sábado, 4 de enero de 2020

Elvira Roca: "Hay una deriva reaccionaria de la izquierda; se ha casado con el nacionalismo"

"La ley de Memoria Histórica es anticonstitucional, propia de un régimen totalitario"/ "El PSOE está dividido entre quienes se han dejado 'podemizar' y quienes no"/ "Reverte es un fanfarrón, muy miles gloriosus, pero no engaña a nadie"


La obra de la escritora bestseller María Elvira Roca Barea (Málaga, 1966) ha suscitado mucha polémica entre ciertos sectores de la intelectualidad española, pero también se ha convertido en un fenómeno cultural y editorial. Las tesis de la autora son que la Historia de España se ha analizado desde el prejuicio ideológico de alguna izquierda y que los españoles han interiorizado acríticamente la Leyenda Negra, que empezó en Italia y terminó asumida por la élite ilustrada española.
"Populista nacional-católica, nacionalista española, reaccionaria, vanidosa…", son algunos de los calificativos que le ha dedicado El País -en un artículo destinado a "desmontar" Imperiofobia- y Arturo Pérez-Reverte -en una columna de opinión- en estos últimos días. Pese a tamañas acusaciones, Roca Barea se reclama de izquierdas, "pero de la verdadera izquierda". La que no ha sufrido la "deriva reaccionaria" o "podemización" que ella critica en el PSOE actual.
Para esta sindicalista vocacional, la izquierda en la que siempre ha creído la representan políticos como Alfonso Guerra, Josep Borrell o Paco Vázquez. No concibe que el Partido Socialista, en el que depositó su fe -es atea- durante muchos años, se haya convertido en el aliado natural del separatismo en tantos y tantos consistorios. Y le duele.
No parecen dolerle tanto las descalificaciones personales y profesionales vertidas sobre ella durante los últimos días. Asegura que sólo buscan amedrentarle -"y no lo harán"- y está convencida de que su obra va a ayudar a que la Leyenda Negra deje de ser un tabú.
Usted ha estudiado y reflexionado ampliamente sobre la historia de España. En su condición de historiadora, ¿cómo ve el momento actual que atraviesa el país? ¿Cree que estamos ante un proceso crítico, de cambio de ciclo?
Estamos ante una situación complicada. Siempre se produce, como mínimo, una crisis por siglo; normalmente dos. Ya tocaba que hubiera crisis y la tenemos. Además, es seria. No hay que dramatizar y hay que intentar entender los problemas que realmente tenemos, las causas por los que esos problemas se han producido y cuáles podrían ser los remedios. Sin histerias.
¿Qué caracteriza la crisis actual que atraviesa España?
La crisis actual es el resultado de algunos errores cometidos en la Transición. Fue un momento delicado, en el que hubo que hacer un enorme esfuerzo de coordinación, concordia y consenso. No es extraño que en ese momento se dejaran algunos flecos por atar. La Transición fue un momento verdaderamente espléndido de la historia de España. El problema no es la Transición. El problema es que luego no se ha intentado remediar lo que quedó pendiente entonces y nadie se ha preocupado de hacerlo ni con mayorías absolutas.
Hay una situación de desequilibrio que en la Constitución está recogida. Ésos son los vientos que han provocado estas tempestades. En la Constitución se recoge el hecho de que hay dos Españas: hay regiones de una clase y regiones de otra. Cuando no se asienta un Estado sobre una situación de igualdad, esos desequilibrios aumentan y provocan graves crisis. También es problema de la disposición adicional primera o de la diferencia entre regiones y nacionalidades. El Estado moderno no puede prosperar sobre una situación de desigualdad en el inicio.
El otro problema que la Constitución tenía y podía haberse arreglado mil veces es que no tiene un cierre competencial. Es decir, deja abierta la posibilidad a que hubiese una negociación distinta cada vez. Esto ha terminado por convertirse en una forma de gobernar el país durante mucho tiempo y que ha derivado en los extremismos. Cada vez que ha hecho falta una investidura o han hecho falta votos, se han otorgado competencias hasta que el Estado se ha vaciado.
¿La Constitución del 78 da lugar a la interpretación de que existen distintas naciones? Miquel Iceta dijo recientemente que las ha contado: son ocho.
Puede decir que hay 18, 28 o 320. Eso es irrelevante. Lo que está claro es que España ahora mismo es una nación política y eso es lo que hoy en día se discute. Lo que se está discutiendo es si vamos a tener un Estado o no en las próximas décadas. Lo que dice Iceta no tiene ningún sentido.
Parece que asistimos a un proceso progresivo de desmembración. A la pujanza de los nacionalismos periféricos se une ahora el surgimiento de formaciones provinciales. Nunca ha habido tantos partidos representados en el Parlamento, y muchos de ellos miran por el bien del terruño y no por el interés general de España.
El proceso al que asistimos es la crisis del Estado menguante. Es un problema común a toda Europa occidental que tiene raíces mucho más profundas. Ahora está enseñando la patita. Hay una falta pavorosa de análisis sobre por qué se está produciendo la tribalización de Europa. Apenas hay un libro escrito. Se está asistiendo a un proceso gravísimo de balcanización. Está sucediendo, a ojos vista, en Gran Bretaña y en muchísimos sitios y no se está analizando ni estudiando. Hace mucho tiempo que esto no sucedía con tanta virulencia. Y sin embargo parece que pasa y lo observamos. Las cosas en la Historia no suceden por generación espontánea. Hay que analizar por qué.
¿Y cómo se revierte este proceso?
Se revierte con sólo querer, colocando a los españoles en una situación de igualdad.
¿Aboga usted por la supresión del Estado de las Autonomías?
No digo que se acabe con el Estado de las Autonomías. La descentralización suele ser buena en aras de la eficacia administrativa, pero evidentemente las autonomías necesitan una reconducción. No puede ser que cada uno tenga un Estatuto de Autonomía a la carta, tiene que ser el mismo para todo el mundo. Así no se generarán agravios comparativos y no aparecerán partidos provinciales que lo que buscan es alcanzar el mismo grado de beneficio que los perenganitos que han organizado su propio partido y trabajan para sí mismos.
Esto llega a unos niveles de disparates tremendos de los que se vuelve. Los estados sufren crisis de las que pueden salir. Los estados son la mejor garantía que existe, la estructura más estable que hemos sido capaces de crear para garantizar un marco jurídico que permita convivir en una democracia. Ahora mismo estamos en la crisis del Estado menguante, que es muy preocupante. Está pasando ahora en España porque tradicionalmente las cosas suceden antes aquí que en Europa. La Segunda Guerra Mundial empieza en España, por razones mucho más largas que serían difíciles de explicar. Es una generación de conflictividad gigantesca, sumado al crecimiento de toda clase de populismos. Ahora mismo las democracias no están haciendo frente a los problemas que tienen y la gente se siente muy desamparada. Las democracias se han desprestigiado a sí mismas cuando no hacen frente a la corrupción, por ejemplo. Esto provoca que aparezcan salvapatrias de derechas y de izquierdas.
