jueves, 2 de enero de 2020

Hermann Tertsch: “Ser conservador es lo más revolucionario que se puede ser hoy en día”

R. G.-  Nacido en Madrid en 1958, Hermann Tertsch Del Valle-Lersundi es uno de los mayores expertos en el análisis de la realidad política y social española y europea. Contundente, rápido en la interpretación de los acontecimientos, poseedor de una cultura enciclopédica y siempre coherente, Tertsch posee a raudales esa extraña habilidad que solamente tienen los mejores especialistas y que, partiendo de un conocimiento exhaustivo del pasado, consiste en descifrar con pericia los pequeños detalles de los hechos diarios para bosquejar con eficacia los grandes retos, las posibilidades y las amenazas del futuro. Hermann Tertsch es en la actualidad eurodoputado de Vox.
– Usted vivió en primera fila la caída de la antigua URSS y hoy es uno de los intelectuales más activos a la hora de denunciar esa nueva forma globalizada del comunismo que se ha venido a llamar “marxismo cultural”… ¿Cómo surgió este fenómeno político, social y, sobre todo, cultural?
Los primeros pasos de todo esto se dieron con la Internacional Comunista de los años veinte del pasado siglo, que establecía claramente un proyecto de expansión a lo largo y ancho del mundo desarrollado, y especialmente a lo largo y ancho de Europa, para inducir a la gran revolución proletaria.
Para llevar a cabo este plan, la Internacional Comunista impulsa un gran conglomerado de asociaciones, grupos y organizaciones, muchas de ellas similares a las actuales oenegés, que funcionaban bajo las órdenes de los partidos comunistas, pero sin pertenecer directamente a su estructura. Hoy ocurre exactamente lo mismo, pero fue en esa década de los años veinte cuando el comunismo comenzó a utilizar el asociacionismo como herramienta de penetración ideológica en las sociedades desarrolladas.
El siguiente paso en esta expansión del neomarxismo o marxismo cultural se dio con la aparición de la Escuela de Fráncfort. En los años treinta, numerosos intelectuales marxistas debieron huir de Alemania perseguidos por los nazis, y marcharon a Estados Unidos. En las universidades de este país crearon escuelas y, tras el fin de la II Guerra Mundial, regresaron a Alemania y a Francia, países desde los que impulsan sus estrategias de penetración, en un impulso que acabaría de una forma fallida con el Mayo del 68 parisino. Quizás aquella movilización estudiantil fue el último gran intento revolucionario comunista, pero ya entonces los marxistas habían entendido que su gran estrategia había de asentarse sobre la penetración cultural, y no sobre la revolución y las movilizaciones callejeras.
No son los tanques, son determinadas ideas, y su expansión a todo el espectro cultural de la vida de una sociedad desarrollada, las que han de conseguir la victoria. Por eso los nuevos comunistas van abriendo e implantando sus banderas en diferentes campos de batalla donde van dejando sus semillas, el ecologismo, el animalismo, el feminismo, el pacifismo…
La economía ya no sirve a los nuevos comunistas. La transformación que iba a ser la punta de lanza de la revolución proletaria, de esa revolución igualitaria que se construye sobre la liquidación del individuo, tenía la economía como bandera, pero su fracaso en este ámbito ha sido tan estrepitoso que ya no tienen nada que hacer. Y por ello van extendiéndose a otros campos en los que buscar fácilmente la sentimientalidad, la emoción, el humanitarismo. Y han conseguido una expansión tremenda, por ejemplo, en el capítulo de las oenegés, que en su práctica totalidad son organizaciones que mantienen los mismos criterios (comunistas) y que obedecen a los mismos objetivos (comunistas).
– ¿Y cuáles serían, en su opinión, los fines de estos nuevos comunistas?, ¿Quién establece estos objetivos?
A pesar de que en ocasiones parezca que no hay una organización o unas cabezas pensantes detrás de todo este gran movimiento global del marxismo cultural, uno de los principales polos de difusión ha sido el Foro de Sao Paulo, impulsado por el Partido de los Trabajadores de Brasil y nacido en 1990, tras la caída del Muro de Berlín (1989). El Foro de Sao Paulo ha sido clave en todo esto. Y en el Foro de Sao Paulo, ideológicamente, mandaba Cuba. Y lo sigue haciendo.
