martes, 14 de enero de 2020

Recemos por España

El cardenal español Antonio Cañizares, en carta abierta a primeros de este año, ha pedido “encarecidamente y me pongo de rodillas ante todos, que a partir de hoy, y en los días sucesivos mientras no se aclare el futuro incierto que vivimos ahora en España, que en todas las Iglesias se ore por España, que se eleven oraciones especiales por España, que en todas las Misas se ore por España, en los conventos de vida contemplativa se ore intensamente por España. La situación urge y apremia. Para Dios nada hay imposible”. Llamamiento que nos recuerda las sabias sentencias de “acordarse de Santa Bárbara cuando truena”, “a Dios rogando y con el mazo dando” y a la cínica cuarteta “vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos / que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos”, aunque, más bien en este caso, los primeros han sido más astutos y los segundos más cobardes.
Pero, ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La raíz está en la constitución de 1978, sin cortes constituyentes. También sabemos que no se engendró por los “sabios padres de la constitución”, sino por una camarilla en restaurantes. Esta constitución tuvo tres actores: los que la propugnaron, los que consintieron y los que se opusieron.
La constitución no era una finalidad para los que la propugnaron, sino un medio para avanzar hacia una república socialista (partidos marxistas) y hacia el separatismo (partidos nacionalistas), e inocularon en ella los huevos de la serpiente. La UCD, partido de centro y en el gobierno, se limitó a consentir por cobardía y por un plato de lentejas: “café para todos”. El partido de derechas AP se opuso a su aprobación, consciente de sus graves defectos, pero en su constante y acomplejada emigración a la busca del centro (progresivamente más escorado a la izquierda) se ha aferrado. paradójicamente, a la constitución, como el náufrago que desesperadamente se agarra a un ataúd de madera flotante.

La independencia del poder judicial.
La división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), atribuida a Montesquieu, es un principio básico de toda democracia real. “Casualmente” la división de poderes no se formula expresamente en ningún artículo de la constitución española, aunque se “puede inferir” en su articulado (un huevecito de la sierpe inoculado).
El partido socialista con mayoría parlamentaria acabó con esa supuesta independencia, porque esta no se plegaba a sus intereses partidistas, para lo que cambió la ley, para que los políticos eligieran a los vocales del consejo del consejo del poder judicial. Alfonso Guerra, vicepresidente del gobierno, se jactó de ello: ¡Montesquieu ha muerto”! Ninguna alta institución del estado salió por televisión, aunque fuera de madrugada, para parar este golpe de estado, a uno de sus pilares básicos. Nadie protestó. Pero, cuando el PP ganó las elecciones, no le interesó devolver la independencia a los jueces, para poder seguir influyendo: una vez por ti y otras por mí.
La igualdad de los españoles ante la ley es papel mojado. Depende, entre otras cosas, del sexo y de la ideología política.

La monarquía ninguneada.
El rey es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, según la constitución, “sin matices y sin paliativos”.
La ley de la defensa nacional de 1984, de inferior rango que la constitución, da al presidente del gobierno la dirección de la política de defensa, y que ejerce su autoridad para ordenar, coordinar y dirigir la actuación de las FAS. Pero, por otro lado, los ejércitos deben mantener la neutralidad política, como una institución fundamental del estado, por su alta y exclusiva misión, organización y permanencia.
Para mantener la neutralidad política es imprescindible que los partidos políticos no interfieran, de forma espuria, en los fundamentos morales y éticos de la institución, que deben de estar por encima de los vaivenes partidistas de los políticos. Citaremos algunos ejemplos:
  • Las Fuerzas Armadas, según la constitución, están compuestas por los ejércitos de Tierra, Mar y Aire. ¿Por qué retorciendo la constitución, una vez más, se han sacado de las Fuerzas Armadas a los cuerpos comunes y a la UME? Ergo no son fuerzas armadas y, en caso de conflicto, ni siquiera beligerantes.
  • Los ascensos y las condecoraciones. ¿Cuántos ascensos y condecoraciones ha habido fuera de toda norma, y al contrario? ¿Las reales órdenes militares de San Fernando y San Hermenegildo son verdaderamente soberanas? Para “que nadie tenga nada que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad”
  • El artículo 21 de las RROO. Tradición militar en los Ejércitos: “Los miembros de las Fuerzas Armadas se sentirán herederos y depositarios de la tradición militar española. El homenaje a los héroes que la forjaron y a todos los que entregaron su vida por España es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra”. Héroe es oficialmente el que tiene concedida la cruz laureada de San Fernando y los caídos no deben ser tratados de forma vergonzosa. Es una cuestión, más que jurídica, de honor militar.
  • El rey, en la Pascua Militar, conmemora la recuperación de Menorca de manos inglesas felicitando a sus ejércitos (¿Cuándo conmemoraremos la recuperación de Gibraltar?). Felicitación que debiera ser contestado por los felicitados (por un militar) y no por un político, abrogándose una representación espuria. Los militares solo forman parte del decorado de una opereta en el Palacio Real.
  • El Generalísimo Franco ha sido barrido de los cuarteles y de las efemérides cuarteleras. Cuando es, además de héroe reconocido oficialmente (por ser laureado) el más insigne militar español de, al menos, la Edad Contemporánea, y al que la corona se lo debe todo, todo. Su pecado es haber liberado a España del comunismo; mientras que los nombres y efigies de los santificados comunistas y terroristas campean por las calles y plazas españolas.
  • No es una virtud la ingratitud, que recuerda el trato dado al general Primo de Rivera, después de haber resuelto la papeleta política nacional y acabar la Guerra de Marruecos, con éxito. La lealtad es bidireccional.
  • No es competencia de la administración de defensa cesar y arrestar a un general, de forma antirreglamentaria, por recordar la misión constitucional de las Fuerzas Armadas. Tampoco que un ambiguo ministro de defensa (para complacer a los separatistas) mande borrar el lema “A España servir, hasta morir” de la Academia de Suboficiales, que no de sus corazones, y nadie lo ha repuesto.

