miércoles, 14 de julio de 2021

El asesinato de José Calvo Sotelo: Declaraciones del guardia de Asalto Aniceto Castro Piñeiro

 

En El Diario Vasco de San Sebastián se publicó el día 16 de noviembre de 1938 un reportaje debido a Carlos Sáenz, redactor de dicho periódico, con motivo de las declaraciones del guardia de Asalto Aniceto Castro Piñeiro, que iba en la trágica camioneta número 17 en la que se cometió el execrable magnicidio, en la noche del 12 al 13 de julio de 1936.

Aniceto Castro fue hecho prisionero por los nacionales en la Ciudad Universitaria junto al Hospital Clínico, crucial campo de batalla en el Frente de Madrid, donde murieron miles de combatientes de ambos bandos, quedando completamente destruidos la mayoría de sus edificios. Dicho reportaje, muy poco conocido, tiene un gran valor y trascendencia histórica, por lo que nos disponemos a reproducirlo íntegramente.

 

En el campo de concentración de Talavera de la Reina

«Era ya muy de día cuando hemos llegado a Talavera. Orillas del Alberche, junto al maravilloso paisaje de álamos que escoltan al río, iba recordando otros días en que también me trajo aquí mi profesión de informador. Hace ya mucho tiempo, la muerte trágica de J0-selito, en esa plazuela “sin palcos”, cobijada al pie de la torre ermitaña, dedicada a la advocación de la Virgen del Prado; luego en los primeros meses del Movimiento, la gran marcha victoriosa de las columnas que subían de África y de Andalucía.

No espere el lector muchos adornos literarios en este reportaje de hoy. Ni el cansancio ni la exigencia de minuciosidad en el relato lo consienten. Diré, pues, lisa y llanamente las cosas que he oído de un modo directo y personal.

Ya estamos en Talavera de la Reina.

Vamos a llenar los trámites de rigor para poder tener acceso al campo de concentración, y hablar con el guardia de Asalto que iba en la camioneta número 17 de la Dirección de Seguridad, cuando fue asesinado el ilustre hombre público don José Calvo Sotelo.

Aniceto Castro Piñeiro ha sido hecho prisionero por nuestras tropas en la Ciudad Universitaria, junto al Hospital Clínico. Necesitamos, asimismo, obtener el correspondiente permiso del juez instructor para poder hablar con el prisionero. El juez es un capitán del Cuerpo Jurídico, y no solamente nos concede la autorización para desempeñar nuestro cometido, sino que amablemente nos acompaña al campo de concentración.

Hay en él gran cantidad de prisioneros. Lo que más llama la atención es la diversidad de ropas que llevan los detenidos. Unos van con camisetas sin mangas, otros llevan chalecos de lana, los más, zamarras de miliciano, de distintos colores. De pronto sale hacia la calle un prisionero, que tanto por su indumento como por su porte y ademanes descuella entre los demás.

—Ese —nos dice el juez instructor—es Aniceto Castro Piñeiro.

Este es el hombre.

Se acerca al grupo que formamos los periodistas y, dirigiéndose al capitán, dice:

—A sus órdenes.
—Estos señores —le responde el capitán— quieren hacerle unas preguntas.
—Lo que usted ordene.

Hacia las oficinas

Entretanto, hacemos un detenido examen de su persona. Es alto, de complexión fuerte, pelo castaño, ojos pardos y vivos, frente despejada, con grandes entradas; usa pequeño bigote, sumamente cuidado. Su aspecto no es desagradable a la vista. Viste pantalones de militar, camisa de gris azulado, con mangas por encima del codo. Calza alpargatas blancas, y no representa tener más de treinta años.

Subimos a los locales destinados a oficinas, para conversar con él. Aniceto Castro sube el primero y prepara sillas para todos. También recoge los abrigos. Se produce con una gran naturalidad. No se siente cohibido. Antes por el contrario, se desenvuelve con desenfado, sin afectación.

Antecedentes del prisionero

—¿De dónde es usted? —le pregunto.

—De Lugo.

—¿Qué edad tiene...?

—Veintisiete años.

—¿Su estado civil?

—Soltero.

—¿Tiene hermanos?

—Dos. Uno guardia de Asalto y otro capellán.

—¿Cuándo ingresó usted en el Cuerpo de Guardias de Asalto?

—En noviembre de 1934.

—Antes de ingresar como guardia, ¿perteneció a algún partido político o a alguna organización sindical...?

—A ninguno.

—¿Cuál era su oficio antes de esa fecha?

—Yo me dedicaba a las labores del campo. También trabajé algo en calidad de cantero.

—¿Cuál fue el primer destino al ingresar en el Cuerpo...?

—Fui destinado a Oviedo. En la capital asturiana presté servicio desde el mes de noviembre de 1934 hasta el mes de abril de 1935. Entonces fui trasladado a Madrid.

—¿Ese traslado fue a petición propia...?

—Desde luego; y el día 3 de abril fui destinado a la Segunda Compañía de Asalto llamada de “especialidades”.

—¿En qué consistían las especialidades en esa Compañía...?

—Tenía sección de ametralladoras, morteros y gases.

—¿Quién mandaba la Compañía de que usted formaba parte...?

—El capitán Moreno Navarro; y el grupo estaba a las órdenes del coman dante Burillo. La famosa Segunda Compañía

—Se ha dicho que aquella Segunda Compañía de que usted formó parte era muy revolucionaria y que casi todos sus componentes eran gentes que pertenecían a los partidos políticos avanzados de izquierda.

—Efectivamente. Eran muy pocos los de derechas. Entre ellos había dos sargentos que estaban muy disgustados con el matiz izquierdista de aquella Compañía. A tal extremo llegaban las cosas, que cuando algún guardia de otra Compañía tenía altercados o incidentes con sus superiores, por su carácter rebelde de izquierdista, pedía el traslado a la Segunda Compañía. Allí estaban en su elemento. Sin embargo, había otra que llamábamos la “Compañía del Pacífico”, en la que casi todos eran hombres de orden y fieles cumplidores de su deber.

—Quiero que usted nos relate cómo se incubó el crimen contra el señor Calvo Sotelo y cómo se desarrolló éste.

Comienza el relato del crimen

—De su incubación poco puedo decir a usted. Cuando fue muerto el teniente de Asalto Castillo, en la Segunda Compañía se produjo un gran revuelo. No era de extrañar. El Teniente Castillo tenía entre aquellos guardias fama de hombre avanzado; no olvide que aquella Compañía era llamada “la revolucionaria”. Se produjeron grandes protestas. Los cabos Francisco Conde García y Mariano García García eran los más exaltados. “Hay que fusilar a todos los ‘fascistas’ —decía— Se hace preciso acabar con ellos. Ya lo vengaremos...”

—¿Y no llegaron ustedes a saber que el asesinato del teniente Castillo fue pre parado por el Gobierno para provocar una reacción en la fuerza pública...?

—De eso no supimos nada. Pero no tendría nada de particular.

—Siga usted —le decimos.

—Pues, como iba diciendo, juraban que el teniente Castillo sería vengado. Hubo discusiones violentas, comentarios y puños en alto. Y en este estado de excitación, llegó la noche del 12 al 13
de julio.

Se encontraba en el edificio, en la plaza de Pontejos, el capitán de la Guardia civil, Condés. Iba de paisano. Seguidamente, pasó al despacho de los jefes. Después llegaron otros, entre los que
figuraba un siniestro sujeto, pistolero de oficio, que fue el encargado de perpetrar materialmente el bárbaro crimen.

Pronto empezaron a correr rumores, por la Compañía, de que aquella noche se iban a practicar numerosas detenciones de personas de derechas. La noticia produjo gran contento entre los elementos izquierdistas de la Compañía. Y de esta forma, entre rumores y comentarios, llegó la media noche.

Poco después de la una de la madrugada partieron varios guardias a prestar servicio de detenciones. Aproximadamente a las dos, salió del despacho el teniente Andrés León Lupión, quien dirigiéndose a los guardias que allí estábamos dijo: “A ver; tres de vosotros.

Montad en la camioneta”. Y dirigiéndose al guardia José del Rey le entregó un papel que parecía una de las órdenes de detención que por aquellos días sedaban.

