista de pensadores que ha abordado esta cuestión es innumerable. En consecuencia, son innumerables también las interpretaciones de ella: en ocasiones se ha concebido como virtud, otras veces como condena y, en algunos casos, incluso como enfermedad. De entre todas estas lecturas, ¿cómo saber cuál es la más atinada? Esa es la pregunta a la que responde Antonio Ríos Rojas, prestigioso ensayista, profesor y articulista habitual de La Tribuna del País Vasco, en su nuevo ensayo La melancolía del cristianismo: ¿Una teología

heterodoxa?. “El cristianismo actual, imbuido del espíritu moderno, ha rechazado la melancolía, renunciando así a su propio ser. En su lugar ha entronizado una alegría infantil, una visión rosa bombón de la vida propia de ingenuos que no advierten una verdad esencial: que la felicidad que desean con ardor no la hallarán en este mundo”, explica Ríos Rojas. Entrevista exclusiva

¿Qué es para usted la melancolía: una virtud, un sentimiento, una enfermedad... un pecado?

La melancolía puede entenderse y se ha entendido de hecho por todo eso que usted menciona. Para muchos ha sido y es una virtud, una enfermedad, un pecado.... Rastreando el concepto por ciertas !losofías y escuelas de psicología, yo entiendo la melancolía, sobre todo, como un un estado intermedio entre la alegría y la tristeza, un “estado fronterizo” que diría Eugenio Trías. Eso la convierte para mí en algo más cercano a una virtud, porque esos estados intermedios o fronterizos, son los interesantes, donde se desarrollan las crisis y en ellas se dirime el crecimiento espiritual del hombre. Si se quiere, la melancolía vendría a ser un estado de templanza. En otras épocas más apocalípticas, podía rechazarse al hombre templado. Pero aquellas épocas no eran épocas nihilistas como lo es la nuestra. Eran épocas exaltadas de fe. Sacudirse el yugo del nihilismo requiere pensar, pararse, detenerse, dudar... volver a la melancolía. Por otra parte diría que la melancolía es algo que habita en todo hombre. No es solo un carácter, es un germen de la naturaleza humana, y un germen que nos hace crecer.

¿Todas las principales religiones se dedican a interpretar y a explicarse la melancolía del ser humano o... esto es algo especialmente característico del cristianismo?

Las religiones –incluido el cristianismo- no se dedican primariamente a interpretar o a explicar la melancolía. Ofrecen un sentido vital, una oferta de salvación. Sólo secundariamente se ocupan del carácter, y con ello de la melancolía. En general, un hombre religioso, al poner sus miras en otra vida, no puede estar completamente feliz en el mundo. Felicidad en el mundo solo lo promete el capitalismo y el comunismo, y fíjense que in!ernos nos han legado. Las religiones no operan así; apuntan a otro mundo, y esto (por muy ingenuo o irreal que parezca) acaba operando realistamente en esta vida, haciéndonos ver lo que la vida es. Solo conociendo lo que la vida es se puede crecer. Y las religiones nos ayudan a ello. No niego que las religiones nos ofrezcan por momentos estados de gran felicidad espiritual. En Santa Teresa, por ejemplo, esos estados eran intensos, pero escasos, y la llevaban a anhelar la muerte para estar eternamente con su Dios. Santa Teresa, que tanto censuró a la melancolía, fue, sin embargo, una gran melancólica, en el sentido de reconocer que vivimos en este estado fronterizo o intermedio.

¿La melancolía es la principal característica del alma humana?

Yo diría que es la más escondida, la que está más en la raíz, la más interior, por eso es la característica o el estado más trascendente del alma humana.

La progresiva disolución que usted apunta del cristianismo, ¿es la misma disolución que afecta a la civilización occidental?