La actual situación de crisis que comentábamos, ¿es atribuible a la falta de verdaderos líderes o a cambios sociales más profundos?
Hay cambios sociales muy profundos, algunos casi irremediables. Las últimas generaciones que sufrieron realmente se están muriendo. Las que sufrieron violencia y padecieron verdaderas carencias. Las generaciones cada vez están más sobrealimentadas y olvidan rápido. Les da por jugar con nitroglicerina o cualquier cosa para pasar el fin de semana porque se creen que todo lo que tienen alrededor es producto de la naturaleza. No tienen sentido alguno de la gratitud hacia sus mayores, que lucharon muchísimo por ellos. Les da por jugar a la revolucioncilla de salón. Y se van de 'mani' a quemar un par de contenedores. El ser humano es un ser peligroso que necesita de leyes que regulen la convivencia de los unos con los otros. Ahora mismo hay unas generaciones muy atrevidas. La mía fue la primera en pecar de esto.
Frente a la Historia, hoy en día se exalta el olvido como una virtud.
Hay una predisposición para el olvido fantástica. La memoria de pez es increíble. Como dices, parece que el olvido es una virtud.
En el País Vasco, por ejemplo, la izquierda 'abertzale' propone el olvido como virtud cívica ante el sufrimiento que produjo ETA. Frente a ellos, quienes creen que sin memoria no hay justicia ni reparación.
Efectivamente. No hay que olvidar que hubo muertos y pasaron muchas cosas. Las democracias se desprestigian a sí mismas con esa actitud. Hay crímenes por los que se paga mucho y otros por los que no se paga nada. Sólo hace falta hacerse fuerte políticamente para tener impunidad en corrupción y en mil situaciones. Cuando las democracias se desprestigian, vamos mal. Las democracias exigen altas dosis de virtud cívica. Hay que cultivarla férreamente porque la democracia sólo se sostiene sobre su virtud. En el momento en el que permite su desprestigio, se deteriora.
El Rey se ha convertido en una de las principales dianas del separatismo y, si Sánchez es investido, tendrá un vicepresidente republicano. ¿Peligra la Monarquía?
No peligra, pero es evidente que se ha transformado en un blanco para muchas tendencias destructivas para el Estado. Hoy en día la monarquía es un pilar, es un símbolo de nuestra democracia y nuestro régimen constitucional.
Tras seis años, ya se puede hacer un balance del reinado de Felipe VI. ¿Cuál es el suyo?
Yo he sido republicana toda la vida y Felipe VI me hizo monárquica (ríe). Imagínese si tengo una buena opinión de él.
¿Cree que fue un acierto la abdicación de Juan Carlos I?
Había razones de salud. Se le veía tocado. La última etapa de su vida terminó con asuntos que desprestigiaron a la monarquía. Y la monarquía, ahora más que nunca, no tiene más razón de ser que su ejemplaridad. En razón de esa ejemplaridad, está obligada a tener un comportamiento impecable y le daña muchísimo todo lo que se aparta de ahí. Ya no vivimos en una monarquía de derecho divino, como un símbolo incuestionado. La monarquía debe sostenerse en la ejemplaridad y en la virtud. Por eso, creo que la abdicación fue una decisión acertada.
¿Vio en Nochebuena el Mensaje de Felipe VI? ¿Qué le pareció?
Me pareció estupendo. El Rey puede tener dificultades para expresar determinadas cosas, pero se hace entender y hace llegar su mensaje.
¿Qué opina del maridaje entre la izquierda española y los nacionalismos periféricos?
No toda la izquierda, una parte. Hay una parte de la izquierda que no ha desertado de sus obligaciones como españoles. De hecho, yo el día 24 (de enero) me dispongo a ir a Granada a la presentación de un nuevo partido: Izquierda en positivo. Hay una parte de la izquierda que ha perdido el oremus. El matrimonio entre la izquierda y el nacionalismo es contra natura. Hay que ir contra lo básico del pensamiento de izquierdas para aliarse con tendencias separatistas. Es dejar de ser de izquierdas para pasar a ser algo que no se sabe bien qué es. Hay un libro de Félix Ovejero que se llama La deriva reaccionaria de la izquierda. Muy recomendable para comprender estas cosas aparentemente inexplicables que parte de la izquierda está haciendo.
¿El PSOE y Podemos no representan a la izquierda entonces? Han pactado con formaciones nacionalistas prácticamente allá donde pueden.
El PSOE está partido por la mitad. No se ve porque tiene poder ahora mismo y Sánchez es presidente del Gobierno. La noche de las elecciones hubo una pelea en la puerta de Ferraz entre quienes no estaban de acuerdo con la deriva podemita del Partido Socialista y consideraban que aquella victoria era una oportunidad fantástica para rectificar y aquellos otros que se han dejado podemizar. Lo que le ha pasado al PSOE es una de las cosas más preocupantes del país. Yo confié en el Partido Socialista durante muchos años y espero que en algún momento sean capaces de recuperar el rumbo, porque ha sido un pilar de la democracia española. Si cojea esta pata, cojea España.
Usted ha escrito: "En Cataluña lo que sucede es un fenómeno feudal, una rebelión de oligarquías". ¿Qué quiere decir con ello?
Es sencillo. Se produce por una situación de beneficio a esta región del país. Viene de Franco pero no nace con el franquismo. Franco la hereda y la perpetúa. No es un misterio para nadie que durante el franquismo unas regiones fueron claramente beneficiadas y otras no. Yo soy de una que no lo fue. Acostumbrados a vivir en esta situación de privilegio, no entendieron que la democracia supone que todos somos iguales. Se han hecho fuertes en esa práctica política feudal. El territorio es gobernado desde hace mucho tiempo por un grupo de familias acostumbradas al usufructo de esos privilegios. Esas familias se consideran dueñas del territorio y se creen que hablan en nombre de todos.
¿Existe el nacionalismo español?
El nacionalismo español ha sido siempre una cosa muy floja o muy inexistente por la sencilla razón de que ha sido bastante inclusivo. España ha sido bastante inclusiva a lo largo del tiempo. Durante el franquismo hubo una cosa patriotera y rancia pero luego no se sustanciaba en nada. En medio de aquella exaltación del imperio y de Dios, en realidad lo que se enseñaba de la Historia de España es lo de siempre.