El rey, a pesar de la ley anteriormente citada, tiene capacidad de decisión sobre estos temas y otros, porque leyes y reales decretos requieren obligatoriamente su firma, necesaria para que, jurídica y constitucionalmente, el gobierno pueda ejecutar.
La monarquía tiene muchos enemigos, porque es difícil justificar que un cargo político, militar, jurídico, empresarial, etc. sea hereditario y que sea política y jurídicamente irresponsable. Es un principio básico, en toda organización administrativa, que órgano que no tiene funciones se atrofia y, más pronto que tarde, cae.
La historia de la España Contemporánea no avala a la monarquía hereditaria, ni por su eficacia ni por su ejemplaridad.

La república bolivariana de España.
Los movimientos revolucionarios no se combaten desde la "legalidad vigente", porque como estamos viendo se aprovechan de ella, para sobrepasar el "marco jurídico vigente" insuficiente para resolver el conflicto político que ellos mismos han provocado, y que la inacción de los "tontos de viaje" ha alimentado.
Estamos en un movimiento revolucionario que, como es de libro, retuerce las leyes y las instituciones, siempre a su beneficio. Están en ello los partidos separatistas y los postcomunistas, que no ocultan su objetivo de una república plurinacional de tipo bolivariana.
Llevan mucha ventaja, muchísima, en el campo cultural y educación y en la propaganda (medios de comunicación social), porque durante muchísimos años los responsables han dejado por cobardía y cortoplacismo (por un plato de garbanzos) España a pie de los caballos. Me refiero a los padres putativos de la constitución y demás caterva de políticos y partidos políticos (UCD, PSOE, CDS, AP, PP).

La revolución, como estamos viendo, ha empleado la violencia de ETA con éxito. Ahora la siguen utilizando, pero de forma controlada, limitada y dirigida, porque saben por experiencia que les dará sus réditos. Si provocan una reacción desmedida o descontrolada también les beneficiará, dentro de la propaganda interna y más en el marco del contubernio internacional en que estamos.
El movimiento revolucionario, hace ya algún tiempo, que ha dado un salto cualitativo, como lo evidencia que ya no oculta sus intenciones, porque se consideran suficientemente fuertes. La represión ya es impunemente abierta en muchas regiones de España contra todo lo español (Bandera, Himno, idioma, enseñanza, etc.), porque se ha roto la unidad legislativa, ejecutiva, de las fuerzas de seguridad del estado, la educación, etc. Solo falta gritar ¡Viva Cartagena!
Azaña propugnó una nefasta ley para la Defensa de la República (no de España) y ya los nuevos poderes están anunciando nuevas leyes que penalizarán las ideas y naturalmente a los que las sustenten, y que vayan contra “su verdad” y “su democracia” (popular o bolivariana). Teniendo mayoría parlamentaria temporal es fácil hacerla vitalicia, con el BOE en la mano y de la “ley a la ley”, con todos los referendos que sean necesarios.
Evo Morales no ha conseguido su objetivo revolucionario comunista porque ni la policía ni el ejército bolivianos estaban suficientemente infiltrados; mientras que, el caso de Venezuela es totalmente diferente. Lo que vuelve a destacar la necesidad del amparo de las Fuerzas Armadas para que no se subvierta su neutralidad política, y el único que lo puede garantizar es una jefatura del estado no politizada.

Recemos por España.
Volviendo al cardenal obispo de Valencia, Sr. Cañizares, está muy bien que pida “¡Orad por España!”, pero no sé a quién se dirige, además de a los católicos que vayan a Misa en su diócesis ¿a la Conferencia Episcopal española? ¿Al clero vasco, incluidos los curas que absuelven preventivamente a los etarras asesinos de guardias civiles?  ¿a los obispo y clero catalanes? ¿a los obispos y sacerdotes que se niegan a decir misas a patriotas españoles, ya difuntos? ¿a los políticos que prometen su cargo, rechazando la biblia y la cruz? ¿al Vaticano, que elige y nombra a los obispos? ¿a la Pachamama? ¿a quién?

Recemos porque España está muy enferma, pero actuemos. Las manifestaciones públicas no solucionan, por sí y por multitudinarias que sean, ningún problema, como hemos visto con el asesinato de Miguel Ángel Blanco por ETA, el aborto, etc.
La única solución para la revolución, que ha sobrepasado todos los cauces democráticos, es la contrarrevolución, para lo que se necesita voluntad política y amparo político, económico, jurídico y de una estructura organizada de sociedad civil contrarrevolucionaria.
El concepto de la nación española lo han intencionadamente diluido entre los teledirigidos movimientos centrífugos (separatistas) y los europeístas (colonizador). Ambos son complementarios, y ambos están interesados de debilitar a España económica, tecnológica, industrial, militar y culturalmente. La reacción debe de ser la contraria.
Salvador Fontenla Ballesta