En un primer momento, el Foro de Sao Paulo nace como el sustituto de una Internacional Comunista que ya no podía tener su referente en Moscú. Creado por grupos guerrilleros sudamericanos, organizaciones terroristas y múltiples partidos comunistas y socialistas, en el momento de su aparición, en este gran órgano marxista solamente había un partido que estuviera gobernando: el Partido Comunista de Cuba. Pero solamente 15 años después, en 2004, el Foro de Sao Paulo tenía ya a más de una decenas de partidos en diferentes Gobiernos, entre los que ya se encontraba Hugo Chávez.
Chávez fue fundamental para el Foro, porque Cuba dirigía, pero era la Venezuela bolivariana la que financiaba todo aquello. En aquella época, además, con el petróleo a 150 dólares el barril, había dinero para todos y, realmente, desde el Foro de Sao Paolo se compró a todos… incluidos el movimiento montonero y los Kirchner. No hay que olvidar, además, que en este Foro se hallaban incluidos grupos de Oriente Medio como Hizbolá, organización terrorista islamista con amplias conexiones con Venezuela, con una fuerte línea de penetración en Estados Unidos, con lazos muy intensos con Irán y con gran poder sobre el control del narcotráfico internacional.
Explica Hermann Tertsch que no solamente hay un complicado entramado organizativo que impulsa globalmente el nuevo comunismo, tanto ideológica como políticamente, sino que, además, existe “un entramado inmenso de multinacionales, de empresas semipúblicas y privadas, que funcionan en Sudamérica y en todo el mundo al servicio del marxismo cultural y sus conexiones, lavando, por ejemplo, el dinero negro de la cocaína de las FARC, y financiando el surgimiento y el crecimiento de numerosos partidos comunistas, tanto en Latinoamérica como en otras partes del mundo, incluyendo España”.
“Pero lo más importante es la dinámica de penetración cultural”, añade Hermann Tertsch. “Una dinámica que se completa con la ayuda de ese rodillo socialdemócrata, izquierdista, que ha ido, con diferentes matices, avanzando en toda Europa; se trata de un rodillo aplastante que solo tiembla ante fisuras como las que están surgiendo en países como Hungría o Polonia, y que estalla ante las brechas internas que surgen en el Sistema de la mano de partidos que no controla. Hay una tendencia general que busca la aniquilación de toda discrepancia cultural. Todo lo que tenga un mensaje de trascendencia del hombre o de sentido religioso, hay que aniquilarlo. Y para ello, los nuevos marxistas han contado con una colaboración importante por parte de la Iglesia Católica, que en una rápida adaptación al devenir de los tiempos, y tras el fulgor magnífico de presencia que fueron Juan Pablo II y Josep Ratzinger, tiene en la figura del Papa Francisco un ejemplo de cómo la penetración comunista o neomarxista en las principales instituciones occidentales se está produciendo también en el ámbito eclesiástico”.
-¿Cómo se produce esta infiltración del ‘marxismo cultural’?
Realmente, están en todas las partes. Las universidades están tomadas, y la infiltración, como hemos explicado antes, viene ya de lejos. La educación media, en la mayor parte de los países occidentales, y sobre todo en un país como el nuestro, ha colapsado la política de transmisión de conocimientos y lo que se hace es, simple y llanamente, adoctrinamiento; las ciencias sociales son, del mismo modo, ciencias de adoctrinamiento neomarxista todas ellas, con poquísimas excepciones. Se modela de tal manera a los jóvenes que es prácticamente imposible que éstos puedan aprender cosas que pudieran desmentir o cuestionar la ideología comunista aprehendida, y por eso rechazan cualquier tipo de conocimiento o información o datos y lecturas que cuestionen o entren en conflicto con su pequeño mundo establecido. En este sentido, el neomarxismo funciona con los mecanismos de una programación de secta.