Han quedado una serie de vicios adheridos a esas malas prácticas. Como dice Alfonso Guerra: "Pudiera uno haber tenido con respecto a la bandera, y a la idea de patria, cierto resquemor". Habían sido manoseadas por el franquismo pero no tiene sentido decir que esto continúa cuarenta años después. No tiene sentido que haya gente que diga que no puede decir la palabra España o que tenga resquemor por la bandera. Si esto existe es porque ha sido artificialmente producido y provocado a fuerza de dar acomodo y placer a ciertas tendencias balcánicas que hay en el país.
Hoy hay quien equipara al nacionalismo español con el nacionalismo catalán, y proponen combatir ambos. El nacionalismo identitario vasco es racista y el catalán es totalitario, supremacista y violento. ¿Es una comparación justa?
Cuando tú tienes una actitud difícilmente justificable, buscas demonizar al otro. Los nacionalismos periféricos buscan demonizar España para romper el vínculo con ella.
Veo ahora mismo mi pueblo desde el patio y pienso en lo peculiar que es. Veo gente de todo tipo. Tiene menos de mil habitantes y los del barrio alto se distinguen de los del barrio bajo. Si nos ponemos a buscar diferencias, las encontramos hasta en casa. Esto no tiene nada que ver con que exista un vínculo político que nos permita convivir con un Estado organizado. Para romper eso tienes que demonizarlo y sacarle todos los vicios y maldades del mundo. Tienes que hacerte fuerte en esa idea y atacar al otro.
Para desarmarlo tienes que actuar con sus mimbres, pero hay que ser valientes. Hoy en día se utilizan con facilidad términos como nacionalista español, franquista, nacionalcatólico… Los españoles tienen un miedo espantoso a ser llamados fachas.
A usted misma le han calificado de "nacionalista" por el contenido de su obra.
Sí, es lo que intento explicar. El miedo paraliza al adversario. Es una maniobra burda, torpe, pero es eficaz. Muy eficaz. Precisamente porque este tipo de planteamiento bueno-malo, blanco-negro es básico, no requiere mucho razonamiento ni análisis. Está al alcance de todas las mentes. Triunfa porque es elemental.
¿Acaso yo no debo defender a mi país y la continuidad del Estado para no ser calificada de facha? ¿Tengo que estar quieta, callada y permanecer impasible ante la destrucción del Estado en el que vivo y ante el triunfo de la idea débil? Yo soy proeuropea porque creo que la idea de la unión es la idea fértil. La idea de la fragmentación es la idea débil.
¿Está demasiado barato el "facha"?
Está barata la acusación de ser facha. En realidad, está todo muy encanallado. Una de las cosas que han deteriorado la democracia es la pérdida de la buena educación. Es condición sine qua non. Mi adversario me respeta y yo respeto a mi adversario. Es lo básico en democracia.
Da la sensación de que faltan estos altos modales en la política actual.
Absolutamente. Hay un chillerío que ofende a los oídos de cualquiera. La situación cada vez exige un ademán más exasperado, palabrotas… Llega un momento en el que el personal se vuelve inmune y tienes que redoblar el chillerío. Hemos llegado a unos niveles de tolerancia que exigen exagerar todo más.
El Parlamento se ha convertido en un espectáculo vergonzoso. Yo recuerdo en la Transición los modales que se utilizaban y cómo se intercambiaban opiniones en el Parlamento. De vez en cuando había algún exabrupto, pero era alguna cosa muy puntual. En general, se trataban con respeto. Ahora los ves y no parecen parlamentarios. Ni siquiera van vestidos decentemente, juran como les da la gana…
¿Se debería dar la condición de diputado a quienes utilizan fórmulas de acato que no están recogidas en la Constitución? Incluso hay quienes juran contra ella.
No, en absoluto. Las democracias se deterioran y se pierden el respeto a sí mismas si toleran eso. A partir de ahí, todo es posible. Y todo no puede ser posible. Si no hay imperio de la ley, las normas se vuelven laxas y, por tanto, inexistentes. Hago lo que me da la gana porque soy el más chulo. La democracia que tolera esos comportamientos se desprestigia.
En una entrevista concedida a EL ESPAÑOL hace algo más de un año, apostó a que no sacarían a Franco del Valle de Los Caídos. Se equivocó. ¿Qué le pareció el modo en el que se llevó a cabo?
Creo que han perdido un comodín que cada cierto tiempo podían utilizar. Luego me dijeron que eso era lo que Franco quería. Es una cosa que me llamó mucho la atención, que un Gobierno socialista cumpliera su voluntad. No creo que tenga mayor importancia, es un hecho simbólico. Durante la Transición española quedaron las cosas de una determinada manera y para cambiarlas había que buscar consensos. Ahora mismo, lo que se busca es el disenso, buscan el enfrentamiento incluso cuando no se justifica.
También ha recibido muchas críticas desde la izquierda por una frase en la que decía que los republicanos no fueron los vencidos de la Guerra Civil. ¿Qué quería decir con ello?
Mi abuelo era republicano y tenía mucha gracia. No sé cómo logró sobrevivir a los unos y a los otros. Decía siempre: "Entre todos la mataron y ella sola se murió". Tenía una serie de frases tópicas muy graciosas. Una de ellas era que "es una gracia incomparable de nuestra familia el perder las guerras en los dos bandos". Porque mi abuelo fue perseguido por unos y otros. Mi abuelo no era revolucionario, no era comunista: era un demócrata convencido de que no estaba por una revolución bolchevique. Yo defendí a esta gente que perdió la guerra en todos los frentes. Porque cuando defendían la república lo que querían para su país era una democracia parlamentaria y no una revolución.
La izquierda radical tiende a homogeneizar el bando republicano. Su tesis es que los comunistas fueron los primeros en luchar por la democracia.
Cualquiera que haya leído historia sabe que no es así. Es una simplificación lamentable. El régimen de la República en su última etapa estaba en una situación penosísima. Recomiendo leer 1936: Fraude y violencia en el Frente Popular. Había una quiebra democrática absoluta. No se puede reescribir la Historia de lo que ha sucedido.
¿No es precisamente eso lo que intenta la Ley de Memoria Histórica?
La Ley de Memoria Histórica es anticonstitucional. Es propia de un régimen totalitario. Estoy en esto con Francisco Vázquez, socialista al 100%. Esto procede de esta izquierda reaccionaria que ha perdido el oremus aliándose con antisistemas.
Usted es especialista en la Leyenda Negra. Los separatistas catalanes presentan hoy a España como una dictadura en la que hay presos políticos, que desprecia las votaciones y que reprime al pueblo mediante la brutalidad policial. ¿Asistimos al intento de crear una nueva Leyenda Negra?