domingo, 12 de enero de 2020

Ramiro, el precursor

Un día de 1927, apenas fundada La Gaceta Literaria, César Muñoz Arconada, crítico musical y colaborador, me demandó con su voz de adenoide:
-¿Puedo presentarte a un amigo y vecino mío de Cuatro Caminos, empleado de Correos? Tiene mucho interés en conocerte y hablarte.
-¿Cómo se llama?
-Ramiro Ledesma Ramos. Sabe mucho de filosofía y literatura y ha escrito algo.
Al día siguiente por la tarde se presentó con él en nuestra imprenta de Canarias, 41, fundada y dirigida por mi padre y donde yo con mi mono de paño azul y cremallera argéntea, componía y distribuía La Gaceta y recibía a los colaboradores sentado en resmas de papel y ofreciéndoles otras como acomodo. El paso de los obreros y el ruido de las máquinas hacÍa no fácil el entendimiento; pero creaba en cambio un ambiente «porverinista» como lo calificara el secretario, Guillermo de Torre, y entusiasmara a Marinetti cuando irrumpió allí cierta mañana, acompañado de Benedetta, declamando uno de sus, ya entonces, viejos poemas maquinísticos:
Piston chaudiére, piston chaudèere
pissssstton, píssstton, pisston…
Ramiro Ledesma: media estatura, cuerpo enjuto, traje gris, pantalones rodilleados, flexible de alas bajas protegiendo un rostro celtíbero y enérgico y cubriendo un peinado de mechón caído. La voz, buena. Pronunciación defectuosa en la vibrante velar haciendo las rrr graseadas a la francesa.
Me llamo Ramiro Ledesma Ramos y soy zamorano, sayagués.
-¿Sayagués?
Me atrajo el sayagués desde que leí El Sayagués de Puebla de Sanabria de Fritz Kriiger y su influjo dialectal en el teatro salmantino de Juan del Encina. Simpatizamos en el acto, y le invité a colaborar sin necesidad de una carta de Ortega en que me lo pedía y que me mostró después.
¿Cuándo comenzó a escribir en La Gaceta? Tanto yo como sus biógrafos Tomás Borrás y José María Sánchez Diana situábamos su primer trabajo el 15 de mayo de 1928: Un transeúnte eximio: el matemático Rey Pastor.
Pero mi asombro ha sido, al revisar la nueva edición de La Gaceta Literaria (Vaduz, Liechtenstein, Ed. Turner, 1980), encontrar en su índice de autores el nombre de Ramiro Ledesma Ramos en dos colaboraciones de 1927 que sólo tienen, en el original impreso, por firma una R. La primera: «Libros  italianos: Benedetto Croce Filosofía práctica (1 de marzo de 1927). Y dos meses después (1 de mayo) otra aportación: Necrología de un suicida. También con la simple inicial R. Esa designación colaboradora debió ser hecha por Enrique Montero, representante español de la editorial Topos, cultísimo y redactor del Índice.
La reseña de R. es sucinta y como para satisfacer al presentador de la Filosofía práctica crociana en España, Edmundo González Blanco, que debió ser contertulio de Ramiro en el Ateneo. A don Benedetto le denomina: «genial profesor italiano». Y exalta su obra. Por lo que todavía en ese momento, no advierte Ramiro que estaba glorificando al máximo pensador antifascista de Italia. El lenguaje de tal nota es un tanto retórico y circunstancial. La otra reseña, Necrología de un suicida, lleva dentro un problema personal. Presenta a un amigo suyo, León Tejedor y Lomas, asistente a veces a nuestras tertulias (yo no lo recuerdo), que le entrega el articulo Toledo nuevamente y que le publicamos a continuación. Y el cual, según Ramiro «cohibido ante la vida» y «con una voz fuerte pero llena de gallos», cumplió con su «Necrología» y se suicidó de un tiro. Pero lo interesante del comentario de Ledesma: la preocupación por la madre de ese amigo. «Ante la madre de un suicida empieza nuestra sensibilidad a oscilar», «si se tiene vocación al suicidio hay que esperar que la madre muera», «sólo se deben suicidar los huérfanos de madre». ¿Es lo que le impidió a él suicidarse? Ya que tuvo tal vocación desde su primer cuento en La Esfera: “El Vacío”, escrito a los 17 años. Y en otros cuentos: “Suicidio” y “El sello de la muerte”», dedicado a Unamuno. Ésos fueron sus primeros escritos.
¿Era Ramiro religioso? Ninguno de sus biógrafos lo confirma. Fue monaguillo en Torrefrades. Pero sus lecturas precoces, sobre todo en filosofía germánica y especialmente de Nietzsche, debieron de llevarle al existencialismo de un Heidegger que conoció bien. Esa atracción y repulsa del suicidio fueron sin duda la raíz de su heroísmo. Y por eso murió atacando, queriendo matar antes a sus asesinos, al subir al camión que desde la cárcel madrileña de Ventas le llevaría con otro Ramiro (Maeztu) y otros mártires al paredón de Aravaca, en Madrid. Días antes, el 17 de julio, preguntaba por teléfono a la casa de mi madre (Plaza de las Cortes, 9, donde radicaba Acción Española y vivía don Juan March) si yo estaba bien. ¡Querido y admirado Ramiro! ¡Inolvidable Ramiro sobre el que voy a escribir sin rumbo fijo!
Me hubiera gustado conocer las relaciones con su madre. Era el cuarto hijo, delicado y distinto a los demás hermanos. Físicamente, de niño rubiáceo y con ojos claros, un celtíbero viriatesco (galaico-luso-zamorano). Romancesco: heroicidad y ensueño. Un rebelde fracasado como Viriato: pero un Viriato a su modo, un caudillo malogrado. Por eso le quise levantar un monumento en Zamora, y la Falange (sin las JONS) creo que lo prohibió. Yo viví esa tensión entre sus Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista y la Falange de José Antonio. Si hubiera vivido Ramiro habría dado su voto a la otra unificación con el Tradicionalismo, en ese Movimiento político tricefálico (él, José Antonio y Franco) y que fue clave de nuestro movimiento, efectivamente y no un fascismo, contentando así a Ramiro que lo rechazó (y a mí de La Conquista del Estado, ¡por fascista!, no obstante haberle yo aportado nada menos que el título de esa publicación y alguna doctrina). Pero comprendí que quien quería erigir una política «nacionalista» evitara cualquier otro nacionalismo, ya que el Fascismo era italiano con un denominador «socialista» común a toda nuestra época y proveniente de su triunfo en Rusia con Lenin. Por eso, también José Antonio esquivaría de modo elegante, noble e inteligente tal sambenito (no en vano se llamaba Benito, aunque sin santidad, su inventor). Y lo mismo ocurriría con Franco. Tan nacionalista era la médula del Fascismo que el propio Duce proclamó que «non era merce di sportazione». Y sin embargo: la palabra «fascista» se haría universal y antitética de «comunista». Y por eso ahora se la sigue huyendo ocultándola bajo el tapabocas de «ultraderecha» y el comunismo «ultra izquierda». Invenciones del centrismo y de la democracia cristiana que han querido quitar al fascismo su gran secreto.