Para ello, entran en juego dos herramientas fundamentales: el lenguaje y la enseñanza, y los medios de comunicación. La educación y los medios son los dos grandes arietes sobre los que se está produciendo está conquista de los nuevos comunistas. Se ridiculiza, caricaturiza, desprecia y persigue a todos aquellos que pongan en cuestión este proyecto ideológico igualitarista, que es también antirreligioso, antinacional y antiindividualista. Todo lo que genere una percepción de la trascendencia de la individualidad es enemigo de este proyecto de dominación neocomunista que, no hay que olvidarlo, se basa en que el hombre es indefinidamente maleable. El ser humano, según el comunismo clásico, es solo un producto de lo que se adoctrina en él; la ideología es la que ha de crear al ser humano, tal y como ocurre en los países comunistas más extremos. El ser humano no vale nada para Pol Pot, pero tampoco para quienes extienden en Berkeley, Oxford o en la Complutense esas ideologías llenas de humanitarismo y merengue compasivo. Para ellos, el ser humano es un producto de las circunstancias, es intercambiable y, en un último punto, es canjeable y prescindible.

En su análisis del marxismo cultural, Hermann Tertsch añade un elemento importante de análisis que no se suele tener en cuenta. “Hay que recordar que en otros momentos del pasado siglo XX, ya se había hecho notar que la penetración cultural de los comunistas había llegado muy lejos. Hay una anécdota de la periodista y escritora rumana Monica Lovinescu, que le ocurre cuando en 1947 llega a París después de haber padecido todo tipo de dificultades bajo el poder de los estalinistas rumanos. Cuando llega a la capital francesa se da cuenta de que allí también, si uno dice las verdades de lo que estaba ocurriendo en su país bajo el régimen comunista, enseguida te tachaban de fascista y se te cerraban todas las puertas.
Primero te conviertes en un anticomunista, de anticomunista pasas a ser un fascista, y como fascista te conviertes en un ser despreciable que no merece ser escuchado y que tampoco merece hablar. Si eres anticomunista, culturalmente, mereces ser aniquilado. Esto ya ocurría en 1947 en Francia. Así controlaba ya la izquierda francesa el pensamiento a mediados del pasado siglo, tal y como lo denunciaron escritores y pensadores como Jean-François Revel y Raymond Aron. Y tal como lo padeció también Albert Camus. Ellos denunciaron las persecución y los ataques constantes que sufrían quienes se atrevían a denunciar los dogmas sagrados de los marxistas en la cultura”.
“Con el paso del tiempo”, explica Hermann, “esto se ha ido extendiendo y transformando en lo que ahora conocemos como la ‘corrección política’ o lo ‘políticamente correcto’, que no es más que un rodillo censor implacable de la socialdemocracia. Es una imposición muy sutil y muy eficaz, con muchas menos aristas en sus prohibiciones, mucho más perfeccionada, en la que los sentimientos siempre se utilizan para romper los diques de contención que han formado las sociedades abiertas y los Estados de Derecho. Lo estamos viendo ahora perfectamente en España con el asalto bestial a los jueces que han dictado la sentencia sobre el caso de ‘la Manada’.
‘La Manada’, con un militar y un guardia civil en su interior, es el enemigo perfecto que ataca a una ‘niña indefensa’ con cinco hombres que representan lo peor de los poderes del Estado: la represión, el machismo, etc. Se trata de movilizar a la gente a través de la bondad, porque cuando se lucha a favor de “la bondad” todo lo demás, las leyes, por ejemplo, no importa. Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona de extrema-izquierda, lo ha dicho muy claramente: ‘las leyes injustas, las ignoro’. Esta es la nueva forma de asaltar al Estado que han elegido los nuevos comunistas; ya no se trata de asaltar el Palacio de Invierno, se asaltan las instituciones después de haber creado, a través de la educación y de los medios de comunicación, una sociedad dócil, volcada en el sentimentalismo, sin pensamiento crítico, sin pensamiento libre y sin pensamiento individual, y siempre preocupada por militar al lado de los buenos y nunca formar parte de los “perversos”… Descarrilamos hace tiempo contra la razón y ahora, a través del neomarxismo, se están minando todas las defensas de la sociedad: los códigos de honor, la tradición, el reconocimiento de una historia exitosa… Se trata de un movimiento inmenso, de una maquinaria cultural abrumadora e implacable, a la que es muy difícil hacer frente, porque también es muy mal enemigo”.