Subimos tres guardias de uniforme a la camioneta; aquellos a quienes nos correspondía, pues las salidas de servicio se llevaban por riguroso turno. Subieron también al vehículo, y tomaron asiento junto al chófer, el capitán Condés y el guardia José del Rey. Después subieron otros guardias, de paisano, algunos pertenecientes a la escuadra de asalto, y aquel jefe siniestro “el pistolero”, que, según se dijo y luego pudimos comprobar, daba escolta al ex ministro socialista Indalecio Prieto.

Este sujeto, que llevaba un carné de guardia de Asalto facilitado por la Dirección General de Seguridad, aunque no reunía condiciones para ello, era un individuo que tendría unos veintisiete años de edad, bajo, pero fuerte, rubio y de un aspecto agradable. Siempre se le veía risueño.

Hacia la casa del señor Calvo Sotelo

Salimos de la plaza de Pontejos y nos dirigimos, calle de Alcalá arriba, a la de Velázquez, hasta un edificio que se hallaba al final de la misma. Allí hicimos alto y entonces se acercó el sereno, que preguntó al chófer de la camioneta:

—Vienen ustedes a detener al señor Calvo Sotelo...?

—Abra usted la puerta —dijo un guardia—, no hable y lárguese pronto, porque si no, le vamos a pegar cuatro tiros.

Entonces, el capitán Condés, a quien por orden del teniente León Lupión debíamos obedecer, mandó que los guardias que llevaban pistolas ametralladoras rodearan el edificio, y que otros se situasen en las bocacalles próximas y en lugares estratégicos. El capitán Condés, acompañado del guardia José del Rey y de “el pistolero” penetró en el domicilio del señor Calvo Sotelo. La puerta les fue franqueada por el sereno y los dos guardias que se hallaban de servicio en el domicilio del citado señor Calvo Sotelo.

De lo que allí arriba sucedió, no sé nada, ni después del hecho lo oí comentar. Un cuarto de hora aproximadamente tardaron en bajar. Lo hicieron los tres, acompañados del señor Calvo Sotelo, que vestía un traje gris y llevaba un maletín en la mano. Le hicieron subir a la camioneta y tomar asiento en el tercer departamento de la misma, con vista al frente. Al lado izquierdo del señor Calvo Sotelo me senté yo y a la derecha otro compañero. En el asiento de enfrente no había nadie. Aquel siniestro personaje, conocido por “el pistolero”, se situó en el departamento contiguo, justamente detrás del señor Calvo Sotelo. Este preguntó entonces, donde se hallaba el capitán de la Guardia Civil, y el capitán Condés, desde el “baquet” del coche, repuso:
—¡Aquí!
—¡Ah! —exclamó el señor Calvo Sotelo—; pues entonces, vamos.

Y dirigiéndose a nosotros, añadió: “Vamos a ver qué quieren de nosotros”.

Los demás guardias se situaron en los sitios que teníamos destinados para el público. Al subir el señor Calvo Sotelo a la camioneta, algunos de sus familiares se asomaron al balcón para despedirle, y él contestó saludando con la mano. La camioneta partió veloz...

El disparo a traición

Se dirigió calle de Velázquez abajo. No había aún recorrido unos quinientos metros —o sea, llegábamos al cruce de Ayala— cuando se oyó un ruido seco, extraño. Entonces, el señor Calvo Sotelo, sin exhalar ni un ¡ay!, sin una sola queja de dolor, cayó sobre el asiento delantero del departamento e inmediatamente sobre el guardia que iba a la derecha. Finalmente se desplomó sobre el piso de la camioneta. Dos individuos apretaron sobre el cuerpo para que cupiera entre los dos asientos.

Instantes después, “el pistolero” que iba detrás del señor Calvo Sotelo, se incorporó y, arrodillándose sobre el asiento, disparó otro tiro a la cabeza de su víctima. Dijo: “Ya cayó uno de los de Castillo”. He de observar que el primer tiro debió darlo “el pistolero” de abajo arriba, en la nuca, y el segundo, de arriba abajo, en la cabeza. Yo creo que el primero fue mortal de necesidad. Entonces, el guardia que iba a la derecha del señor Calvo Sotelo se levantó y pasó a ocupar un asiento posterior. Yo continué en el mismo sitio.

—¿Pero nadie se dio cuenta de aquel asesinato tan espeluznante?

—Nadie se dio por enterado ni pronunció una sola palabra, y los que iban en el “baquet” ni siquiera volvieron la cabeza. La camioneta siguió por la calle de Velázquez adelante, llevando ya
su terrible carga. Al llegar junto al cruce con la de Alcalá, había varias parejas de Asalto que cacheaban y detenían los coches y pedían documentación a las personas que circulaban por la calle a aquella hora. Nos dieron el alto; pero al ver la camioneta de la Dirección de Seguridad, y que éramos de la misma Compañía que ellos, nos dejaron seguir.

Hacia el cementerio

Continuamos nuestra ruta y nos dirigimos hacia el cementerio del Este. Nosotros, lo que hicimos fue colocar el cadáver del señor Calvo Sotelo de forma que no fuese visible. Llegamos al cementerio. El capitán Condés y el guardia Del Rey bajaron y se dieron a conocer a los guardias del cementerio. Pasó la camioneta, que quedó bajo los arcos de entrada al recinto, y entonces el capitán dijo: “A ver, bajad eso”. Y entre varios guardias bajamos al suelo el cadáver del señor Calvo Sotelo.

—Yo —dice el prisionero— le cogí de un brazo, y otros de los pies, y del otro brazo, y tiramos de él. Se conoce que por la postura en que había caído no salía con facilidad, y tuvimos que tirar fuerte. A eso se deben las heridas observadas en las rodillas y las rozaduras de la piel. El cadáver quedó sobre las losas, debajo de los arcos.

—¿Entonces no hubo lucha, como se dijo?

—Ninguna. Quedó mucha sangre en la camioneta, pero el señor Calvo Sotelo no dijo una sola palabra. En seguida emprendimos el regreso, y el chófer, dirigiéndose al capitán Condés y a los demás, dijo:

—Supongo que no me delataréis.

—No te preocupes —dijo el guardia Del Rey—. El que lo diga, se suicida; lo mataremos como hemos matado a ese “perro”.

Y seguimos la marcha sin volver a cambiar ni una sola palabra, hasta la plaza de Pontejos. Al llegar allí “el pistolero”, mejor dicho, el asesino material del señor Calvo Sotelo y el capitán Condés, aquél portando el maletín, se dirigieron a la oficina, y poco después salía el comandante Burilo, dando el brazo al asesino. Subieron al despacho de la Comandancia.

—¿No hablaron ustedes con otros guardias de lo que había sucedido?

—Aquel día, no. Los demás lo supieron por la Prensa. Yo, desde luego, al día siguiente hablé con algunos amigos.

—¿Y la camioneta? ¿Qué fue de ella?

—Como estaba llena de sangre, hubo que proceder a limpiarla. Esta operación fue encomendada al guardia Tomás Pérez; y, una vez efectuada, como se instruyó un sumario, la camioneta quedó apartada, fuera de uso.

La farsa trágica

—Después de todo esto, ¿qué pasó?

—Todos seguimos prestando servicio; pero a partir de aquel día no volvimos a ver ni al capitán Condés ni al famoso “pistolero”. Pocos días después y como prueba necesaria para el sumario que se empezó a instruir, estuvieron en el cuartelillo de la plaza de Pontejos una institutriz que tenían en su casa los señores de Calvo Sotelo y una doncella. Formó toda la compañía, menos los tres guardias que habíamos ido de uniforme en la camioneta el día del asesinato. El motivo de esta diligencia era ver si la servidumbre reconocía en alguno de ellos a los que subieron al piso; pero claro está que no nos encontrábamos allí los que habíamos ido en la camioneta.

¡¡¡Crimen de Estado!!!

Mientras esto sucedía, el teniente Barleta nos llamó a los tres que no formábamos y nos dijo:

—No os preocupéis, que nada puede pasaros. Lo sucedido lo ha ordenado el director general de Seguridad, y a éste se lo ha mandado el ministro de la Gobernación. Así que lo saben todo el Gobierno y vuestros jefes. Ellos son los responsables.

—¿Pero exactamente dijo esto? —le pregunto.

—Es tal como lo dijo: que era orden del director de Seguridad y del Ministro de la Gobernación.

—Y de los que iban en la camioneta en aquel trágico día no ha vuelto usted a saber nada?