No es un intento, ya está ahí. El daño que han hecho a la imagen de España es enorme. Se tardará lustros en recuperar esto.
¿Cree que los nacionalistas catalanes han impuesto su relato de cara al exterior?
De cara al exterior tienen una presencia enorme mientras que por parte del Estado no se ha hecho nada, hasta Josep Borrell, para contrarrestar esa refutación de las ideas de esa España malvada, demoníaca, intolerante y fanática. Ahora el Estado tiene un trabajo gigantesco por delante y no va a ser fácil.
¿La aceptación de la Leyenda Negra trasciende la dicotomía derecha-izquierda en España?
Absolutamente. La Leyenda Negra nace muchísimo antes de que la derecha y la izquierda existieran. Es un fenómeno vinculado a la hegemonía de España durante muchísimo tiempo. Luego siguió existiendo porque estaba escrita ya oficialmente en la Historia que contaban las distintas naciones de Europa. Es un fenómeno tremendamente complejo, pero nosotros desertamos. La clase intelectual no quiso hacerle frente o no supo cómo. Los pocos avances que ha habido han sido por parte de gente antifranquista. La primera definición de hispanofobia que tenemos la hace Rafael Altamira, que define la hispanofobia como una herramienta de guerra. Y Altamira muere en el exilio, no sé hasta qué punto será él facha o nacionalista. En definitiva, no tiene nada que ver con la izquierda o la derecha. Luego sí ha habido un intento de utilizar la Historia políticamente, tanto unos como otros.
Da la impresión de que la izquierda tiene más problemas a la hora de aceptar nuestra Historia, desde sus raíces católicas hasta el desenlace de la Guerra Civil. ¿Diría que la izquierda considera España una concatenación de errores históricos?
No. La gente de izquierda con la cabeza amueblada no lo entiende así. Conozco a mucha gente de izquierdas muy orgullosa de la Historia de España, como Alfonso Guerra. Hay facciones muy vociferantes que se imponen en la izquierda, pero la otra izquierda existe. Solo que está sometida a una tensión adicional porque se ven entre las ideas y su país. Se ven convertidos en rehenes del partido. Hay mucha gente de izquierdas que son españoles sin complejos que no entienden por qué los partidos con los que se identifican se alían contra natura con partidos separatistas. Ésa es la izquierda verdadera, lo otro es la deriva reaccionaria. Una papilla ideológica que me resulta difícil de clasificar. Tiene algo de la gauche divine, ese postureo que no he soportado nunca. Yo he sido sindicalista toda mi vida y en la defensa de la sanidad y de la educación pública he pasado años. A esta gente que se ha desentendido del mundo del trabajo me cuesta trabajo llamarles de izquierda.
Los defensores de 'Imperiofobia y leyenda negra' sostienen que la oposición feroz a la que se ha enfrentado su libro es una muestra evidente de que ésta -la Leyenda Negra- está más viva que nunca.
Imperiofobia ha sacado la Leyenda Negra de debajo de la alfombra. No es un libro que diga nada nuevo, ni siquiera es original. Hay mucho trabajo sobre esto y es imposible negar lo que ahí se cuenta. Porque las investigaciones comienzan hace mucho tiempo, se cita a autores que ni siquiera son españoles… pero todo eso estaba en el mundo académico. La Leyenda Negra era un tema menor, que no se trataba. Mi libro ha provocado un salto cuántico. La Leyenda Negra ha pasado a la opinión pública y eso ha causado una enorme molestia a determinados sectores que utilizaban ese argumentario contra España. Se les ha roto el argumentario y esa gente ha reaccionado pidiendo mi cabeza porque están en condiciones de poderla pedir. Ha habido una campaña de difamación y desprestigio porque les he hecho un siete.
Un artículo reciente en 'El País' trataba de desacreditar su obra, cuestionando su metodología pero también calificándola a usted de “referente del pensamiento conservador en España”, como si le deslegitimara escribir Historia desde posiciones ajenas a la izquierda. ¿Cómo ha vivido la polémica y cómo se defiende de los dos tipos de crítica?
No tienen otra cosa que decir. Lo de El País me parece bastante triste. Creo que no beneficia a nadie. Sobre todo, a ellos mismos. Es una lástima que el periódico que ha sido el buque insignia de la prensa española se haya deteriorado tanto en los últimos años. Yo colaboraba con El País con una serie que se llamaba Políticas de izquierda, que fue suprimida al entrar el nuevo régimen administrativo en el periódico. Cuando hubiera completado la serie, pensaba hacer un libro con ella sobre lo que son o deben ser políticas de izquierda bien administradas sin andar perdidos en no sé cuantos catecismos que no tienen nada que ver con los problemas de la gente. Por lo tanto, no sé de dónde viene esto. Supongo que viene de Villacañas, que es un fanático y sigue como un loco en su mundo de fanatismo religioso. Es difícil de comprender para alguien como yo, que no ha cambiado de religión, sino que no la ha tenido nunca.
Yo sabía que iba a pasar. Tengo amigos en El País y sabía que estaban trabajando en realizar un escrutinio penoso a mi libro. Deben haberse peinado todas y cada una de las notas a pie de página del libro. Es tremendo. No hay un libro más purgado que Imperiofobia en la Historia de España. Habla muy bien de mí si eso es todo lo que han logrado encontrar de mi libro. Responderé uno por uno a todos los puntos y demostraré que se equivocan.
¿Cuándo responderá?
No tengo prisa. Yo soy del tiempo lento de la Historia. Se están retratando ellos mismos, así que no tengo prisa.
Arturo Pérez-Reverte se ha sumado a la lista de sus detractores. ¿Le sorprende? ¿Le duele?
No me ha sorprendido. Yo he demostrado dos veces que Pérez-Reverte falsea la Historia de España para empeorarla. La primera con Alatriste y luego con Hombres buenos. En el primer caso le mostré cuál era la genealogía de su inquisidor Bocanegra y le mostré que el personaje real no tenía nada que ver con ese personaje terrible. Y después demostré que las Enciclopedias circularon por España sin problema, que nadie tuvo que jugarse la vida para ir a traer una España, como si esto fuese un territorio chiíta. Él se ha sentido ofendido por esto, ha aparecido detrás de El País. Reverte siempre va de camuflaje. No ha sido capaz de contestar a ninguna de las dos cosas porque no puede refutarlas. Se envuelve en el manto de "ésta es de derechas". Es muy característico suyo el utilizar palabrotas y grandes aspavientos. Él anda diciendo últimamente que España es una enfermedad histórica y yo entiendo que España le ha dado a él todo lo que es. Si él considera que no debe gratitud a este país, por lo menos creo que le debe respeto.