-¿Cómo frenar todo esto?
Llevan ganando terreno desde hace 150 años, pero no han tienen la victoria. Hay gente que se da cuenta de lo que está pasando y, sobre todo, hay países que están reaccionando, donde se pone freno a estos desmanes, donde cuajan los mensajes a favor del individuo y de la familia, donde todavía se aprecia el valor de la religión cristiana. En este sentido, hay focos de resistencia muy considerables frente al vendaval de los nuevos comunistas. Tenemos que tener en cuenta que la socialdemocracia como tal ha entrado en crisis, teniendo en cuenta que cuando hablamos de socialdemocracia no hablamos solamente de los partidos socialistas, hablamos de todo, hablamos del Sistema. Tan socialdemócrata es Angela Merkel como Mariano Rajoy. La socialdemocracia, el Sistema, se ha extendido hasta ocuparlo todo y, por ello, cuando surgen reacciones, generalmente a la derecha, se ponen muy nerviosos y sueltan todo tipo de iras.
Pero a pesar de su superioridad aplastante, no han logrado la dominación total. En este momento, por ejemplo, el Sistema, en Alemania, es más débil que hace cinco años. Y están países como Hungría, Polonia, Austria o la República Checa. Son países, en general, que han padecido el igualitarismo durante mucho tiempo y por eso tienen elementos de reacción que nosotros no tenemos. A nosotros, el totalitarismo socialdemócrata nos llega a través de la “democracia de partidos”, que es una falsa democracia, una “partitocracia”, esto es lo que tenemos. A través de los mecanismos de dominación de los partidos, éstos se han convertido en el Estado y, ciertamente, han conseguido un grado de control sobre la sociedad muy grande, pero no sin fisuras. De hecho, en España se intentó el cierre total del Sistema con José Luis Rodríguez Zapatero, cuando éste, a principios de este siglo, trabajó una alianza con la banda terrorista ETA y el tripartito catalán. Cerrar el Sistema consistía en liquidar la idea de España consiguiendo que los separatismos en alianza con la izquierda política crearan un nuevo régimen sobre la base del antifranquismo. Se trata de un régimen cerrado al que, por supuesto, muy rápida y deseosamente se incopora Mariano Rajoy, tal y como estamos viendo perfectamente estos días.
– Sorprendentemente, ¿puede ser Rusia un refugio para la gran tradición occidental, tal y como se deja entrever desde algunos análisis?
La derecha europea no puede equivocarse y considerar a Rusia como un refugio de los valores tradicionales. Me estoy refiriendo a la derecha que tiene que dar la batalla y que tiene que vencer al rodillo totalitario socialdemócrata. Esa derecha política, en mi opinión, se estaría confundiendo radicalmente si cree que puede inspirarse en alguien como Vladimir Putin o la Rusia actual. Una cosa es que Vladimir Putin tenga razón cuando combate una serie de fenómenos que solamente han traído desgracias a la sociedad occidental, pero otra cosa muy diferente es olvidarse de que Putin es un autócrata, un dictador clásico que gobierna con mano de hierro un país del tercer mundo cargado de armas nucleares.
En las últimas décadas, en los últimos años de la URSS y desde el surgimiento de Rusia, este país solo ha avanzado en crear millonarios, en crear riqueza para el aparato del Estado y en bañar de millones a esos grupos mafiosos que son los socios de Vladimir Putin. No se ha creado una industria, no se ha hecho avanzar el país, no se ha asfaltado una calle… es un país que vive de exportar materias primas para, con los ingresos obtenidos, alimentar a su población. Es, exactamente, el mismo mecanismo económico que caracteriza a Burkina Fasso, pero… con armas nucleares. En este sentido, que Rusia defienda valores como la familia, el orden, la cohesión social o el patriotismo no tiene demasiada relevancia, ya que se trata de una sociedad fallida, desesperanzada y empobrecida en la que la esperanza de vida se ha desplomado, sobre todo, entre los varones.