—Sí; del guardia Del Rey sé que se marchó a Portugal y luego se pasó a Badajoz, donde actuó como capitán de milicias. Actualmente es teniente coronel de milicias en Barcelona. Del “pistolero” me han dicho que ya ha rendido tributo a la muerte y se le ha hecho justicia. Cayó acribillado a balazos en el Alto del Guadarrama. El capitán Condés parece que murió en Extremadura.

—¿Y no se detuvo a unos guardias y al chófer de la camioneta y se les llevó al Palacio de Justicia aquellos días?

—Sí; aquello fue una pantomima, pues no se quiso hacer nada más que una farsa.

—¿A qué atribuye usted que fuera al cuartel de Pontejos el teniente coronel Sánchez Planas?

—Era el jefe del Cuerpo de Asalto entonces; seguramente iría para averiguar lo que había sucedido.

* * *

Esta información confirma lo que ya era público: que el asesinato del Calvo Sotelo fue un crimen de Estado, ordenado por el Poder público. La sangre de aquel prócer y mártir nuestro fue el grito de guerra contra la fiera marxista que amenazaba destruir a España.

¿Quién era “el pistolero”?

Aniceto Castro no sabe el nombre de “el pistolero” (1) que disparó por la espalda contra Calvo Sotelo. Sólo oyó decir por entonces que figuró en la escolta del general Machado, cuando éste era presidente de la República de Cuba, y que se trasladó a España después de la caída del general Machado. En cuanto al guardia José del Rey, perteneció durante algún tiempo a la escolta de Margarita Nelken (2).

Uno de los momentos más emocionantes del relato es aquel en que el guardia Castro cuenta con palabras muy elementales, cómo todos los ocupantes de la camioneta volvieron del Cementerio sin atreverse a mirarse y sin pronunciar una palabra, hasta que el chófer rompió la lúgubre escena pidiendo que nadie le denunciara.

Igualmente cuenta con tonos vivos el instante en que el comandante Burillo y el teniente Moreno abrazaron a Condés y al “pistolero” y les felicitaron por la rapidez con que habían cometido el crimen.

* * *


Sale uno de esta entrevista como de una pesadilla. La fatiga del viaje y la sensación que producen las palabras de este prisionero, me han agobiado hasta el punto de que no puedo añadir al relato algunas consideraciones que he ido apuntando a lo largo de mi viaje de vuelta hacia Ávila.»

Carlos SAENZ
(Enviado especial de El Diario Vasco)

Conclusión

El periodista y político bilbaíno, Julián Zugazagoitia Mendieta, diputado a Cortes por Badajoz en 1931, y por Bilbao en 1936 por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), redactor de El Liberal de Bilbao, diario propiedad de Indalecio Prieto —con el cual le unía una estrecha amistad—, fue también director de El Socialista de Madrid, y más tarde nombrado ministro de la Gobernación en el primer gabinete presidido por Juan Negrín, al enterarse del asesinato de Calvo Sotelo, manifestó: «Ese atentado es la guerra».

Como así fue, ya que a los cinco días del execrable asesinato de Estado —un hecho sin precedentes en toda la historia de los regímenes parlamentarios— se produjo el Alzamiento.

«Sucesos como el de Calvo Sotelo en la historia moderna no se recuerda ninguno», afirmó Alejandro Lerroux, para quien era incomprensible que tras su asesinato Gran Bretaña, Francia y otras naciones democráticas siguiesen fingiendo «que creían en la existencia de un Estado español y una legalidad española bajo el gobierno de los que habían provocado, tolerado o amparado con la impunidad, el saqueo, el incendio y el asesinato. O al dejar impune el crimen habían demostrado, por lo menos, su impotencia para reprimirlo y castigarlo».

Alfonso XIII, en Lausanne, tuvo noticia del asesinato del jefe monárquico, lo que le hizo escribir al conde de los Andes: «Calvo Sotelo es la muerte premeditada obedeciendo a un plan con todos los indicios de complicidad del Gobierno».

De la crispación del momento fue elocuente el tenso diálogo mantenido entre José M. Gil Robles y Diego Martínez Barrio, que se negó a que las Cortes celebrasen la reunión que tenían prevista para el día 14 ante el temor de que los diputados se asesinasen entre sí: «Comunique usted a los autores de la muerte de Calvo Sotelo que esta noche duermo en casa, por si quieren venir a asesinarme», terminó Gil Robles.

NOTAS:

(1) [N. del A.] El nombre de «El Pistolero», también apodado «El Cubano», correspondía a Luis Cuenca Estevas. Natural de La Coruña, nació en 1910. Hijo de un ingeniero industrial y nieto de un general de la Guardia Civil. Estudiante fracasado de Aduanas, marchó en su juventud a Cuba. Estuvo envuelto en varios disturbios estudiantiles. Se afirmaba que había sido guardaespaldas del dictador caribeño Gerardo Machado. En 1932 ingresó en las Juventudes Socialistas. Formó parte de la escolta personal de Indalecio Prieto. Tenía fama de pistolero de acción contra los fascistas, y entre sus compañeros se le atribuía el asesinato de Matías Montero y Juan de Dios Rodríguez. Ello no le impedía disfrutar de la confianza de Prieto, a quien protegió eficazmente en el mitin de Écija, cuando los de Largo Caballero le obligaron a tiros a abandonar
la población. Según la declaración de su hermano Luis en la Causa General, era íntimo amigo de Castillo y mantenía una relación algo más superficial con Condés. También era muy amigo del presidente de la Juventud Socialista, Enrique Puente. Murió en acción de guerra, en la sierra de Madrid, a los pocos días de iniciarse la guerra

(2) [N. del A.1 Margarita Nelken Mansberger, nació en Madrid en 1896. Escritora y política española, hija de judíos alemanes emigrantes a España. Fue una de las representantes del incipiente movimiento feminista de España. Elegida diputada por Badajoz en las Cortes Constituyentes de la República, en representación del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). En 1937, decepcionada por la política de su partido, se afilió al Partido Comunista de España (PCE), adoptando una actitud ultrarradical. En 1939, al finalizar la guerra civil, huyó a México, donde falleció en 1968. Autora, entre otros libros, de La condición social de la mujer en España, Tres tipos de virgen y Primer frente.

Fuente

martes, 13 de julio de 2021

13 de julio 1936: ASÍ VIVIÓ LORCA LA MUERTE DE CALVO SOTELO: “esto es la guerra… nos tenemos que marchar”.

 

Serán los Dioses, será el destino o será el “sino” del cordobés Séneca… pero lo curioso, lo trágico es que la muerte de Calvo Sotelo fue causa impredecible de la muerte de Federico García Lorca. Porque si aquella mañana del 13 de julio no se hubiese producido la noticia del asesinato seguramente Federico no se abría movido de Madrid y en consecuencia no habría tenido el fin que tuvo. 

Reproduzco lo que escribí sobre ese día y Federico de mi obra “El Viacrucis de los escritores españoles”:

A su vuelta, en 1934, vivió los dos años más intensos y fructíferos de su vida. Escribió “Yerma”, “Doña Rosita la soltera”, “La casa de Bernarda Alba” y “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”. La noche del estreno de “Yerma” (29-12-1934) Lorca subió a la cúspide de la gloria, entre aplausos y vítores, porque además la estrella Margarita Xirgú bordó el papel de la protagonista. Por cierto, que aquel éxito lo celebró también con su buen amigo José (que no era otro que José Antonio Primo de Rivera) “José es un buen chico – les diría a otros amigos que le criticaban la amistad con el ya fundador de la Falange – ¿Sabéis que todos los viernes como con él? Solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me conviene que me vean con él”.

Sin embargo, con el triunfo del “Frente Popular”, en febrero del 36, le llegó la vorágine, aquella vorágine que acabaría en la Guerra Civil. Todo le alcanzó el 5 de julio, el día que cumplió los 38 años, porque aquella noche, mientras los hunos y los hotros se mataban en las calles de Madrid, conoció a un joven de Albacete del que se enamoró locamente nada más conocerle. Se llamaba Juan Ramírez de Lucas, era rubio y guapo y sólo tenía 19 años (justo la mitad que él)… y desde ese momento “el rubio de Albacete” entró en su alma e inundó su corazón. También aquella noche le pasó algo que no esperaba y que pudo ser su final, pues cuando fue a entrar en su casa (calle Alcalá, en el cruce con la de Goya) unos pistoleros, no se sabe si “rojos” o “azules”, le dispararon a quemarropa y huyeron dándole por muerto. Afortunadamente en aquella ocasión se salvó.