La victoria, aparte de la genialidad militar de Franco, consistió en que España, por vez primera desde el XVIII, recobró sus aliados naturales: los «vecinos de nuestros vecinos»: Roma y Germania. La clave de oro de toda política internacional revelada desde la Ley de Manu: «Tu enemigo, tu vecino y tu amigo, el vecino de tu vecino». Viejo secreto que puse al día en mi Genio de España combatiendo la tesis orteguiana sobre la carencia de suficiente «fermento rubio» en el español. Y que por esto estábamos «invertebrados».
Yo había entregado a Ramiro otras inspiraciones. No sólo mi manifiesto inicial y fundador, de la «Carta a un compañero de la Joven España», el 15 de febrero de 1929, publicado en La Gaceta Literaria, donde no sólo se planteaba la doctrina nacional-sindicalista, sino hasta los emblemas como la bandera roja y negra con el haz y el yugo de los Reyes Católicos y el saludo de la mano abierta o sin armas. Otras inspiraciones: como las contenidas en mi libro Hércules jugando a los dados, en el que Ramiro ya vio lo que otros ni sospecharon en aquellas páginas deportivistas, heraclidas y vanguardistas: la idea cesárea.
En La Gaceta del 11 de agosto de 1929 escribía Ramiro: Giménez Caballero y su Hércules. «Es admirable en medio de estos temas. Yo insistiría mucho en que la gente advierta la presencia de este hombre: porque es providencial en esta hora de España. ¡Alerta, jóvenes! G.C. es flor rara en la cultura. Hombres así suelen tener asignados, en honra a su vigor, los puestos más difíciles. Recíprocamente: también les corresponden las mejores victorias».
Cuando yo le entregué a Ramiro estas sugestiones, tuve que decirle lo que Ortega a mí poco antes, cuando le solicité ¡luz!, ¡más luz!: «A usted, Giménez Caballero, hay que dejarle solo ya». Y eso es lo que, sin decírselo, realicé con Ramiro: dejarle ya solo, aunque siempre con mi mirada vigilante y mi corazón alerta. Y una amistad que duró hasta su muerte y que en mí sigue hecha devoción.
La obra de Ramiro anterior a sus colaboraciones en La Gaceta yo no la conozco sino por referencias de Juan Aparicio, Sánchez Diana y Tomás Borrás: El sello de la muerte, El Vacío, El Quijote y nuestro tiempo, El lago Castañeda y sus alrededores. E inéditos (1924-1925): El escepticismo y la vida, El joven suicida, La hoja romántica, Las hijas de Eva, El anticopernicano de Kant y sus colaboraciones en la Revista de Occidente fueron: Bertrand Russell. Análisis de la materia, Un libro francés sobre Hegel, El causalismo de Meyerson, Introducción a la Filosofía matemática de Walter Brand y Marie Deutchlein, De Ricker a la fenomenología, El mundo de las sensaciones táctiles, Keyserling y el sentido, Esquemas de Nicolai Hartmann. Y Sobre la filosofía del Renacimiento. Y en el diario El Sol, La filosofía, disciplina imperial. Notas para una fenomenología del conocimiento filosófico».
En cuanto a sus publicaciones periódicas: La Conquista del Estado, de la que fui titulador y fundador con él y con Juan Aparicio, apareció el 14 de marzo de 1931. Con otros ocho colaboradores. Y con vicisitudes, duró hasta el 26 de octubre. Pero dejando en marcha no sólo una fe, sino también una acción como indicara Ortega en su vaticinio de Leipzig por 1905. Y esa «acción» se denominó «Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista» que crearon una revista, JONS, flanqueada en Valladolid por Libertad de Onésimo Redondo. Por cierto que en 1984 Antonio Izquierdo, director de El Alcázar, intentó unas nuevas Juntas nacionales, pues la palabra Falange se ha ido desvirtuando en un tradicionalismo sin rigor revolucionario. Y un único número promovido por el director de La Nación, Manuel Delgado Barreto, de El Fascio (16-3-1933) donde junto a nosotros apareció sin firma José Antonio Primo de Rivera, quien iría a iniciar su propio movimiento con una publicación titulada FE (siglas de Falange Española). En 1934, se unen jonsistas y falangistas con un triunvirato y un famoso mitin en Valladolid (4-3-1934). Se fundan las CONS (Central Obrera Nacional Sindicalista). Pero entretanto, ya ha brotado la «Sangre» vertebrando otra vez a España, aunque esa sangre no fuera toda rubia. Pero sí española y de siglos. Hay un primer Consejo Nacional de FE de las JONS en el que intervengo bastante decisivamente mientras gano mi cátedra de Literatura votado por Unamuno, Presidente de la Liga antifascista. El 15 de enero, viene la ruptura de FE de las JONS separándose Ramiro y José Antonio, Ramiro publica otro periódico: La Patria Libre, y dos libros: Discurso a las Juventudes de España y ¿Fascismo en España?
El interrogante título de ¿Fascismo en España? anunciaría su negación por carecer de características universales, frente a libros como mi Nueva catolicidad que las reconoce y hasta reconoce que ese libro las había anticipado. Sin embargo, señala dos factores que influyeron en su universalización: «un Estado nuevo» y su «Victoria sobre el marxismo». Sin embargo, según Ramiro, no podía crearse una Internacional fascista por ser lo «nacional» su dimensión más profunda, el genio de cada pueblo. Y sin embargo, esa universalidad se la otorgó la oposición marxista.
Para Ramiro, las afirmaciones centrales y determinantes del fascismo serian éstas:
1. La Patria, como categoría histórica y social.
2. La negación del Estado liberal-parlamentario.
3. La oposición a la democracia burguesa y parlamentaria.
4. Sus grandes transformaciones revolucionarias.
5. Su nuevo sentido de la autoridad, la disciplina y la violencia.
En cuanto al problema del fascismo en España, que empezaba a trascender del suelo italiano, lo esencial es que no debía haber mimetismo. Puesto que su inmediata raíz estuvo en el fracaso de la II República. Y otra más honda, en el patriotismo de los españoles, que despertó en las juventudes nuevas un ansia de revolución nacional frente a las derechas y frente a las izquierdas que se reveló hasta en figuras como la del marxista Joaquín Maurin en su libro La Segunda República (Barcelona, 1935). Él mismo es, ante todo, un «nacionalsindicalista». Y para explicarlo recurre a recordar su propia trayectoria con La Conquista del Estado el 14 de marzo de 1931, sin más precedentes que la campaña «de Giménez Caballero en 1929 que postuló por primera vez en España una doctrina nacionalista moderna, social y vital desenmascarando con eficacia lo que en el liberalismo demo-burgués había de podrido, reaccionario y antisocial».
El año 1933 fue el de la expansión jonsista con publicaciones, mítines y acciones como el asalto a los Amigos de Rusia. Pero también el del penal de Ocaña para varios de los jonsistas y del que yo me libré por un aviso a tiempo del sereno de mi calle.
Sin embargo, habían ido apareciendo focos jonsistas peninsulares. Además de Madrid y Valladolid. En Barcelona, Bilbao, Zaragoza, Valencia y Galicia donde se sumó un gran talento que pasó del Comunismo al jonsismo: Santiago Montero Díaz, que escribió un magistral ensayo sobre Ramiro.
