lunes, 7 de febrero de 2022
“Reflexiones sobre la democracia española y el coste de mantenerla”
domingo, 6 de febrero de 2022
LA PUREZA DEL NIHIL. EN MEMORIA DE LOS MILLONES DE PERSONAS EXTERMINADAS BAJO LA ACUSACIÓN DE FASCISTAS
"La religión de los germanos, cuya base documental nos ha sido transmitida por fuentes escandinavas ---fundamentalmente islandesas--- redactadas en torno al año 1000 n. e., representa un legado mitológico de gran interés. Domina en ella una visión trágica del mundo, que se manifiesta en la omnipresencia del conflicto y en la sobredeterminación del destino. Este último orienta la mitología de los hombres del norte y cobra una importancia tal vez mayor que en ninguna otra cosmovisión religiosa. Educado para la guerra, consagrado a ella, el germano se sabe convocado a una batalla final cuyo signo es conocido de antemano. El motivo del Ragnarök ---el destino de los dioses--- dota a la religiosidad germánica de un tinte destinal y de una coherencia trágica que se sopreponen a la voluntad y al mérito. Apenas hay lugar en ella para una soteriología éticamente orientada. La escatología, ya se exprese en forma épica ya en forma apocalíptica, hunde sus raíces en una metafísica destinal ajena a cualquier doctrina de salvación."
Patxi Lanceros, El destino de los dioses. Interpretación de la mitología nórdica, Madrid, Trotta, 2001, p. 17.
"La existencia propia del hombre histórico significa: ser puesto como brecha en la que irrumpe y aparece la superioridad del poder del ser, para que esta brecha misma se quiebre bajo el ser."
(1935)
Martin Heidegger, Introducción a la metafísica, Barcelona, Gedisa, 1993, p. 149
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¿20-N? Quizá. Pero coincidió con el Día Mundial de la Filosofía. Un 20 de noviembre de 2007 se fundó FILOSOFÍA CRÍTICA en memoria de los millones de personas exterminadas bajo la acusación de "fascistas". Los olvidados de los olvidados. Pero nosotros no olvidamos.
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Nos han preguntado si mantenerse fiel al "fascismo" tiene a estas alturas algún sentido práctico (¿conseguiremos el éxito?); búrlanse: ¿no es algo así como celebrar una derrota o regodearse de manera gótica en la Caída de Berlín, en las imágenes de los niños y abuelos alemanes marchando al frente ---perdida ya la guerra--- con sus Panzerfaust, en el loco concepto de guerra total atribuido a Goebbels...? Etcétera. El nihilismo, en definitiva.
Pero mi tarea no consiste aquí en resolver los problemas estratégicos y tácticos del fascismo, sino en salvaguardar la existencia misma de la idea. Primero hay que rescatar la idea, después ya examinaremos las técnicas de organización. Sólo si la idea no perece, cabrá la posibilidad de luchar por ella. Sin embargo, los sedicentes fascistas, aquellos que todavía osan declararse fascistas, ignoran qué es el fascismo. ¡Tenemos los escritos de los líderes fundadores! O sea, se pretende restaurar el fascismo tomando como base los textos organizativos, estratégicos y tácticos de los años 20 y 30 del siglo pasado. Ridículo. Pero yo voy todavía más allá: ¿podría el fascismo y, singularmente, el nacionalsocialismo, enmendarle la plana al sentido fundamental de la mitología nórdica? No hablo de la creencia en los dioses nórdicos, sino en los valores que se desprenden de dicha mitología. Como nacionalsocialista, NIEGO que la autoridad de cualquier lider político, incluido Adolf Hitler, se anteponga a la verdad. No hay nacionalsocialismo que valga contra el mensaje central de la mitología germánica. En consecuencia, si la mitología germánica resulta incompatible con toda soteriología, también será incompatible con la soteriología cristiana y, por ende, el nacionalsocialismo y el cristianismo se erigirán como doctrinas opuestas, antagónicas, irreconciliables... De hecho, el fascismo surgió con la expresa finalidad de erradicar el judeo-cristianismo del solar histórico europeo. Quien afirme lo contrario es un idiota o un traidor o las dos cosas a la vez.