– Ser conservador, ¿es lo más revolucionario que se puede ser hoy en día?
Yo creo que sí. Yo creo que lo más límpido que se puede hacer es creer en las imperfecciones del hombre, pero también en el carácter sagrado y único de los individuos. Hay que creer en la libertad, y solamente puedes creer en la libertad si crees en el individuo. Ciertamente, defender este tipo de principios, y los valores de ellos emanados, no se hace gratis, ya que hay que enfrentarse a un ambiente hostil, ante un enemigo muy fuerte y sin escrúpulos que no duda en acallar cualquier tipo de discrepancia. Hoy no nos meten a todos en un sótano para darnos un tiro en la nuca, como se hacía en las checas comunistas de antaño, pero hoy, en Europa, hablar de ciertos temas, oponiéndose al Sistema, te convierte en una persona socialmente liquidada y marginada. Te buscan enseguida la muerte civil y, en este sentido, podemos terminar como empezamos: recordando a esos exiliados rumanos que en 1947 llegaron a París huyendo de la represión implacable de los estalinistas y se encuentran con que en Francia, si decías ciertas verdades, eras social y culturalmente aniquilado. De una forma implacable. Como ahora.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Stanley G. Payne: “Franco fue el gobernante de mayor éxito económico y social de toda la historia de España”

Stanley George Payne es un prestigioso historiador e hispanista estadounidense. Es doctor en Historia por la Universidad de Columbia y profesor emérito de Historia en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde ostenta la cátedra Hilldale-Jaume Vicens Vives. También es codirector del Journal of Contemporary History, miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias (American Academy of Arts and Sciences) y académico correspondiente de la Real Academia Española de la Historia. Payne escribe con cierta frecuencia artículos de opinión en los periódicos españoles ABC y El Mundo sobre actualidad hispana. También en la Revista de Libros colabora asiduamente con sus ensayos bibliográficos. Dirigió en la Universidad de Burgos, en julio del 2005, el curso La represión durante la guerra civil y bajo el franquismo: historia y memoria histórica. En 2006 Payne fue el director del curso «La guerra civil: conflicto revolucionario y acontecimiento internacional» en la Universidad Rey Juan Carlos.

Está considerado por muchos como el historiador más eminente sobre la República, la Guerra Civil y el franquismo. Su libro sobre el régimen de Franco de 1987 sigue siendo el mejor estudio académico sobre el régimen. Para la confección de esta entrevista hemos contado de nuevo con el asesoramiento del historiador D. Rafael María Molina, conocedor de la obra de Payne, al que agradecemos su colaboración.

¿Puede hacer una valoración general muy resumida de lo que representó la figura de Franco en la historia de España?
¿Qué más podemos decir de Franco?  Fue la figura más dominante de toda la historia moderna y contemporánea de España, más decisiva, si se quiere, que Felipe II. Liquidó el conflicto autoritario creado en España por el proceso revolucionario de la República, logrando por una temporada la victoria de su propio sistema.  Representó el auge y el final de toda la historia tradicional de España y su culmen. Bajo Franco se vivió la última etapa del catolicismo tradicional, del imperio de ultramar, y de la cultura española histórica. Y durante su régimen se abordaba el comienzo de una nueva cultura postradicional y poscatólica, aunque Franco escasamente entendía eso.
Pero lo más triste es esto: en 2020 hay que preguntar si Franco no conoció a los españoles mejor que ellos se conocen a sí mismos.  Siempre advertía que si, después de su muerte, se volviera a un sistema liberal parlamentario, tarde o temprano sería acompañado por la vuelta de sus “demonios familiares”—las divisiones infranqueables y los odios mutuos.  Casi parece que hemos llegado a este punto, pero esperemos que no sea así.
¿Cuáles fueron las principales virtudes del régimen y qué aspectos podían haberse mejorado?
Logros: ganó la guerra civil, un desafío grande y complicado-- por las buenas o las malas—mantuvo la neutralidad de España en la guerra mundial, y administró la modernización definitiva del país. Las más agudas críticas han sido y serán sobre el hecho de que presidió la represión de esa época (aunque no hubiera sido muy fácil de evitar, dada la violencia del proceso revolucionario). También le acusan de que él y su régimen tenían una relación especial con la Alemania nazi (que fue cierta), y que mantuvo una dictadura personal por 39 años.

