martes, 13 de julio de 2021

13 de julio 1936: ASÍ VIVIÓ LORCA LA MUERTE DE CALVO SOTELO: “esto es la guerra… nos tenemos que marchar”.

 

Serán los Dioses, será el destino o será el “sino” del cordobés Séneca… pero lo curioso, lo trágico es que la muerte de Calvo Sotelo fue causa impredecible de la muerte de Federico García Lorca. Porque si aquella mañana del 13 de julio no se hubiese producido la noticia del asesinato seguramente Federico no se abría movido de Madrid y en consecuencia no habría tenido el fin que tuvo. 

Reproduzco lo que escribí sobre ese día y Federico de mi obra “El Viacrucis de los escritores españoles”:

A su vuelta, en 1934, vivió los dos años más intensos y fructíferos de su vida. Escribió “Yerma”, “Doña Rosita la soltera”, “La casa de Bernarda Alba” y “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”. La noche del estreno de “Yerma” (29-12-1934) Lorca subió a la cúspide de la gloria, entre aplausos y vítores, porque además la estrella Margarita Xirgú bordó el papel de la protagonista. Por cierto, que aquel éxito lo celebró también con su buen amigo José (que no era otro que José Antonio Primo de Rivera) “José es un buen chico – les diría a otros amigos que le criticaban la amistad con el ya fundador de la Falange – ¿Sabéis que todos los viernes como con él? Solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me conviene que me vean con él”.

Sin embargo, con el triunfo del “Frente Popular”, en febrero del 36, le llegó la vorágine, aquella vorágine que acabaría en la Guerra Civil. Todo le alcanzó el 5 de julio, el día que cumplió los 38 años, porque aquella noche, mientras los hunos y los hotros se mataban en las calles de Madrid, conoció a un joven de Albacete del que se enamoró locamente nada más conocerle. Se llamaba Juan Ramírez de Lucas, era rubio y guapo y sólo tenía 19 años (justo la mitad que él)… y desde ese momento “el rubio de Albacete” entró en su alma e inundó su corazón. También aquella noche le pasó algo que no esperaba y que pudo ser su final, pues cuando fue a entrar en su casa (calle Alcalá, en el cruce con la de Goya) unos pistoleros, no se sabe si “rojos” o “azules”, le dispararon a quemarropa y huyeron dándole por muerto. Afortunadamente en aquella ocasión se salvó.

  • Federico, – le dijo a la mañana siguiente el Embajador de México, un buen amigo, que fue a verle nada más enterarse del atentado – tienes que irte de Madrid. España es un polvorín y sólo falta la mecha que encienda el fuego. Creo que tu vida corre peligro.
  • No te preocupes, Embajador, no pasará nada, al final llegará el 7º de Caballería y aquí paz y después gloria.
  • No lo veo yo así, porque eres una pieza demasiado golosa. Yo te invito a México. Podíamos organizarte, de momento, un ciclo de conferencias… al menos hasta que pase lo que aquí, desgraciadamente, va a pasar.
  • Bueno, amigo mío, lo pensaré.

Y en esas estaba cuando la mañana del 13 de julio le despertó su secretario particular para darle la noticia de la muerte de Calvo Sotelo. ¡Dios, y eso sí que le conmovió y le asustó!...

  • ¡Es la Guerra! – se dijo a sí mismo.

Así que en cuanto desayunó se fue a ver a su novio, “el rubio de Albacete”, al “Comercial”, donde habían quedado

  • Juanito ¿sabes ya lo de Calvo Sotelo? – le dijo a su “rubio” en cuanto se sentó a su lado.
  • Si, Amor, lo sé.
  • ¡Es la Guerra!... Nos tenemos que marchar de Madrid y de España.
  • ¿Qué dices? ¿Tan mal lo ves?
  • ¡Muy mal! ¡esto está a punto de estallar!
  • “Fede”, ¿Y dónde nos vamos a marchar?
  • A México. El Embajador me ha ofrecido que me vaya a su país para dar un ciclo de conferencias, hasta que pase la tormenta.
  • Pero, Federico, tu sabes que yo soy menor de edad y que sin la autorización de mis padres yo no puedo salir de España.
  • Vaya, eso es verdad. Pues eso quiere decir que hoy mismo te tienes que ir a Albacete para que tu padre te dé la autorización.
  • ¿Y tú?, no quiero separarme de ti.
  • No te preocupes por mí, yo me marcho a Granada para despedirme de mis padres y la familia… y en cuanto me avises nos vamos.

Y así lo hicieron. A las 5 de la tarde ya estaban en Atocha y uno cogió un tren para Albacete y otro para Granada. No sabían ellos que sería la última vez que se vieran.

Porque las cosas no rodaron tan fáciles como  había previsto Federico, ya que el padre de Juan Ramírez no sólo se negó a darle la autorización para salir al extranjero, sino que hasta le prohibió salir de Albacete. Tampoco le fue bien a Federico, ya que cuando llegó vio que Granada estaba igualmente al borde del incendio. De momento se encerró en la Huerta de San Vicente, la casa de la familia, a ver qué pasaba. Pero pocos días después, el día 20, la Guarnición Militar se sublevó y rápidamente se apoderaron de la ciudad. El cuñado de Federico, que era en ese momento el alcalde, fue detenido en su despacho y poco después fusilado. Uno de aquellos días, al ser preguntado por un periodista sobre su ideología política respondió: “Yo me siento a la vez, católico, comunista, libertario, falangista, anarquista, tradicionalista, monárquico, republicano… pero por encima de todo me siento español… y ciudadano del mundo”.

Sin embargo, las cosas fueron a peor, ya que las Derechas habían comenzado una implacable persecución contra todos los que no fuesen adictos al Alzamiento o fuesen rojos. En ese ambiente de peligro Federico y los suyos consideraron que el mejor sitio donde podía refugiarse era en la casa de los Rosales, dado que dos hermanos de su amigo Luis eran destacados falangistas de Granada y allí permaneció hasta que el 16 de agosto se presentó la Guardia Civil y lo detuvo, a pesar de la numerosas gestiones que hicieron los Rosales a su favor. De momento fue trasladado al Gobierno Civil, pero el Gobernador, José Valdés Guzmán, autorizó a un grupo de radicales nacionales, entre ellos el ex diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso para que se lo llevaran a Viznar en el término de Alfacar y en el camino, en la madrugada del 19 de agosto, fue vilmente asesinado a tiros por la espalda.

No, tampoco Federico, Federico García Lorca, pudo quedarse en España ni marcharse al exilio.

¡No!

¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,

que no quiero ver la sangre

de Ignacio sobre la arena.

¡Que no quiero verla!

La luna de par en par.

Caballo de nubes quietas,

y la plaza gris del sueño

con sauces en las barreras.

¡Que no quiero verla!


Fuente

Los llamados “neonazis” no son Nacionalsocialistas

 

Lo que hoy se conoce como “neonazi” se llamaba correctamente “asocial” en la década de 1930. Y es, con mucho, el nombre más apropiado, porque pensemos en lo que realmente es un “neonazi”: 

Contiene los dos adjetivos “nacional” y “socialista”. Alguien que es “nacional” está lógicamente interesado en su país y en su cultura. Les podemos asegurar que el “neonazi” nunca ha leído nada de Goethe, Schiller o Kant en toda su vida. Pero estamos seguro de que esta persona nunca ha escrito sus propios pensamientos, porque si está expuesto a un ruido estúpido a todo volumen las 24 horas del día, los 7 días de la semana, no puede pensar con sensatez. Así que ya nos hemos encontrado con la primera paradoja.

La segunda cualidad de un “neonazi” es ser “socialista” que proviene de “social”. Alguien que es social se reconoce a sí mismo como parte de una sociedad / comunidad y ha entendido que el bien común es igual al interés propio. ¿Dejaría un socialista a sus perros defecar en la vía pública? ¿Un socialista arrojaría botellas de cerveza a la acera? ¿Un socialista molestaría por las noches a sus vecinos (que todavía tienen trabajo y lo mantienen), con su molesta música? No claro que no. 

Llegamos ahora a la segunda paradoja: nuestro “neonazi” es un “antisocialista”. Todo está al revés. Los llamados “neonazis” no son nacionales ni sociales. Son simplemente antisociales violentos, xenófobos, que de alguna manera tienen que hacer frente a su frustración diaria. ¡Como si fuera un logro especial! A algunos les sorprenderá saber que el verdadero nacionalsocialista nunca fue xenófobo. Toda la tontería de “hombre ario” y “sub-hombre” no es, en su mayor parte, más que propaganda de guerra de los aliados.

Como prueba, algunas citas de “mochila” del Alto Mando de la Wehrmacht de 1940/1941:

“Debes aplicarte a ti mismo en un país extranjero el mismo estándar con el que quieres ser medido en casa, no debes quitar nada de ti mismo en el extranjero que te niegues a hacer en casa bajo el escrutinio de tus conciudadano”.

“No debes buscar el tuyo propio en un país extranjero, debes obtener una imagen justa de las otras personas, del otro país”.

“Uno no es digno de su país de origen si habla demasiado alto y provocando una pelea, debe tratar de demostrar lo que es o comportándose orgulloso de su patria, incluso desafiante, pero actuando como un miembro de un gran pueblo”.

“Si te portas mal como soldado en un país extranjero, la vergüenza recaerá no solo sobre tu gente, sino también sobre sus fuerzas armadas. No creas que eres tan pequeño y que la Wehrmacht es tan grande que no depende solo de tu comportamiento. No creas que el mal comportamiento de un individuo no puede jugar un papel dentro de un marco tan amplio”.

“¿Qué derecho quieres reclamar cuando te dejas llevar? ¿Cómo quieres hacer un juicio claro, cómo quieres mantener su comportamiento cuando pierdes el control sobre sí mismo mientras bebes? A muchos de ustedes se les ha dado la oportunidad en esta guerra de asumir más responsabilidades de las que hubieran tenido en una vida pacífica. Tendrán que demostrar que son dignos de esta responsabilidad. Sabemos que eres valiente en la batalla. Esperamos, por el bien del futuro de nuestra gente, que todos puedan aprender a ser valientes, disciplinados y moderados cuando no están en su patria”

El primer ministro de Israel, Menachem Begin, en un discurso ante la Knesset. Amnon Kapeliouk: Begin and the Beasts , New Statesman, 25 de junio de 1982:

«Nuestra raza es la raza superior. Somos dioses santos en este planeta. Estamos tan lejos de las razas inferiores como ellas de los insectos. (…) Otras razas las consideramos excrementos humanos. Nuestro destino es tomar el control de las razas inferiores. Nuestro reino terrenal será gobernado por nuestros líderes con vara de hierro. ¡Las masas nos lamerán los pies y nos servirán como esclavos! “

Adolf Hitler, el nacionalsocialista, ¿qué tipo de orden emitió con respecto al comportamiento de los soldados después de que se ganó la campaña contra Francia? ¿Quizás que los franceses eran “subhumanos”, que los alemanes “dominarian a los humanos” Léalo usted mismo:

“Después de que la campaña en Francia haya concluido victoriosamente, espero que la Wehrmacht lleve a cabo su tarea como ocupación con el mismo espíritu impecable.

Ordeno a todos los miembros de la Wehrmacht que muestren moderación al tratar con la población de las áreas enemigas ocupadas, como corresponde a un soldado alemán. El consumo excesivo de alcohol es indigno de un soldado y no pocas veces es la causa de graves excesos o actos de violencia. La embriaguez no es motivo para mitigar la pena. Espero que los miembros de la Wehrmacht que se dejen llevar a cometer actos delictivos como resultado del abuso de alcohol, también contra la población, sean responsables de sus actos porque serán castigados severamente, incluso con la pena de muerte en los casos de suma gravedad.

Hago que sea un deber oficial de todos los superiores mantener el alto nivel de disciplina masculina alemana mediante el ejemplo y la instrucción “.


Las órdenes que Adolf Hitler dio a sus soldados no concuerdan con lo que se dice hoy sobre la Wehrmacht. Como prueba más, los “10 mandamientos de guerra del soldado alemán”:

1/ El soldado alemán lucha como un caballero por la victoria de su pueblo. La crueldad y la destrucción inútil son indignas de él.

2/ El combatiente debe estar en uniforme o estar provisto de una insignia que se haya introducido especialmente y que sea ampliamente visible. Está prohibido pelear con ropa de civil sin dicha insignia.