La palabra nihilismo suena despectiva y se caracteriza por su mala prensa intelectual. Es el vocablo peyorativo utilizado en filosofía para referirse al fascismo sin mencionarlo a efectos de no mancillar un discurso "teórico puro" con la vulgaridad de la política. En sus textos, la mayoría de los académicos designan la caída en el nihilismo como la peor bajeza en que el pensamiento pueda incurrir. ¡Por algo será! No se les ocurre explicar, más allá del tópico y a pesar de su condición de filósofos, en qué consiste eso del nihilismo y por qué resultaría a la postre tan negativo. Una versión light de lo que ocurre, en política, con "fascismo". Cualquier iletrado se llena la boca de "fascismo" o "fascista" para desacreditar al adversario. Nadie quiere, por supuesto, ser identificado como fascista. Y quienes aseguran sentirse fascistas, muy pocos, son en realidad presuntos creyentes cristianos, la antípoda del fascismo. No habría, pues, fascistas. Incluidos los ultraderechistas. Por ello no tengo ni he tenido nada que ver con ese nauseabundo gueto político, que sólo me inspira desprecio. La extrema derecha no es fascismo.Yo conozco a muy pocos fascistas. Podría contarlos con los dedos de una mano y todavía me sobrarían dedos. En todo caso, nadie sabe explicarme en qué consiste el fascismo y por qué es tan odiado.Cuando te espetan, bajo una lluvia de esputos, que el fascismo es el mal absoluto por esto X o por aquéllo Y, basta hacerle al antifa de turno unas pocas preguntas elementales respecto a si esto X o aquéllo Y también se detecta en el comunismo y el liberalismo en proporciones mucho mayores y ahí se le terminan sus argumentos: mera ignorancia histórica y mucha propaganda aliada incrustadas en el cerebro. Después de tan breve diálogo viene ya acto seguido raudo el insulto e incluso la agresión. Pero me interesa abundar ahora, por enésima vez y retomando la temática de la entrada sobre El destino de los mortales, en este tema de la victoria y la derrota. ¿Nos gusta acaso la derrota? Más todavía: ¿fue la Caída de Berlín una mera derrota o hay ahí algo más?
¿VICTORIA O DERROTA?
No queremos la victoria, sino la verdad, aunque la verdad salga siempre derrotada de la lid. Y tiene que ser así para que la verdad encarne. Su encarnación es la figura del héroe. Ahora bien, cuando perecemos en la lucha por la verdad, ese sacrificio consituye "lo más alto". No hay nada sobre la tierra que se pueda equiparar a la verdad encarnada. Un sacrificio, aclaro, sin contrapartida compensatoria. Para que nos entendemos: sin premio. Ni siquiera la fama o la memoria nacional, tan preciada por los guerreros griegos y romanos de la Antigüedad. El fascismo ha purificado la idea del heroísmo hasta las últimas consecuencias. Mejor el anonimato, como las limosnas entre los cristianos, que el pago. El terrorista islámico espera el cielo y no se distingue, en este punto, de sus víctimas despanzurradas en la discoteca: el paraíso coránico se parece demasiado a un vulgar hotel bien provisto de señoritas y vino.Y es la muerte propia aquéllo que se reivindica, no el asesinato. Mucho menos, el canallesco asesinato de inocentes indefensos típico del terrorismo... El soldado desconocido, que no representa a un individuo concreto sino la comunidad por la que cayó, es el modelo. Hete aquí nuestra victoria. Tenemos que morir ---devenir mortales--- para que "lo más alto" brille rutilante un instante sobre la tierra entre la masa de humanes, estúpidos y cobardes, que nos rodean. La muerte representa, lo repetiré mil veces, la condición trascendental de posibilidad del acto heroico. Éste es esencialmente trágico. Agradezco a la muerte la oportunidad que nos brinda para romper lazos con los humanes (incluida su presunta inmortalidad) y elevarnos al rango de mortales. Si nos ofrecieran verazmente la resurrección de la carne, entre otras chucherías religiosas, la rechazaríamos. Se trata de una decisión, no de la constatación de un "hecho". Yo, fascista, escupo en el rostro de Yahvé. Yo, fascista, convalido la muerte/finitud como ser de todo ente y refundo aquí la pagana consagración de la vida.