Nuestro mundo occidental ha perdido el sentido de lo sagrado; no sentimos que Dios, lo sagrado o lo santo envuelve el mundo. El mundo envuelto por Dios tenía una visión más realista de la vida y del hombre –más allá de que existiera Dios o no-. Hoy, al mundo se lo quiere envolver de alegría, de desenfado multicolor, es decir, se le quiere extirpar una parte de la realidad que es el sufrimiento, el mal, el abatimiento, la duda...pero éstas llegan inevitablemente, y cuando llegan el hombre ya ha perdido la inmunidad para afrontarlas espiritualmente. Sloterdijk decía que las religiones son partes del sistema inmunológico del ser humano. Y el hombre occidental, en cuanto carente de religión, está perdiendo inmunidad física y espiritual al alejarse de la religión. La melancolía es

un estado que devuelve al hombre inmunidad y realismo, le hace ver que la vida no es rosa. El cristianismo como cruz y resurrección es eso mismo. El cristiano que vive eternamente amargado vive enfermizamente su fe, y el que la vive con euforia constante lo hace con una ingenuidad que es también enfermiza. La disolución de Occidente es la disolución del cristianismo, pero es antes la disolución del realismo, la disolución de la naturaleza y de la vida, que el cristianismo, por muy idealista que sea, jamás ha perdido de vista en su fondo.

¿Por qué a!rma usted que el cristianismo ha renunciado a la melancolía?

Ha renunciado parcialmente a la melancolía, porque el cristianismo, en cierta medida, ha acogido a la melancolía. Ha renunciado a ella porque la ha identi!cado con el pecado de la acedia, que es una tristeza paralizadora. En este sentido renuncia a ella desde los orígenes del cristianismo. En los primeros años del cristianismo el creyente había de estar exultante de gozo, porque la segunda venida de Cristo era creída como inminente. Estos primeros cristianos se consideraban unos privilegiados por conocer esto y poder salvarse. Después, el cristianismo medieval condenó también la acedia como pecado. Hoy, siguiendo a la exultante alegría que debe tener el hombre consumista moderno, la melancolía está también expulsada. Esto es así porque el melancólico duda, y el que duda piensa, y el que piensa se convierte en alguien peligroso. El cristianismo ha renunciado a la melancolía porque la ha malentendido, y así me atrevo a decir que el cristianismo tampoco se entiende a sí mismo. Sin embargo, si bien el dogma cristiano, católico, ha rechazado la melancolía, hay un fondo, un inconsciente cristiano que la ha acogido con amor; así lo vemos en el arte cristiano. Escuche a Bach, a Palestrina, a Victoria; lea a Kempis y a tantos otros santos; contemple el arte pictórico cristiano y se dará cuenta de que el cristianismo ha acogido a la melancolía y la ha embellecido, por más que la dogmática nos quiera separar de la melancolía.

En su opinión, ¿qué pensadores han entendido mejor la relación entre la melancolía y el cristianismo?

Entre los antiguos, Tomás de Kempis. Entre los modernos, Romano Guardini. Hay que considerar que Ratzinger es discípulo de Guardini.

¿El Papa Benedicto XVI fue el pontí!ce de la melancolía mientras que el Papa Francisco es el Padre Santo de la alegría?

Benedicto XVI ha destacado en sus libros más que Francisco el carácter del “todavía no” del cristianismo. Es decir, que no estamos salvados, que la salvación hay que ganarla, y que la espera a que nos lleva ese “todavía no”, ha fortalecido más la paciencia, y con ella el pensamiento, la meditación, que necesitan de paciencia. Francisco, sin embargo, es mucho más ingenuo. Bajo mi modesto punto de vista, el papa actual resalta más la alegría, pero una alegría más infantil, menos honda, más super!cial, más sesentayochista, por eso a Pablo Iglesias, el Papa Francisco le resulta no solo simpático, sino interesante. A Francisco le es más fácil mantenerse porque tiene enemigos menos feroces que Benedicto XVI. Sus enemigos son los conservadores, sus amigos, la progresía alegre. A Benedicto XVI le pasaba lo contrario y por eso se cansó. Decidió jubilarse porque no vendía, no era un showman, era un intelectual que aburría a los mediocres, y los mediocres son legión. Pero déjeme hablar de Juan Pablo II, un papa cuya alegría no tapaba su melancolía, era un hombre profundamente solitario, una !gura trágica y por eso interesante. Era actor, hombre de show, pero actor trágico; era también irascible. Era un hombre íntegro que ofrecía vitalidad, tristeza, melancolía.

¿Qué le ha movido a escribir este libro?