3/ Ningún enemigo que se rinda puede morir, ni siquiera los alborotadores y los espías. Los ladrones recibirán su justo castigo de los tribunales.

4/ Los prisioneros de guerra no deben ser maltratados ni humillados. Se les sustraerán las armas, los planos y los registros. No se puede quitar nada más de sus pertenencias.

5/ Están prohibidas las balas dum-dum. Las reglamentarias tampoco se pueden convertir en tales.

6/ La Cruz Roja es inviolable. Los enemigos heridos deben ser tratados con humanidad. El personal médico y los capellanes de campo no pueden verse obstaculizados en sus actividades médicas o pastorales.

7/ La población civil es inviolable. El soldado no puede saquear ni destruir deliberadamente. Se debe prestar especial atención a los monumentos y edificios históricos utilizados para el culto, el arte, la ciencia o la caridad. Los bienes y servicios naturales de la población sólo pueden utilizarse por orden de superiores a cambio de una compensación.

8/ Las áreas neutrales no pueden ser incluidas en los actos de guerra ni entrando o volando sobre ellas ni disparándoles.

9/ Si un soldado alemán es hecho prisionero, debe dar su nombre y rango cuando se le solicite. En ningún caso podrá declarar sobre la pertenencia a su unidad o sobre las condiciones militares, políticas y económicas del lado alemán. No debe sentirse tentado a hacerlo con promesas o amenazas.

10/ Las infracciones de las órdenes anteriores en asuntos oficiales son sancionadas por la ley. Se deben informar las violaciones del enemigo contra los principios enumerados en 1-8. Las medidas de represalia solo están permitidas por orden del mando superior.

Y en contraste, las directrices con la que el “Ejército Rojo” fue incitado por el escritor soviético Ilja Ehrenburg:

“¡Ya no decimos buenos días ni buenas noches! Decimos por la mañana: ‘Mata al alemán’ y por la tarde: ‘¡¡Mata al alemán !!’ “

“No se trata de libros, amor, estrellas, se trata del único pensamiento: matar a los alemanes. Matarlos a todos. Enterrarlos … No hay nada mejor para nosotros que los cadáveres alemanes. 

“Los alemanes no son personas, los alemanes son animales de dos patas, seres repugnantes, bestias. No tienes alma. Son seres unicelulares, microbios sin alma que están equipados con máquinas, armas y morteros “.

“Si has matado a un alemán, mata a otro; para nosotros no hay nada más divertido que contar cadáveres alemanes “.

CONCLUSIÓN:

El “neonazi” es una perversión. No tiene nada de nacionalista ni de socialista. Es el colmo de la ironía que por alguna razón estas personas glorifiquen la era nazi,  porque habrían sido los primeros en ser puestos en un campo de trabajo como “elementos antisociales”! ¿Qué crees que hubiera pasado si algunos idiotas en Alemania en 1937 se hubieran comportado como los supuestos “neonazis” de hoy? 

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martes, 6 de julio de 2021

Luis Antonio de Villena: «Sánchez ha hecho mucho daño al acentuar continuamente las dos Españas»

 


Extraordinariamente culto, brillante poeta, prolífico autor de decenas de ensayos y novelas, Villena (Madrid, 1951) es un lúcido pensador con hechuras de humanista renacentista muy preocupado también por la situación sociopolítica en la que hoy estamos instalados y que él analiza con indisimulado pesimismo. Su última novela, La vida feliz de mis jóvenes ricos, acaba de editarse en México y se publica en España en septiembre.

P. Madrid acoge hoy la manifestación como colofón a los actos por el Día del Orgullo Gay. No sé si le pasa a usted como a Álvaro Pombo, que ha declarado muchas veces que no soporta esta celebración.

R. Álvaro siempre ha tenido una personalidad de hacer la guerra por su cuenta. La última vez que le vi me dijo que él es cristiano pero no católico porque había llegado a la conclusión de que no se puede ser católico y gay. Yo tampoco lo soy desde los 16 años. Y, efectivamente, desde las doctrinas de la Iglesia católica ser homosexual es un pecado. Es algo que la Iglesia ha gestionado muy mal. No las bases, pero sí la jerarquía eclesiástica. La Iglesia católica ha sido muy inmovilista, y lo sigue siendo. No ha cambiado nada con el Papa Francisco, que habla mucho, pero hacer no ha hecho nada. El movimiento gay sigue teniendo sentido. La gente de mi generación y de antes lo ha pasado muy mal. Te veías enfrentado a la marginación, al silencio, al desprecio, al insulto. Yo en el colegio no era gay propiamente, pero como era muy tímido me tomaron por homosexual. Y durante dos años fui acosado por mis compañeros. Se mostraban brutales. No les he perdonado en la vida, ni podría hacerlo. Lo olvido pero no lo perdono. Ha sido muy duro ser gay o lesbiana. La homofobia ha sido terrorífica. Y por eso me parece que está bien que haya un día en el que se celebre la diversidad y se reivindique amar en libertad como cada cual quiera. Agustín de Hipona dice «ama y haz lo que quieras». En España ha habido muy poca tradición de respeto por la disidencia, lo diferente, en general. Sí es cierto que a mí el colectivo que marca unas determinadas directrices me interesa mucho menos. Yo he sido militante porque he sido un pionero en esta época en escribir y publicar libros que reflejaban lo gay. Pero cuando la militancia se convierte en una especie de cúpula de poder, que suele estar ligada con determinados partidos, que dice lo que es ortodoxo o heterodoxo en el mundo LGTBI, ya no me gusta.

P. Este año los debates giran en torno a la tramitación de la ley trans, ¿qué opinión le merece?

R. Eso es algo que debe respetarse, asumirse... Creo que el error de la ministra Irene Montero, que a mí no me gusta nada, es creer que la transexualidad es un estado permanente, definido, cuando se trata de algo, como dice su nombre, transitorio.

P. Ha mencionado a la ministra de Igualdad. Usted es muy crítico desde hace años con la deriva de cierto feminismo que califica de «loco, que no es sino mala imitación del peor machismo».

R. Yo he conocido a muchas históricas feministas como Rosa Chacel. La mujer no tiene que estar en contra del hombre, sino dar valor a la feminidad y bastarse por sí misma. Y ahora algunas como Irene Montero hacen un feminismo muy mitinero, muy vocinglero, con mucha soflama, hasta con insultos camuflados... No siguen el camino del gran feminismo de María Zambrano, o de Victoria Kent o Clara Campoamor...

P. En algunos de sus artículos recientes se le ve especialmente indignado con el Gobierno de coalición.

R. Basta ver lo que ha pasado con la pandemia. El Gobierno ha hecho todo lo posible por que nos sintiéramos amenazados, todo para tenernos más controlados: tienen que estar ustedes en casa, encerrados, encarcelados. Esa ha sido una de las peores cosas del Gobierno de Sánchez. Para mí ha bajado doscientos peldaños, si es que hay tantos para bajar. El uso partidista, político, de la pandemia ha sido horroroso.

P. El título de su penúltimo libro, 'Añoranza y necesidad de la Tercera España' ya es en sí mismo un alegato. Aunque sorprende lo de la añoranza, porque ¿ha existido alguna vez?

R. Fácticamente, no; nunca ha gobernado. Pero en el deseo y en la mente, mucho. Al final de la Guerra Civil, el propio Azaña dejó atisbar la tercera España: no quería ser comunista, no quería una república soviética. Deseaba una república burguesa, liberal, laica, para todos, un Estado del bienestar que se ocupara de los necesitados, libertad religiosa... Es la España que no quería ser fascista ni comunista. Yo lo vi en muchos exilados: Cernuda, Juan Ramón Jiménez, Rosa Chacel... Ni la izquierda ni la derecha eran bloques homogéneos, las dos Españas nunca han sido tan claras. Y eso no se subraya lo suficiente.

P. Lo triste es que, dando el salto al presente, esa tercera España parezca tan necesaria en pleno 2021.

R. El problema de este Gobierno es que ha incidido mucho en la ruptura. Precisamente la tercera España debería tratar de unir, de acercar las dos Españas. Es malo que existan dos bloques. Sánchez ha seguido una política fatal al acentuar continuamente las dos Españas: o estás conmigo o contra mí. Ha hecho un daño muy grande. Ahí está lo de la memoria histórica que sacó Zapatero -tarde, mal y nunca- y que se ha vuelto a agitar con este Gobierno. Un día en un debate alguien me dijo que es muy fácil hablar de perdón, de pasar página, cuando no se tienen muertos en la cuneta. Y de pronto recordé que al hermano mayor de mi madre lo fusilaron los comunistas en las tapias del convento de los jesuitas de Chamartín en octubre del 37, simplemente porque era sobrino de un millonario. El cadáver no se encontró nunca. Claro que tengo un muerto en la cuneta, como tantos. Nuestra historia fue una tragedia. Pero las generaciones anteriores pasaron página. Todos la habíamos pasado. Había que superarlo. Yo no mencionaba eso nunca. Y me ha hecho volver a él esta memoria histórica que cree que sólo hubo muertos de izquierdas. La derecha cometió atrocidades, y la izquierda cometió atrocidades. Y, entonces, ¿qué se puede hacer? Pasar página y avanzar.

P. La fuerte polarización política que sufrimos en España parece un mal endémico. En sus memorias, usted reproduce la cita que dejó escrita hace tanto tiempo Juan Gil-Albert: «Aquí, el líder de un partido político no quiere triunfar sobre su opositor, sino verlo morder el polvo».

R. Gil-Albert reflexionó muchísimo sobre España. Decía que no se pretende vencer al enemigo, sino destruirlo. Aquí seguimos con ese error y ese atraso... España necesita unión, cohesión. Ya dijo Ortega lo de España invertebrada. Y no lo es sólo por los territorios o porque se construyera mal desde el principio dando prioridad a la Iglesia frente al Estado. Cuando llegaban los conquistadores a América primero ponían la cruz y luego la bandera. Hoy España sigue estando invertebrada y algunos se empeñan en que entre ser de izquierdas o de derechas, ser monárquico o republicano, haya un abismo, cuando todo debe estar muy comunicado. La tercera España hoy es muy necesaria para acercar posturas, no quiere ser radical de ningún bando, aspira a un espacio central, tolerante con todos. Ese fue el intento de la Transición: acabar con las dos Españas. Aunque hoy estamos comprobando con tristeza que en la práctica, a la larga, la Transición ha sido mala. Quizá porque Suárez fuera un hombre de buenas intenciones, pero no tan buen político como se supone, que hizo excesivas concesiones. Por ejemplo, al nacionalismo. Ahí está el caso de Jordi Pujol, padre del neonacionalismo catalán; antes de que se destaparan todos sus escándalos de corrupción ya se demostró como un personaje siniestro con ese doble lenguaje tan perverso: moderado ante España y radical en Cataluña, germen de tantas cosas.

P. Y aquí seguimos con la conllevancia del problema catalán...

R. Sánchez tiene aun más delito que Suárez porque ya debía haberse dado cuenta de que la concesión al nacionalismo no arregla el problema, sino que lo exacerba. Si les das todo lo que te piden, al final lo que te piden es el independentismo. Tú tienes que pactar, hacer concesiones, pero a cambio de que ellos frenen, pero si ellos no frenan nunca, tus concesiones son inútiles. Todo nacionalismo es un mal: el español, el catalán, el escocés, el británico o el estadounidense. Es bueno tener una patria y es malo ser patriota. La tercera España es una forma de intentar que todos quepamos, desde un centro amplio, laico, liberal. Ese problema que tanto mueve aquí, monarquía o república, es una necedad. Y no se puede identificar la izquierda o la derecha con una u otra opción. Holanda, que es una monarquía, es uno de los países más avanzados y libres del mundo. El problema no es monarquía o república, sino cómo se constituye ese Estado...

P. ¿Qué opina de la Corona española?

R. Juan Carlos no me parece ni tan bueno ni tan malo como se le quiere poner ahora. Actuó con grandes aciertos como rey, pero se cayó del ideario del pueblo cuando mezcló faldas y dinero. Felipe VI lo está haciendo muy bien y se mantiene absolutamente en el respeto a la Constitución. Hay quien dice: ¿por qué no llama la atención a Sánchez, por qué no llama al rey de Marruecos? Porque no le corresponde entrar en temas de gobierno, le gusten más unos asuntos u otros. El rey reina pero no gobierna. Y él respeta escrupulosamente la Constitución. Pero hoy la Monarquía no es ningún problema en España.