No aceptamos resignados la muerte: la afirmamos con orgullo en negando la fe soteriológica de la masa. ¿Decadencia? ¿Nihilismo? La ausencia de recompensa, el nihil ---la nada--- constituye el summum de la espiritualidad. ¿O es que esperamos alguna remuneración por el cuidado dedicado a nuestros padres ancianos? Algunos, sí, pero en su interior saben de su incurable mezquindad. La verdad no es un medio para el paraíso de la huríes, el cielo, la vida eterna o la resurrección del bistec... La verdad es el valor supremo y, en consecuencia, para decirlo kantianamente, un fin en sí mismo. La decadencia, precisamente, es cómica y se caracteriza porque no hay tragedia. Su máxima honestidad acontece en el humor. Humpery Bogar en Casablanca: El oficial alemán: ---¿Nacionalidad? Bogart: ---Borracho. Jesucristo, el dios que muere por nuestros pecados pero resucita ---y sabe desde el principio que resucitará--- es humor judío para la ridiculización del héroe ario.
Ni una gota de decadencia hallarán ustedes en el ideario de los mortales, porque la experiencia de la muerte no se confunde con el fallecimiento ---poco de funerario hay en ella---, sino que nombra el momentum de la máxima potenciación vital. Decadencia es el ideal de la felicidad y, peor aún, de la esperanza. Luchar sólo por la victoria es ya decadencia. Por ejemplo: imbuir en los soldados la creencia en la inmortalidad o drogarlos para que luchen con más ardor ---una práctica habitual en los ejércitos--- es el pecado por excelencia para el fascismo, porque se ha mancillado y extirpado de cuajo la raíz del heroísmo. Y la victoria, si llega, ya no será la victoria de la verdad, sino la victoria del fraude y la cobardía. Nuestra felicidad se llama lucha; nuestra esperanza, cumplir la promesa del destino, la gran batalla del final de los tiempos en las inmediaciones del abismo.
Sin experiencia de la muerte no es posible el surgimiento de "lo más alto". El culto fascista del héroe ---que ha muerto por todos nosotros--- nada tiene que ver con la religión de las ovejas y sus pastores o con cualquier otra creencia en la "salvación", sino con aquélo que el arte trágico-heroico que Richard Wagner intentó plasmar en su obra. La imagen del héroe trágico caído en combate encarna aquí la suprema expresión de lo bello. En el Estado artístico la nación toda es la expresión imponente y sublime del significado último de todas las cosas. Sólo esta fe ---el fascismo--- nos concede graciosamente la genuina invencibilidad que en vano ofertan los judeo-cristianos con sus regalos envenenados (resurrección, amor, esperanza, felicidad, vida eterna...). El cristianismo es la inversión judía, punto por punto, del fascismo/paganismo. Pero podemos refundarlo también reinterpretando la figura del Cristo desde los valores fascistas y devolverles así el golpe a nuestros enemigos. Nosotros hemos reconducido el fascismo a sus fuentes madres y restaurado su esencia perdida. No otra ha sido la tarea de nuestra vida, que ya toca a su fin.
¿POR QUÉ SE LLAMA GÖTTERDÄMMERUNG?
El ocaso de los dioses no nombra, por tanto, una situación accidental que quepa revertir con "la victoria", sino la esencia misma del fascismo. Y el verdadero motivo por el que el fascismo inspira tanto odio viene de ahí. No sus crímenes o supuestos crímenes. No su presunto racismo. No su proverbial autoritarismo. No su detestable antisemitismo. Si el motivo fueran los genocidios nazis, los humanes deberían odiar más todavía al comunismo o al liberalismo que al fascismo y vemos que no es así. El auténtico motivo es la verdad. El fascismo mienta la verdad que el humán se niega a convalidar. Nosotros los fascistas, en consecuencia, no pertenecemos a la humanidad. Hemos dado un sí a la muerte ---la verdad--- que nos condena a las tinieblas exteriores satánicas imaginadas por todos los enanos, santurrones e idiotas de este mundo. El cristianismo, no lo olvidemos, convirtió en demonios todos los dioses paganos, incluidos los dioses blancos. ¿Obsesiones mías? No, porque nos hallamos en el acto fundacional de nuestra tradición. Los dioses germánicos son dioses mortales, es decir, finitos. El ocaso de los dioses significa la muerte de los dioses. En este extremo, la religión germánica, a diferencia de la griega o la romana ya parcialmente contaminadas por el sirocco egipcio y otros vientos del sur, guarda en su sencilla humildad la perla, el secreto de hielo, de la religión aria originaria. El famoso Walhalla es ya influencia cristiana, semítica: la anti-Europa. Pero incluso el nefasto Walhalla ---una lucha prolongada por toda la eternidad--- poco tiene que ver con el paraíso celestial de oriudez africana u oriental. ¿Eran nihilistas los germanos? Pues entonces los fascistas también somos nihilistas y el círculo se ha cerrado.