El 29 de octubre de 1933 hizo su aparición política José Antonio en el mitin de la Comedia fundando Falange Española. Ramiro, en su libro, examina los componentes de tal organización y sus directivas ideales, basadas en el antecedente inmediato e inexcusable del jonsismo. Cerca de Ramiro y de José Antonio, yo intervine para la unificación de ambos movimientos, lográndola. Como también lo haría luego en Salamanca con la Falange Española de las JONS y los Tradicionalistas. Esas unificaciones fueron el secreto del triunfo franquista y por no lograrlas el enemigo (fraccionado políticamente) perdió la guerra. La unión culminaría en el importante mitin de Valladolid, el 4 de marzo de 1934. Después, violencias y caídos. Los chibiris o rojos atacaron. Se nombra a José Antonio Jefe nacional. Y comienza la crisis y la secesión de Ramiro y La Patria Libre y su idea de marchar a Barcelona y la afirmación final de que le vendría mejor «la camisa roja de Garibaldi que la camisa negra de Mussolini». Eso fue en noviembre. Pero ya antes, en mayo, había redactado otra publicación: su fichteano Discurso a las Juventudes de España.
¿Qué figuras europeas pudieran emparejarse con aquella del español Ramiro Ledesma Ramos?
En Italia, no se dio el caso Ramiro. El precursor de Mussolini, Gabriele D’Annunzio, fue ante todo un poeta y después un combatiente, bien recompensada su vanidad por el Duce, haciéndole «Príncipe di Monte Nevoso». En Alemania hay figuras algo semejantes en fundadores que se unifican con el Führer, pero que su disidencia posterior les lleva a la muerte. Fue el caso de Gottfried Feder que tras su gran servicio de escritor anticapitalista y su influjo sobre Hitler murió arrinconado. Más trágico fue el destino de Ernst Röhm. Colaborador de primera hora, disidente y emigrado a Bolivia, figura con Hitler como Jefe del Estado Mayor en las SA. Ministro sin cartera y asesinado en 1934. Como Gregor Strasser, inicial colaborador del Führer y con buenos servicios al Partido.
Pero donde se dieron figuras más parecidas a la de Ramiro -intelectuales y revolucionarias-, fue en Francia. Roberto Brasillach, critico de L’Action Française, nacional socialista, colaboracionista en la guerra y fusilado en 1944. Marcel Bucard, fusilado también (1946) en Fort de Châtillon, creador del «Francismo» y de la Internacional fascista. Marcel Deat, socialista y antifascista, pero después director de L’Oeuvre, propugnó la colaboración con el Eje. Condenado a muerte en rebeldía. Jacques Doriot, comunista y antifascista rival de Thorez; pero después fundador de la «Legión de los voluntarios franceses», muriendo al lado de los alemanes. Drieu la Rochelle que vio en el fascismo el rejuvenecimiento del mundo y murió suicidado…
Habría que recordar al belga Léon Degrelle con su movimiento «Rex», refugiado luego en España. Dos ingleses: Arnold Spencer Leese y Sir Oswald Mosley. El primero veterinario y sobrino de un barón, fundó en 1929 la «Imperial Fascist League» y la revista The Fascist, siendo su símbolo un haz lictorio. Y en cuanto a Mosley, noble, combatiente, laborista, Canciller con Mac Donald y fundador en 1932 de la «British Union of Fascist». Encarcelado, tomó tras la guerra con sus ideas corporativistas. Joris van Severen, flamenco y caudillo del movimiento nacionalista de Flandes. Y asesinado. Hay que recordar a los rumanos: Codreanu, fundador de la Guardia de Hierro, asesinado con trece de sus seguidores; Horia Sima, que asumió el mando de la Guardia de Hierro tras la muerte de Codreanu, condenado a muerte en rebeldía; Ion Motza y su amigo Marin, muertos peleando en España contra el comunismo. De Hungría habría que recordar a Zoltan Bozormeny y a Mesko. Al suizo Rolf Henne, fundador de un Frente Nacional. A los eslovacos Taka y Alexander Mach. Al ruso Larki. Al holandés Anton Adriaan Mussart. Al croata Pavelich. Al eslovaco Tiso. Al yanqui Ezra Pound.
El final de Ramiro tuvo algo de poema que no puedo olvidar. Para terminar su ¿Fascismo en España? regresó a sus orígenes natales, a su sayaguesa Puebla de Sanabria, en cuyo lago, como un joven Nietzsche en la Engadina, hace las que serán sus últimas meditaciones sosegadas en libertad. Porque retorna a Madrid, donde tiene la familia de padres y hermanos, a su calle Santa Juliana en el atroz Cuatro Caminos. José Antonio, desde la cárcel de Alicante, dio la orden de cooperar con Ramiro a los camaradas que estuvieran aún en libertad. El 11 de julio, logró sacar el primer número de Nuestra Revolución, y quedó cesante como empleado de Correos. Era el 2 de agosto, mi cumpleaños. El día anterior había preguntado de nuevo telefónicamente por mí a casa de mi madre. Había cenado con su hermano en la glorieta de la Iglesia. No pudieron llegar a casa. Un coche les siguió, les detuvo y se los llevó a la Dirección General de Seguridad en la calle de Víctor Hugo. De allí pasaría a la prisión de Ventas, donde estaba el otro Ramiro, Maeztu. El mismo Ledesma se había identificado rechazando documentos que le pudieran salvar. Entre miserias y sufrimientos, pero con una serenidad de predestinado, Ramiro soportó su cautiverio. En la madrugada del 29 de octubre, por fin le sacaron al camión. Su muerte fue allí mismo; iba de la mano de Maeztu, de pronto, se soltó exclamando: «A mí me matáis donde yo quiera, no donde vosotros queráis». Y abalanzándose al fusil más cercano quiso arrebatarlo; pero un miliciano disparó el suyo sobre su cráneo que saltó en pedazos. Maeztu se tapó la cara exclamando: «¡Jesús!» El cadáver de Ramiro lo tiraron dentro del camión a los pies de los otros condenados. Marcharon al cementerio de Aravaca donde abrieron una fosa a la que fueron arrojando fusilado tras fusilado.
Para terminar esta evocación, me fui una tarde a Santa Juliana, 3, en Cuatro Caminos. La casa estaba repintada, una casa de modern style, a lo principios de siglo. Sin embargo, en su fachada baja había una pintada con una consigna ledesmiana «PATRIA, PAN Y JUSTICIA» y una cruz gamada. Allá, a la izquierda, el Cine Europa donde hablara José Antonio. En la calle una pajarería, un herbolario, una sastrería y dos bares. Creo que en su piso aún habitado por su familia todo sigue igual que él lo dejara, mesa, sillas funcionales.
De allí, aquella misma tarde marché a Aravaca con mi esposa que tanto le estimaba. Nos hubiera gustado llevamos a Juan Aparicio. Y aún recoger en su chalet de Fuente del Rey a José María de Areilza que le protegió. El camposanto estaba cerrado; pero entre las verjas vimos el altar y la cruz sobre la fosa común donde cayeron acribillados los demás. Era una tarde dulcísima, otoñal y, allí, descampada. Rastrojos. Soledad. En el suelo, ¡oh!, cartuchos (de escopeta). Y recordé que cuando a nuestro común maestro Ortega le comunicaron la muerte de Ramiro dijo: «No han matado a un hombre, han matado a un entendimiento». No sólo un entendimiento, querido Ortega, también a un corazón de héroe.
E. GIMÉNEZ CABALLERO