En su columna 'Imperioapología y otros disparates', Pérez-Reverte tilda sus críticas vertidas sobre Alatriste de “pellizquito de monja”. ¿No habla mal de la intelectualidad española el hecho de que recurra tanto a ataques 'ad hominem' y a la caricaturización del adversario? No hay un debate sano y público de ideas.
Nos empeñamos en no ir a los hechos e ir a la descalificación ideológica, como Reverte. Hay que ir a los hechos y con los hechos encima de la mesa podremos debatir. Reverte está asombrado ante el hecho de que alguien venga y le desmonte el chiringuito estupendo que tenía montado por la vía de los hechos. Entonces recurre al palabrerío lleno de improperios, pero siempre a cubierto. Es muy fanfarrón, muy miles gloriosus, pero no engaña a nadie.
También ha encontrado firmes defensores dentro del mundo intelectual. Hasta 101 firmantes han dirigido una carta al Defensor del Lector de 'El País' en la que manifiestan su "indignación" por el planteamiento del texto y califican de "insólito someter a una criba semejante a un ensayo histórico".

Me quedé sorprendida cuando me enteré. Lo agradezco muchísimo, a los que han firmado y a los tropecientos que me han escrito y me han llamado para trasladarme su indignación. Lo agradezco de todo corazón. De todos modos, esto se sosegará. Anoche estuve con una amiga griega a la que no veía desde hace quince o veinte años. Está estudiando ahora en Atenas sobre Historia y Literatura española y uno de los temas del temario era la Leyenda Negra. Esto muestra que ya no hay manera de guardar la Leyenda Negra dentro del armario. Me quieren utilizar como chivo expiatorio para amedrentar y que no se hable del tema.
Si algo ha dejado claro la polémica es que parece imposible la construcción de un relato común de nuestro pasado.

Yo estoy en ello. Creo que es posible. La Historia es muy larga. La gente que no estudia Historia normalmente tiene una visión cortoplacista. Que una cosa pase ahora no significa que vaya a seguir pasando dentro de veinte años. Hay que sembrar para que España tenga una Historia más equilibrada. Lo que se ha enseñado de la Historia de España ha sido tradicionalmente lo peor, lo más negativo, La Historia de España tiene sombras, y muy grandes, pero tiene un lado bueno y bonito que no se enseña. Hay que ir a buscar un relato más equilibrado. Yo he hecho una pregunta que nadie había hecho: ¿Por qué está la Armada Invencible en nuestros libros de Historia pero no está la batalla de Cartagena de Indias? Que los ingleses tengan el relato mítico de la Armada Invencible es razonable. Es bueno para ellos. Pero que lo tengamos nosotros… Si por plantear esa pregunta hay quien te califica de derechas, pues me da la risa floja.
El rechazo de ciertos sectores de la intelectualidad hacia su obra choca con el entusiasmo con el que la ha recibido el público. ¿El lector estaba ávido de leer una visión positiva de su propia Historia?
Eso es porque al lector le han enseñado toda su vida que la Historia de nuestro país es vergonzosa, que es algo que es mejor no recordar y que él es moralmente inferior por haber nacido en España. Luego lee un libro que le cuenta que no, que lo malo no lo negamos pero ha habido cosas que hemos hecho bien y no le habían enseñado. Yo no niego la parte poco positiva o lamentable de España. La bibliografía sobre la Inquisición en España no se puede abarcar, ¿cómo la voy a negar? Dice Reverte que trato de ocultar una parte de la Historia. ¿Cómo? ¿He quemado algún libro? Es ridículo.
Tras la apuesta fallida de que no exhumarían a Franco, terminemos con otra. ¿Habrá Gobierno en 2020 o terceras elecciones?
Creo que va a haber Gobierno pero que va a durar poco. Va a ser tremendamente inestable. Esperemos que la propuesta de Arrimadas, de los 211 diputados, encuentre cobertura.
¿Le ilusiona la idea de un gobierno de concentración constitucionalista?
Absolutamente. Uno de los problemas que tenemos es que no nos juntamos en los medios y dejamos que los extremos tensionen a todo el mundo. En realidad, la mayor parte nos podemos entender. Si nos hacemos fuertes en aquello que nos une, podremos plantear soluciones para los problemas graves que el país atraviesa.

jueves, 2 de enero de 2020

La mentira de los «niños robados del franquismo»





Al régimen del Generalísimo Franco se le atribuyen todo tipo de maldades, como la implantación de la energía nuclear a España, la construcción de pantanos, la emigración poco menos que forzosa de millones de andaluces y castellanos a Madrid, Cataluña y Vascongadas, la repoblación forestal con especies no autóctonas… La última, y más estremecedora, es la elaboración por parte del Estado, desde funcionarios a monjas, de una trama dedicada al «robo de bebés», primero a madres de izquierdas y luego a pobres, para entregarlos a familias de orden o adictas, fuera para erradicar las semillas de los «rojos» o para hacer negocio.
Se trata de una mentira del mismo calibre que la afirmación de que Su Excelencia cambió la hora oficial española para adecuarla a la vigente en Alemania y así halagar a Adolf Hitler. En realidad, el cambio —mantenido, por cierto, por todos los Gobiernos desde 1976— se produjo para seguir la hora oficial francesa en horarios de barco y ferrocarril.
La «trama para el robo de bebés» es legitimada en el auto del exjuez Baltasar Garzón de 2008 que pretendió comenzar una «causa general» contra el franquismo. Pretendía encontrar un supuesto delito no cubierto por la Ley de Amnistía para procesar a funcionarios y exministros supervivientes y copia el modelo argentino. Para elaborar su auto, el exjuez no contó con ningún historiador o experto que contradijese el «relato» elaborado por el catedrático antifranquista Ricard Vinyes. Sus consecuencias son un derroche de recursos públicos, alarma social entre los ciudadanos y vergüenza internacional de España.
Las asociaciones montadas en torno a la trama en seguida se integraron en el movimiento de la «memoria histórica». Se dijo que el número de bebés robados podría alcanzar los 300.000, igual que se podía haber calculado en un millón. La campaña forzó al Gobierno a dedicar recursos públicos a la investigación judicial en 2012 y años siguientes y los datos hablan por sí solos. En diez años, sólo se han presentado poco más de 2.000 denuncias. En la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2013, el fiscal general, Eduardo Torres Dulce, expuso la labor de su departamento, del fiscal delegado nombrado por él y de las fiscalías provinciales en la investigación de las denuncias de «niños robados». Una de sus conclusiones fue la inexistencia “de una trama organizada de alcance nacional que tuviera por objeto la sustracción y venta de bebés”. En 2013, el ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón instituyó una «oficina de atención a los afectados por casos de bebés robados», para que los interesados aportasen datos sobre el familiar que están buscando y sus perfiles genéticos. En su primer año de funcionamiento, a pesar de la supuesta demanda social, sólo recibieron 200 perfiles, tal como explicó su directora, Carmen de Troya; cinco años después, los perfiles genéticos sólo eran 563 y sin ninguna coincidencia entre ellos.