Mire, yo no soy un hombre de fuerte fe religiosa pero, en el deseo de obtenerla, de ganarla, surgió en mí hace unos tres años una necesidad fuerte de estar en contacto constante con la religión católica, con sus ritos, su arte, su dogma. Eso es lo que antecede al libro. El aprecio por la melancolía y mi convicción de que el cristianismo es melancólico me movieron a escribir el libro. Yo no dejo de formar parte de este Occidente líquido y en decadencia, de escasa fe religiosa, pero combato ese mundo en el que estoy envuelto. Creo que la melancolía es un resquicio, una puerta entreabierta. No me ha preocupado al escribir este libro el ser ortodoxo ni heterodoxo, he procurado amar el cristianismo desde esa ventana abierta que es la melancolía. Tras escribir el libro amo más al cristianismo y, de algún modo, mi fe se ha fortalecido. Espero que pueda elevar a los lectores en la fe o en el anhelo de fe, de mirar y cuidar ese carácter melancólico que anida en todos, y que nos impulsa a ser menos soberbios, a dudar, a pasar por crisis, a elevarnos y crecer. Mire usted el célebre retrato de Durero. Allí se representa a la melancolía con alas, pero no echa a volar. Ya es algo, pues el hombre de hoy ya no sabe qué es un ser alado. Hay que mostrar las alas y el ansia del vuelo antes de nada.

Vivimos en el nihilismo, respiramos en él, y no se puede salir de esta atmósfera disparados con un cañón de alegría, por más que eso se predique en las iglesias. Salir del nihilismo requiere paciencia de artesano. El hombre está perdiendo la capacidad de bucear dentro de sí y de elevarse más allá de sí. Para restaurar esas capacidades espirituales hay que buscar un mar en calma, un estado intermedio desde el que meditar y crecer, ese mar en calma es el estado melancólico que todos llevamos dentro.

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sábado, 8 de agosto de 2020

¿Voluntarias para concubinas del califa?

 

"El Día de la Toma inauguró el fin de un renacimiento andaluz que fue un esplendor de ciencias, artes, de culturas; y que inauguró, recuperó y volvió a instaurar en Andalucía la Edad Media más oscura"

Éste es el tipo de conocimiento sobre la historia de España y del islam que se consigue con las novelas de Antonio Gala y sus discípulos: moros buenos y sexualmente satisfactorios frente a cristianos malos y sucios.

¿Cómo se puede hablar del ‘esplendor de al-Andalus’ olvidando que la Córdoba de los Omeya era el mayor centro de tráfico de esclavos del Mediterráneo occidental? Muchos de esos esclavos eran cristianos españoles capturados en las 52 expediciones de Almanzor.

De ninguna manera se puede afirmar que hubo convivencia de las tres religiones monoteístas. Los musulmanes (bereberes, sirios, yemeníes…) persiguieron a los cristianos mozárabes, los originales pobladores de al-Andalus, hasta su exterminio y su expulsión. El primer Omeya, Abd-al-Rahmán I, se apoderó de la basílica de San Vicente en Córdoba para construir en ella la mezquita aljama. El 30 de diciembre de 1066, los musulmanes de Granada, soliviantados por el cadí Abu Isaac de Elvira durante una revuelta contra el visir, el judío Yusuf ibn Nagrela, cometieron un pogromo en el que fueron asesinados en un solo día otros 4.000 judíos. A semejante individuo se le honra con una calle en el Barrio de Fígares.

Tanto los judíos como los cristianos sufrieron nuevas persecuciones con la llegada de los almorávides y los almohades. La invasión almohade acabó de desbandar a las comunidades cristianas y judías, que huyeron a los ‘oscuros’ y ‘opresivos’ reinos cristianos o incluso más lejos. El filósofo judío Maimónides y su familia fingieron su conversión al islam en 1148 y luego marcharon a Egipto. A pesar de lo que ha escrito la ideóloga multiculturalista Karen Armstrong, sorprendente premio Princesa de Asturias, cuando los Reyes Católicos entraron en Granada, no repicaron las campanas de las iglesias, ¡porque no las había!

Esclavas sexuales adiestradas en academias

La historia de al-Andalus consiste en un estado de conflicto permanente: de opresión de los musulmanes sobre los cristianos y los judíos, que en ocasiones se rebelaban, y de división de los musulmanes entre sí por motivos étnicos o religiosos. En este mundo violento, ¿cuál era la posición de las mujeres?