miércoles, 8 de enero de 2020

Franco visto desde el extranjero

                                                                                     Erik Norling

Desde la desaparición del que fuera Jefe del Estado entre 1936-1975 se puede comprobar cómo el interés por su figura vuelve una y otra vez, llegando hasta la actualidad y sin que tenga visos de reducirse pese a las campañas de difamación periódicas por parte de la progresía intelectual.[1]
Llama la atención que publicaciones a cargo de editoriales extranjeras de títulos con biografías, tanto de historiadores españoles como extranjeros, se han sucedido, al igual que las investigaciones de expertos extranjeros sobre el franquismo o la Guerra Civil que tiene en la actualidad un notable incremento. [2] Resulta por tanto curioso comprobar que, pese al trascurso del tiempo, Francisco Franco sigue atrayendo la atención del lector no hispano, un interés en cierto sentido similar, salvando las distancias, a la que recibe Napoleón Bonaparte. Cada vez que un extranjero visita España o se acerca a su historia, de manera invariable se pregunta por el Caudillo, por su carrera como militar, su papel durante el conflicto fratricida, las relaciones con los fascismos, quién fue en su vida privada, cómo se mantuvo tanto tiempo en el poder, y, ante todo, porqué su memoria sigue presente en la España del siglo XXI.
No vamos a entrar en las innumerables entrevistas a cargo de periodistas extranjeros, artículos que sobre su persona en vida se publicaron, reportajes o aproximaciones historiográficas a lo largo de su mandato o después de su muerte.[3] Repasemos por el contrario, aun de forma breve y en modo alguna exhaustiva, aquellas biografías o estudios monográficos sobre el General aparecidos en lengua extranjera, y, de esta manera, poder comprender mejor esta fascinación que sigue despertando.
Franco, militar y anticomunista
Desde los inicios de la Cruzada 1936-1939 el interés por la figura de Franco había quedado patente cuando se tradujo a varios idiomas la biografía de Joaquín Arrarás, publicada en 1937 y patrocinada por medios oficiales. Vieron la luz ediciones en francés, italiano, alemán e inglés.[4] Ese mismo año, en Francia aparecía Franco et la Nouvelle Espagne de Georges Rotvand y en 1939 en Alemania Johann Frömbgen publicó Franco. Ein leben für Spanien (una vida por España). Incluso en Brasil, en portugués, Paulo Fleming editó una breve biografía de Franco donde defendía los valores de la España alzada.[5] En Francia, Henri Massis le dedicó un capítulo biográfico en su obra Chefs, titulado “Franco, soldat de Dieu” (soldado de Dios), con una entrevista realizada en julio de 1938.[6] No es preciso señalar que todos estos textos eran partidarios de la causa nacional. Pese a lo que muchos siguen creyendo, gracias a la eficacia de la propaganda izquierdista, la causa de la España Nacional tuvo una enorme aceptación internacional durante esos años.[7]
Tras la contienda y superado el período del aislamiento internacional, en los años 50 comenzó a ser creciente de nuevo el interés por su personalidad en el marco de la Guerra Fría. Así hallamos en 1955 la biografía del británico Sidney Coles, Franco of Spain. A full-length biography. Un corresponsal que había residido años en España, durante la guerra y en la posguerra, presentando la primera imagen equilibrada al público anglosajón del hasta entonces Jefe del Estado español demonizado por la propaganda antifranquista.[8] Le siguió en los años 60 nuevas y cada vez más completas biografías, todas ellas positivas hacia Franco, por autores que pudieron algunos entrevistar al propio personaje: la más difundida fue la de Brian Crozier, Franco: A biographical history.[9]  Seguida de las de George Hills, Franco: The man and his Nation; John W.D. Trythall, El Caudillo. A political biography of Franco y Hellmut Günther Dahms, Franco. Soldat und Staatschef (soldado y Jefe de Estado).[10] Muchas de ellas fueron traducidas y publicadas en España en la época por editoriales independientes o semioficiales como San Martín o Doncel. En este contexto, si bien no una biografía, en 1965 había publicado un joven hispanista de nombre Stanley Payne su Franco´s Spain. Un estudio donde ya adelantó esa pasión por la historia de España que le sigue embargando hoy cinco décadas después, sin filias ni fobias, a diferencia de otros de sus colegas.[11] En el mismo sentido, en Francia aparecieron la temprana biografía de Claude Martin, Franco, soldat et Chef d´Etat y en 1969, también en Francia, la del periodista rumano refugiado en España huyendo del comunismo, Anton Stefanescu Francisco Franco.[12]
La ofensiva marxista, los años 60-70
A finales de los años 60, la subversión izquierdista comenzó a hacer mella en medios escritos y en la historiografía se ubicó la escuela de historiadores marxistas (representado por Tuñón de Lara entre los españoles) que aún hoy en día tienen algunos nostálgicos (caso de Ángel Viñas). Es por esta época cuando se producen las primeras aproximaciones a la figura de Franco desde una óptica agitprop, con plena intencionalidad política para deslegitimar el Régimen en el extranjero y cuyos contenidos poco podían aportar a la historiografía futura más que servir de ejemplos de cómo la propaganda queda al servicio de la mentira para imponer una opción partidista. Entre aquellos títulos, en 1967 apareció en Suecia Franco, del periodista Sven Andersson, un activista de izquierdas que inauguró una lista de títulos todos ellos con la misma finalidad de agitación.[13] En 1969, aunque no dedicada a Franco de manera expresa pero es su hilo conductor del trabajo, el historiador socialista francés Max Gallo publicó Histoire de l´Espagne franquiste.[14] Concebida también como una herramienta de combate político, llena de tópicos y falsedades, tuvo gran difusión en ambientes de la izquierda europea. Le seguirían otras durante esos años, en especial en Francia. Para el mercado anglosajón, otra biografía de la época fue la del escritor británico Alan Lloyd, de igual manera que las demás, con escaso soporte documental y poco conocimiento de la realidad española.[15]