P. Ha mencionado Marruecos, uno de los problemas más serios a los que vamos a tener que hacer frente...

R. Marruecos es un país horrible, no es un amigo de España, sino un sanguinario enemigo de España. Es un país al que hay que tener muy atado, y desde luego impedir que su embajadora regrese aquí, debe ser recusada. Se comportó como una ignorante en diplomacia, como una mujer brutal, como una enemiga de España. Marruecos siempre ha buscado traicionarnos porque el contencioso con nuestro país no es el Sáhara occidental, sino Ceuta y Melilla. A Marruecos hay que ponerle todas las dificultades del mundo, y entonces veríamos si se frena. Porque tiene muchos problemas internos.

P. Volviendo a la polarización, ¿le ha decepcionado lo que está ocurriendo con Ciudadanos, que de algún modo representa esa tercera España?

R. Yo me sentí muy cercano a Ciudadanos cuando surgió. En Cataluña, se demostró como un partido muy valiente, que se enfrentó al nacionalismo de una manera abierta, muy clara y muy inteligente. Inés Arrimadas, por ejemplo, fue una parlamentaria estupenda en Cataluña, cosa que no puedo decir como presidenta nacional de la formación. Yo sigo creyendo mucho en las ideas de Cs. Pero le han fallado sus líderes. Primero, Albert Rivera. En el mejor momento del partido, se enamora y pasa tres meses desaparecido. Eso no se puede hacer. Me da igual que fuera por amor o por la santa caridad. Y Arrimadas, con las torticeras mociones de censura con el PSOE, se ha caído para siempre. Con ella el partido no se va a recuperar.

P. Usted ha escrito: «Vox es terrible pero sólo la otra cara de los podemitas necios».

R. Un defecto de Vox es que asume demasiadas cosas de la derecha tradicional española, por ejemplo el catolicismo. Hacerse adalid de los valores católicos como parte del Estado, como si estuviéramos en el Concilio de Trento, es un gran error de Vox. Pero hasta ahora se ha mostrado bastante más moderado que Podemos. El partido de Iglesias ha estado todo el tiempo dando gritos de guerra.

P. En el tercer tomo de sus memorias, 'Las caídas de Alejandría', publicadas en 2019, se mostraba pesimista al hablar de que estamos viviendo «un final de época»...

R. Un mundo en guerra, con guerras cuyo origen podemos situar en el 11-S y en las posteriores intervenciones como venganza de EEUU, que al final se ha tenido que ir de aquellos países, Irak o Afganistán, dejándolos peor que los encontró; una brutal crisis económica de la que no nos hemos repuesto todavía; la pandemia como guinda... Asistimos, sí, al final de una época en el que confluyen además todos los cambios de vida que ha supuesto internet. La gente puede decir lo que quiera aunque no tenga ni idea de nada porque internet se lo permite. Se suele decir todas las opiniones valen; pues no, todas las opiniones no valen. Mi opinión sobre física atómica no tiene ninguna validez. Internet hoy refleja la enorme mediocridad del mundo, un mundo gobernado y gestionado por la mediocridad más espantosa. Ahí tenemos al ministro de Universidades, Manuel Castells, diciendo esa barbaridad de que «condenar a un alumno por un suspenso es elitista», como si fuera degradarlo. Es de necio, de un tonto profundo. Suspenderle es decirle que no sabe y que debe aprender, que para eso está en la universidad, no tiene nada que ver con elitismo aristocrático ni con clases sociales, sino con la excelencia intelectual, que sí hay que exigirla. Y como no se exige, así nos va. Hoy a un tesinando hay que explicarle cosas que yo sabía al terminar el bachillerato. Eso es terrible. La incultura, que es carencia de datos, pero también de pensamiento, de modo de pensar, que se aprende leyendo... es dramática. Una persona que no tiene educación intelectual no sabe pensar y se acaba creyendo cualquier tontería que dice la televisión.

P. En el mismo tomo de memorias concluía que hoy la zafiedad lo gobierna todo.

R. Sí, lo matizaría diciendo la mediocridad de personas con niveles de cultura muy bajos. El todo vale es una de las cosas peores que nos están llevando a una democracia degradada, plebeyizada. La democracia se está transformando en oclocracia, el gobierno de la chusma, de gente que no sabe, de gente no ilustrada. Cuando manda un pueblo no preparado te puedes esperar cualquier cosa, ahí está el populismo. La gran mayoría vive en un pantano mediocre. Y ello lo favorece la política. Vivimos en la edad media cibernética. Somos modernísimos, pero no sabemos ni entendemos nada de ese mundo, aunque lo usemos. La cultura cada vez se respeta menos. Hoy en España, por ejemplo, es imposible vivir de la cultura. En la etapa de Felipe González, un gigante si lo comparas con Pedro Sánchez, se empleó mucho dinero de los fondos que llegaban de Europa en la cultura. Se editaron, por ejemplo, multitud de libros de literatura hispanoamericana para que se viera el legado español en América, que fundamentalmente es el idioma, y que circularan con facilidad los libros entre España y América. Es tan importante cuidar las relaciones con Latinoamérica, y se están desatendiendo tanto... 


Fuente: El Mundo

Los niños que Alemania entregó a Lituania tras la caída de Hitler: "Cambiaban un hijo por un saco de patatas"

 


La vida es un enigma y el pasado, el almacén donde se esconden sus secretos, y del que, aunque creamos saber mucho, descubrimos que casi no tenemos ni pajolera idea de nada.

El escritor y guionista lituano Alvydas Slepikas estaba una tarde de 2009 en las oficinas de la productora en que trabaja, Videometra, cuando recibió la visita de un hombre. Venía a contar la historia de su madre, «creía que con ella podía hacerse una película, o una serie o algo».

La historia: ella, alemana de nacimiento, tenía cinco años cuando el Tercer Reich cayó y dejó toda Prusia Oriental en manos del Ejército Rojo. Los rusos comenzaron a tratar a los vencidos con su proverbial y legendaria brutalidad: violar mujeres, matar niños, dejar morir de inanición en general. El hambre era tal -y aquí arranca la historia- que los orgullosos prusianos, otrora ricos, comenzaron a enviar a sus rubicundos hijos a por comida al monte, como si de adultos prehistóricos se tratara.

¿Y dónde los enviaban? A Lituania, más allá de la frontera, cruzando el río Niemen (Nemunas para los lituanos). Eso le pasó a la madre de aquel hombre: con cinco años -repitamos: cinco años-, fue enviada a por comida al otro lado de la frontera . Con el tiempo, acabó quedándose en Lituania, hizo vida allí y tuvo un hijo: él.

Slepikas arqueó una ceja. Apenas había oído hablar de aquello. Todo lo que tenía que ver con la Segunda Guerra Mundial permanecía en Lituania, cuenta a PAPEL, en el desván de los tiempos: el país había sido arrasado tanto por Hitler como posteriormente por los rusos , y permanecido en la órbita soviética hasta 1991.

Pocas semanas después le hicieron a Slepikas una entrevista y le preguntaron por sus proyectos: «Estoy recopilando material sobre los 'niños lobo' que cruzaron desde Prusia», contestó. «Ahí recibí una avalancha de llamadas y correos... Ya no pude parar».

Estaba la historia del hombre que desconocía su nombre, y que luchaba por al menos conocerlo antes de morir. La de la madre que simplemente se había sumergido en silencio en un Nemunas helado con sus dos hijos de la mano, completamente segura de que aquella gélida y silenciosa muerte era mucho mejor que la furia ciega e inhumana de los rusos. Cientos de niños enviados solos a ningún lugar, para huir del horror .

La hambruna era tal que se llegó a practicar el canibalismo en los pueblos prusianos junto a la frontera. «Algunos alemanes llegaron a vender a sus hijos como mano de obra barata a los lituanos, que los aceptaban no porque los necesitaran, sino por hacerles el favor, salvándoles de una muerte segura».

Niñas alemanas cuyo futuro era seguro y probablemente plácido antes de la guerra terminaron prostituidas. Un capítulo más de los horrores inconcebibles que vivió una Europa orgullosa, y que los vivió, no lo olvidemos, anteayer.

No puede extrañar, así, que la historia de los niños lobo fuera tabú en Lituania hasta que Slepikas compiló muchos de esos testimonios, y compuso con ellos la novela Bajo la sombra de los lobos.

Eso fue en 2011. Hoy, el librito, 250 páginas crudas, sobrias, muy medidas sentimentalmente -pasarse sería francamente inaguantable-, que emanan todo el terror que el ser humano es capaz de producir pero no puede soportar, se estudia en todos los colegios lituanos. Fue considerado mejor novela histórica de 2019 por The Times. Y llega ahora a las librerías españolas de la mano de Tusquets.

Slepikas (Videniskiai, Lituania, 1966) se explica a PAPEL por correo electrónico con un tono tan penetrante como el del propio libro. Desvela hechos increíbles y por tanto tan creíbles: absolutamente salvajes.

«Al caer Hitler, la hambruna era tal en Prusia que los soviéticos permitieron que los agricultores lituanos les vendieran alimentos a los prusianos. Lo más común era el intercambio en especie. A cambio de comida, las mujeres alemanas primero daban lo que tenían, lo que habían salvado de la guerra: cubiertos, cualquier objeto, lo que fuera... Pero todo se acabó pronto, y como el Gobierno soviético sólo daba pan a cambio de trabajos forzados -y eso a las mujeres, a los ancianos y niños no se les daba nada-, los alemanes comenzaron a cambiar a sus hijos por comida».

Continúa Slepikas: «La alternativa era ver a sus críos morir de hambre ante sus ojos. Se iban a los granjeros y les pedían que se los llevaran
como ayudantes a cambio de un saco de harina o de patatas
, con la esperanza de que hicieran vida en Lituania y en el futuro encontraran el camino de vuelta. Los agricultores no necesitaban a estos niños, y muchos hacían lo posible por no llevárselos, porque temían represalias de los soldados rusos... Pero muchos se los llevaban, y falsificaban sus documentos. Muchos otros niños, y también adolescentes, al ver que desde el otro lado de la frontera llegaban agricultores cargados de víveres, comenzaron a cruzarla en busca de comida. Se escondían en los trenes, en los carromatos, cruzaban a pie el río helado...».

El libro narra con sorda normalidad como niños de siete años acostumbrados a vivir entre ruinas y minas eran enviados a buscarse literalmente la vida a muchos kilómetros de sus casas, sin entender el idioma, durmiendo en los bosques, llamando a puerta fría a las casas de sus hasta entonces enemigos a pedir mendrugos de pan, algo caliente, lo que fuera.

¿De cuántos niños lobo hablamos? «Según el historiador alemán Christopher Spatz hubo unos 30.000, aunque después de la guerra algunos regresaron a Alemania del Este y otros ingresaron en orfanatos especiales en las profundidades de la Unión Soviética, que semejaban más bien prisiones o campos de concentración. Con el tiempo, muchos de los que se quedaron en Lituania llegaron a recuperar el contacto con sus familias en Alemania gracias a Cruz Roja. Cuando publiqué el libro, en 2012, casi 60 años después, Edelweiss, la organización que une y apoya a los niños lobo en Lituania tenía unos 330 miembros».

El autor se pone especialmente sugestivo cuando se le pregunta por el tremendo baile de identidades que entraña esta historia: «Los aldeanos les falsificaban documentos porque temían ser deportados a Siberia por ayudar a los alemanes, así que estos niños crecieron ocultos, la gran mayoría sin acceso a una educación. Es posible incluso que muchos niños lobo jamás llegaran a saber que lo eran. Estos niños no sólo perdieron su infancia, sino también su futuro. Muchos se congelaron en el bosque, o murieron de hambre, o sufrieron abuso sexual . Conocí a un hombre que nunca había celebrado su cumpleaños porque en su pasaporte sólo figuraba el año de nacimiento, los números del mes y del día estaban a cero. Otro sólo había logrado descubrir su apellido real, pero no su nombre. Llorando, me dijo: 'Me gustaría saber mi nombre real al menos antes de la muerte, para no yacer bajo un nombre que no es el mío'».