Hay que tener en cuenta varios factores: el Corán establece su supeditación al hombre; el carácter tribal, con predominio patrilineal; y la pronta importancia adquirida por la esclavitud, debido a la expansión guerrera. Así, los clanes árabes eran reacios a casar a sus mujeres fuera de ellos y, además, optaban por encerrarlas, sobre todo a medida que su civilización se urbaniza.

En consecuencia, a las mujeres se les va colocando en una situación legal de inferioridad: las hijas heredan la mitad que los hijos, el testimonio de una mujer en un juicio vale la mitad que el de un varón musulmán y lo mismo que el de un cristiano o un judío.

Limitadas las mujeres legales a la procreación, la honra del clan y la educación de los hijos, ¿cuáles son las mujeres que marcan el tono social y son admiradas por los hombres? Las que no tienen honor que proteger; es decir, las esclavas, pero no cualquier tipo de concubina, sino una refinada (yawari). Ese refinamiento lo adquirían en academias en al-Andalus o el Magreb a donde se les llevaba después de haber sido capturadas en aceifas y piraterías, entregadas como tributo o compradas en Europa. Una vez aprobado el adiestramiento, se las enviaba a los harenes.

Las más hermosas y cultas podían convertirse en personalidades en Córdoba, Bagdad, Damasco o El Cairo. Pero siempre eran esclavas y podían ser compradas y vendidas. Si parían a un niño, recibían el título de umm walad (madre de un varón) y alcanzaban la libertad a la muerte de sus amos; otras eran emancipadas.

En algunas cortes europeas las amantes reales llegaron a tener un gran poder, pero eran siempre mujeres libres, en muchas ocasiones con un título nobiliario y dueñas de un gran patrimonio.

En la fabulosa Medina Azahara, Abd-al-Rahmán III mantenía su harén de miles de mujeres, condenadas a dar placer al califa y a vivir encerradas. Las esclavas competían por el favor del califa hasta pelearse entre ellas y comprarse el turno para yacer en la cama de Abd-al-Rahmán.

En cambio, las mujeres mozárabes podían, por ejemplo, ir solas o en grupo a misa, lo que excitaba los celos de los varones musulmanes, que acusaban a los clérigos de seducirlas y violarlas. Dos de ellas que participaron el movimiento martirial voluntario de Córdoba del siglo IX, Natalia y Liliosa, revelaron su condición de conversas del islam al cristianismo cuando fueron a la iglesia con el rostro destapado. ¿Con cuáles de estas mujeres andalusíes se identifica su señoría Teresa Rodríguez?

Igualdad para heredar en la España goda

En contraste con al-Andalus, en España y el resto de la Europa cristiana la unión de la herencia romana, las costumbres germanas y la teología cristiana, que convierte a una joven en Madre de Dios, hacen que las mujeres vayan ganando derechos: heredan en igualdad que los hombres (principio que ya aparece en el Liber Iudiciorum, promulgado por el rey godo Recesvinto hacia 654); pueden gobernar sus casas, sus campos, sus conventos y sus negocios; son tutoras de sus hijos menores, incluso cuando éstos son herederos de reinos; etc. Mientras la base de estructura social en el islam es el clan, en el cristianismo lo es el matrimonio monógamo.

El documento más antiguo que se guarda en el Archivo Histórico Nacional español es un escrito por el que una mujer llamada Nunila vendió a su hermana una viña en el año 857 en Piasca, municipio de Cabezón de Liébana. Es decir, en el siglo IX en el reino de Asturias las mujeres españolas gozaban de capacidad jurídica plena.

El Código de Huesca (mediados del siglo XIII) estableció que la mujer acusada de adulterio se justificaría sólo ante su marido y no ante el concejo en pleno, lo que constituye un precedente del tratamiento de esta conducta no como delito público, sino como asunto privado; y de este código se trasladó a los fueros aragoneses.

La primera reina española que gobierna como propietaria y no como consorte es Urraca I de León (1109-1126). Además, Castilla fue el primer reino europeo en que se sucedieron dos reinas, Isabel I y Juana I.