Para los germanos, en efecto, por encima de los dioses erígese el tiempo, representado por la figura de las nornas. Las nornas rigen el destino. Y los dioses están sometidos al destino que las nornas personifican. Un destino ---la Moira para los griegos--- que ni siquiera pueden doblegar los inmortales dioses olímpicos. En la fe germánica el destino se llama Ragnarök, batalla del final de los tiempos donde los germanos avanzan hacia la destrucción a sabiendas de que la derrota es inevitable. Cumplen con su deber en el anonimato más absoluto. El Ragnarök articula en un código mítico el filosofema central ---Sein zum Tode--- del pensamiento de Heidegger, a saber, el "estado de resuelto" (Entschlossenheit) o verlaufen zum Tode ("correr al encuentro de la muerte") del existente (Dasein). El filósofo alemán no hizo otra cosa que elevar a concepto y secularizar en la razón la experiencia fundamental de la religión germánica, referente tradicional último e irrebasable de la ideología fascista.
¿EXISTEN FASCISTAS?
Así pues, nadie puede pretender que yo me haya sacado todo esto de la manga porque "estoy loco", pero sí puedo afirmar que quienes, entre los presuntos patriotas, me estigmatizan por haber proclamado la verdad, no me niegan a mí, niegan, en realidad, el fascismo. Les preocupa más (humano, demasiado humano) su vida eterna individual que la comunidad nacional, pues eso significa en su boca que dios está por encima de la nación, a saber: que ellos mismos ---su "espíritu", su "inmortalidad", su "felicidad"--- antójanseles más importantes que la nación. Sistema de valores. Estos payasos despreciables están encantados de conocerse. No otra es, empero, la fórmula de la decadencia, que los ultraderechistas encarnan a la perfección como cristianos que son. Y así, con su abyección y mezquindad, estos tristes patriotas de picaresca se retratan en un grotesco strip tease psicológico (para decirlo con palabras de Laureno Luna). Opción que me parece muy adecuada a su idiosincrasia judaica, pero que, insisto, no es fascismo, sino antifascismo.
La extrema derecha utiliza conmigo, aunque de momento a pequeña escala dada su impotencia política, mecanismos de difamación, ensordecimiento y represión análogos a los que el sistema oligárquico ha empleado con los ultras ---y con los verdaderos fascistas. (Por ejemplo, Hitler "estaba loco"). No se les ocurre nada mejor: la carta de la normalidad frente al disidente. ¡Ellos! Patético. Por cuanto si ya resulta estupefaciente que la esencia del fascismo sea ignorada por quienes, asnos, se pretenden fascistas, más asombroso parece todavía que, una vez corregido el error, sea también dicha esencia escarnecida entre insultos y descalificaciones personales dignas de los auténticos puercos sin honor que nos gobiernan. Y ello en defensa de otra doctrina que constituye la antípoda ideológica y axiológica del fascismo. ¿Querían que les explicara lo que es la decadencia? Pues aquí tienen su definición. Decadencia no es el nihilismo y la muerte, decadencia es esa hipóstasis moral egomórfica del individuo, la sacralización del propio yo ("alma" a imagen de dios) en el "más allá" (¡imagínense a ese yo en el "más acá"!), es decir, la irrisión pura y simple de los valores que deberían poder rescatarnos de la podrida society actual. Pretendiendo además, por si fuera poco, que el antídoto contra dicha decadencia es precisamente la pócima emponzoñada de la religión, los valores judaicos, inviscerados en el cristianismo, que han provocado la ruina de Europa. Quien quiera oír, oiga.
Jaume Farrerons, la Marca Hispànica, 20 de noviembre de 2021.