Renace el interés tras su desaparición
Desaparecido Franco, se interrumpieron las biografías y decreció el interés sobre el personaje. Sin embargo, fue un lapso poco duradero. A mediados de los años 90, vio la luz en Francia una nueva biografía a cargo del hispanista Bartolomé Bennassar. Le siguió la de Andrée Bachoud, que fue reconocida por haber utilizado fuentes documentales galas pese a sus carencias. Ambas traducidas al español poco después.[16] En 1992, en Alemania se tradujo al alemán la pobre biografía de Juan Pablo Fusi, Franco. Spanien unter der Diktatur.[17]  En Polonia, tras la caída del Muro, dos años después la reconocida historiadora Lidia Mularska-Andziak vio editada su biografia Franco, que apareció también en inglés.[18] Poco después, en 1999 dos historiadores considerados de derecha, Brodzikowski y Loskoczynski, lograron convertir en un éxito de ventas su biografía Franco. Generał wielkiej misji (Franco. General de una gran misión), donde se ensalzó la figura del militar.[19]
Es en esta misma época cuando el británico Paul Preston publica la primera edición de su pésima biografía de Franco.[20] Su obsesión por reavivar la confrontación antifranquista, que caló en la prensa sensacionalista que hicieron del mismo un éxito de ventas pero que, aun estando plagado de errores y escaso uso de las fuentes primarias, contribuyó a popularizar la figura del Caudillo entre el público anglosajón. Es un libro que de manera reiterada se vuelve a editar, sin apenas correcciones, pero siempre queriendo dar la impresión de ser una reedición ampliada y corregida, lo que no se corresponde con la realidad. Algo más interesante, pero viciado también por la antipatía manifiesta y el deseo de ser políticamente correcta, la biografía de 1994 de la historiadora Sheelagh Ellwood.[21] Cuando creíamos que la de Preston era lo peor que podía publicarse, en 2002 Gabrielle Ashford Hodges logró editar en EE.UU. Franco: a concise biography, lleno de meras especulaciones que nada aportan.[22]  En 2005, y desde otro punto de vista, el historiador americano Geoffrey Jensen, experto en historia militar, publicó Francisco Franco: Soldier, Commander, Dictator. Se puede no coincidir con muchas de sus afirmaciones, pero se distanció de la simpleza de un Preston y presentó al Franco militar, su capacidad para el liderazgo y destreza táctica, recibiendo favorable acogida parte de los más destacados hispanistas como Stanley Payne o George Esenwein.[23]
El interés por Franco no decrecía conforme nos adentramos en el siglo XXI. Tanto que cualquier biografía de Franco era considerada interesante para las editoriales comerciales. En Suecia, en 2012 Roger Älmberg publicó una biografía donde, si bien no favorable al personaje, fue ecuánime en la descripción de Franco.[24] En las editoriales anglosajonas el Generalísimo español seguía siendo una carta segura para lanzar títulos que se distribuían por decenas de millares de ejemplares. En 2014 el catedrático Antonio Cazorla veía su breve y poco académica biografía del Jefe del Estado español traducida al inglés con el título Franco: Biography of the Myth.[25] Poco después, en 2018, también Enrique Moradiellos pudo ver traducido su ensayo, más que una biografía, Franco. Anatomy of a Dictator.[26] Estos dos títulos, producto de intentos de obtener un beneficio económico que de llegar al personaje de forma seria, nos indican sin embargo la fascinación que ejerce Franco en el mundo anglosajón. Claramente escorado a la izquierda fue la aparición de Interrogating Francoism: History and Dictatorship in 20th Century Spain. Un burdo intento de dar barniz académico a una descripción simplista y partidista de la Guerra Civil y el franquismo, además de pretender rehabilitar a Preston tras su grotesco libro titulado de forma macabra The Spanish Holocaust. Inquisition and Extermination in 20th Century Spain (El Holocausto español, Inquisición y exterminio en el siglo XX).[27]
Entre las últimas publicadas, está la del conocido historiador de la Universidad de Wisconsin, Stanley Payne, siendo coautor Jesús Palacios, que en 2014 publicó su biografía Franco. A personal and political biography. La publicidad editorial lo anunció como el libro definitivo sobre el personaje y la crítica mundial fue muy positiva, ofreciendo una exhaustiva investigación muy documentada en sus más de 800 páginas, que hizo honor a la figura del Caudillo. Franco era presentado como una persona familiar, fría en ocasiones, pero humana y dotado de un talento inhabitual adecuado a la idiosincrasia del Ser español. El mérito del libro de Payne-Palacios fue permitir para el lector en idioma inglés disponer una nueva visión de Franco, que desmontó por completo la de Preston.[28] Como era de esperar, en el bando historiográfico de izquierdas fue recibido con frialdad, incluso siendo objeto de ataques iracundos por algunos como el obsesivo Ángel Viñas que dedicó un número extraordinario de su revista electrónica Hispania Nova a ello.[29]
Todo lo antes relacionado indica que el interés de los historiadores extranjeros por el Franco militar, el estadista, el padre de familia, seguirá dándonos nuevos títulos en el futuro. Todos ellos coinciden en que, independiente de su inclinación política, la Historia de España del siglo XX (y en parte el XXI) no se podrá entender sin la afrontar la importancia que tuvo Francisco Franco en ella. Triste para sus enemigos.