Lituania vivió pendularmente entre Alemania y Rusia todo el siglo XX, pero a borbotones durante los años de la guerra. Slepikas cuenta cómo primero llegó Hitler, que ocupó parte de la costa en 1939, pero el desembarco bestia fue el de los soviéticos en 1940.

«Un año después comenzaron las deportaciones a la tundra siberiana. 

Muchos inocentes, familias, los mejores agricultores, todos fueron deportados en vagones para animales. Después volvieron los nazis, y la gente al principio esperaba algo de humanidad, porque se trataba de una nación europea e instruida, pero todo fue a peor: quemaron pueblos enteros, hubo asesinatos en masa, los judíos fueron transportados a campos , muchos lituanos colaboraron en el exterminio de sus vecinos».

Hoy, en Lituania, no pueden exhibirse, por ley, símbolos nazis ni soviéticos. Aquellos lituanos de frontera que habían sufrido la furia asesina del Tercer Reich terminaron adoptando de facto a miles de niños prusianos por pura piedad, aún a riesgo de su vida si fueran descubiertos por los soviéticos. El horror ciego de la guerra terminó hermanando a personas de bandos supuestamente diferentes , borrando las fronteras políticas e incluso culturales.

Al final, adagio extensible a todo conflicto armado, tanto vencedores como vencidos fueron de alguna manera víctimas del ejército hegemónico del momento, en aquel entonces, el Rojo: «Prusia Oriental fue la primera región alemana a la que llegó Stalin al final de una guerra larga y cruenta», narra Slepikas. «Los soldados rusos estaban extenuados, eran como vasijas de barro cocidas en el horno de la guerra. Habían muerto y habían matado durante años, así que cuando llegaron a este punto se comportaron con una crueldad extrema : una vida más o menos no importaba. Fue como una venganza por toda esa guerra, y la propaganda soviética no hacía sino fomentar esa crueldad».

Una atmósfera que convertía a personas normales en completos asesinos de apariencia psicopática: «La guerra despierta los demonios que duermen en las personas. Es fácil imaginar a un criminal de guerra como una persona normal en tiempos de paz, una persona que no habría matado ni hecho daño a nadie. Por otro lado, en las guerras actuales en África los niños y adolescentes son los asesinos más sangrientos: es evidente que la guerra los transforma. Hablando con los niños lobo, me di cuenta de que, para muchos de ellos, esa guerra aún no había terminado. Las heridas seguían sin sanar».

Bajo la sombra de los lobos tiene también aroma, en su callada simplicidad, de cuento infantil, de un terror gótico mudo, parco. Al leerlo y observar el duro horror que tiene lugar en el escenario, uno siente bajo sus pies el temblor de un río subterráneo, soterrado, mucho más horrible, probablemente insufrible.

Slepikas concede que no es la sensación de uno: es así. «No quería deleitarme en la crueldad. El libro se habría convertido en insoportable para muchas personas, y yo quería que lo leyeran en especial los adolescentes , para que el mayor número de lectores posibles conocieran el destino de los niños lobo y sus experiencias. Creo que como escritor he conseguido captar el sentido de los hechos, aunque es una novela muchos niños lobo me han dicho que he descrito lo que era su vida. Pero también he de reconocer que el único y principal reproche que he escuchado de ellos es que en la vida real todo fue más cruel». 


Fuente: El Mundo

 

sábado, 3 de julio de 2021

ROTHA LINTORN-ORMAN, LA PIONERA DEL FASCISMO INGLÉS


 

Rotha Lintorn-Orman nació en Kensington, Inglaterra, en 1895. Fue hija y nieta de acaudalados militares. De niña ingresó en los “scouts” y en 1909 era la única mujer líder de dos tropas.

Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, Rotha se une a un cuerpo de enfermeras y se traslada a Serbia. Al poco tiempo conducía una ambulancia muy cerca de las líneas de combate rescatando a numerosos heridos bajo el fuego enemigo. Sin permiso de sus superiores, Rotha tomó parte en varios combates junto a los soldados. Por su comportamiento heroico fue condecorada con dos “Croix de Charite”.
En 1917, enferma de malaria, es trasladada a Inglaterra. Al recuperar su salud fue nombrada instructora de chóferes de ambulancias. En esos años toma contacto con varios grupos de rusos blancos exiliados, también viaja a Italia y a Polonia donde reafirma sus ideales anticomunistas.

El 6 de mayo de 1923 funda el Partido British Fascisti (BF). Su madre donó la cantidad de 50.000 libras esterlinas para publicar propaganda en el periódico “Patriot” y pagar la renta de las oficinas centrales del Partido ubicadas en el 22 de Stanhope Gardens.

Curiosamente Rotha no fue presidenta del partido, solo tomó el mando de Presidenta de las Unidades Femeninas. Desde el comienzo el Bristish Fascisti fue un partido con amplia mayoría femenina, casi todas solteras. Numerosas damas aristocráticas también se enrolaron. El Partido tenía un Gran Consejo al estilo italiano, vestían uniformes y la disciplina era paramilitar. Varios miembros notables del BF fueron: William Joyce, Arnold Leese, Florence Waters, la Condesa de Eglinton y Ayrshire, la Marquesa de Ailesbury, etc.

Los rojos llamaron desde el principio al BF “nido de lesbianas”. Rotha vestía siempre ropa de aire masculino, fue arrestada en varias oportunidades por portar un arma de fuego en lugares públicos y por peleas en la calle contra izquierdistas.

El “Fascisti británica” titulaba en 1923: ¡La primera victoria feminista en la historia de Occidente fue una victoria fascista!

Fundó hogares para los niños huérfanos de guerra, organizó rifas y bailes para recaudar fondos para los rusos blancos que luchaban contra el comunismo.

Al fundar Oswald Mosley su British Union of Fascist, gran parte de los miembros del BF se pasa en bloque al nuevo partido, entre ellos Neil Francis Hawkins, el segundo al mando. El odio entre las dos facciones de Fascistas fue patente y hubo varias peleas y tiroteos entre ellos.

La prensa fue muy cruel con Rotha durante los años 30 ya que continuamente la acusaban de realizar orgías y bacanales en sus oficinas del Partido.

Rotha Lintorn-Orman murió de una sobredosis de barbitúricos en marzo de 1935.

A.MARTÍN

viernes, 18 de junio de 2021

Salvador Dalí, fascismo y política hermética

 

Si hay un aspecto sorprendente de Dalí es el que afecta precisamente a sus concepciones políticas. Aparentemente no hay ningún terreno en el que Dalí se mueva con tanta aureola de originalidad y excentricidad como en el terreno de la política. Sin embargo, a poco que uno se sobrepone de la sorpresa inicial y empieza a analizar el contenido de frases aparentemente paradójicas e incomprensibles, se percibe un orden subyacente en tanta locura. La política es, sin duda, uno de los terrenos más desconocidos de la personalidad de Salvador Dalí y, sin embargo, marca un aspecto extraordinariamente sugerente del pintor.

"Divina proporción, regla de oro del alma.
Por ser más refulgente que el sol,
verticalidad metafísica del pueblo español.
Yo canto de la Monarquía su innata sabiduría"

"Soy un campesino catalán, en cuyo cuerpo habita un rey"

line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; text-align: right; vertical-align: baseline;">Salvador Dalí

Sin duda el aspecto más controvertido de la vida de Salvador Dalí y la fuente de muchos de sus conflictos, lo constituyeron sus opiniones políticas. En este terreno, no se le ha tenido precisamente por un rebelde excéntrico o un inadaptado visceral, ni siquiera sus actitudes han sido vistas como "gestos dalinianos" y, por tanto, voluntariamente espectaculares, sino provocadores. Políticamente se ha considerado a Dalí, pura y simplemente como "fascista". Se trata de un malentendido, sin embargo, la posición política de Dalí se inserta en la coherencia estructural de su sistema de pensamiento y tiene mucho que ver con su pensamiento mágico.


Dalí era, fundamentalmente apolítico; consideraba que ninguna opción política podía ser adoptada sin reservas mentales. Ahora bien, este apoliticismo no suponía ignorancia y desinterés por el mundo de la res-publica, sino que debe ser entendido en un sentido clásico, como distanciamiento de la política cotidiana, de la "pequeña política". Dalí suscribía estas palabras de Nietzsche que conocía desde su adolescencia: "Les di la espalda a los gobernantes cuando vi a lo que llamaban gobernar: comerciar y pactar con la plebe... Entre todas las hipocresías, esta me parece la peor: que también los que manden simulen virtudes de esclavos". Y de Ortega y Gasset había extraído otro elemento de análisis: "El hecho característico del momento es que el alma vulgar, reconociéndose vulgar, tiene la audacia de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone por todas partes". Quien piensa así -como era el caso de Dalí- y no quiere resignarse a un papel marginal dentro de la sociedad, está obligado, por coherencia, a asumir esta "apoliteia", entendida como distanciamiento de la política cotidiana y de los valores que la informan.

Dentro de este contexto hay que situar algunas sorprendentes declaraciones seudo-políticas de Dalí y, al mismo tiempo, integrar las no menos sorprendentes opiniones del pintor sobre sus ideas políticas. Veremos que todo esto lleva a Dalí a considerar la política desde otra perspectiva que nada tiene que ver con las categorías manejadas habitualmente y que se acerca a la "gran política" que predicó Federico Nietzsche, el visionario del "súper-hombre", pero también a un terreno en el que el gobierno de los destinos de los hombres cruza la frontera de la racionalidad y se interna por los derroteros de la metafísica...

Durante su juventud Dalí fue un revolucionario sin más; acérrimo partidario de destruir el orden establecido -aquel que había conocido en su casa de Figueras, y que correspondía a los ideales y estilo de la burguesía- no parece que tuviera gran influencia en sus actitudes, ni el papel de educador de su padre, librepensador y políticamente progresista, ni de su primer profesor, Esteban Trayter. Pero debemos detenernos un poco en este capítulo de su vida.

Los librepensadores fueron un producto del positivismo racionalista de finales del siglo pasado. Cataluña fue un hervidero de este movimiento generado al calor de los círculos masónicos y amamantado por ellos. En aquella época era completamente imposible establecer una divisoria entre la masonería laica y los grupos librepensadores; puede decirse que allí donde existió una logia masónica, apareció un núcleo de ideas positivistas y un círculo de reflexión racionalista y ateo. Frecuentemente los altos grados de una logia, solían ser presidentes de la Asociación de Librepensadores más próxima.

Pues bien, el padre de Dalí pertenecía a estos círculos positivistas ampurdaneses. Dalí, situando a su progenitor, escribe: "Mi padre procedía de la Barcelona sentimental, era librepensador; la Barcelona de los coros Clavé, de los anarquistas y del proceso a Ferrer Guardia". Existía en Figueras un hombre con fama de sabio, Esteban Trayter, que dirigía un colegio fundado sobre los principios de la Escuela Moderna de Ferrer Guardia. Trayter era librepensador y, casi con seguridad, francmasón. Por aquel entonces las logias ampurdanesas estaban ampliamente extendidas en la región y, más en concreto, en Figueras que contó con varios alcaldes miembros de la Orden. Sería raro que en una ciudad de pocos cientos de habitantes, dotada de una logia con gran nivel de actividad, precisamente el director de la Escuela laica, no fuera un habitual de estos círculos. En cualquier caso, el dato es irrelevante en lo que a la vida de Dalí se refiere, a pesar de que fuera en esa escuela donde curso estudios por primera vez.

No fue allí donde aprendió las primeras letras; autodidacta ya en la época, sus mayores le ayudaron a conocer la escritura y la lectura. Entró en la escuela del Sr. Trayter sabiendo leer y escribir a la perfección; cual no sería la sorpresa de sus padres cuando al cabo de unos pocos meses de escolarización ya lo había olvidado todo... Dalí recordó siempre ese tipo de enseñanza como algo mediocre. Trayter era un excéntrico, vestido siempre con una vieja levita, el rape que solía aspirar le daba cierto tono amarillento a los bigotes; las barbas, descuidadas, le llegaban hasta la cintura. Allí aprendió que Dios no existía; frecuentemente, Trayter solía recurrir a una demostración muy gráfica: después de maldecir a Dios, tomaba el reloj y decía "Veis, si dentro de cinco minutos sigo vivo es que Dios no existe". Luego se sentaba y quedaba sumido en un profundo sopor... [1]

El notario de Figueras, padre de Dalí, tras el primer año de escolarización, decidió que la Escuela del Sr. Trayter, por colega que fuera en el terreno ideológico, no impartía el tipo de enseñanza más adecuado para su hijo y Salvador prosiguió sus estudios en los Hermanos Maristas de Figueras; pero nunca más -a pesar de que se esforzase-, nunca pudo experimentar la fe del cristiano.