jueves, 27 de enero de 2022
El modelo Gadafi
Estamos viendo cómo políticos y periodistas de la Triple M se lanzan de lleno sobre Putin, un tirano amenazador contra una Ucrania inocente que solo quiere ser libre…, con un gobierno salido de una sospechosa “primavera” al estilo de las árabes; gobierno antirruso que quiere extender la OTAN a pesar de que una parte muy considerable de la población ucraniana es rusa o prorrusa. Uno solo tiene que recordar la campaña contra Gadafi, casi calcada: de repente salieron grupos en Libia contra Gadafi y todos los periodistas y políticos mangantes clamaban contra aquel tirano horrendo que oprimía a su propio pueblo. El resultado fue la destrucción de un país próspero y bastante ordenado, guerra civil permanente, decenas de miles de muertos, miseria generalizada y cientos de miles de “migrantes”, nueva intervención de otras potencias…
Vale la pena recordar el vídeo de la peligrosa chiflada Hillary Clinton riéndose del espantoso asesinato de Gadafi. España fue obligada por su gobierno a participar en el brutal crimen contra Libia, naturalmente en nombre de la democracia y colaboración con nuestros “amigos y aliados”, los de Gibraltar y similares. El método de manipulación de la opinión pública se repitió para destruir a Siria, salvada a medias y en último extremo por Rusia de un islamismo degollador contra el que durante largo tiempo no hizo nada la OTAN. Nadie en la OTAN o la UE ha pedido perdón o dado excusas por estos criminales atropellos con cientos de miles de muertos y millones de desplazados. Por lo visto, esas organizaciones se creen con derecho a perpetrar tales masacres y destrucciones impunemente, porque se dicen democráticas, entendiendo por democracia la ideología LGTBI, multiculturalista, anticristiana y cada vez más totalitaria. Y ahora repiten el mismo esquema con Putin y Rusia.
España no puede impedir que otras potencias cometan tales fechorías, pero sí debe desvincularse de ellas. Cosa que no harán de ningún modo sus gobiernos, sean PP o PSOE, apoyados por la Triple M. ¿Qué se puede hacer contra eso? Crear opinión pública, cosa que en mayor o menor medida está al alcance de cada persona consciente de lo que se juega. Ciertamente, el poder de la Triple M es abrumador, pero tenemos por lo menos un ejemplo, el de Trump, que logró vencerlo una vez y demostrar luego que la mitad de la población useña no se deja engañar por los “científicos” de la manipulación. Es el reto que hoy tenemos en España.
Robert Faurisson: Una vida de compromiso por la verdad y por la libertad
“Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni cosa buena que le envidien” Baltasar Gracián
Este 25 de enero se cumplen 93 años del nacimiento del historiador revisionista Robert Faurisson, que nació en Shepperton, Surrey, Reino Unido, el 25 de enero de 1929, de padre francés y de madre escocesa, quien ha sido un conocido escritor y difusor del revisionismo histórico, por lo que fue perseguido judicialmente y atacado físicamente en al menos 10 ocasiones por sus opiniones. El intelectual judío Noam Chomsky defendió el derecho a expresarse de Robert Faurisson del que afirmó que no hay evidencia alguna de que fuera un antisemita, calificativo siempre utilizado para tratar de descalificar a todos los autores revisionistas.
A lo largo de su vida, Robert Faurisson fue profesor en la Universidad de Lyon entre 1974 y 1990, y en la Sorbonne de Paris. Contó con titulación académica como especialista en análisis de documentos y sus trabajos más conocidos se centraron en el período de la Segunda Guerra Mundial. Poseía además un doctorado en Literatura y Ciencias sociales, entre las cuales, en Historia.

Robert Faurisson ha sido uno de los más importantes autores revisionistas, por no decir el más importante. Sus “Escritos revisionistas” son 9 volúmenes. Y es preciso decir que ideológicamente era un hombre de izquierdas, cuyos escritos fueron editados por la editorial francesa de izquierdas “La vielle taupe” (“El viejo topo”). Y hay que añadir que su revisionismo histórico no fue negacionismo porque él no negó ninguna verdad ni tampoco fue una apología de ninguna ideología ni de ningún régimen, fue un revisionismo científico.
Todo empezó cuando generó una gran controversia con un artículo publicado en “The Journal of Historical Review”, impreso y distribuido por el Institut for Historical Review (IHR) – www.ihr.org -, con sede en Los Angeles, California, EEUU, que es el principal centro dedicado al revisionismo histórico, y más tarde con un libro sobre los campos de concentración en el III Reich.