  • Federico, – le dijo a la mañana siguiente el Embajador de México, un buen amigo, que fue a verle nada más enterarse del atentado – tienes que irte de Madrid. España es un polvorín y sólo falta la mecha que encienda el fuego. Creo que tu vida corre peligro.
  • No te preocupes, Embajador, no pasará nada, al final llegará el 7º de Caballería y aquí paz y después gloria.
  • No lo veo yo así, porque eres una pieza demasiado golosa. Yo te invito a México. Podíamos organizarte, de momento, un ciclo de conferencias… al menos hasta que pase lo que aquí, desgraciadamente, va a pasar.
  • Bueno, amigo mío, lo pensaré.

Y en esas estaba cuando la mañana del 13 de julio le despertó su secretario particular para darle la noticia de la muerte de Calvo Sotelo. ¡Dios, y eso sí que le conmovió y le asustó!...

  • ¡Es la Guerra! – se dijo a sí mismo.

Así que en cuanto desayunó se fue a ver a su novio, “el rubio de Albacete”, al “Comercial”, donde habían quedado

  • Juanito ¿sabes ya lo de Calvo Sotelo? – le dijo a su “rubio” en cuanto se sentó a su lado.
  • Si, Amor, lo sé.
  • ¡Es la Guerra!... Nos tenemos que marchar de Madrid y de España.
  • ¿Qué dices? ¿Tan mal lo ves?
  • ¡Muy mal! ¡esto está a punto de estallar!
  • “Fede”, ¿Y dónde nos vamos a marchar?
  • A México. El Embajador me ha ofrecido que me vaya a su país para dar un ciclo de conferencias, hasta que pase la tormenta.
  • Pero, Federico, tu sabes que yo soy menor de edad y que sin la autorización de mis padres yo no puedo salir de España.
  • Vaya, eso es verdad. Pues eso quiere decir que hoy mismo te tienes que ir a Albacete para que tu padre te dé la autorización.
  • ¿Y tú?, no quiero separarme de ti.
  • No te preocupes por mí, yo me marcho a Granada para despedirme de mis padres y la familia… y en cuanto me avises nos vamos.

Y así lo hicieron. A las 5 de la tarde ya estaban en Atocha y uno cogió un tren para Albacete y otro para Granada. No sabían ellos que sería la última vez que se vieran.

Porque las cosas no rodaron tan fáciles como  había previsto Federico, ya que el padre de Juan Ramírez no sólo se negó a darle la autorización para salir al extranjero, sino que hasta le prohibió salir de Albacete. Tampoco le fue bien a Federico, ya que cuando llegó vio que Granada estaba igualmente al borde del incendio. De momento se encerró en la Huerta de San Vicente, la casa de la familia, a ver qué pasaba. Pero pocos días después, el día 20, la Guarnición Militar se sublevó y rápidamente se apoderaron de la ciudad. El cuñado de Federico, que era en ese momento el alcalde, fue detenido en su despacho y poco después fusilado. Uno de aquellos días, al ser preguntado por un periodista sobre su ideología política respondió: “Yo me siento a la vez, católico, comunista, libertario, falangista, anarquista, tradicionalista, monárquico, republicano… pero por encima de todo me siento español… y ciudadano del mundo”.

Sin embargo, las cosas fueron a peor, ya que las Derechas habían comenzado una implacable persecución contra todos los que no fuesen adictos al Alzamiento o fuesen rojos. En ese ambiente de peligro Federico y los suyos consideraron que el mejor sitio donde podía refugiarse era en la casa de los Rosales, dado que dos hermanos de su amigo Luis eran destacados falangistas de Granada y allí permaneció hasta que el 16 de agosto se presentó la Guardia Civil y lo detuvo, a pesar de la numerosas gestiones que hicieron los Rosales a su favor. De momento fue trasladado al Gobierno Civil, pero el Gobernador, José Valdés Guzmán, autorizó a un grupo de radicales nacionales, entre ellos el ex diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso para que se lo llevaran a Viznar en el término de Alfacar y en el camino, en la madrugada del 19 de agosto, fue vilmente asesinado a tiros por la espalda.

No, tampoco Federico, Federico García Lorca, pudo quedarse en España ni marcharse al exilio.

¡No!

¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,

que no quiero ver la sangre

de Ignacio sobre la arena.

¡Que no quiero verla!

La luna de par en par.

Caballo de nubes quietas,

y la plaza gris del sueño

con sauces en las barreras.

¡Que no quiero verla!


Fuente

Los llamados “neonazis” no son Nacionalsocialistas

 

Lo que hoy se conoce como “neonazi” se llamaba correctamente “asocial” en la década de 1930. Y es, con mucho, el nombre más apropiado, porque pensemos en lo que realmente es un “neonazi”: 

Contiene los dos adjetivos “nacional” y “socialista”. Alguien que es “nacional” está lógicamente interesado en su país y en su cultura. Les podemos asegurar que el “neonazi” nunca ha leído nada de Goethe, Schiller o Kant en toda su vida. Pero estamos seguro de que esta persona nunca ha escrito sus propios pensamientos, porque si está expuesto a un ruido estúpido a todo volumen las 24 horas del día, los 7 días de la semana, no puede pensar con sensatez. Así que ya nos hemos encontrado con la primera paradoja.

La segunda cualidad de un “neonazi” es ser “socialista” que proviene de “social”. Alguien que es social se reconoce a sí mismo como parte de una sociedad / comunidad y ha entendido que el bien común es igual al interés propio. ¿Dejaría un socialista a sus perros defecar en la vía pública? ¿Un socialista arrojaría botellas de cerveza a la acera? ¿Un socialista molestaría por las noches a sus vecinos (que todavía tienen trabajo y lo mantienen), con su molesta música? No claro que no. 

Llegamos ahora a la segunda paradoja: nuestro “neonazi” es un “antisocialista”. Todo está al revés. Los llamados “neonazis” no son nacionales ni sociales. Son simplemente antisociales violentos, xenófobos, que de alguna manera tienen que hacer frente a su frustración diaria. ¡Como si fuera un logro especial! A algunos les sorprenderá saber que el verdadero nacionalsocialista nunca fue xenófobo. Toda la tontería de “hombre ario” y “sub-hombre” no es, en su mayor parte, más que propaganda de guerra de los aliados.

Como prueba, algunas citas de “mochila” del Alto Mando de la Wehrmacht de 1940/1941:

“Debes aplicarte a ti mismo en un país extranjero el mismo estándar con el que quieres ser medido en casa, no debes quitar nada de ti mismo en el extranjero que te niegues a hacer en casa bajo el escrutinio de tus conciudadano”.

“No debes buscar el tuyo propio en un país extranjero, debes obtener una imagen justa de las otras personas, del otro país”.

“Uno no es digno de su país de origen si habla demasiado alto y provocando una pelea, debe tratar de demostrar lo que es o comportándose orgulloso de su patria, incluso desafiante, pero actuando como un miembro de un gran pueblo”.

“Si te portas mal como soldado en un país extranjero, la vergüenza recaerá no solo sobre tu gente, sino también sobre sus fuerzas armadas. No creas que eres tan pequeño y que la Wehrmacht es tan grande que no depende solo de tu comportamiento. No creas que el mal comportamiento de un individuo no puede jugar un papel dentro de un marco tan amplio”.