El Renacimiento en Granada

Granada debe a los Reyes Católicos la existencia misma del Ayuntamiento. En al-Andalus no había ayuntamientos separados de la voluntad del soberano, fuese califa o emir. Con Isabel y Fernando penetró el renacimiento en Granada (y también la liberación de los cientos de esclavos cristianos). Primero, la civilización cristiana y la música de las campanas; luego, la arquitectura y el conocimiento. Ellos y su nieto Carlos I fundaron la catedral y su cabildo, el ayuntamiento y la universidad.

Después de casarse con Isabel de Avis en los Alcázares Reales de Sevilla en 1526, Carlos y su esposa viajaron a Granada. Tanto les gustó la Alhambra que el emperador ordenó la construcción de un palacio en el mismo lugar al arquitecto toledano Pedro Machuca, que lo hizo en el estilo vigente entonces en Italia.

Gracias a la Isabel la Católica, que apoyó y financió el viaje de Cristóbal Colón mientras las tropas castellanas acampaban en torno a Granada, Sevilla se convirtió poco después en el puerto más importante del Atlántico. Entre los muchos méritos de la reina castellana descolla la prohibición de la esclavitud de sus nuevos súbditos de las Indias, tal como comprobó Colón.

El nuevo Gobierno andaluz se ha comprometido a la derogación de la ley de ‘memoria democrática’. Ojalá se atreviera a la eliminación del currículum escolar y de los medios de comunicación públicos de la imagen falsa de al-Andalus que ha impuesto la izquierda en las últimas décadas, su peculiar ‘hecho diferencial’.

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La España que sueñan Sánchez e Iglesias tiene el alma totalitaria y es incompatible con Europa

 

Un día como hoy, 18 de julio, hace 84 años, España inició una guerra que derrotó al comunismo y abrió una herida humillante en el costado del monstruo totalitario, que nunca llegó a cicatrizar. Hoy, casi un siglo después, ese mismo comunismo, aparentemente derrotado, totalitario, esclavizador y asesino, ha asumido el compromiso de conquistar España de nuevo y ahora se siente muy cerca de la victoria. 

España ya es un país totalitario, aunque las instituciones democráticas todavía no hayan sido asesinadas y los golpistas todavía no hayan podido culminar su "golpe de Estado". Esa España nueva, en construcción, es incompatible con la Europa del presente y contraria al espíritu de respeto al ciudadano, a las leyes y a las libertades y derechos que inspiraron la creación de la Unión Europea y la misma democracia. 

El gobierno español ya es totalitario, aunque no lo reconozca y aunque no haya culminado todavía su asalto al Estado de Derecho. Lo es porque el totalitarismo es la filosofía común del aquelarre que integra el poder: el nuevo PSOE sanchista, Unidas Podemos, el mundo pro terrorista y los nacionalismos hijos del odio y la revancha. 

Sólo les falta avanzar por la trazada hoja de ruta, que consiste en someter todavía más la Justicia independiente, ilegalizar a los partidos que representen una amenaza (en el caso de España, sólo VOX), aplastar la independencia de la sociedad civil, hacer la vida imposible al espíritu emprendedor y la libre empresa, neutralizar las Fuerzas Armadas controlando la inteligencia militar y los mandos de las unidades, domesticar a la policía y a los medios de prensa, cambiar algunas leyes que estorban al poder único, eliminar los límites y controles al poder político, olvidarse de la democracia y someter con dureza a los ciudadanos. 


Esa hoja de ruta ya está diseñada y muchos con enorme fuerza e influencia en España la consideran imprescindible para controlar el poder. El plan, que no deja de ser brillante, es cambiar España con el aplauso del pueblo, al que se habrá controlado y sometido mediante la propaganda y leyes populistas que les lleven a valorar y defender al gobierno. La aprobación de la renta universal básica junto con otras leyes y con el apoyo de una propaganda brutal, iba a ser el gran golpe que les aportaría los votos necesarios para ganar siempre las elecciones y cambiar desde dentro el país y su funcionamiento. 

Todo estaba previsto, pero la llegada del coronavirus y de la enorme crisis económica ha dificultado el proceso de conquista del Estado, que ahora avanza con mayores dificultados porque el gobierno, además de beneficiarse de sus medidas populistas, no tiene dinero para financiar su asalto al poder y ha adquirido la imagen de ineficaz, torpe y responsable de miles de muertes por su mala gestión y negligencia. 