En 1921, el jovencísimo Dalí pinto algunos dibujos para la revista Empordà Federal, portavoz de los nacionalistas catalanes. Pero esa fue toda su vinculación con el nacionalismo. Siete años después, ya habrá roto cualquier vínculo con él y en el curso de una conferencia en "El Centaure" de Sitges establecerá un programa antinacionalista cuyos dos primeros puntos eran "Abolición de la sardana y de todo lo que es regional, típico, local". La hostilidad será mutua e, incluso en la actualidad, el gobierno de la "Generalitat" no experimenta más que una simpatía forzada por Dalí y por su obra que, en su testamento, hizo heredero al Estado Español.


Tras su paso por la Residencia de Estudiantes y sus altercados dentro de la Escuela de Bellas Artes de la que fue expulsado, temporalmente, primero, y luego definitivamente, Dalí al regresar a Figueras es detenido y pasa dos meses en prisión al ser considerado como "revolucionario y subversivo". Jamás consideró la prisión como algo que le afectara negativamente; allí tuvo tiempo de leer y reflexionar. En la cárcel observa el fenómeno de los "barrotes voladores" al que se referían constantemente los presos veteranos; y esto le hace pensar: "Largo tiempo después de su encarcelamiento, en las circunstancias y lugares más insospechados, [los presos] ven a menudo aparecer ante sus ojos los barrotes de la ventana de su celda, unas veces fijos, pero con mayor frecuencia como si volaran, ya destacándose en sombra sobre un fondo luminoso y ya -más repetidamente- apareciendo en negativo, incluso contra cielos muy luminosos, como por ejemplo, el cielo sobre el cual yo observé a menudo los barrotes de mi prisión de Gerona, en una tonalidad azul mucho más luminosa que la del cielo mismo. Estas impresiones que persistieron hasta cerca de tres meses después de mi libertad, me hicieron pensar mucho en la persistencia de las impresiones retinianas, conduciéndome casi inmediatamente a una conclusión práctica que mi intuición había ya, desde mi más tierna infancia, practicado inconscientemente". Dalí concluye de esta experiencia que la retina debe ser alimentada diariamente con visualizaciones favorables que queden incorporadas a la memoria visual como piezas de un mosaico para luego, bruscamente, asociarlas paranoicamente entre sí y obtener estímulos, impulsos e inspiraciones para la pintura: "...te estoy aconsejando, como buen inquisidor que soy, que te rodees con una cárcel para tus ojos", escribió en "50 Secretos Mágicos para pintar"; en esa “cárcel” móvil el pintor deberá retener fuentes de inspiración. La vegetación, el bosque, son las mejores, en opinión de Dalí, y el olivo la mejor de las mejores.

A sus 20 años, Dalí era ya famoso en Figueras. Se interesaba por la humanidad, se quería revolucionario y quería hacer algo por el mundo. Escribió sobre sus ideales en esas fechas: "Desde mi más tierna infancia me interesaba mucho el bien de la humanidad y tenía sueños sociológicos de que todo el mundo fuera feliz. Después vacilé y vi que la humanidad no me interesaba nada en absoluto; empecé a interesarme por mis propios problemas sexuales; pasé de experimentar por la humanidad una gran estima a un menosprecio total".

Mientras esta segunda fase aun no había llegado, alardeaba de ser el único suscriptor en Figueras de L'Humanité, el diario del Partido Comunista Francés. Aprovechó uno de los números para incluir parte de la cabecera como collage en su autorretrato cubista de 1923 que ya deja presagiar su genio como pintor. Algunos de sus amigos habían abrazado la causa de los soviets y durante los primeros años como surrealista, requirieron su colaboración. Tal fue el caso de Jaume Miravitlles, que colaboró en las experiencias cinematográficas de Dalí y que había pertenecido a una organización próxima al trotskismo, el Bloc Obrer i Camperol (B.O.C.). Miravitlles, en uno de sus panfletos -Contra la cultura burguesa, aparecido en 1931- destacó que la obra del pintor y sus declaraciones estaban impresas de un tinte antiburgués que objetivamente podía ser considerado como revolucionario. Miravitlles afirmaba que "la crítica que Dalí hace a la cultura en general y a la cultura burguesa en particular, es una crítica marxista". Dalí y los surrealistas, tenían un punto común con el comunismo: su antiburguesismo y esto creaba una posibilidad de colaboración. El principal punto de discusión era la antítesis entre Freud y Marx, que Dalí intentó superar en la conferencia que pronunció en la Sala Capsir de Barcelona en 1931: "la conciliación entre marxismo y freudismo topa a veces con el cretinismo de los representantes oficiales de la literatura proletaria"; el error del marxismo consistía en "no dar importancia a las crisis morales" y considerar que la nueva moral proletaria surgiría solo de un reordenamiento de las fuerzas productivas. Advierte en el marxismo un "fatalismo" del que, dice, hay que huir.


Al producirse el asesinato del Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, Dalí mostró su solidaridad, llamándolos "mártires comunistas". Pero poco o nada le atraía del comunismo -salvo su espíritu de revuelta antiburgués- al que solía achacarle un carácter “plebeyo”.  

De hecho, la historia del surrealismo se vio lacerada por diferencias políticas: Aragón y su grupo pasó a la órbita del Partido Comunista Francés tras la Conferencia Internacional de Intelectuales (Jarkov, 1935). Su ingreso en el PC le costó la expulsión del grupo surrealista. Breton militó solo un tiempo en el PC y algunos de los suyos se aproximaron temporalmente a las formaciones trotskistas; Giorgio de Chirico y otros surrealistas italianos, fueron ganados por el fascismo del cual constituyeron su primer soporte cultural, junto con los futuristas en desbandada. René Crevel, sentimentalmente ligado a uno y otros, viéndose en la tesitura de tener que tomar partido, tomó como excusa su avanzada tuberculosis para hacer mutis por el foro, suicidándose. Otros, como Giménez Caballero, se adhirieron a la opción fascista de Falange Española o a la derecha como Gómez de la Serna. Como puede verse, la respuesta política de los surrealistas no fue uniforme.

El surrealismo, en general, evitaba pronunciarse en términos políticos, pero siempre se quisieron revolucionarios; Dalí en un momento avanzado de su adscripción al surrealismo, escribió: "La revolución surrealista es, ante todo, una revolución de orden moral, esta revolución es un hecho vivo, el único que tiene un contenido espiritual en el pensamiento occidental moderno"; pero resulta evidente que, hasta el período 1930-31, Dalí se consideró comunista -sui generis, desde luego-, si bien jamás militó en el Partido.

Los intentos de Miravitlles de conducir el grueso del surrealismo español al B.O.C. no tuvieron continuidad y el propio Miravitlles pasó del radicalismo trotskista a formaciones de la derecha regionalista. En la película de Buñuel, Le Chien Andalou hacía el papel de sacerdote. En cuanto a Dalí, en el debate de la sala Capsir, después de la intervención de René Crevel, declaró que "políticamente, los surrealistas somos comunistas", luego añadió que el surrealismo es ciertamente, tal como explica la doctrina marxista, un producto de la descomposición burguesa, pero que el marxismo no podía ofrecer como cultura proletaria nada superior y terminó su alocución recomendando "deshacerse de las ideas innobles de patria y familia" (...) "y deshacerse de sentimentalismos, escupiendo sobre la bandera de la patria, castigando a los padres con el revólver y descendiendo al mundo de la subversión". Todo esto era poco "científico" para los marxistas de la época y no es raro que su mensaje quedara incomprendido.

Dalí, en el fondo, no hacía sino seguir el ejemplo que había dado André Breton en 1927 afiliándose al Partido Comunista, en el que permanecería hasta 1932. La represión contra las vanguardias artísticas en la URSS entrañó la ruptura de Breton con el comunismo. Cuando Picasso entró en el Partido, Breton dejó de saludarlo. Con el paso de los años, solamente Louis Aragon y su grupo seguirían en las filas del comunismo stalinista, alejándose de Breton que continuaría negándolo. Eluard se incorporó al Partido Comunista en 1942 con otros intelectuales, pero todos, antes o después, terminarían por aborrecer el corsé ideológico-cultural que les suponía tal militancia.


Dalí, por su parte, siguió "experimentando" en el terreno de los movimientos socio-políticos. El ámbito anarquista también sintió que sintonizaba con los puntos de vista surrealistas. El pintor fue invitado por la CNT-FAI a dar una conferencia poco antes del estallido de la guerra civil. En un ambiente favorable a sus ínfulas antiburguesas, salió a la superficie todo el Dalí surrealista que no ahorró obscenidades ni palabras groseras para calificar al "enemigo de clase", hasta que un anarquista le reprochó tales frases dichas ante mujeres y niños. Dalí le preguntó si estaban en un local libertario o en una sacristía. Por entonces el pintor tenía sus primeras obsesiones en torno al pan, así que en el punto más polémico de la conferencia mandó que le trajeran una barra de pan y se lo sujetó en la cabeza. En ese momento un librepensador sufrió un ataque de locura y se abalanzó para matarlo, mientras Dalí recitaba las primeras estrofas de su Asno Podrido. Antonio D. Olano cuenta que los organizadores le felicitaron: "Ha ido usted un poco lejos, pero estuvo muy bien", le dijeron. 

Tampoco en este terreno los contactos debían prosperar. Dalí no era anarquista en el sentido que entendían los miembros de la CNT-FAI, ni experimentaba el menor interés en realizar el "apostolado seglar" al lado de los desheredados tal como preconizaba el ambiente libertario. Dalí era un burgués que no quería proletarizarse, ni descender un peldaño en la escala social, sino encaramarse hasta la aristocracia. El mismo cuenta como abandonaba las reuniones surrealistas diciendo que se iba a una cena en el palacio del Conde tal o del magnate cual... pero al estar en compañía de la aristocracia, les decía que tenía que dejarlos para asistir a la reunión surrealista. Así conseguía centrar la atención de unos y otros, despertar su interés y sus recelos, conseguir, en definitiva, ser el centro de atención.


De esta época data también una manifestación en la que el pintor llevó una bandera alemana y otro amigo suyo enarboló la de los soviets. El día antes había concluido una conferencia en el Centro Republicano gritando "Viva Rusia y Viva Alemania" justo antes de lanzar la mesa contra el público de un puntapié... En la España de la época solamente un pequeño grupo, las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas de Ramiro Ledesma Ramos, constituidas en torno al semanario La Conquista del Estado, enarbolaban semejantes consignas. Precisamente a éste grupo habían acudido algunos surrealistas españoles como Ernesto Giménez Caballero. Si hacemos abstracción de sus contenidos seudo-fascistas, muchos de los artículos insertados en La Conquista..., están próximos al surrealismo con el que los "jonsistas" compartían la temática antiburguesa. Ramiro Ledesma y los suyos no tenían inconveniente en dar vivas a la Alemania nazi, la Italia fascista y la Rusia bolchevique; en su óptica, los tres movimientos encarnaban el espíritu revolucionario y subversivo de la época. Dalí opinaba igual.