¿Cómo valora la vil profanación de sus restos alentada por los sucesores del bando perdedor?
Se entiende el argumento de los profanadores—que el Valle es un monumento a los caídos, que Franco no cayó en la guerra y que con su exhumación se alcanza mayor integridad del monumento.
El problema es que ese no fue el objetivo principal de Sánchez, que fue dar un golpe más en la lucha sobre la historia en la España actual.  Lo que importa a las izquierdas no es esa historia misma, que en sí no les interesa absolutamente nada, sino la explotación política de su propia versión, para darles más poder en el momento presente. Yo creo que por lo general los políticos deben respetar los restos de la historia—les guste o no—y no estar tratando de manipularlos según los valores del presente, que en 30 o 40 años pueden ser muy diferentes.
¿Qué opina del hecho de que el Franquismo siga siendo una auténtica obsesión para la izquierda en España casi 50 años después de la muerte de Franco?
Refleja dos cosas.  Primero, que la izquierda actual es hueca y sin mucho programa positivo, según las normas clásicas.  Se han agotado los argumentos tradicionales y se busca un apoyo diferente.  Segundo, las doctrinas tradicionales han sido reemplazadas por las normas de la nueva religión política de Occidente, que es la corrección política y multicultural.  Para esta ideología la historia es muy importante porque se sustituye la división binaria de víctimas y perpetradores (tanto víctimas políticas como “víctimas de género”) en vez de la antigua marxista de obreros explotados y explotadores capitalistas. Toda la historia ha de ser entendida según tal concepto.
No es que “los españoles no hayan resuelto la guerra civil,” porque se resolvió en sí ya hace tiempo, sino que no se quiere aceptar y reconocer la historia o estudiarla detenida y objetivamente.  Prefieren inventar otra historia, tentación muy típica entre los seres humanos.  En España durante 40 años se ha impuesto una versión de su historia contemporánea muy sesgada, incapaz de enfrentarse con la realidad.  El “Franco” de las izquierdas actuales no es el Franco histórico, aparentemente inasumible, sino que es una nueva creación del siglo XXI, un explícalotodo demoníaco e ideologizado.  Se trata de una figura mítico-religiosa, una especie de neoSatanás.  Es una necesidad teológica de la nueva religión.

¿Cómo es posible que durante los 80 incluso con gobierno socialista de Felipe González la reconciliación entre los españoles parecía mucho más sellada que 50 años más tarde cuando la izquierda ha convertido el antifranquismo en una de sus principales banderas?
Ya me he referido a los dos factores fundamentales, el primero es el agotamiento de las izquierdas clásicas, fenómeno que se observa en casi todo país occidental.  Hace falta algo nuevo, y esto se busca con la ideología nueva y su “radicalización nueva,” basada en gran parte en la historia, como acabo de explicar, que insiste en la victimización histórica, que en España significa que los derrotados de la Guerra Civil han de ser reivindicados como la mejor causa o bandera histórica aprovechable. 
En 1980, todavía se vivía intelectual, política y religiosamente en la época moderna, a caballo entre un marxismo agotado y progresivamente abandonado y la socialdemocracia. Esto se aproximaba muchísimo más a la realidad, haciendo posible que se aceptara en gran parte la historia, se enfocaban los problemas prácticos de la sociedad y no se invocaba una religión nueva.  Así las izquierdas eran más modestas y más realistas y honestas.

Usted ha escrito obras clásicas sobre la historia del fascismo. ¿Cree usted que Franco y su Régimen fueron fascistas?