“¿Qué derecho quieres reclamar cuando te dejas llevar? ¿Cómo quieres hacer un juicio claro, cómo quieres mantener su comportamiento cuando pierdes el control sobre sí mismo mientras bebes? A muchos de ustedes se les ha dado la oportunidad en esta guerra de asumir más responsabilidades de las que hubieran tenido en una vida pacífica. Tendrán que demostrar que son dignos de esta responsabilidad. Sabemos que eres valiente en la batalla. Esperamos, por el bien del futuro de nuestra gente, que todos puedan aprender a ser valientes, disciplinados y moderados cuando no están en su patria”

El primer ministro de Israel, Menachem Begin, en un discurso ante la Knesset. Amnon Kapeliouk: Begin and the Beasts , New Statesman, 25 de junio de 1982:

«Nuestra raza es la raza superior. Somos dioses santos en este planeta. Estamos tan lejos de las razas inferiores como ellas de los insectos. (…) Otras razas las consideramos excrementos humanos. Nuestro destino es tomar el control de las razas inferiores. Nuestro reino terrenal será gobernado por nuestros líderes con vara de hierro. ¡Las masas nos lamerán los pies y nos servirán como esclavos! “

Adolf Hitler, el nacionalsocialista, ¿qué tipo de orden emitió con respecto al comportamiento de los soldados después de que se ganó la campaña contra Francia? ¿Quizás que los franceses eran “subhumanos”, que los alemanes “dominarian a los humanos” Léalo usted mismo:

“Después de que la campaña en Francia haya concluido victoriosamente, espero que la Wehrmacht lleve a cabo su tarea como ocupación con el mismo espíritu impecable.

Ordeno a todos los miembros de la Wehrmacht que muestren moderación al tratar con la población de las áreas enemigas ocupadas, como corresponde a un soldado alemán. El consumo excesivo de alcohol es indigno de un soldado y no pocas veces es la causa de graves excesos o actos de violencia. La embriaguez no es motivo para mitigar la pena. Espero que los miembros de la Wehrmacht que se dejen llevar a cometer actos delictivos como resultado del abuso de alcohol, también contra la población, sean responsables de sus actos porque serán castigados severamente, incluso con la pena de muerte en los casos de suma gravedad.

Hago que sea un deber oficial de todos los superiores mantener el alto nivel de disciplina masculina alemana mediante el ejemplo y la instrucción “.


Las órdenes que Adolf Hitler dio a sus soldados no concuerdan con lo que se dice hoy sobre la Wehrmacht. Como prueba más, los “10 mandamientos de guerra del soldado alemán”:

1/ El soldado alemán lucha como un caballero por la victoria de su pueblo. La crueldad y la destrucción inútil son indignas de él.

2/ El combatiente debe estar en uniforme o estar provisto de una insignia que se haya introducido especialmente y que sea ampliamente visible. Está prohibido pelear con ropa de civil sin dicha insignia.

3/ Ningún enemigo que se rinda puede morir, ni siquiera los alborotadores y los espías. Los ladrones recibirán su justo castigo de los tribunales.

4/ Los prisioneros de guerra no deben ser maltratados ni humillados. Se les sustraerán las armas, los planos y los registros. No se puede quitar nada más de sus pertenencias.

5/ Están prohibidas las balas dum-dum. Las reglamentarias tampoco se pueden convertir en tales.

6/ La Cruz Roja es inviolable. Los enemigos heridos deben ser tratados con humanidad. El personal médico y los capellanes de campo no pueden verse obstaculizados en sus actividades médicas o pastorales.

7/ La población civil es inviolable. El soldado no puede saquear ni destruir deliberadamente. Se debe prestar especial atención a los monumentos y edificios históricos utilizados para el culto, el arte, la ciencia o la caridad. Los bienes y servicios naturales de la población sólo pueden utilizarse por orden de superiores a cambio de una compensación.

8/ Las áreas neutrales no pueden ser incluidas en los actos de guerra ni entrando o volando sobre ellas ni disparándoles.

9/ Si un soldado alemán es hecho prisionero, debe dar su nombre y rango cuando se le solicite. En ningún caso podrá declarar sobre la pertenencia a su unidad o sobre las condiciones militares, políticas y económicas del lado alemán. No debe sentirse tentado a hacerlo con promesas o amenazas.

10/ Las infracciones de las órdenes anteriores en asuntos oficiales son sancionadas por la ley. Se deben informar las violaciones del enemigo contra los principios enumerados en 1-8. Las medidas de represalia solo están permitidas por orden del mando superior.

Y en contraste, las directrices con la que el “Ejército Rojo” fue incitado por el escritor soviético Ilja Ehrenburg:

“¡Ya no decimos buenos días ni buenas noches! Decimos por la mañana: ‘Mata al alemán’ y por la tarde: ‘¡¡Mata al alemán !!’ “

“No se trata de libros, amor, estrellas, se trata del único pensamiento: matar a los alemanes. Matarlos a todos. Enterrarlos … No hay nada mejor para nosotros que los cadáveres alemanes. 

“Los alemanes no son personas, los alemanes son animales de dos patas, seres repugnantes, bestias. No tienes alma. Son seres unicelulares, microbios sin alma que están equipados con máquinas, armas y morteros “.

“Si has matado a un alemán, mata a otro; para nosotros no hay nada más divertido que contar cadáveres alemanes “.

CONCLUSIÓN:

El “neonazi” es una perversión. No tiene nada de nacionalista ni de socialista. Es el colmo de la ironía que por alguna razón estas personas glorifiquen la era nazi,  porque habrían sido los primeros en ser puestos en un campo de trabajo como “elementos antisociales”! ¿Qué crees que hubiera pasado si algunos idiotas en Alemania en 1937 se hubieran comportado como los supuestos “neonazis” de hoy? 

Fuente

martes, 6 de julio de 2021

Luis Antonio de Villena: «Sánchez ha hecho mucho daño al acentuar continuamente las dos Españas»

 


Extraordinariamente culto, brillante poeta, prolífico autor de decenas de ensayos y novelas, Villena (Madrid, 1951) es un lúcido pensador con hechuras de humanista renacentista muy preocupado también por la situación sociopolítica en la que hoy estamos instalados y que él analiza con indisimulado pesimismo. Su última novela, La vida feliz de mis jóvenes ricos, acaba de editarse en México y se publica en España en septiembre.

P. Madrid acoge hoy la manifestación como colofón a los actos por el Día del Orgullo Gay. No sé si le pasa a usted como a Álvaro Pombo, que ha declarado muchas veces que no soporta esta celebración.

R. Álvaro siempre ha tenido una personalidad de hacer la guerra por su cuenta. La última vez que le vi me dijo que él es cristiano pero no católico porque había llegado a la conclusión de que no se puede ser católico y gay. Yo tampoco lo soy desde los 16 años. Y, efectivamente, desde las doctrinas de la Iglesia católica ser homosexual es un pecado. Es algo que la Iglesia ha gestionado muy mal. No las bases, pero sí la jerarquía eclesiástica. La Iglesia católica ha sido muy inmovilista, y lo sigue siendo. No ha cambiado nada con el Papa Francisco, que habla mucho, pero hacer no ha hecho nada. El movimiento gay sigue teniendo sentido. La gente de mi generación y de antes lo ha pasado muy mal. Te veías enfrentado a la marginación, al silencio, al desprecio, al insulto. Yo en el colegio no era gay propiamente, pero como era muy tímido me tomaron por homosexual. Y durante dos años fui acosado por mis compañeros. Se mostraban brutales. No les he perdonado en la vida, ni podría hacerlo. Lo olvido pero no lo perdono. Ha sido muy duro ser gay o lesbiana. La homofobia ha sido terrorífica. Y por eso me parece que está bien que haya un día en el que se celebre la diversidad y se reivindique amar en libertad como cada cual quiera. Agustín de Hipona dice «ama y haz lo que quieras». En España ha habido muy poca tradición de respeto por la disidencia, lo diferente, en general. Sí es cierto que a mí el colectivo que marca unas determinadas directrices me interesa mucho menos. Yo he sido militante porque he sido un pionero en esta época en escribir y publicar libros que reflejaban lo gay. Pero cuando la militancia se convierte en una especie de cúpula de poder, que suele estar ligada con determinados partidos, que dice lo que es ortodoxo o heterodoxo en el mundo LGTBI, ya no me gusta.

P. Este año los debates giran en torno a la tramitación de la ley trans, ¿qué opinión le merece?

R. Eso es algo que debe respetarse, asumirse... Creo que el error de la ministra Irene Montero, que a mí no me gusta nada, es creer que la transexualidad es un estado permanente, definido, cuando se trata de algo, como dice su nombre, transitorio.

P. Ha mencionado a la ministra de Igualdad. Usted es muy crítico desde hace años con la deriva de cierto feminismo que califica de «loco, que no es sino mala imitación del peor machismo».

R. Yo he conocido a muchas históricas feministas como Rosa Chacel. La mujer no tiene que estar en contra del hombre, sino dar valor a la feminidad y bastarse por sí misma. Y ahora algunas como Irene Montero hacen un feminismo muy mitinero, muy vocinglero, con mucha soflama, hasta con insultos camuflados... No siguen el camino del gran feminismo de María Zambrano, o de Victoria Kent o Clara Campoamor...