Lo que está previsto en la estrategia del poder es que cuando las legiones de vagos y maleantes de España, cuidadosamente formados en las escuelas e institutos desde hace décadas, con ayuda de la poderosa televisión sometida al poder de las izquierdas, junto con los que sienten miedo a la competencia reciban su paga mensual sin trabajar, aunque sea una paga de subsistencia, el gobierno será invencible y podrá ganar unas elecciones tras otras. De ese modo, se habrá asesinado la democracia con el apoyo de los votantes y sin disparar un solo tiro. 

España está cerca ya de ser un Estado totalitario. Lo previsto, basado en experiencias como las de Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y otros países conquistados por el comunismo moderno, es que el partido, como maquinaria de poder, será el verdadero Estado, tras habérselo arrebatado al pueblo. Ese Estado-partido debe asumir todos los recursos y colocar a los suyos, como forma de asegurarse que todo funciona según sus deseos y como forma de pagar lealtades. Por eso nada puede quedar fuera del partido, sobre todo las noticias y la opinión. 

Por eso los controles que Europa quiere imponer a la ayuda financiera que España necesita para rehacer su economía son rechazados con furia y tesón por Pedro Sánchez, que no quiere interferencia alguna en su ruta hacia el poder completo. 

¿Que se pierde prestigio internacional? ¿Que se pierde dinero? No importa porque lo importante son los objetivos del partido, los del nuevo Dios. 

La descrita no es la ideología y la estrategia de Pablo Iglesias y de su partido, sino la estrategia común que comparte con el verdadero animador de la ruta hacia el totalitarismo, que es Pedro Sánchez, secundado por el nuevo PSOE domesticado y alejado de la democracia. 

Desde que se fraguó la alianza entre el PSOE y Podemos nada se ha improvisado y todo responde a una estrategia común pactada, que cuenta con las bendiciones del bloque comunista resucitado y de los paladines del Nuevo Orden Mundial. 

Muchos españoles no se creen que esta rueda siniestra esté en marcha y que la meta sea el Estado totalitario, pero ocurrió lo mismo en Venezuela y en otros países que pasaron rápidamente desde la libertad a la tiranía. La maquinaria del poder siguió rodando hasta que ya no fue posible detenerla, ante la perplejidad estúpida y cobarde los que incumplieron con su deber de detener ese crimen contra la libertad y la decencia. 

España ha sido la gran conquista soñada por el comunismo, que en el territorio español sufrió su derrota más sonada y dura, iniciada un día como hoy de 1936, una herida nunca cerrada ni olvidada. 

España, para los estrategas del neocomunismo es el país ideal para expandir por todo el mundo su éxito y conquista. Conquistar para "la causa" un país estratégicamente situado en el mundo, puente entre tres continentes (Europa, África y América), con un pasado histórico y cultural fascinante, abierto y acogedor, que recibe casi cien millones de turistas cada año y cuya cultura, gastronomía y clima fascinan a millones de habitantes de la Tierra es considerado como el paso clave hacia la victoria final. 

Francisco Rubiales 

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki siguen explotando

 

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki siguen explotando y la víctima eres tú.

Han pasado ya 75 años y algunos no olvidamos. La reciente explosión en el puerto de Beirut (Líbano) si bien ha causado muchas menos víctimas que aquellas bombas atómicas lanzadas por los EEUU sobre la población civil del Japón, pero la imagen del gigantesco hongo de fuego y humo sí que le ha recordado a casi todo el mundo a las explosiones genocidas del 6 y 7 de agosto de 1945.

La falsificación de la historia

Aquellas bombas atómicas no se tiraron sobre objetivos militares.
Las bombas no evitaron la muerte de soldados aliados.
Las bombas no pusieron fin a la II Guerra mundial, ni se tiraron para derrotar a Japón.

«La omisión, es la mentira más poderosa», dejó escrito George Orwell.

La omisión de hechos fundamentales es una parte de la falsificación sistemática de la historia, que es un elemento esencial de la propaganda del sistema.
La falsificación de la historia de la segunda guerra mundial por los historiadores occidentales, llega a su cumbre con la versión oficial de los bombardeos atómicos de Japón.