No, pero, en cambio, sí parcialmente fascistizado en su primera época.  Es innegable que había un componente importante de fascismo en esa fase.  El franquismo era siempre lo que los politólogos llaman un “régimen autoritario semipluralista” compuesto de varios sectores o “familias,” pero entre 1937 y 1943 el falangismo—esencialmente fascista, sobre todo en aquellos años—era un sector importante. No dominaba en ningún momento, ni siquiera entonces, pero quedaba como alternativa importante que Franco manipulaba a su antojo. Luego en agosto de 1943, un mes después de la caída de Mussolini en Roma, Franco se dio cuenta de que el fascismo no era probable como el resultado principal de la guerra, y entonces comenzó la “desfascistización” en España.  Pero quedaba un proceso lento y así un proceso que se continuaba a poco a poco por mucho tiempo.
¿Fue la Guerra Civil española el preludio de la II Guerra mundial o más bien se inscribe en los parámetros de las luchas anticomunistas europeas de los años 20 como las de Finlandia o Polonia?
Un poco el primero, pero mucho más el segundo. Es decir, el conflicto español fue de la “época” de la Segunda Guerra Mundial, por su proximidad cronológica, aunque la guerra sólo empezó después.  No fue un “preludio” directo porque España no se involucró en ese conflicto, pero la intervención y la no intervención eran una parte de las maniobras internacionales antes de su comienzo, y el fracaso de las izquierdas y de la revolución española sin duda influyó en la mente de Stalin, alentando su cambio de estrategia con la firma del pacto con Hitler.  Pero el hecho de que Stalin pusiese su estrategia al revés para poder fomentar la guerra mundial indica bien que la de España fue otra cosa muy diferente, una confrontación al revés de la de 1939.
No fue una guerra internacional, a pesar de haber sido definido así por las izquierdas por 80 años, algo en que se han equivocado con la máxima terquedad. Fue una guerra civil revolucionaria/contrarrevolucionaria de la época especial de tales luchas entre las dos guerras mundiales, con una segunda fase estimulada por la segunda de estas guerras, fase que duró de 1941 hasta 1949.  La mayor parte de estos conflictos tuvo lugar entre 1917 y 1922, y en el este/centroeste de Europa.  La española fue la única en Europa occidental, y la única que tuvo lugar en los años 30. Por eso recibió más atención en Occidente que cualquier otra y muchas veces se ha exagerado o distorsionado su significado.
¿Tuvo el Régimen de Franco una orientación totalitaria o fue más bien un sistema político tradicional español basado en la Religión?
En gran parte ese régimen fue una sorpresa, una respuesta inmediata a la crisis nacional de 1936.  El propio Franco había pensado en tales cosas solamente desde 1934, y hasta entonces como meras posibilidades teóricas, que probablemente no tendrían lugar. Sus raíces doctrinales eran más de la revista monárquica Acción Española que de Falange.
Para Franco fue un régimen nuevo híbrido, católico, parcialmente falangista y potencialmente monárquico (pero este último dependería).  No tenía una sola fuente doctrinal, y Franco era explícito que todo se creaba sobre la marcha y probablemente—en parte—cambiaría, como de verdad cambiaba bastante.  En los primeros años Franco empleaba la voz “totalitario,” pero en un sentido italiano, no alemán o soviético.  Las ideas fascistas entraban, pero solo parcialmente, y luego comenzó la desfascistización en 1943.
La identidad y cultura católicas eran esencialmente tradicionales, pero el franquismo no fue carlista ni de la derecha tradicional, sino sui generis, una síntesis nueva del siglo veinte, de una derecha nueva que combinaba importantes elementos tradicionales con políticas nuevas, a veces muy modernizantes y hasta radicales. A partir de 1947 se liberalizaba más y más, aunque siempre seguía siendo de un derechismo autoritario.  Era varias cosas diferentes, pero al final la misma dictadura de Franco.  Como decía Nietzsche, lo que tiene una historia no puede ser definido.
¿Cree que Franco ha podido ser el gobernante español de mayor éxito a nivel económico y de protección social de toda la historia de España?
Sin duda alguna.  Presidió una época de transformación absolutamente fundamental.  La política del régimen tuvo sus lagunas y errores, pero en las cosas más importantes normalmente acertó.  Anticipó el “modelo asiático” de la dictadura modernizante, de la Corea del Sur de Park o la China comunista, pero mucho antes y sin la monstruosa secuencia de superatrocidades del régimen chino, en el que murieron cuarenta millones—o más—de personas.