P. En algunos de sus artículos recientes se le ve especialmente indignado con el Gobierno de coalición.

R. Basta ver lo que ha pasado con la pandemia. El Gobierno ha hecho todo lo posible por que nos sintiéramos amenazados, todo para tenernos más controlados: tienen que estar ustedes en casa, encerrados, encarcelados. Esa ha sido una de las peores cosas del Gobierno de Sánchez. Para mí ha bajado doscientos peldaños, si es que hay tantos para bajar. El uso partidista, político, de la pandemia ha sido horroroso.

P. El título de su penúltimo libro, 'Añoranza y necesidad de la Tercera España' ya es en sí mismo un alegato. Aunque sorprende lo de la añoranza, porque ¿ha existido alguna vez?

R. Fácticamente, no; nunca ha gobernado. Pero en el deseo y en la mente, mucho. Al final de la Guerra Civil, el propio Azaña dejó atisbar la tercera España: no quería ser comunista, no quería una república soviética. Deseaba una república burguesa, liberal, laica, para todos, un Estado del bienestar que se ocupara de los necesitados, libertad religiosa... Es la España que no quería ser fascista ni comunista. Yo lo vi en muchos exilados: Cernuda, Juan Ramón Jiménez, Rosa Chacel... Ni la izquierda ni la derecha eran bloques homogéneos, las dos Españas nunca han sido tan claras. Y eso no se subraya lo suficiente.

P. Lo triste es que, dando el salto al presente, esa tercera España parezca tan necesaria en pleno 2021.

R. El problema de este Gobierno es que ha incidido mucho en la ruptura. Precisamente la tercera España debería tratar de unir, de acercar las dos Españas. Es malo que existan dos bloques. Sánchez ha seguido una política fatal al acentuar continuamente las dos Españas: o estás conmigo o contra mí. Ha hecho un daño muy grande. Ahí está lo de la memoria histórica que sacó Zapatero -tarde, mal y nunca- y que se ha vuelto a agitar con este Gobierno. Un día en un debate alguien me dijo que es muy fácil hablar de perdón, de pasar página, cuando no se tienen muertos en la cuneta. Y de pronto recordé que al hermano mayor de mi madre lo fusilaron los comunistas en las tapias del convento de los jesuitas de Chamartín en octubre del 37, simplemente porque era sobrino de un millonario. El cadáver no se encontró nunca. Claro que tengo un muerto en la cuneta, como tantos. Nuestra historia fue una tragedia. Pero las generaciones anteriores pasaron página. Todos la habíamos pasado. Había que superarlo. Yo no mencionaba eso nunca. Y me ha hecho volver a él esta memoria histórica que cree que sólo hubo muertos de izquierdas. La derecha cometió atrocidades, y la izquierda cometió atrocidades. Y, entonces, ¿qué se puede hacer? Pasar página y avanzar.

P. La fuerte polarización política que sufrimos en España parece un mal endémico. En sus memorias, usted reproduce la cita que dejó escrita hace tanto tiempo Juan Gil-Albert: «Aquí, el líder de un partido político no quiere triunfar sobre su opositor, sino verlo morder el polvo».

R. Gil-Albert reflexionó muchísimo sobre España. Decía que no se pretende vencer al enemigo, sino destruirlo. Aquí seguimos con ese error y ese atraso... España necesita unión, cohesión. Ya dijo Ortega lo de España invertebrada. Y no lo es sólo por los territorios o porque se construyera mal desde el principio dando prioridad a la Iglesia frente al Estado. Cuando llegaban los conquistadores a América primero ponían la cruz y luego la bandera. Hoy España sigue estando invertebrada y algunos se empeñan en que entre ser de izquierdas o de derechas, ser monárquico o republicano, haya un abismo, cuando todo debe estar muy comunicado. La tercera España hoy es muy necesaria para acercar posturas, no quiere ser radical de ningún bando, aspira a un espacio central, tolerante con todos. Ese fue el intento de la Transición: acabar con las dos Españas. Aunque hoy estamos comprobando con tristeza que en la práctica, a la larga, la Transición ha sido mala. Quizá porque Suárez fuera un hombre de buenas intenciones, pero no tan buen político como se supone, que hizo excesivas concesiones. Por ejemplo, al nacionalismo. Ahí está el caso de Jordi Pujol, padre del neonacionalismo catalán; antes de que se destaparan todos sus escándalos de corrupción ya se demostró como un personaje siniestro con ese doble lenguaje tan perverso: moderado ante España y radical en Cataluña, germen de tantas cosas.

P. Y aquí seguimos con la conllevancia del problema catalán...

R. Sánchez tiene aun más delito que Suárez porque ya debía haberse dado cuenta de que la concesión al nacionalismo no arregla el problema, sino que lo exacerba. Si les das todo lo que te piden, al final lo que te piden es el independentismo. Tú tienes que pactar, hacer concesiones, pero a cambio de que ellos frenen, pero si ellos no frenan nunca, tus concesiones son inútiles. Todo nacionalismo es un mal: el español, el catalán, el escocés, el británico o el estadounidense. Es bueno tener una patria y es malo ser patriota. La tercera España es una forma de intentar que todos quepamos, desde un centro amplio, laico, liberal. Ese problema que tanto mueve aquí, monarquía o república, es una necedad. Y no se puede identificar la izquierda o la derecha con una u otra opción. Holanda, que es una monarquía, es uno de los países más avanzados y libres del mundo. El problema no es monarquía o república, sino cómo se constituye ese Estado...

P. ¿Qué opina de la Corona española?

R. Juan Carlos no me parece ni tan bueno ni tan malo como se le quiere poner ahora. Actuó con grandes aciertos como rey, pero se cayó del ideario del pueblo cuando mezcló faldas y dinero. Felipe VI lo está haciendo muy bien y se mantiene absolutamente en el respeto a la Constitución. Hay quien dice: ¿por qué no llama la atención a Sánchez, por qué no llama al rey de Marruecos? Porque no le corresponde entrar en temas de gobierno, le gusten más unos asuntos u otros. El rey reina pero no gobierna. Y él respeta escrupulosamente la Constitución. Pero hoy la Monarquía no es ningún problema en España.

P. Ha mencionado Marruecos, uno de los problemas más serios a los que vamos a tener que hacer frente...

R. Marruecos es un país horrible, no es un amigo de España, sino un sanguinario enemigo de España. Es un país al que hay que tener muy atado, y desde luego impedir que su embajadora regrese aquí, debe ser recusada. Se comportó como una ignorante en diplomacia, como una mujer brutal, como una enemiga de España. Marruecos siempre ha buscado traicionarnos porque el contencioso con nuestro país no es el Sáhara occidental, sino Ceuta y Melilla. A Marruecos hay que ponerle todas las dificultades del mundo, y entonces veríamos si se frena. Porque tiene muchos problemas internos.

P. Volviendo a la polarización, ¿le ha decepcionado lo que está ocurriendo con Ciudadanos, que de algún modo representa esa tercera España?

R. Yo me sentí muy cercano a Ciudadanos cuando surgió. En Cataluña, se demostró como un partido muy valiente, que se enfrentó al nacionalismo de una manera abierta, muy clara y muy inteligente. Inés Arrimadas, por ejemplo, fue una parlamentaria estupenda en Cataluña, cosa que no puedo decir como presidenta nacional de la formación. Yo sigo creyendo mucho en las ideas de Cs. Pero le han fallado sus líderes. Primero, Albert Rivera. En el mejor momento del partido, se enamora y pasa tres meses desaparecido. Eso no se puede hacer. Me da igual que fuera por amor o por la santa caridad. Y Arrimadas, con las torticeras mociones de censura con el PSOE, se ha caído para siempre. Con ella el partido no se va a recuperar.

P. Usted ha escrito: «Vox es terrible pero sólo la otra cara de los podemitas necios».

R. Un defecto de Vox es que asume demasiadas cosas de la derecha tradicional española, por ejemplo el catolicismo. Hacerse adalid de los valores católicos como parte del Estado, como si estuviéramos en el Concilio de Trento, es un gran error de Vox. Pero hasta ahora se ha mostrado bastante más moderado que Podemos. El partido de Iglesias ha estado todo el tiempo dando gritos de guerra.