No es improbable que Dalí tuviera conocimiento de las publicaciones "jonsistas" a través de algunos de sus amigos surrealistas que siempre formaron en torno al "fascismo español"; ciertamente, no se le conoce ninguna actividad pública a su favor, pero, en 1970 Dalí tenía todavía en su casa de Port Lligat un retrato de José Antonio Primo de Rivera, el hombre que dio cierta coherencia política al magma fascista local anterior a la guerra. El retrato había permanecido expuesto en un conocido restaurante de Figueras hasta que el propietario decidió retirarlo a requerimiento de unos turistas franceses de paso; Dalí lo instaló en un sitial preferente de su hogar. Hablaba de él sin ocultar admiración: "!Era un genio (...) José Antonio Primo de Rivera ha sido una de las personalidades más importantes que tuvimos en España! Fue el primero en inventar y utilizar lo de "!Arriba España!" y en el momento en que el liberalismo (...) consistía en decir abajo esto y abajo lo otro... "!Arriba España!", inventó ese grito que puso en pie a España y, además, es quien mejor hizo la apología de un ser que se despreciaba en aquellos momentos: el señorito. Dijo de él mismo que representaba a los señoritos y que aspiraba a que, un día, todos fuésemos señores en España". La última frase resume todo el atractivo que tenía cierta forma de fascismo para Salvador Dalí e implica por qué jamás pudo sentirse del todo cómodo en una formación de izquierda proletaria, marxista o anarquista; para Dalí no se trataba de proletarizar a la burguesía, como de aristocratizar al proletariado. En su manifiesto Mi Revolución Cultural, refleja esta creencia que estuvo viva en su espíritu hasta su última época: "La cultura burguesa no puede ser reemplazada si no es verticalmente. No se puede desaburguesar la cultura si no se desproletariza la sociedad y se orientan hacia fines bien altos las funciones del espíritu, redirigiéndose hacia su origen divino, trascendente y legítimo".

Dalí y los totalitarismos del siglo XX

Poco antes de que estallara el drama de la guerra civil, Dalí abandonó España yendo a encontrar a su amigo Edward James en Roma. De ahí pasó a París que abandonó poco antes de la entrada de las tropas alemanas. Finalmente, recaló en Estados Unidos. Por entonces ya había reformulado alguna de sus ideas políticas. Sus tenues simpatías por el comunismo se desvanecieron cuando empezó a percibir en la versión moscovita una forma extrema y plebeya de conservadurismo. Solía explicar que la degradación del marxismo tenía un carácter capilar: Marx lució siempre barba luenga y desordenada; Engels, por el contrario, se la recortaba y cuidaba más; Lenin utilizó solo bigote y perilla; Stalin mostacho, Malenkof rostro liso y, finalmente, Kruschev era incluso calvo. Para Dalí esta "degradación capilar" estaba en razón directa al grado de conservadurismo asumido por el Partido Comunista de la Unión Soviética. Pero el rechazo por la ideología y por las formulaciones prácticas del marxismo iba parejo a la admiración que sintió hacia a algunos de sus líderes. Incluso durante el franquismo no escatimó loas y alabanzas a José Stalin, ni tampoco a Mao Tse-Tung del que ilustró una edición de sus Poemas con ocho ilustraciones a punta seca. De Stalin decía que "ha forjado el Ejército Rojo y el poder de Rusia. Los herreros han constituido siempre hermandades y sectas. Desde que este tipo del guerrero llega al poder, crea símbolos masculinos y femeninos: la hoz y el martillo. Tal fue el caso de Vulcano en la Grecia antigua. Fue Vulcano quien forjó el escudo de Aquiles, en tanto dejó que Apolo sedujera a su esposa Venus". Dalí estaba familiarizado con los trabajos de Mircea Eliade [2], el famoso historiador de las religiones que antes de la guerra había sido miembro del partido fascista rumano "Guardia de Hierro" en torno a las hermandades secretas de herreros y forjadores. En su libro Herreros y Alquimistas, Eliade demostró como la Alquimia procedió del arte de la forja de los metales. Dalí, además, no olvidaba al primer vástago de su linaje del que tenía noticia, Pedro Dalí, el herrero de Llers, próximo a Figueres, su pueblo natal.


Evidenciado a través de símbolos que permitían asociaciones paranoicas, Dalí percibió en el comunismo huellas de irracionalismo; experimentó una fascinación particular por la hoz y el martillo en cuya fusión descubría su admirado andrógino. Para él, la hoz era un símbolo femenino y el martillo masculino. Idéntica fascinación le produjo la esvástica en la que veía otro símbolo andrógino de unión sexual (Wilhelm Reich, el psiquiatra postfreudiano, quiso ver lo misma en el distintivo del NSDAP). No ahorró declaraciones favorables a Hitler antes de la guerra e incluso es posible que sintiera alguna simpatía política. Breton recordaba que, en febrero de 1939, el propio Dalí le había explicado que "la crisis contemporánea era racial y que la solución posible era concentrar todos los esfuerzos de los blancos para reducir a las razas de color a la esclavitud".

Se ha dicho que, con el paso de los años, Dalí se había ido convirtiendo en un hombre de orden que ansiaba, ante todo, la estabilidad por encima de las ideologías políticas: si Stalin le causó una profunda devoción surrealista se debía -entre otras cosas- al régimen de hierro que había creado, sintió otro tanto por Mussolini y Hitler y la admiración que deparaba a Franco o Mao no estaba muy lejos de todo esto. Pero sería incompleto reducir la admiración de Dalí hacia esos regímenes totalitarios a una mera muestra de conservadurismo político; en esos años existieron otras muchas dictaduras totalitarias que no merecieron ningún comentario elogioso ni su más mínima atención. Dalí, en realidad, no experimentó apenas una admiración hacia el aparato de poder de estos regímenes; sólo le atraía la "dimensión mítica" que intuía en ellos.

A principios de los años 30, Dalí empieza, en efecto, a sentir fascinación hacia la esvástica. Esto coincide con las presiones de René Crevel para que el surrealismo tome partido a favor de la Internacional Comunista y asista al Congreso de escritores de Jarkov. En el momento más inoportuno, Dalí propuso a los surrealistas votar una moción "proclamando la mirada y la espalda blanda de Hitler dotadas de un lirismo poético irresistible". Más adelante confesará sentirse "fascinado por las caderas blancas y rollizas de Hitler" (...) "la más divina carne de una mujer de cutis blanquísimo". No podía evitar asociar Hitler a la imagen de una mujer.

A partir de la conversación con Crevel, escribe, "mi obsesión Guillermo Tell - piano - Crevel dejó paso a la del "gran paranoico comestible", o sea, Adolfo Hitler". Consideraba al fundador del NSDAP como el "gran masoquista", capaz de desencadenar una guerra de dimensiones "kolossales" solo por el puro placer de perderla y destruirse en la vorágine.

Dalí se cuidaba de destacar que estas asociaciones paranoicas no tenían nada que ver con las valoraciones políticas que podían hacerse del nazismo. Breton, no quiso, finalmente hacer tales distingos y el grupo surrealista terminó convocando una reunión para tratar la expulsión del pintor. Éste acudió con un termómetro en la boca y se tomó la temperatura en no menos de cuatro ocasiones quitándose y poniéndose ropa según el cariz de la discusión. Finalmente se llegó a una solución de compromiso en la que Dalí resultó expulsado pero se le permitió seguir exponiendo con otros pintores surrealistas.

Coincidiendo con estos hechos reflexionó en torno a las sugestiones alucinatorias que le producía un cuadro de Millet, El Ángelus; se preguntaba por qué algunos símbolos, personajes o cuadros favorecían la eclosión de sus fantasmas interiores y que otros le dejaban completamente indiferente. Dedicó varios cientos de páginas a resolver el enigma en un libro cuyo manuscrito permaneció perdido desde 1940 a 1962, El mito trágico del Ángelus de Millet; el cuadro le parece objetivamente "azucarado y nulo", de la misma forma que Hitler desprovisto de sus atributos de dictador no es más que un típico burgués medio o la esvástica no deja de ser un signo más entre otros muchos; ¿por qué estos elementos le sugieren innumerables asociaciones paranoicas?, ¿por qué otros se muestran completamente inertes? Llega a la conclusión de que "a tales efectos deben corresponder causas de cierta importancia y que, en realidad, bajo la grandiosa hipocresía de un contenido de lo más manifiestamente azucarado y nulo, algo ocurre"… Dalí ha llegado al núcleo de los grandes símbolos, aquellos que generan una sintonía entre lo exterior a nosotros, la percepción del símbolo, y lo que está dentro de nosotros, latente, el arquetipo simbólico. Llama a esto "atavismo".

La atracción que sintió Dalí hacia el nazismo y más en concreto hacia la figura de Hitler y la esvástica, forma parte de este atavismo. Dalí asumía la interpretación que Wilhelm Reich en su Psicoanálisis del nazismo hacía sobre la esvástica. Para Reich el símbolo del nazismo tuvo atracción sobre las masas por que indicaba, de manera estilizada, una cópula entre hombre y mujer; cada parte estaría representado por ┌┘ y └┐, cuya intersección indicaría los sexos unidos durante el coito...

El franquismo en Dalí

Dalí no sólo simpatizó con el franquismo sino que además conoció personalmente al dictador y ambos compartieron momentos de intimidad. Pintó un retrato de su nieta y dedicó un poema al entonces Príncipe de España, sucesor de Franco. Hay que ser claros: Dalí sedujo a Franco y la simpatía fue mutua. ¿Sobre qué se basó?

Dalí, culturalmente hablando, era capaz de cualquier exceso y excentricidad, pero ya hemos visto que, con el paso del tiempo, en términos políticos, fue convirtiéndose en un conservador nato, horrorizado por las turbulencias de la inestabilidad y el vacío de poder. Fue acentuando estas tendencias con el paso de los años. La posibilidad de una "revolución político-social" le producía nauseas, precisamente por eso se dejó seducir por el concepto de "revolución cultural", pues, en el fondo eso consistió el surrealismo de su juventud: la transformación de los parámetros culturales y de las concepciones para que estas, a modo de infraestructuras presionaran sobre las superestructuras políticas. La muerte de García Lorca influyó en su ánimo más de lo que han estimado muchos biógrafos. Otro tanto puede decirse de la desaparición de correligionarios surrealistas en campos de concentración, en huidas de Francia o en combates en el maquis. En su conferencia en 1951 en el Teatro María Guerrero dijo: "Yo siempre he sabido que toda revolución no es interesante por lo que revoluciona, sino al contrario, porque, a través de ella, se vuelve a encontrar la tradición viva que estaba oculta bajo el polvo de la falsa tradición: las rutinas burocráticas del espíritu".

Dalí sintió por Franco lo que otros muchos conservadores experimentaron hacia la figura del dictador: agradecimiento por haber enterrado un caos llamado "Segunda República" y dado fin al estilo de hacer política de los partidos que conformaron el arco parlamentario de la época. Para Dalí importaba poco la legalidad republicana, opinaba que este capital se había dilapidado en el desgobierno, el caos cotidiano y la incapacidad para resolver los problemas. En la citada conferencia de 1951 su primera frase -"Picasso es comunista, yo tampoco"- fue recibida con una ovación rotunda. Y siguió: "En nuestra época de mediocridad, todo lo grande, importante y auténtico, se ha llevado a cabo fuera de lo común, frecuentemente contra viento y marea". En otro momento dijo: "Antes de Franco, los políticos y los gobiernos aumentaron la confusión el desorden y las mentiras en España. Franco rompió abiertamente con esta falsa tradición, restableciendo la claridad, la verdad y el orden en todo el país, en los momentos de mayor anarquía. Esto revela una gran originalidad". Y, por si había alguna duda, continuó: "Vengo para visitar a dos Caudillos. El primero Francisco Franco. El segundo Velázquez, que cada día asciende más en el firmamento artístico del mundo". Franco era un enamorado de la pintura y, ciertamente, conocía a los clásicos, no solo españoles. Uno de sus pintores favoritos era Vermeer de Delf. Dalí se sorprendió, en la audiencia que le concedió en 1954, cuando Franco le habló extensamente de Vermeer, precisamente en los momentos en los que Dalí se sentía obsesionado por el cuadro del pintor flamenco La Encajera. En otra ocasión declara que Franco se ríe mucho con él. Son buenos amigos, los dos han tenido siempre pocos verdaderos amigos, quizás por eso se compenetran. Un día, después de comer, Dalí se retira a sestear, "Franco, por el contrario -cuenta- fue a revisar unos manuscritos medievales, su capacidad de trabajo era inmensa". Esto nos permite entrar en otro terreno...