[1] Otro ejemplo, fue la proliferación de portadas en la revista estadounidense de difusión mundial Time. https://fnff.es/historia/8018200/Franco-en-la-revista-TIME-Record-de-portadas.html.

[2] El más reciente, SANGSTER, A.: Probing the enigma of Franco (Sondeando el enigma de Franco). Cambridge, UK. Cambridge Scholars Publishing, 2018. 

[3] Lo cuál ha sido estudiado de manera reciente en un intento de comprender la cobertura que de la España franquista llevaron a cabo los corresponsales extranjeros junto a su interacción y asimilación con medios locales que provocó que en ocasiones muchos devinieran grandes defensores del Régimen. RECKLING, T.: Foreign correspondents in Francoist Spain (1945-1975), Universidad de Portsmouth, 2016. 

[4] Paris. Les Éditions de France, 1937; Milano. Bompiani, 1937, con un prólogo de Roberto Farinacci; Milwaukke, US. The Bruce Publishing Company, 1939; la alemana: Hamburgo. Hoffman und Campe, 1939.

[5] Rio de Janeiro. Norte editora, 1938.

[6] Rotvand: Paris. Les Éditions Denoël, 1937. Frömbgen: Leipzig. Goten Verlag, 1939. Massis: Paris. Plon, 1939. Massis fue, asimismo, autor de una de las primeras aproximaciones en 1936 junto a Robert Brasillach del mito de la defensa del Alcázar de Toledo.

[7] Una introducción al tema en mi comunicación “Cruzada en España. Propaganda exterior del bando Nacional en Europa 1936-1939”, publicada en La República y la Guerra Civil setenta años después. Coord. por Alfonso, Marqués de Selva Alegre Bullón de MendozaLuis Eugenio Togores Sánchez, Madrid. Actas, 2008. Vol. 2, pp. 834-854.

[8] London. Neville Spearman, 1955 (2ª edición: 1967).

[9] Crozier: London. Eyre and Spottiswoode, 1967. Reeditada en 1968 en EE.UU. y Canadá, Boston-Toronto. Brown & Company, 1967; en Francia con el título de Franco.Biographie. Paris. Mercure de France, 1969; en Alemania, Franco. Eine Biographie. Munich. Bechtle, 1967.

[10] Hills: London. Hale, 1967 y una edición americana el mismo año, además de otra en 1968. Trythall: New York. McGraw Hill, 1970. También editada en Londres el mismo año. Dahms: Gottinga. Muster-Schmidt Verlag, 1972 (2ª ed.:1975).

[11] New York. Thomas Y. Crowell, 1965.

[12] Martin: Paris. Editions dels Quatre Fils Aymon, 1959. Traducido al español y publicado como Franco. Soldado y estadista por Fermín Uriarte Editor, Madrid, 1965; Stefanescu: Paris, 1969, que antes había aparecido en español, Barcelona, 1965.

[13] Andersson: Malmö. Forsberg, 1967.

[14] Gallo: Paris. Robert Laffont, 1969. Hay numerosas reediciones en inglés e italiano a principios de los años 70, además de en español el año 1972 a cargo de la editorial antifranquista Ruedo Ibérico, sita en París.

[15] Ello pese a ser Lloyd autor de una introducción a la historia de España desde los Reyes Católicos a Franco, The Spanish Centuries. New York. Doubleday, 1968. La biografía de Franco es de la misma editorial, 1969, reeditada en 1970 en Londres y por Bantam Dell, New York, NY, 2002.

[16] BENNASAR: Franco. Paris. Perrin, 1995 (2ª ed.: 2004); BACHOUD: Franco ou la reussite d´un homme ordinaire. Paris. Fayard, 1997. En España titulada Franco o el triunfo de un hombre corriente. Barcelona. Juventud, 1998. La 2ª edición a cargo de Crítica, Barcelona, 2000.

[17] Munich. DTV, 1992.

[18] MULARSKA-ANDZIAK, L.: Franco. London. Puls Publications, 1994.

[19] BRODZIKOWSKI W. & ŁOSKOCZYńSKI, J.: Franco. Generał wielkiej misji [Franco. General de una gran misión]. Varsovia. Wydawnictwo Brodzikowski, 1999.

[20] Franco. London. Harper Collins, 1993.

[21] Nueva York. St. Martin Press, 2002. Traducida al español antes con el título de Franco. Retrato psicológico de un dictador. Barcelona, Taurus, 2001.

[22] London. Longman, 1994.

[23] Washington. Potomac Books, 2005. ESENWEIN, G.: “Francisco Franco: Soldier, Commander, Dictator by Geoffrey Jensen”, en The Journal of Military History, nº 69 (octubre 2005), pp. 1.237-1.239. Destacar que Jensen había sido autor en 2001 de un estudio donde demostró sus conocimientos sobre España, traducido al español se tituló Cultura militar española: modernistas, tradicionalistas y liberales. Madrid, Biblioteca Nueva, 2014.

[24] Franco; diktator på livstid. Estocolmo. Norstedts, 2012.

[25] London. Tauris, 2018.

[26] Washington. Potomac Books, 2005. ESENWEIN, G.: “Francisco Franco: Soldier, Commander, Dictator by Geoffrey Jensen”, en The Journal of Military History, nº 69 (octubre 2005), pp. 1237-1239. Destacar que Jensen había sido autor en 2001 de un estudio donde demostró sus conocimientos sobre España, traducido al español se tituló Cultura militar española: modernistas, tradicionalistas y liberales. Madrid, Biblioteca Nueva, 2014.

[27] London. Bloomsbury Academic, 2016. El libro de Preston apareció en Inglaterra en 2012 y, como no, convertido en un éxito de ventas donde se presentó al pueblo español de forma distorsionada. Obviamente fue traducido al español.

[28] Madison (Wisconsin). The University of Wisconsin Press, 2014. En español a cargo de Espasa Calpe, 2014. Una crítica positiva a cargo del profesor de la Complutense Manuel Pastor, “Una reflexión sobre la obra de Stanley G. Payne y la dictadura de Franco” en La Albolafia: Revista de Humanidades y Culturanº extra 11, 2017, pp.147-155.

[29] Hispania Nova, nº 1 extraordinario 2015 “Sin respeto por la historia. Una biografía de Franco manipuladora”.

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