P. En el tercer tomo de sus memorias, 'Las caídas de Alejandría', publicadas en 2019, se mostraba pesimista al hablar de que estamos viviendo «un final de época»...

R. Un mundo en guerra, con guerras cuyo origen podemos situar en el 11-S y en las posteriores intervenciones como venganza de EEUU, que al final se ha tenido que ir de aquellos países, Irak o Afganistán, dejándolos peor que los encontró; una brutal crisis económica de la que no nos hemos repuesto todavía; la pandemia como guinda... Asistimos, sí, al final de una época en el que confluyen además todos los cambios de vida que ha supuesto internet. La gente puede decir lo que quiera aunque no tenga ni idea de nada porque internet se lo permite. Se suele decir todas las opiniones valen; pues no, todas las opiniones no valen. Mi opinión sobre física atómica no tiene ninguna validez. Internet hoy refleja la enorme mediocridad del mundo, un mundo gobernado y gestionado por la mediocridad más espantosa. Ahí tenemos al ministro de Universidades, Manuel Castells, diciendo esa barbaridad de que «condenar a un alumno por un suspenso es elitista», como si fuera degradarlo. Es de necio, de un tonto profundo. Suspenderle es decirle que no sabe y que debe aprender, que para eso está en la universidad, no tiene nada que ver con elitismo aristocrático ni con clases sociales, sino con la excelencia intelectual, que sí hay que exigirla. Y como no se exige, así nos va. Hoy a un tesinando hay que explicarle cosas que yo sabía al terminar el bachillerato. Eso es terrible. La incultura, que es carencia de datos, pero también de pensamiento, de modo de pensar, que se aprende leyendo... es dramática. Una persona que no tiene educación intelectual no sabe pensar y se acaba creyendo cualquier tontería que dice la televisión.

P. En el mismo tomo de memorias concluía que hoy la zafiedad lo gobierna todo.

R. Sí, lo matizaría diciendo la mediocridad de personas con niveles de cultura muy bajos. El todo vale es una de las cosas peores que nos están llevando a una democracia degradada, plebeyizada. La democracia se está transformando en oclocracia, el gobierno de la chusma, de gente que no sabe, de gente no ilustrada. Cuando manda un pueblo no preparado te puedes esperar cualquier cosa, ahí está el populismo. La gran mayoría vive en un pantano mediocre. Y ello lo favorece la política. Vivimos en la edad media cibernética. Somos modernísimos, pero no sabemos ni entendemos nada de ese mundo, aunque lo usemos. La cultura cada vez se respeta menos. Hoy en España, por ejemplo, es imposible vivir de la cultura. En la etapa de Felipe González, un gigante si lo comparas con Pedro Sánchez, se empleó mucho dinero de los fondos que llegaban de Europa en la cultura. Se editaron, por ejemplo, multitud de libros de literatura hispanoamericana para que se viera el legado español en América, que fundamentalmente es el idioma, y que circularan con facilidad los libros entre España y América. Es tan importante cuidar las relaciones con Latinoamérica, y se están desatendiendo tanto... 


Fuente: El Mundo

Los niños que Alemania entregó a Lituania tras la caída de Hitler: "Cambiaban un hijo por un saco de patatas"

 


La vida es un enigma y el pasado, el almacén donde se esconden sus secretos, y del que, aunque creamos saber mucho, descubrimos que casi no tenemos ni pajolera idea de nada.

El escritor y guionista lituano Alvydas Slepikas estaba una tarde de 2009 en las oficinas de la productora en que trabaja, Videometra, cuando recibió la visita de un hombre. Venía a contar la historia de su madre, «creía que con ella podía hacerse una película, o una serie o algo».

La historia: ella, alemana de nacimiento, tenía cinco años cuando el Tercer Reich cayó y dejó toda Prusia Oriental en manos del Ejército Rojo. Los rusos comenzaron a tratar a los vencidos con su proverbial y legendaria brutalidad: violar mujeres, matar niños, dejar morir de inanición en general. El hambre era tal -y aquí arranca la historia- que los orgullosos prusianos, otrora ricos, comenzaron a enviar a sus rubicundos hijos a por comida al monte, como si de adultos prehistóricos se tratara.

¿Y dónde los enviaban? A Lituania, más allá de la frontera, cruzando el río Niemen (Nemunas para los lituanos). Eso le pasó a la madre de aquel hombre: con cinco años -repitamos: cinco años-, fue enviada a por comida al otro lado de la frontera . Con el tiempo, acabó quedándose en Lituania, hizo vida allí y tuvo un hijo: él.

Slepikas arqueó una ceja. Apenas había oído hablar de aquello. Todo lo que tenía que ver con la Segunda Guerra Mundial permanecía en Lituania, cuenta a PAPEL, en el desván de los tiempos: el país había sido arrasado tanto por Hitler como posteriormente por los rusos , y permanecido en la órbita soviética hasta 1991.

Pocas semanas después le hicieron a Slepikas una entrevista y le preguntaron por sus proyectos: «Estoy recopilando material sobre los 'niños lobo' que cruzaron desde Prusia», contestó. «Ahí recibí una avalancha de llamadas y correos... Ya no pude parar».

Estaba la historia del hombre que desconocía su nombre, y que luchaba por al menos conocerlo antes de morir. La de la madre que simplemente se había sumergido en silencio en un Nemunas helado con sus dos hijos de la mano, completamente segura de que aquella gélida y silenciosa muerte era mucho mejor que la furia ciega e inhumana de los rusos. Cientos de niños enviados solos a ningún lugar, para huir del horror .

La hambruna era tal que se llegó a practicar el canibalismo en los pueblos prusianos junto a la frontera. «Algunos alemanes llegaron a vender a sus hijos como mano de obra barata a los lituanos, que los aceptaban no porque los necesitaran, sino por hacerles el favor, salvándoles de una muerte segura».

Niñas alemanas cuyo futuro era seguro y probablemente plácido antes de la guerra terminaron prostituidas. Un capítulo más de los horrores inconcebibles que vivió una Europa orgullosa, y que los vivió, no lo olvidemos, anteayer.

No puede extrañar, así, que la historia de los niños lobo fuera tabú en Lituania hasta que Slepikas compiló muchos de esos testimonios, y compuso con ellos la novela Bajo la sombra de los lobos.

Eso fue en 2011. Hoy, el librito, 250 páginas crudas, sobrias, muy medidas sentimentalmente -pasarse sería francamente inaguantable-, que emanan todo el terror que el ser humano es capaz de producir pero no puede soportar, se estudia en todos los colegios lituanos. Fue considerado mejor novela histórica de 2019 por The Times. Y llega ahora a las librerías españolas de la mano de Tusquets.

Slepikas (Videniskiai, Lituania, 1966) se explica a PAPEL por correo electrónico con un tono tan penetrante como el del propio libro. Desvela hechos increíbles y por tanto tan creíbles: absolutamente salvajes.

«Al caer Hitler, la hambruna era tal en Prusia que los soviéticos permitieron que los agricultores lituanos les vendieran alimentos a los prusianos. Lo más común era el intercambio en especie. A cambio de comida, las mujeres alemanas primero daban lo que tenían, lo que habían salvado de la guerra: cubiertos, cualquier objeto, lo que fuera... Pero todo se acabó pronto, y como el Gobierno soviético sólo daba pan a cambio de trabajos forzados -y eso a las mujeres, a los ancianos y niños no se les daba nada-, los alemanes comenzaron a cambiar a sus hijos por comida».

Continúa Slepikas: «La alternativa era ver a sus críos morir de hambre ante sus ojos. Se iban a los granjeros y les pedían que se los llevaran
como ayudantes a cambio de un saco de harina o de patatas
, con la esperanza de que hicieran vida en Lituania y en el futuro encontraran el camino de vuelta. Los agricultores no necesitaban a estos niños, y muchos hacían lo posible por no llevárselos, porque temían represalias de los soldados rusos... Pero muchos se los llevaban, y falsificaban sus documentos. Muchos otros niños, y también adolescentes, al ver que desde el otro lado de la frontera llegaban agricultores cargados de víveres, comenzaron a cruzarla en busca de comida. Se escondían en los trenes, en los carromatos, cruzaban a pie el río helado...».