Los investigadores, como el doctor Antonio Alonso, han confirmado que más del 90% de los niños identificados que han analizado habían muerto, tal como se había comunicado a sus padres años atrás, al producirse el parto. En el único caso en que una sentencia judicial admitió que existía una «niña robada» (Audiencia Provincial de Madrid, 640/2018), a los pocos meses la interesada, Inés Madrigal, desveló que nadie la había robado, sino que su madre biológica la había entregado en adopción. Después de varios años de histerismo creado por los medios de comunicación, en especial El País, y los partidos políticos de izquierdas, después de que las autoridades judiciales y forenses hayan investigado en archivos civiles y eclesiásticos, después de excavar en cementerios, después de realizar análisis de ADN, los españoles deberíamos olvidar con asco este cuento de horror. Lamentablemente, varios Parlamentos regionales (Canarias, Navarra, Andalucía) han aprobado leyes autonómicas que reconocen la existencia de los niños robados y hasta los convierten a ellos y a sus madres en víctimas del franquismo. ¡Y luego nos asombramos de cómo en los siglos XVI y XVII se vivió el histerismo de la caza de brujas!
Sin embargo, mucha gente se sigue creyendo la mentira de las tramas de «niños robados», debido al activismo desaforado de los miembros de estas asociaciones, apoyada por determinados partidos políticos. Su último acto ha consistido en obtener una audiencia con Su Santidad Francisco I en agosto pasado. Seguramente el Papa, mal informado por su equipo, desconoce que en España no se ha descubierto ninguna red de robos de niños ni que en ella participaran sacerdotes y monjas. Si las más altas jerarquías eclesiásticas aceptaran semejante «fake news» por presión de los medios de comunicación progresistas y por el antifranquismo al que se han apuntado, podría acabar cayendo sobre la Iglesia y los católicos una nueva difamación, como la del reparto de caramelos envenenados y la colaboración con los nazis en el exterminio de judíos. Las mentiras hay que aplastarlas antes de que corran solas.
Tomás Pastor

Hermann Tertsch: “Ser conservador es lo más revolucionario que se puede ser hoy en día”

R. G.-  Nacido en Madrid en 1958, Hermann Tertsch Del Valle-Lersundi es uno de los mayores expertos en el análisis de la realidad política y social española y europea. Contundente, rápido en la interpretación de los acontecimientos, poseedor de una cultura enciclopédica y siempre coherente, Tertsch posee a raudales esa extraña habilidad que solamente tienen los mejores especialistas y que, partiendo de un conocimiento exhaustivo del pasado, consiste en descifrar con pericia los pequeños detalles de los hechos diarios para bosquejar con eficacia los grandes retos, las posibilidades y las amenazas del futuro. Hermann Tertsch es en la actualidad eurodoputado de Vox.
– Usted vivió en primera fila la caída de la antigua URSS y hoy es uno de los intelectuales más activos a la hora de denunciar esa nueva forma globalizada del comunismo que se ha venido a llamar “marxismo cultural”… ¿Cómo surgió este fenómeno político, social y, sobre todo, cultural?
Los primeros pasos de todo esto se dieron con la Internacional Comunista de los años veinte del pasado siglo, que establecía claramente un proyecto de expansión a lo largo y ancho del mundo desarrollado, y especialmente a lo largo y ancho de Europa, para inducir a la gran revolución proletaria.
Para llevar a cabo este plan, la Internacional Comunista impulsa un gran conglomerado de asociaciones, grupos y organizaciones, muchas de ellas similares a las actuales oenegés, que funcionaban bajo las órdenes de los partidos comunistas, pero sin pertenecer directamente a su estructura. Hoy ocurre exactamente lo mismo, pero fue en esa década de los años veinte cuando el comunismo comenzó a utilizar el asociacionismo como herramienta de penetración ideológica en las sociedades desarrolladas.
El siguiente paso en esta expansión del neomarxismo o marxismo cultural se dio con la aparición de la Escuela de Fráncfort. En los años treinta, numerosos intelectuales marxistas debieron huir de Alemania perseguidos por los nazis, y marcharon a Estados Unidos. En las universidades de este país crearon escuelas y, tras el fin de la II Guerra Mundial, regresaron a Alemania y a Francia, países desde los que impulsan sus estrategias de penetración, en un impulso que acabaría de una forma fallida con el Mayo del 68 parisino. Quizás aquella movilización estudiantil fue el último gran intento revolucionario comunista, pero ya entonces los marxistas habían entendido que su gran estrategia había de asentarse sobre la penetración cultural, y no sobre la revolución y las movilizaciones callejeras.
No son los tanques, son determinadas ideas, y su expansión a todo el espectro cultural de la vida de una sociedad desarrollada, las que han de conseguir la victoria. Por eso los nuevos comunistas van abriendo e implantando sus banderas en diferentes campos de batalla donde van dejando sus semillas, el ecologismo, el animalismo, el feminismo, el pacifismo…
La economía ya no sirve a los nuevos comunistas. La transformación que iba a ser la punta de lanza de la revolución proletaria, de esa revolución igualitaria que se construye sobre la liquidación del individuo, tenía la economía como bandera, pero su fracaso en este ámbito ha sido tan estrepitoso que ya no tienen nada que hacer. Y por ello van extendiéndose a otros campos en los que buscar fácilmente la sentimientalidad, la emoción, el humanitarismo. Y han conseguido una expansión tremenda, por ejemplo, en el capítulo de las oenegés, que en su práctica totalidad son organizaciones que mantienen los mismos criterios (comunistas) y que obedecen a los mismos objetivos (comunistas).
– ¿Y cuáles serían, en su opinión, los fines de estos nuevos comunistas?, ¿Quién establece estos objetivos?
A pesar de que en ocasiones parezca que no hay una organización o unas cabezas pensantes detrás de todo este gran movimiento global del marxismo cultural, uno de los principales polos de difusión ha sido el Foro de Sao Paulo, impulsado por el Partido de los Trabajadores de Brasil y nacido en 1990, tras la caída del Muro de Berlín (1989). El Foro de Sao Paulo ha sido clave en todo esto. Y en el Foro de Sao Paulo, ideológicamente, mandaba Cuba. Y lo sigue haciendo.