Publicó también un análisis crítico sobre la autenticidad del Diario de Ana Frank, titulado “The Diary of Anne Frank: Is it Genuine?” (recordemos que hace años ya que la Fundación Ana Frank reconoció que el autor de esta novela fue su padre, Otto Frank, es decir, que se trata de una falsificación literaria por la que ya hubo un juicio por los derechos de autor, y pese a ello se sigue manteniendo como texto de lectura obligatoria en los colegios, también aquí, en España), y también sobre la veracidad de los relatos de Elie Wiesel, con el título “A Prominent False Witness: Elie Wiesel”.Faurisson concluía que la versión oficial de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial sigue siendo un efectivo medio propagandístico sionista, en beneficio del Estado de Israel y en perjuicio de Alemania y de Palestina. En palabras de Faurisson: “Forma parte de una misma mentira histórica que ha permitido una gigantesca estafa política y financiera, cuyos principales beneficiarios son el Estado de Israel y el sionismo internacional, y cuyas principales víctimas son el pueblo alemán, pero no sus líderes, y los palestinos en su totalidad”.
El círculo de amistades de Robert Faurisson contaba con destacados revisionistas como el canadiense de origen alemán Ernst Zündel, el sueco Ditlieb Felderer y el marroquí Ahmed Rami.

En «Escritos revisionistas», Faurisson explicó sus motivos para empezar a interesarse por el revisionismo histórico y las consecuencias que debió enfrentar por ello. En palabras de Faurison: “El ejemplo de Paul Rssinier me advertía que podía temer graves repercusiones. Pero decidí seguir adelante, ceñirme a una investigación de carácter puramente histórico y publicar el resultado. Elegía además dejarle al adversario eventual la responsabilidad de salir del terreno de la controversia universitaria para emplear los recursos de la coerción y tal vez la violencia física. Esto fue precisamente lo que ocurrió. Utilizando una comparación, podría decir que de alguna manera la frágil puerta del despacho en que redactaba mis escritos revisionistas cedió, un día, súbitamente, bajo la presión de una muchedumbre vociferante de protestatarios… Los descubría de pronto, no tal como los había conocido hasta entonces –es decir como individuos distintos unos de otros–, sino como elementos imposibles de desprender unos de otros, un grupo unido por el odio y (por usar el término que ellos prefieren) la «cólera». Frenéticos, echando espuma por la boca, en un tono que combinaba el gemido y la amenaza, me venían a gritar que mis trabajos los erizaban, que mis conclusiones eran falsas y que tenía que rendir pleitesía a su propia concepción de la historia de la Segunda Guerra Mundial”. (Robert Faurisson. “Escritos Revisionistas” 1974-1998.)

Y las repercusiones para Faurisson empezaron y no terminaron el resto de su vida. En 1983, Faurisson fue multado por las autoridades francesas por decir que «Hitler nunca ordenó ni permitió que nadie fuera asesinado a causa de su raza o religión». Por sus ideas fue apartado de la docencia y de su puesto como analista de textos de la Universidad de Lyon, la cual dio como pretexto el no poder garantizar la seguridad del profesor, aunque posteriormente se le acusó con los supuestos de «falsificar la historia, de difamación e incitación al odio racial». Dichas acusaciones se enmarcan dentro de la legislación «anti-revisionista» europea por las que la cuestión del mal llamado “holocausto” no puede ser debatida públicamente, y cuestionar su historia se considera constitutivo de dichos delitos.
El 16 de septiembre de 1989, Faurisson fue agredido y golpeado brutalmente por tres judíos radicales del grupo «Fils de la mémoire Juive» («Hijos de la memoria judía») causándole graves heridas al ser abordado por los susodichos tres individuos mientras paseaba con su perro en un parque. Después de rociarlo cobardemente con un spray de gas irritante en el rostro, cegándolo temporalmente para impedir que se defendiera, los tres agresores le atacaron a puñetazos y patadas al profesor universitario de 60 años de edad que tenía entonces. Sufrió severas heridas por las cuales tuvo que ser operado en urgencias, incluyendo rotura de mandíbula y una costilla rota. El grupo judío radical reivindicó la responsabilidad del ataque, y en una declaración dijo: «El profesor Faurisson es el primero, pero no será el último. Dejamos advertidos a quienes niegan la Shoah”. En aquel momento, personalidades y organizaciones prominentes en Francia, junto con el más influyente periódico francés, “Le Monde”, condenaron el ataque. Sin embargo, el judío francés, de “profesión” «caza-nazis» Serge Klarsfeld justificó aquella agresión con estas palabras: «Alguien que ha provocado a la comunidad judía por años debería esperar esta clase de cosas…», «Uno no puede insultar la memoria de las víctimas sin recibir las consecuencias».

Si bien el ataque de septiembre de 1989 contra Faurisson fue el más brutal, no fue el primero ni el último. Entre noviembre de 1978 y mayo de 1993, Faurisson fue agredido físicamente en diez diferentes ocasiones.