Así que engañados por una enseñanza falsificada, reforzada regularmente por reportajes en los medios de desinformación, todo el mundo cree que las bombas arrojadas sobre objetivos militares de Hiroshima y Nagasaki pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial, evitando más víctimas civiles y militares: MENTIRA

Si Hiroshima albergaba «una importante base militar» como dijo el presidente Rooswelt, y como repiten muchos libros de “historia”: «Hiroshima era un importante enclave militar, albergaba depósitos de armamento y una planta de investigación del ultrasecreto caza a reacción japonés».

¿ Cómo es que sus habitantes declararon que no se asustaron cuando oyeron el ruido del enola gay que llegaba con el regalito, ni de los otros 2 aviones «ya que los aviones siempre pasaban de largo»?.

¿ Por qué no se había bombardeado antes Hiroshima, cuando la fuerza aérea norteamericana se había hartado de bombardear todos los objetivos militares y las ciudades japonesas?.

En junio de 1945, el General Curtis LeMay, a cargo de los ataques aéreos a Japón, se quejaba de que después de meses de los bombardeos con napalm no había ya nada en las ciudades japonesas más que blancos de chatarra y basura. En julio, los aviones de Estados Unidos podían volar sobre Japón sin encontrar resistencia y bombardear tanto como quisieron ya que Japón no podía defenderse.

De hecho los bombardeos de alfombra habían arrasado no solo las 5 ciudades más importantes, si no también otras 67 ciudades ( 23 ciudades de entre 100.000 y 400.000 habitantes y otras 41 ciudades de unos 100.000 habitantes. ) destruyendo casi toda la capacidad industrial japonesa como la propia revista La aventura de la Historia reconoce.
Incluso se había bombardeado antes la ciudad de Iwakuni situada solamente a 8 km de Hiroshima como mencionan otras revistas de presunta investigación histórica sin incluir lamentablemente ni un solo comentario crítico sobre la versión oficial de los hechos.

La orden número 13 dada el 2 de agosto por mandos estadounidenses decía:
«Fecha del ataque: 6 de agosto. Objetivo del ataque: la parte histórica y la zona industrial de la ciudad de Hiroshima. Segundo objetivo de reserva: los arsenales y la parte céntrica de la ciudad de Kokura. Tercer objetivo de reserva: la parte céntrica de la ciudad de Nagasaki».

Leyendo las ingenuas declaraciones de los pilotos norteamericanos que tiraron las bombas se puede encontrar que las dianas eran los propios centros de las ciudades y que en el caso de Nagasaki las ordenes ni siquiera se molestaban en mencionar otro objetivo.

Nagasaki no era el segundo objetivo pero una espesa capada nubes cubría el que sí lo era: Kokura. Incluso en Nagasaki según declaraciones del copiloto estuvieron a punto de no poder tirar la bomba hasta que encontraron un agujero en las nubes. Por eso la bomba afortunadamente cayó tras las colinas que dividen a la ciudad y no en el área más poblada siendo el número de víctimas inmediatas mucho menor que en Hiroshima.

Las bombas evitaron la muertes de soldados aliados: MENTIRA.

Las estimaciones de víctimas americanas que hipotéticamente se evitarían al tirar las bombas atómicas han sufrido un ajetreo considerable

El 18 de junio en una reunión de los jefes militares americanos se concluye que las pérdidas estimadas, tras un desembarco en Japón, no superarían a los 50.000 hombres.

Según el estado mayor USA eran de entre 20.000 y 46.000 en junio-julio de 1945. Truman hablaba usualmente de 250.000.
Pero esa cifra fue engordando a medida que pasaba el tiempo en 1955 el mismo Truman ya daba una cifra de medio millón de Norteamericanos salvados. Winston Churchill se pasó todavía más y habló de que las bombas habían salvado a millón y medio de aliados.

Pierre Pierart (profesor honorario de Biolo- gía y especialista en ecología de la Universidad de Mons, Bélgica, vicepresidente de la asocia- ción de médicos contra la guerra nuclear), concluye al respecto:
«Contrariamente a lo que se dice en los manuales de historia y en los medios, Hiroshima y Nagasaki no habrían ahorrado más que 25 a 50.000 muertos de soldados americanos según los informes más serios de diferentes consejeros militares norteamericanos”.