En un primer momento, el Foro de Sao Paulo nace como el sustituto de una Internacional Comunista que ya no podía tener su referente en Moscú. Creado por grupos guerrilleros sudamericanos, organizaciones terroristas y múltiples partidos comunistas y socialistas, en el momento de su aparición, en este gran órgano marxista solamente había un partido que estuviera gobernando: el Partido Comunista de Cuba. Pero solamente 15 años después, en 2004, el Foro de Sao Paulo tenía ya a más de una decenas de partidos en diferentes Gobiernos, entre los que ya se encontraba Hugo Chávez.
Chávez fue fundamental para el Foro, porque Cuba dirigía, pero era la Venezuela bolivariana la que financiaba todo aquello. En aquella época, además, con el petróleo a 150 dólares el barril, había dinero para todos y, realmente, desde el Foro de Sao Paolo se compró a todos… incluidos el movimiento montonero y los Kirchner. No hay que olvidar, además, que en este Foro se hallaban incluidos grupos de Oriente Medio como Hizbolá, organización terrorista islamista con amplias conexiones con Venezuela, con una fuerte línea de penetración en Estados Unidos, con lazos muy intensos con Irán y con gran poder sobre el control del narcotráfico internacional.
Explica Hermann Tertsch que no solamente hay un complicado entramado organizativo que impulsa globalmente el nuevo comunismo, tanto ideológica como políticamente, sino que, además, existe “un entramado inmenso de multinacionales, de empresas semipúblicas y privadas, que funcionan en Sudamérica y en todo el mundo al servicio del marxismo cultural y sus conexiones, lavando, por ejemplo, el dinero negro de la cocaína de las FARC, y financiando el surgimiento y el crecimiento de numerosos partidos comunistas, tanto en Latinoamérica como en otras partes del mundo, incluyendo España”.
“Pero lo más importante es la dinámica de penetración cultural”, añade Hermann Tertsch. “Una dinámica que se completa con la ayuda de ese rodillo socialdemócrata, izquierdista, que ha ido, con diferentes matices, avanzando en toda Europa; se trata de un rodillo aplastante que solo tiembla ante fisuras como las que están surgiendo en países como Hungría o Polonia, y que estalla ante las brechas internas que surgen en el Sistema de la mano de partidos que no controla. Hay una tendencia general que busca la aniquilación de toda discrepancia cultural. Todo lo que tenga un mensaje de trascendencia del hombre o de sentido religioso, hay que aniquilarlo. Y para ello, los nuevos marxistas han contado con una colaboración importante por parte de la Iglesia Católica, que en una rápida adaptación al devenir de los tiempos, y tras el fulgor magnífico de presencia que fueron Juan Pablo II y Josep Ratzinger, tiene en la figura del Papa Francisco un ejemplo de cómo la penetración comunista o neomarxista en las principales instituciones occidentales se está produciendo también en el ámbito eclesiástico”.
-¿Cómo se produce esta infiltración del ‘marxismo cultural’?
Realmente, están en todas las partes. Las universidades están tomadas, y la infiltración, como hemos explicado antes, viene ya de lejos. La educación media, en la mayor parte de los países occidentales, y sobre todo en un país como el nuestro, ha colapsado la política de transmisión de conocimientos y lo que se hace es, simple y llanamente, adoctrinamiento; las ciencias sociales son, del mismo modo, ciencias de adoctrinamiento neomarxista todas ellas, con poquísimas excepciones. Se modela de tal manera a los jóvenes que es prácticamente imposible que éstos puedan aprender cosas que pudieran desmentir o cuestionar la ideología comunista aprehendida, y por eso rechazan cualquier tipo de conocimiento o información o datos y lecturas que cuestionen o entren en conflicto con su pequeño mundo establecido. En este sentido, el neomarxismo funciona con los mecanismos de una programación de secta.
Para ello, entran en juego dos herramientas fundamentales: el lenguaje y la enseñanza, y los medios de comunicación. La educación y los medios son los dos grandes arietes sobre los que se está produciendo está conquista de los nuevos comunistas. Se ridiculiza, caricaturiza, desprecia y persigue a todos aquellos que pongan en cuestión este proyecto ideológico igualitarista, que es también antirreligioso, antinacional y antiindividualista. Todo lo que genere una percepción de la trascendencia de la individualidad es enemigo de este proyecto de dominación neocomunista que, no hay que olvidarlo, se basa en que el hombre es indefinidamente maleable. El ser humano, según el comunismo clásico, es solo un producto de lo que se adoctrina en él; la ideología es la que ha de crear al ser humano, tal y como ocurre en los países comunistas más extremos. El ser humano no vale nada para Pol Pot, pero tampoco para quienes extienden en Berkeley, Oxford o en la Complutense esas ideologías llenas de humanitarismo y merengue compasivo. Para ellos, el ser humano es un producto de las circunstancias, es intercambiable y, en un último punto, es canjeable y prescindible.

En su análisis del marxismo cultural, Hermann Tertsch añade un elemento importante de análisis que no se suele tener en cuenta. “Hay que recordar que en otros momentos del pasado siglo XX, ya se había hecho notar que la penetración cultural de los comunistas había llegado muy lejos. Hay una anécdota de la periodista y escritora rumana Monica Lovinescu, que le ocurre cuando en 1947 llega a París después de haber padecido todo tipo de dificultades bajo el poder de los estalinistas rumanos. Cuando llega a la capital francesa se da cuenta de que allí también, si uno dice las verdades de lo que estaba ocurriendo en su país bajo el régimen comunista, enseguida te tachaban de fascista y se te cerraban todas las puertas.
Primero te conviertes en un anticomunista, de anticomunista pasas a ser un fascista, y como fascista te conviertes en un ser despreciable que no merece ser escuchado y que tampoco merece hablar. Si eres anticomunista, culturalmente, mereces ser aniquilado. Esto ya ocurría en 1947 en Francia. Así controlaba ya la izquierda francesa el pensamiento a mediados del pasado siglo, tal y como lo denunciaron escritores y pensadores como Jean-François Revel y Raymond Aron. Y tal como lo padeció también Albert Camus. Ellos denunciaron las persecución y los ataques constantes que sufrían quienes se atrevían a denunciar los dogmas sagrados de los marxistas en la cultura”.
“Con el paso del tiempo”, explica Hermann, “esto se ha ido extendiendo y transformando en lo que ahora conocemos como la ‘corrección política’ o lo ‘políticamente correcto’, que no es más que un rodillo censor implacable de la socialdemocracia. Es una imposición muy sutil y muy eficaz, con muchas menos aristas en sus prohibiciones, mucho más perfeccionada, en la que los sentimientos siempre se utilizan para romper los diques de contención que han formado las sociedades abiertas y los Estados de Derecho. Lo estamos viendo ahora perfectamente en España con el asalto bestial a los jueces que han dictado la sentencia sobre el caso de ‘la Manada’.