También en los años 80, en una ocasión en la que se organizó una conferencia del Profesor Faurrison en la Facultad de Historia de la Universidad Complutense de Madrid, ésta fue desautorizada a última hora por las autoridades académicas de dicha Facultad, y rápidamente los organizadores tuvieron que improvisar en la cercana Facultad de Derecho de la UCM su charla en un aula en un clima de tensión dados los precedentes de agresiones sufridas.
En Estocolmo, Faurisson fue agredido dos veces. El primer ataque fue el 17 de marzo de 1992, y el segundo, el 22 de mayo de 1993, ambos recibieron cobertura mediática y fueron ampliamente reportados en la prensa sueca. El ataque contra Faurisson en París, el 30 de mayo de 1993, fue reportado en “Libération”, (Paris), 1 de junio de 1993.
A pesar de tantas infamias y amenazas contra su vida, el profesor Faurisson continúo defendiendo la verdad histórica.

Así, el profesor Robert Faurisson participó en la Conferencia Internacional de Teherán, Irán, los días 11 y 12 de diciembre de 2006. El título de su conferencia fue: “Las víctimas del revisionismo”. Dicha Conferencia tuvo como objetivo defender y ejercer la libertad de expresión que no era posible en ninguno de los países occidentales que hipócritamente dicen defenderla. Fue organizada por el entonces presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad con el propósito de debatir y hablar libremente y de paso poner en evidencia a los falsos profetas de la libertad en Occidente. Por cierto, que a dicha Conferencia asistieron también judíos ortodoxos, por lo que la habitual acusación de “antisemitismo” no tiene mucho sentido. Solo es una treta utilizada siempre por los enemigos de la libertad de expresión. La conferencia del Prof. Faurisson en dicha Conferencia titulada “Las víctimas del revisionismo” fue después editada, también en español. Este documento está dedicado al profesor Mahmoud Ahmadinejad, y a los entonces nuestros presos de conciencia Ernst Zündel, Germar Rudolf y Horst Mahler, el primero de ellos ya fallecido. Y también a Arthur R. Butz, Fred A. Leuchter, Barbara Kulaszka, Ahmed Rami, Gerd Honsik y Heinz Koppe.

Robert Faurisson falleció de un infarto en su casa en Vichy, Francia, el 21 de octubre de 2018, al volver de dar una conferencia en Inglaterra.
Su mayor victoria fue no ceder a ninguna de las agresiones que sufrió. Se mantuvo siempre firme hasta el final.
jueves, 2 de diciembre de 2021
30 DE NOVIEMBRE: CORNELIU CODREANU
El 8 de Febrero de 1937, Codreanu anunció ante los medios de comunicación que si el Rey Carol II lo deseaba, la Guardia de Hierro se retiraría de las siguientes elecciones e incluso se disolvería para evitar un baño de sangre. Como era evidente, muchos se quejaron por esta actitud después del buen resultado obtenido, aunque “el Capitán”, con visión mucho más amplia del futuro, sabía que la democracia estaba a punto de ser liquidada y que el Rey Carol II acabaría imponiendo una monarquía absoluta de carácter feudal.
El 11 de Febrero de 1938 los temores de Codreanu se volvieron realidad cuando el Ejército Real Rumano propinó un golpe de Estado mediante el que disolvió el Parlamento Rumano, se tomaron las principales ciudades del país y se prohibieron todos los partidos políticos (liberales, campesinos, conservadores, fascistas, comunistas, representantes de la minoría húngara…), salvo el nuevo Frente del Renacimiento Nacional dirigido por el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa, Miron Cristea, que instauró un régimen de lealtad monárquica en torno a la figura del Rey Carol II, además de un sistema ultrarreligioso, tradicionalista, antifascista, anticomunista y antisemita. Al mes siguiente, el 26 de Marzo de 1938, todos los miembros de los diferentes partidos anteriormente ilegalizados fueron arrestados, torturados y los millares de militantes o simpatizantes enviados a la prisión o campos de concentración. Codreanu que inmediatamente fue detenido y llevado a juicio (los jueces que de nuevo pretendían absolverle fueron encarcelados y sustituidos por unos magistrados afines al monarca), fue acusado de conspiración contra la patria y de intercambiarse correspondencia con Adolf Hitler, algo que “el Capitán” desmontó durante un discurso de más diez horas que para desgracia de él fue a puerta cerrada y por tanto nadie pudo seguir desde el exterior. Finalmente y a pesar de lo evidente de su inocencia, el tribunal le declaró culpable y le condenó a diez años de cárcel (lo que el sabía sería una pena de muerte a corto plazo porque en su cautiverio le asesinarían tarde o temprano).