Las bombas pusieron fin a la IIª Guerra Mundial: MENTIRA.

La capacidad militar de Japón había sido totalmente destruida y el gobierno japonés había enviado comunicados y personas para negociar la paz con los Estados Unidos; negociadores que Washington ignoró completamente.

Históricamente los archivos nacionales en Washington contienen documentos del gobierno de EEUU que contienen pruebas de la intención japonesa de acordar la paz desde una fecha tan temprana como 1943.

Un cable del 5 de mayo de 1945, enviado a Berlín por el embajador alemán en Tokio, decía que oficiales de la marina japonesa reconocían que la situación claramente era desesperada y que las fuerzas armadas japonesas aceptarían la capitulación incluso si los términos eran duros. El cable fue interceptado y descifrado por los Estados Unidos. Ese mes, el secretario de la guerra L. Stimson rechazó tres recomendaciones de alto nivel dentro de la administración para activar negociaciones de paz. Las ofertas proponían informar a Japón que los Estados Unidos estaban dispuestos a considerar el mantenimiento del sistema imperial, (como de hecho así se hizo ) y no insistir sobre la rendición incondicional.

El general Mac Arthur advirtió a los EEUU que: «los japoneses están agotados, que el emperador del Japón quiere firmar un armisticio y que el golpe de gracia podría darse en un plazo de semanas mediante armas convencionales».

Truman reconoció en una reunión tres días antes de que la bomba fuera lanzada sobre Hiroshima que «Japón estaba buscando la paz».

Pero a pesar de todo las bombas se tiraron. Y no solo una lo que evidentemente habría bastado para el propósito oficialmente admitido de acabar la guerra, sino que se tiraron dos. Además se hizo con un intervalo de 2 días solo lo que dejaba poco tiempo para que se examinasen sus resultados. De hecho la segunda bomba arrasó Nagasaki poco después de que los Japoneses se rindiesen.

Pero, si no hacia falta tirar las bomba a para acabar la guerra, ¿cuál era el objetivo?

No es difícil de comprender. Había un motivo claro que justifica este comportamiento criminal, innecesario, para ganar una guerra que ya estaba ganada.

Amenazar a Rusia, que entonces era un país «aliado» y al mundo entero.

a URSS declaró la guerra a Japón el 8 de agosto y atacó el 10 de agosto, al día siguiente de la tragedia de Nagasaki. No lo hizo en relación con los bombardeos atómicos si no según lo acordado con sus aliados Británicos y Estadounidenses en la conferencia de Yalta: entraría en la guerra tres meses después de la capitulación de Alemania.

No es solo la opinión de los historiadores rusos, muchos historiadores, científicos y militares occidentales han dicho lo mismo.

El científico inglés Blackett por ejemplo afirmó de que los bombardeos atómicos «en el último lugar eran un acto apuntado contra Rusia».

Después de Nagasaki, Stimson secretario de defensa escribió: «en el departamento del estado se desarrolló un tendencia a pensar en la bomba como arma diplomática”.

Churchill, que conocía el proyecto antes de Truman, había aplaudido y había entendido su uso, dijo : «Ahora tenemos algo en nuestras manos que reenderezará el equilibrio con los rusos”.

Selden, un historiador de la universidad de Cornell en York nueva, con Peter Kuznick, director de los estudios nucleares del instituto en la universidad americana en Washington, estudiaron los archivos diplomáticos de los E.E.U.U., de Japón y de la URSS, y encontraron que «tres días antes de Hiroshima, Truman admitío en una reunión que «Japón buscaba paz». Sus generales mayores y consejeros políticos le dijeron que no había necesidad de utilizar la bomba. Pero las bombas se tiraron de todos modos. El impresionar a Rusia era más importante que terminar la guerra».

Los E.E.U.U. en su última revisión de su estrategia nuclear siguen burlándose de las leyes internacionales, proponen el uso de armas nucleares incluso contra estados que no las posean, rechazan la prohibición internacional de ser los primeros en usar armas nucleares en un conflicto y están desarrollando una nueva generación de las armas nucleares que tienen grandes posibilidades de ser usadas en próximos conflictos, atentados o ataques de falsa bandera disfrazados de accidentes…

Fuente

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