‘La Manada’, con un militar y un guardia civil en su interior, es el enemigo perfecto que ataca a una ‘niña indefensa’ con cinco hombres que representan lo peor de los poderes del Estado: la represión, el machismo, etc. Se trata de movilizar a la gente a través de la bondad, porque cuando se lucha a favor de “la bondad” todo lo demás, las leyes, por ejemplo, no importa. Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona de extrema-izquierda, lo ha dicho muy claramente: ‘las leyes injustas, las ignoro’. Esta es la nueva forma de asaltar al Estado que han elegido los nuevos comunistas; ya no se trata de asaltar el Palacio de Invierno, se asaltan las instituciones después de haber creado, a través de la educación y de los medios de comunicación, una sociedad dócil, volcada en el sentimentalismo, sin pensamiento crítico, sin pensamiento libre y sin pensamiento individual, y siempre preocupada por militar al lado de los buenos y nunca formar parte de los “perversos”… Descarrilamos hace tiempo contra la razón y ahora, a través del neomarxismo, se están minando todas las defensas de la sociedad: los códigos de honor, la tradición, el reconocimiento de una historia exitosa… Se trata de un movimiento inmenso, de una maquinaria cultural abrumadora e implacable, a la que es muy difícil hacer frente, porque también es muy mal enemigo”.
-¿Cómo frenar todo esto?
Llevan ganando terreno desde hace 150 años, pero no han tienen la victoria. Hay gente que se da cuenta de lo que está pasando y, sobre todo, hay países que están reaccionando, donde se pone freno a estos desmanes, donde cuajan los mensajes a favor del individuo y de la familia, donde todavía se aprecia el valor de la religión cristiana. En este sentido, hay focos de resistencia muy considerables frente al vendaval de los nuevos comunistas. Tenemos que tener en cuenta que la socialdemocracia como tal ha entrado en crisis, teniendo en cuenta que cuando hablamos de socialdemocracia no hablamos solamente de los partidos socialistas, hablamos de todo, hablamos del Sistema. Tan socialdemócrata es Angela Merkel como Mariano Rajoy. La socialdemocracia, el Sistema, se ha extendido hasta ocuparlo todo y, por ello, cuando surgen reacciones, generalmente a la derecha, se ponen muy nerviosos y sueltan todo tipo de iras.
Pero a pesar de su superioridad aplastante, no han logrado la dominación total. En este momento, por ejemplo, el Sistema, en Alemania, es más débil que hace cinco años. Y están países como Hungría, Polonia, Austria o la República Checa. Son países, en general, que han padecido el igualitarismo durante mucho tiempo y por eso tienen elementos de reacción que nosotros no tenemos. A nosotros, el totalitarismo socialdemócrata nos llega a través de la “democracia de partidos”, que es una falsa democracia, una “partitocracia”, esto es lo que tenemos. A través de los mecanismos de dominación de los partidos, éstos se han convertido en el Estado y, ciertamente, han conseguido un grado de control sobre la sociedad muy grande, pero no sin fisuras. De hecho, en España se intentó el cierre total del Sistema con José Luis Rodríguez Zapatero, cuando éste, a principios de este siglo, trabajó una alianza con la banda terrorista ETA y el tripartito catalán. Cerrar el Sistema consistía en liquidar la idea de España consiguiendo que los separatismos en alianza con la izquierda política crearan un nuevo régimen sobre la base del antifranquismo. Se trata de un régimen cerrado al que, por supuesto, muy rápida y deseosamente se incopora Mariano Rajoy, tal y como estamos viendo perfectamente estos días.
– Sorprendentemente, ¿puede ser Rusia un refugio para la gran tradición occidental, tal y como se deja entrever desde algunos análisis?
La derecha europea no puede equivocarse y considerar a Rusia como un refugio de los valores tradicionales. Me estoy refiriendo a la derecha que tiene que dar la batalla y que tiene que vencer al rodillo totalitario socialdemócrata. Esa derecha política, en mi opinión, se estaría confundiendo radicalmente si cree que puede inspirarse en alguien como Vladimir Putin o la Rusia actual. Una cosa es que Vladimir Putin tenga razón cuando combate una serie de fenómenos que solamente han traído desgracias a la sociedad occidental, pero otra cosa muy diferente es olvidarse de que Putin es un autócrata, un dictador clásico que gobierna con mano de hierro un país del tercer mundo cargado de armas nucleares.
En las últimas décadas, en los últimos años de la URSS y desde el surgimiento de Rusia, este país solo ha avanzado en crear millonarios, en crear riqueza para el aparato del Estado y en bañar de millones a esos grupos mafiosos que son los socios de Vladimir Putin. No se ha creado una industria, no se ha hecho avanzar el país, no se ha asfaltado una calle… es un país que vive de exportar materias primas para, con los ingresos obtenidos, alimentar a su población. Es, exactamente, el mismo mecanismo económico que caracteriza a Burkina Fasso, pero… con armas nucleares. En este sentido, que Rusia defienda valores como la familia, el orden, la cohesión social o el patriotismo no tiene demasiada relevancia, ya que se trata de una sociedad fallida, desesperanzada y empobrecida en la que la esperanza de vida se ha desplomado, sobre todo, entre los varones.
– Ser conservador, ¿es lo más revolucionario que se puede ser hoy en día?
Yo creo que sí. Yo creo que lo más límpido que se puede hacer es creer en las imperfecciones del hombre, pero también en el carácter sagrado y único de los individuos. Hay que creer en la libertad, y solamente puedes creer en la libertad si crees en el individuo. Ciertamente, defender este tipo de principios, y los valores de ellos emanados, no se hace gratis, ya que hay que enfrentarse a un ambiente hostil, ante un enemigo muy fuerte y sin escrúpulos que no duda en acallar cualquier tipo de discrepancia. Hoy no nos meten a todos en un sótano para darnos un tiro en la nuca, como se hacía en las checas comunistas de antaño, pero hoy, en Europa, hablar de ciertos temas, oponiéndose al Sistema, te convierte en una persona socialmente liquidada y marginada. Te buscan enseguida la muerte civil y, en este sentido, podemos terminar como empezamos: recordando a esos exiliados rumanos que en 1947 llegaron a París huyendo de la represión implacable de los estalinistas y se encuentran con que en Francia, si decías ciertas verdades, eras social y culturalmente aniquilado. De una forma implacable. Como ahora.

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