El 17 de Abril de 1938 Codreanu entró en la Prisión de Jilava, donde llevó a cabo una vida triste y melancólica, que estuvo acompañada de todo tipo de palizas y torturas, ya fuesen físicas o psicológicas. A este trato se sumó la desesperación de estar hacinado en una celda de seis metros de largo por cuatro metros ancho, por supuesto fría y cargada de humedad, en cuyo suelo tenía que dormir vestido sobre unas tablas de madera. Como los guardias tenían prohibido hablar con él, Codreanu dedicó el tiempo a rezar, como la plegaria hecha a Dios el 24 de Abril, Día de Resurrección; aunque también tuvo ocasión de escribir un libro que nunca terminaría bajo el título de Diario de la Cárcel que redactó gracias a que un funcionario le regaló papel y lápiz (y que posteriormente guardaría bajo su custodia). Poco a poco la salud de “el Capitán” fue empeorando porque el ambiente húmedo de la prisión encharcó sus pulmones y le hizo enfermar de tuberculosis crónica.
A las 10:00 horas de la noche del 29 de Noviembre de 1938, Codreanu y otros trece prisioneros de la Guardia de Hierro fueron sacados de las frías celdas en la Prisión de Jilava y conducidos hasta el exterior, donde se les obligó a montar en la parte trasera de un camión, cada uno con las manos atadas y mirando erguidos hacia delante. Algunas horas más tarde y mientras se dibujaba en el cielo el amanecer del 30 de Noviembre de 1938, el camión se detuvo en el Bosque de Tancabesti y los prisioneros descendieron junto a una cuneta. De manera inmediata, detrás de cada legionario se colocó un gendarme (hasta un total de catorce) y en cuanto se encendió una luz de linterna a modo de señal, los guardias pasaron una cuerda alrededor de los cuellos de los reos y los estrangularon hasta la muerte, incluyendo a Codreanu.
Fallecido “el Capitán” y los otros trece legionarios, el camión regresó a la Prisión de Jilava para arrojar los cadáveres a una fosa común. Una vez dentro del agujero, los guardias dispararon sus fusiles y pistolas contra los cuerpos para simular que habían muerto por los disparos en un intento de fuga. Acto seguido se les enterró, aunque al día siguiente, 1 de Diciembre, fueron desenterrados y trasladados a un lugar más lejos para esconderlos en otra fosa sobre la que echaron veinte bombonas de ácido sulfúrico y a continuación una capa cemento y encima de ésta otra de tierra. Inmediatamente después, los catorce verdugos recibieron 20.000 lei de dinero a cambio de su silencio; mientras que los principales orquestadores, el Ministro del Interior Armand Calinescu y el jefe de la Gendarmería Rumana Ion Bengliu, emitieron un parte oficial falso en el que se afirmaba que los prisioneros habían muerto tras escapar del recinto. La orden de los asesinatos había partido del Rey Carol II y de su asesor Nikolai Iorga -la Derecha Liberal-.
La mentira acerca de la muerte de Corneliu Codreanu se mantuvo durante dos años hasta que a la caída del absolutismo del Rey Carol II y la fundación del Estado Nacional Legionario durante la Segunda Guerra Mundial por parte del “Conducator” Ion Antonescu y Horia Sima, el cadáver fue descubierto y reconocido por los forenses el 25 de Septiembre de 1940, cuya valoración demostró que claramente había sido asesinado. La respuesta de la Guardia de Hierro en aquel instante fue brutal porque los legionarios entraron en la Prisión de Jilava y mataron brutalmente a 64 colaboradores del Rey Carol II, entre ellos al comisario Ion Bengliu.
La muerte de Codreanu implicó la desaparición de la Guardia de Hierro a largo plazo, pues aunque esta última se apropió del poder entre 1940 y 1941 al frente del Estado Nacional Legionario de Horia Sima, los sucesos posteriores en la Segunda Guerra Mundial propiciaron su caída definitiva. A pesar de todo, Corneliu Zelea Codreanu fue uno de los personaje más místicos y altruistas dentro del fenómeno fascista, así como una figura clave para la Historia de Rumanía en el siglo XX.
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