El libro narra con sorda normalidad como niños de siete años acostumbrados a vivir entre ruinas y minas eran enviados a buscarse literalmente la vida a muchos kilómetros de sus casas, sin entender el idioma, durmiendo en los bosques, llamando a puerta fría a las casas de sus hasta entonces enemigos a pedir mendrugos de pan, algo caliente, lo que fuera.

¿De cuántos niños lobo hablamos? «Según el historiador alemán Christopher Spatz hubo unos 30.000, aunque después de la guerra algunos regresaron a Alemania del Este y otros ingresaron en orfanatos especiales en las profundidades de la Unión Soviética, que semejaban más bien prisiones o campos de concentración. Con el tiempo, muchos de los que se quedaron en Lituania llegaron a recuperar el contacto con sus familias en Alemania gracias a Cruz Roja. Cuando publiqué el libro, en 2012, casi 60 años después, Edelweiss, la organización que une y apoya a los niños lobo en Lituania tenía unos 330 miembros».

El autor se pone especialmente sugestivo cuando se le pregunta por el tremendo baile de identidades que entraña esta historia: «Los aldeanos les falsificaban documentos porque temían ser deportados a Siberia por ayudar a los alemanes, así que estos niños crecieron ocultos, la gran mayoría sin acceso a una educación. Es posible incluso que muchos niños lobo jamás llegaran a saber que lo eran. Estos niños no sólo perdieron su infancia, sino también su futuro. Muchos se congelaron en el bosque, o murieron de hambre, o sufrieron abuso sexual . Conocí a un hombre que nunca había celebrado su cumpleaños porque en su pasaporte sólo figuraba el año de nacimiento, los números del mes y del día estaban a cero. Otro sólo había logrado descubrir su apellido real, pero no su nombre. Llorando, me dijo: 'Me gustaría saber mi nombre real al menos antes de la muerte, para no yacer bajo un nombre que no es el mío'».

Lituania vivió pendularmente entre Alemania y Rusia todo el siglo XX, pero a borbotones durante los años de la guerra. Slepikas cuenta cómo primero llegó Hitler, que ocupó parte de la costa en 1939, pero el desembarco bestia fue el de los soviéticos en 1940.

«Un año después comenzaron las deportaciones a la tundra siberiana. 

Muchos inocentes, familias, los mejores agricultores, todos fueron deportados en vagones para animales. Después volvieron los nazis, y la gente al principio esperaba algo de humanidad, porque se trataba de una nación europea e instruida, pero todo fue a peor: quemaron pueblos enteros, hubo asesinatos en masa, los judíos fueron transportados a campos , muchos lituanos colaboraron en el exterminio de sus vecinos».

Hoy, en Lituania, no pueden exhibirse, por ley, símbolos nazis ni soviéticos. Aquellos lituanos de frontera que habían sufrido la furia asesina del Tercer Reich terminaron adoptando de facto a miles de niños prusianos por pura piedad, aún a riesgo de su vida si fueran descubiertos por los soviéticos. El horror ciego de la guerra terminó hermanando a personas de bandos supuestamente diferentes , borrando las fronteras políticas e incluso culturales.

Al final, adagio extensible a todo conflicto armado, tanto vencedores como vencidos fueron de alguna manera víctimas del ejército hegemónico del momento, en aquel entonces, el Rojo: «Prusia Oriental fue la primera región alemana a la que llegó Stalin al final de una guerra larga y cruenta», narra Slepikas. «Los soldados rusos estaban extenuados, eran como vasijas de barro cocidas en el horno de la guerra. Habían muerto y habían matado durante años, así que cuando llegaron a este punto se comportaron con una crueldad extrema : una vida más o menos no importaba. Fue como una venganza por toda esa guerra, y la propaganda soviética no hacía sino fomentar esa crueldad».

Una atmósfera que convertía a personas normales en completos asesinos de apariencia psicopática: «La guerra despierta los demonios que duermen en las personas. Es fácil imaginar a un criminal de guerra como una persona normal en tiempos de paz, una persona que no habría matado ni hecho daño a nadie. Por otro lado, en las guerras actuales en África los niños y adolescentes son los asesinos más sangrientos: es evidente que la guerra los transforma. Hablando con los niños lobo, me di cuenta de que, para muchos de ellos, esa guerra aún no había terminado. Las heridas seguían sin sanar».

Bajo la sombra de los lobos tiene también aroma, en su callada simplicidad, de cuento infantil, de un terror gótico mudo, parco. Al leerlo y observar el duro horror que tiene lugar en el escenario, uno siente bajo sus pies el temblor de un río subterráneo, soterrado, mucho más horrible, probablemente insufrible.

Slepikas concede que no es la sensación de uno: es así. «No quería deleitarme en la crueldad. El libro se habría convertido en insoportable para muchas personas, y yo quería que lo leyeran en especial los adolescentes , para que el mayor número de lectores posibles conocieran el destino de los niños lobo y sus experiencias. Creo que como escritor he conseguido captar el sentido de los hechos, aunque es una novela muchos niños lobo me han dicho que he descrito lo que era su vida. Pero también he de reconocer que el único y principal reproche que he escuchado de ellos es que en la vida real todo fue más cruel». 


Fuente: El Mundo

 

sábado, 3 de julio de 2021

ROTHA LINTORN-ORMAN, LA PIONERA DEL FASCISMO INGLÉS


 

Rotha Lintorn-Orman nació en Kensington, Inglaterra, en 1895. Fue hija y nieta de acaudalados militares. De niña ingresó en los “scouts” y en 1909 era la única mujer líder de dos tropas.

Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, Rotha se une a un cuerpo de enfermeras y se traslada a Serbia. Al poco tiempo conducía una ambulancia muy cerca de las líneas de combate rescatando a numerosos heridos bajo el fuego enemigo. Sin permiso de sus superiores, Rotha tomó parte en varios combates junto a los soldados. Por su comportamiento heroico fue condecorada con dos “Croix de Charite”.
En 1917, enferma de malaria, es trasladada a Inglaterra. Al recuperar su salud fue nombrada instructora de chóferes de ambulancias. En esos años toma contacto con varios grupos de rusos blancos exiliados, también viaja a Italia y a Polonia donde reafirma sus ideales anticomunistas.

El 6 de mayo de 1923 funda el Partido British Fascisti (BF). Su madre donó la cantidad de 50.000 libras esterlinas para publicar propaganda en el periódico “Patriot” y pagar la renta de las oficinas centrales del Partido ubicadas en el 22 de Stanhope Gardens.

Curiosamente Rotha no fue presidenta del partido, solo tomó el mando de Presidenta de las Unidades Femeninas. Desde el comienzo el Bristish Fascisti fue un partido con amplia mayoría femenina, casi todas solteras. Numerosas damas aristocráticas también se enrolaron. El Partido tenía un Gran Consejo al estilo italiano, vestían uniformes y la disciplina era paramilitar. Varios miembros notables del BF fueron: William Joyce, Arnold Leese, Florence Waters, la Condesa de Eglinton y Ayrshire, la Marquesa de Ailesbury, etc.

Los rojos llamaron desde el principio al BF “nido de lesbianas”. Rotha vestía siempre ropa de aire masculino, fue arrestada en varias oportunidades por portar un arma de fuego en lugares públicos y por peleas en la calle contra izquierdistas.

El “Fascisti británica” titulaba en 1923: ¡La primera victoria feminista en la historia de Occidente fue una victoria fascista!

Fundó hogares para los niños huérfanos de guerra, organizó rifas y bailes para recaudar fondos para los rusos blancos que luchaban contra el comunismo.

Al fundar Oswald Mosley su British Union of Fascist, gran parte de los miembros del BF se pasa en bloque al nuevo partido, entre ellos Neil Francis Hawkins, el segundo al mando. El odio entre las dos facciones de Fascistas fue patente y hubo varias peleas y tiroteos entre ellos.

La prensa fue muy cruel con Rotha durante los años 30 ya que continuamente la acusaban de realizar orgías y bacanales en sus oficinas del Partido.

Rotha Lintorn-Orman murió de una sobredosis de barbitúricos en marzo de 1935.

A.MARTÍN

ENTREVISTA a José Ignacio Irusta, exlíder de Falange Vasconavarra

  ENTREVISTA a José Ignacio Irusta, exlíder de Falange Vasconavarra: «Algunos contribuimos bastante al fin de ETA en 2010» 25 de noviembre d...