Se dice que Franco intentó entrar en la francmasonería durante la II República, como francmasón era su hermano Ramón y como defensor de la masonería inglesa se erigió su hermano Nicolás, gracias a cuya gestión se pudieron implantar logias en las bases militares americanas en España. En realidad, Franco no desmerecía a la masonería inglesa, pero albergaba una completa hostilidad a la francesa y hacia los "Grandes Orientes" (laicos, ateos, librepensadores, racionalistas y, políticamente, liberal-izquierdistas). Durante sus estancias en Marruecos, Franco había conocido personajes extraños; uno de ellos, Corintio Haza, médico judío y khabalista, diseñó para él un extraño talismán que lo acompañaría durante toda la guerra: el "Víctor". El dictador sentía una atracción desmesurada por la figura de Felipe II y por el Escorial. A pesar de haberse erigido en defensor de la cristiandad y de haber desangrado España en defensa del papado, Felipe II mantuvo relaciones difíciles de justificar con individuos que se habían colocado en el punto de mira de la Inquisición: desde el arquitecto Juan de Herrera -autor del Tratado sobre la piedra cúbica, uno de los libros de cabecera de Dalí en su período místico- hasta el bibliotecario Benito Arias Montano, pasando por sus gustos pictóricos extremadamente curiosos que iban desde El Bosco hasta los pintores alumnos de Vasari que, como Pellegrino Tibaldi, acudieron a decorar la biblioteca y el claustro de El Escorial dejando sobre aquellos muros el testimonio de su sabiduría hermética. Precisamente en la Biblioteca de El Escorial y en las estancias personales de Felipe II se guarda la colección mejor provista de tratados de alquimia reunidos sobre territorio español. El Emperador tenía atracción reverencial por Saturno y los astrólogos de la Corte le habían comunicado que su reinado estaría influido por este planeta; de ahí que el Emperador vistiera perpetuamente de negro. Las leyendas urdidas en torno al sitio de El Escorial afirman que su emplazamiento fue elegido por una vieja tradición que situaba allí la "puerta del infierno". Su trazado tiene en cuenta una doble estrella pentagonal y reproduce el Templo de Salomón: El Escorial debía taponar esa entrada de lo maligno. Franco estaba al corriente de todo esto y lo tuvo en cuenta a la hora de edificar el Valle de los Caídos. La cripta del Valle de los Caídos está orientada hacia El Escorial y simétricamente separada de él por el monte Avantos. Decididamente todavía queda por escribir la historia oculta de Franco...

Para Dalí esto era la "gran política" que le atraía desde sus tiempos de precoz lector de Federico Nietzsche: el liderismo de hombres que, a despecho de las masas, actúan para transformar su voluntad de poder en mecanismo histórico, líderes que están, como mínimo tan preocupados por los destinos históricos de un país antes que por la solución de los pequeños problemas cotidianos. Para Dalí la sintonía natural entre Franco y Felipe II tenía más valor que todas las inauguraciones de pantanos de aquel período, la avalancha turística o los planes de desarrollo. Era la muestra de que Franco era "grande" (bueno o malo, pero "grande" al fin y al cabo).

Dalí vio por última vez a Franco año y medio antes de su muerte; el Jefe del Estado se encontraba ya con las facultades físicas muy disminuidas y la audiencia fue breve, pero, gracias al encuentro, el Teatro-Museo de Figueras recibió un impulso notable. Fue el último gesto daliniano del Franco. Dalí alabó, una vez más, la "grandeza del Caudillo". Esta "grandeza" que percibió en Franco, la racionalizó de manera paranoico-crítica mediante la observación de los símbolos y ritos del franquismo: un himno de letra completamente surrealista -El Cara al Sol, paralelo al poema, igualmente surrealista, que Dalí había compuesto en 1929, Con el Sol-, parafernalia imperial antiplebeya, símbolos míticos (el yugo y las flechas, el cisne, la garra solar), y talismanes (el “Víctor”), todo lo cual suponía entroncar el período franquista con lo que reconocía como la "tradición" española.

Los símbolos no son mudos: son expresiones sensibles de ideas, evocan ideas a través de su morfología; cualquier espíritu avezado penetrará en la naturaleza de un símbolo con sólo visualizarlo una vez, sin meditar sobre él. Y Dalí pertenecía a este tipo de individuos que cuando ven una esfera no piensan sólo en que se trata de una forma idéntica al balón, sino que tras él intuyen significados simbólicos y metafísicos más profundos. Tales significados de este o aquel movimiento político, más que el movimiento en sí, son los que seducen a Dalí, a pesar de que el conjunto pueda ser de una bajeza y mediocridad alarmante. La persona del líder carismático y las sugerencias paranoico-críticas que de los símbolos que lo acompañan, atraen al pintor más que cualquier otra cosa. También en el caso del franquismo, la personalidad de Franco y su acompañamiento simbólico ritual, referido siempre a la tradición española, mereció su adhesión, en absoluto el franquismo sociológico -la burguesía-, ni al franquismo organizado -el "Movimiento Nacional"- con el cual jamás tuvo ninguna relación.


La política hermética de Dalí

Contrariamente a la opinión de algunos biógrafos, Dalí si definió sus ideales políticos y no siempre por el camino de la negación. Si bien en su pensamiento y en sus declaraciones políticas menudearon las negaciones rotundas, también hubo afirmaciones soberanas. Y la primera de ellas es ese alegato al que antes hemos aludido en defensa de la "tradición": "No creía -escribió Dalí- ni en la revolución comunista, ni en la revolución nacional-socialista, ni en ninguna otra clase de revolución. Creía, sólo en la suprema realidad de la Tradición". Tenía muy presente la frase de Eugenio d'Ors: "Todo lo que no es Tradición, es plagio". 

Dalí reconoce ya en su primera juventud el valor de la tradición en la pintura: sus maestros son los clásicos, su modelo a imitar, la gran tradición pictórica renacentista. Este mismo concepto lo traspasa a la política y consigue que, a pesar de todas sus aparentes excentricidades, exista una lógica y una coherencia de hierro en las opiniones políticas de Salvador Dalí.

La admiración de Dalí por la pintura clásica y renacentista, por el Siglo de Oro español, hacía de él un hombre cuyas raíces -o al menos una parte de ellas- estaban ancladas en otro tiempo. Era algo parecido a la fiesta de los toros que, como Picasso, amaba tanto: algo que estaba presente en el mundo moderno, pero que no "era" del mundo moderno. Pues bien, son los valores anti-actuales del Dalí pintor los que traspasa a la política. Dalí tenía tendencia a reducir la Historia a la historia de la pintura.

Y había un punto en el que percibía una inflexión; a pesar de ser un hombre que vivía en el mundo moderno, e incluso que había participado de sus vanguardias artísticas más extremas, la totalidad de la personalidad de Dalí era  in illo tempore, de un Renacimiento que todavía no se ha despojado de los últimos ecos de la humanidad medieval, los que constituyen la médula de la "gran política" para Dalí en su época de madurez. Tales valores son abatidos por la Revolución Francesa. Alzada sobre las cabezas guillotinadas de la aristocracia, la revolución de 1789 afirmó la primacía del burgués y de los valores burgueses en la sociedad occidental. Visto el poco aprecio que Dalí -por rechazo a la situación familiar- tenía por los valores burgueses, no puede extrañar que la sola mención a la Revolución Francesa le enfermara.

Estando en 1929 con el surrealista Robert Desnos en un restaurante de la Avenue Montparnasse, éste le habló entusiásticamente de lo que representó la Revolución Francesa para el espíritu occidental. Al día siguiente, Dalí aquejado de unas fiebres extremas y en estado delirante, vio su habitación invadida por insectos; al deshacerse de uno de ellos que creía ver ascendiendo por su cuerpo, se extirpó un lunar y perdió abundante sangre. A partir de ese momento observó que la mera alusión de alguien a la Revolución Francesa le provocaba inmediatamente accesos de fiebre y fuertes dolores de cabeza. En su período místico, Dalí vio en los sucesos de 1789 el origen de la decadencia del arte moderno [5].

Dalí manifestó en todas las etapas de su vida un desprecio absoluto hacia todos los regímenes demo-liberales. Consideraba que la democracia era el caldo de cultivo de toda corrupción. A la pregunta del ensayista Alain Bosquet sobre los acontecimientos de mayo del 1968 en París, Dalí contesta: "El régimen no me parece suficientemente podrido. Me atraen los regímenes corrompidos al máximo, esos que ya están maduros para el restablecimiento de una monarquía tradicional. ¡Todavía sería necesario que todo estuviera aquí más podrido, aun más podrido!". "Contra peor, mejor", habían dicho algunos revolucionarios antes que él; los místicos e iniciados de todos los tiempos, por su parte, aseguraban que para que algo naciera lo anterior debía de morir: Dalí, como veremos, tenía ideas políticas bastante claras, por paradójicas que pudieran parecer.

Es innegable que hasta mediados de los años 30, mantuvo una postura revolucionaria, como hemos visto, que le llevaba a dar vivas a todo lo que se oponía a la revolución liberal y a los valores burgueses, fuera fascismo o bolchevismo. Sabemos que llegó a estas posiciones percibiendo en los símbolos de tales regímenes un elemento misterioso que estaba del todo ausente en las repúblicas demo-liberales y que le seducía. Dalí sufrió la influencia de personas concretas: Giorgio di Chirico, su amigo, su precursor en cierta forma, creador de la "pintura metafísica" con su hálito misterioso y onírico, fue, poco a poco, derivando del dadaísmo, al surrealismo y de éste a una colaboración cada vez más estrecha con el fascismo. Arno Breker, pasó a ser el escultor oficial del régimen hitleriano. Breker, era una personalidad exuberante e igualmente "renacentista", fuera de lo común, amigo a su vez del escritor Godfried Benn, traductor del esoterista italiano barón Julius Evola al alemán y prologuista de su obra capital Revuelta contra el mundo moderno. Este grupo alemán rechazaba igualmente las categorías burguesas y en sus obras literarias o escultóricas exaltaba los valores inherentes a un tipo humano que busca niveles superiores de vida. Breker esculpió un busto de Dalí como antes había esculpido la estela en honor de los soldados de la Wehrmatch muertos en Stalingrado. Dalí lo tenía en alta estima.

La situación de estos intelectuales y artistas en relación a los regímenes políticos de sus respectivos países fue similar a la de Dalí respecto al franquismo: apoyo crítico y exterior, nunca compromiso total con carnet del partido único en el bolsillo. Simplemente creyeron que los fascismos estaban más próximos a sus categorías éticas y políticas que el demo-liberalismo. Es indudable que las relaciones con estas personalidades decantaron definitivamente las simpatías de Dalí hacia los regímenes totalitarios.

Tras huir de la guerra civil española, Dalí pasa un período en Villa Comboni, cerca de Analfi, propiedad del poeta Edward James. En la vecina Roma, se siente emocionado con las ruinas del Capitolio y del Foro y escucha casualmente un discurso de Mussolini. Ve en él dictador del fascismo una reedición del líder, del hombre "grande" situado más allá del bien y del mal, que actúa a despecho de la opinión de los "pequeños". Por esas fechas, los surrealistas están alarmados, no tanto por el exhibicionismo daliniano que no hace otra cosa que llevar a la práctica el estilo de vida que ellos proclamaban en sus escritos, sino que perciben que "el nombre de Hitler -siempre mostrado en términos correctos y acompañado de las más entusiásticas observaciones- aparece con demasiada frecuencia y entusiasmo. Da la impresión de que este aborrecido nombre no puede separarse de sus labios". En esos momentos, buena parte del surrealismo había terminado mirando hacia la izquierda y no era raro que los surrealistas estuvieran en guardia: el régimen nazi había acuñado una denominación para describir buena parte de sus producciones, "entartete kunst", arte degenerado…


Los nazis habían recuperado esta idea de Max Nordau que, a principios de siglo definió el arte moderno como un "arte débil", "psicológicamente enfermizo", producto de una sociedad crepuscular y en ruinas. En 1937 el régimen nazi organizó, en el Instituto Arqueológico de Berlín, una Exposición de Arte Degenerado compuesta por 700 piezas producidas después de 1910 por artistas alemanes de vanguardia. El grupo surrealista de Colonia, dirigido por Max Ernst, que se había erigido como una de las vanguardias más agresivas y "experimentales", protagonizó buena parte del evento. El diario oficial del partido nazi mostró una foto de Hitler y Goering ante un cuadro de Max Ernst; el pié de foto decía "Ofensa a la mujer alemana"... Esta exposición supuso el punto álgido del enfrentamiento entre las concepciones culturales nazis y las surrealistas.

Dalí se encontró aislado en su propio grupo y tuvo en Louis Aragon a su principal detractor. Aragon, ante un exabrupto imaginativo, de Dalí a propósito de un "objeto surrealista" -una mecedora construida con vasos llenos de leche- se le encaró: "!Basta de excentricidades! La leche será para los hijos de los huelguistas...". Hacía poco que Aragon había estrenado sus lealtades socialistas en el Congreso de Escritores Revolucionarios de Jarkov, definido por Dalí como areópago de la mediocridad. Llegaría a ser director de L’Humanité, el diario del PCF.

Acosado por la izquierda comunista, disputado por los intelectuales y artistas del fascismo, el pintor, a pesar de su apoliticismo, experimentaba una evolución en sus tendencias interiores. En esos años descubrió, también en política, la "vía de la Tradición". A ello le llevó un razonamiento que, fue sofisticando con el paso de los años, pero que era simple en esencia y que puede resumirse en siete puntos:

1) la idea de que debe existir una entidad suprema que ordene en las alturas, un "líder" que encauce y encarrile;

2) mientras, en la base actúan necesariamente múltiples tendencias contrapuestas cuyos conflictos no pueden nunca ir más allá de los límites impuestos por la entidad suprema;

3) sólo tras la caída del fascismo, Dalí sustituye la figura del "líder" por el "monarca";

4) para dar un aspecto daliniano a esta opción perfectamente coherente, Dalí concilia la idea de liderazgo único en la cúspide con la de multiplicidad de contradicciones en la base, ideando el concepto de "monarquía anárquica" [6];

5) los descubrimientos realizados a lo largo de los años 60 en el dominio de la biología le enseñaron que los organismos naturales, hasta en sus más mínimos detalles, no son amorfos y desestructurados, sino que se encuentran jerarquizados y especializados. 6) la estructura biológico-molecular de la que deriva el hombre en su unidad y en sus potencialidades, es el ADN: por lo tanto, el principio monárquico y la jerarquía que de él emana tiene una justificación biológica [7];


7) así pues, la forma de gobierno más conforme con la naturaleza humana será la "monarquía-anárquica"… Fin del razonamiento.

La tesis de Dalí, enunciada de forma jocosa -"en esta época de miseria intelectual en que vivimos debo expresarme en términos caricaturescos para que mis contemporáneos puedan intentar comprenderme", había dicho- si se quiere, paradójica en ocasiones, pero sería, al fin y al cabo, es que debe existir unidad en la cúpula, jerarquía en los escalones intermedios de la sociedad y diversidad actuante en la base. La existencia de esa unidad -monarquía- y de esa jerarquía garantiza que la multiplicidad de tendencias en la base -la "anarquía" a la que alude- no rompa el conjunto en el desorden civil. Dalí intenta conciliar una forma de "tradición" -la monarquía- con un concepto de "revolución" -la anarquía-; su pensamiento político se encaminó, ya desde su juventud, hacia esta síntesis.

Julius Evola, amigo de Tristan Tzara y de Gottfried Benn, conocido de Giorgio de Chirico y de Arno Breker, con muy buenas relaciones en el Tercer Reich (fue de los primeros en saludar a Mussolini en el Cuartel General del Führer tras ser liberado del Gran Sasso por los paracaidistas del coronel Otto Skorzeny), jamás se había afiliado al Partido Fascista, pero de los años 50 a 70, sostuvo ideas que influyeron ampliamente en una parte de la juventud neo-fascista del Movimiento Social Italiano y de los grupos extraparlamentarios Avanguardia Nazionale y Ordine Nuovo; el barón Evola, cuya obra es fundamentalmente de carácter tradicionalista, escribió a principios de la década de los cincuenta un libro titulado Los hombres y las ruinas, que supuso un intento serio de elaborar una línea política que corresponda a la tradición esotérica. Dalí conocía este texto, que le fue remitido en italiano; existen suficientes alusiones, vínculos y amistades comunes, afinidades, entre las declaraciones políticas de Dalí y los puntos de vista de Evola, como para afirmar razonablemente que Dalí, sea directamente, sea a través de terceros, conocía perfectamente la obra del esoterista italiano; máxime cuando los temas tratados en sus libros estuvieron siempre en el espíritu de Dalí: La Tradición Hermética, Metafísica del Sexo, etc.


Dalí establece las motivaciones de lo que, parafraseando a Hitler, llama Mi lucha; algunas de las consignas que sitúa están calcadas literalmente de las teorías políticas de Julius Evola. Véase con detenimiento la relación de Dalí por que constituyen un verdadero manifiesto político:

Contra la simplicidad                           Por la complejidad

Contra la uniformidad                          Por la diversificación

Contra el igualitarismo                         Por la jerarquización

Contra lo colectivo                               Por lo individual

Contra la política                                 Por la metafísica

Contra la naturaleza                            Por la estética

Contra el maquinismo                         Por el sueño

Contra la abstracción                           Por lo concreto

Contra la espinaca                               Por los caracoles

Contra el arte moderno africano         Por el Renacimiento

Contra la Medicina                               Por la magia

Contra la revolución                             Por la tradición...

Hay en todo esto una dosis considerable de estilo daliniano. Por ejemplo, cuando truena contra la espinaca lo está haciendo contra lo informe y lo caótico (en otras ocasiones compara lo informe a la baba de un perro), el caracol le evoca, por el contrario, la espiral generadora perfectamente trazada; tales son las asociaciones sugeridas por su método paranoico-crítico.

El sistema de "monarquía-anárquica", propuesto por Dalí, es, fundamentalmente, aristocrático; la aristocracia, antes que cualquier otra cosa, es un "estilo", sereno, estable, mesurado, responsable, es el estilo que entrevé en los grandes cuadros del Renacimiento y que quiere reproducir en sus mejores obras. Pero para llegar a él había que destruir los fundamentos del mundo moderno y esto pasaba a través del apoyo a las fracciones más extremas que lo combatían: así no es de extrañar que Dalí apoyase a los contestatarios de las barricadas y difundiera entre los estudiantes de la Sorbona un panfleto -Mi revolución cultural- que, en parte, podrían haber suscrito los mismos grupos anarco-situacionistas detonadores de los sucesos. Tampoco es extraño que Dalí glosara las virtudes de la revolución cultural maoísta, aun afirmando que el marxismo estaba enterrado. Era una forma de implementar la acción de los grupos más radicales con objeto de acelerar el proceso destructivo que desbloquearía el ascenso de un orden nuevo. Tal es el sentido de la "estrategia" política daliniana...

Estas posiciones no fueron entendidas por la izquierda progresista que lideró la vida cultural española durante la transición. Solo tres botones de muestra bastan para mostrar la superficialidad de aquellos que se llamaron "intelectuales". En 1979, la Asamblea Democrática de Artistas de Gerona condenó la obra de Dalí; ninguno de los integrantes de esta "asamblea" pasará a la historia de la pintura. Algunos desconocidos, seguramente vinculados a estos ambientes, apedrearon la casa de Port Lligat. Finalmente, en junio de 1979, el Ayuntamiento de Figueras cambió el nombre de la Plaza Gala-Dalí con los votos favorables del Partido Socialista, Esquerra Republicana de Catalunya, Convergencia i Unió y el Partido Comunista (PSUC). A todos ellos se les puede dedicar la frase extraída del Libro Rojo de Mao: "La rana de la charca jamás comprenderá la grandeza del océano"...


NOTAS

 

[1] Esta misma anécdota, la encontramos en la biografía de otro personaje conocido de éste siglo, escolarizado en otra escuela laica a 2000 km de distancia, en Como, Italia: Benito Mussolini.

[2] Eliade era tenido en alta estima por los esoteristas Julius Evola y René Guénon con los que mantuvo correspondencia y cuyos trabajos utiliza para sus compilaciones. Eliade pasó unos años en la India instruyéndose, teórica y prácticamente, en los distintos yogas y se interesó vivamente por la alquimia en varios ensayos. A Dalí le llamaron particularmente la atención tres de sus trabajos: "Mefistófeles y el Andrógino" (Ed. Guadarrama, Madrid 1974) y "Herreros y Alquimistas" (Alianza Editorial, Madrid 1973) y "Yoga: Inmortalidad y libertad" (Editorial La Pleyade, Buenos Aires 1972).

[3] Las relaciones entre Dalí y Picasso son importantes y tormentosas. Al llegar Dalí a París, lo primero que hizo fue visitar a Picasso: "He venido a verle a usted antes que el Louvre", le dijo; el malagueño le contestó: "Ha hecho usted muy bien". Más adelante le presentaría a Gertrud Stein, relacionada con todos los ambientes artísticos de París; la Stein contribuiría a introducir a Dalí en estos medios. Picasso era, igualmente, amigo de Eluard y de Gala a quien regaló algunas pinturas que hoy permanecen en el Teatro-Museo de Figueras. El fotógrafo Brassaï vio en el pintor malagueño al primer mecenas y protector de Dalí. Picasso le prestó dinero para su irrupción en EE.UU. y hasta el estallido de la guerra civil hubo entre ambos artistas una buena y sincera amistad. A partir de entonces todo cambió. Picasso optó por el Partido Comunista. A partir de entonces todo fue desencuentro y oposición. En realidad Picasso fue un punto de referencia para Dalí que se convirtió en el anti-Picasso: "Estoy fusionando el surrealismo con la mística. Dalí está por la fusión. Picasso por la confusión. Ambos somos genios en un país de contrastes: sol y sombra". Los dos pintores nunca más volvieron a verse a pesar de la mutua simpatía y admiración que se profesaban en privado. Antonio D. Olano (que fue amigo de ambos), dice que se "enfurruñaron como chiquillos" y todo induce a pensar que, efectivamente, así fue. Cada verano Dalí escribía a Picasso solicitándole una entrevista, pero la carta quedó siempre sin respuesta. Picasso reconoció a Olano que le hizo mucha gracia la frase de “Picasso es comunista. Yo tampoco" e, incluso le dijo: "Ese muchacho es el último pintor renacentista que le queda al mundo". A la "Paloma de la Paz" de Picasso, correspondió Dalí con su "Cruz de la Paz", y al "Guernica" de Picasso, Dalí respondió con su "Santiago el Grande". Las correspondencias y antítesis entre ambos pintores llegan a tal punto que, incluso, sus compañeras eran rusas...

[4] Todas estas relaciones han sido descubiertas por Silvia Nieto y José Hermida en su libro“Viajes esotéricos" (Temas de Hoy, Madrid 1994) y a ellos corresponde la paternidad de estas afirmaciones.

[5]  "Uno de los pintores modernos de importancia fue sin duda alguna Henri Matisse, pero Matisse representa exactamente las últimas consecuencias de la revolución francesa; es decir, el triunfo de la burguesía y del espíritu burgués (...) Las consecuencias del arte moderno contemporáneo radican en haber llegado al máximo de racionalización y al no va más allá del escepticismo. Hoy en día, los jóvenes modernos no creen en nada. Es perfectamente normal que, cuando no se cree en nada, se acabe pintando apenas nada, que es, poco más o menos el caso de toda la pintura moderna" ("Diario de un Genio", anotación del 18 de diciembre de 1955).

[6]  "La política no me interesa porque es algo que pasa rápidamente, algo accidental. Pero tengo una pequeña teoría sobre la monarquía... cada día me hago más monárquico", había dicho y también: "Me había formado toda una teoría que puede parecer absurda, según la cual yo creía que el régimen maravilloso sería la Monarquía anárquica. O sea: arriba el máximo orden absoluto que permitiese a los de abajo hacer lo que les diese la gana y divertirse al máximo". Y Antonio D. Olano, comentando análogos fragmentos escribe: "La monarquía no es política, en absoluto. Es la única manera de gobierno que no tiene que ver con la política". En otra ocasión profetizó que las monarquías se reinstaurarían en Europa por este orden: primero España, posteriormente, Rumanía y, finalmente, Rusia. Entonces muchos rieron la excentricidad que, con el paso del tiempo, si bien es improbable, no es absurda.

[7] "Desde el punto de vista científico, la monarquía es la única forma de gobierno que corresponde a los más recientes descubrimientos de la biología. La monarquía es genética. Viene de Dios. Lo único terrible es que los actuales reyes no son monárquicos. Dicen que son liberales, hablan de socialismo, etc. Y hace falta que sean absolutistas -terminaba ironizando-, pero convencer a un rey para que se convierta en monárquico es una empresa complicada".

Fuente

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