El régimen tuvo algunas oportunidades excepcionales, pero no las malgastó como los peronistas o los soviéticos.  También se ha insistido que Franco no entendía cuestiones económicas complicadas y a veces se equivocó.  Sin duda, como tampoco no entienden muchas cosas sus críticos, pero Franco entendía lo suficiente.
Más tarde las izquierdas acuñaron otros de sus mitos, según el cual la verdadera modernización tuvo lugar sólo después de 1975.  Otra falsedad.  Los cambios básicos transformadores tuvieron lugar en el cuarto de siglo de 1950 a 1975.
¿Por qué cree que la izquierda hace tanto hincapié en la represión franquista mientras obvia completamente las matanzas de la zona republicana?
Porque les conviene y lo creen políticamente rentable. Viven en la negación y pueden continuar así porque dominan las universidades y la mayor parte de los medios de comunicación. Si admitieran la verdad sería imposible basar su argumento en el victimismo, que es fundamental para su ideología, y por eso la mentira y la negación son absolutamente indispensables. Un factor secundario es la larga duración de la dictadura, que puede ser utilizado para combinar toda ella con la represión de su primera etapa después la Guerra Civil.
Además, les es bastante fácil porque hay muy poca contestación. Esto ya empezó bajo Franco y su régimen, que nunca dedicaron una atención detallada a la historia hasta sus últimos años, cuando en parte habían tenido la mano forzada por los hispanistas exteriores. Curiosa situación, que ya ocurrió antes en ciertas circunstancias en España en los siglos XVIII y XIX.  Y actualmente los llamados “conservadores” como el PP de Rajoy y Casado buscan huir o esconderse de la historia.  Son ignorantes y dialécticamente casi increíblemente torpes, con un terror innato de que se les llame “franquistas.”
¿Cree que la actual izquierda española supone un peligro para la monarquía?
Claro que sí.  Hay que distinguir entre las izquierdas de la Transición, unos pragmáticos que se convirtieron en monárquicos, y las actuales, que surgieron en los últimos años del siglo XX, irresponsables y con doctrinas mucho más radicales.  Aquéllas eran izquierdas modernas del siglo XX, mientras éstas son los posmodernos informados por la ideología de la corrección política radical e identitaria.  Su tendencia básica busca la deconstrucción total.  A pesar de toda su palabrería de memoria histórica, no tienen memoria ni saben nada de la historia.  La historia de las dos repúblicas no les importa ni lo más mínimo.

¿Porque Franco falló en poder perpetuar su régimen tras su muerte?
Nunca fue una posibilidad seria, aunque él esperara que sí. De todas las dictaduras derechistas del siglo XX, la suya fue la que tuvo más éxito, pero quedaba siempre una dictadura personal de derechas.  Esta clase de régimen no dura mucho más allá de la muerte del fundador. La razón es la gran dificultad en lograr la institucionalización, que en cambio es una especialidad del comunismo totalitario, mucho más estructurado y represivo, con una ideología muy elaborada, a pesar de su incoherencia. (Pasa así también hasta en el caso tan desastroso de la Venezuela actual, con la seguridad de su régimen sostenida indirectamente por el totalitarismo cubano). De ningún modo Juan Carlos y los suyos iban a fusilar a gente para mantener la dictadura, mientras para los comunistas eso les tiene normalmente sin cuidado.

Más específicamente en el caso de España, el régimen se basaba en la religión y la cultura tradicionales, pero estas cambiaron drásticamente en los años 60, dejando al régimen suspenso en el aire, sin mucha base.  El llamado “franquismo sociológico” era una realidad en 1940 y 1950, pero por 1970 estaba dejando de existir.  En ese sentido el franquismo murió  víctima de su propio éxito de transformación y modernización.

¿Cree usted que el franquismo ha podido ser el régimen autoritario de mayor éxito de todo el siglo XX?
El régimen autoritario de mayor éxito, no, a lo menos no en todas las dimensiones.  Por el mismo periodo de tiempo, los de mayor éxito fueron los comunismos ruso y chino.  Ambos sucesivamente se convirtieron en la segunda potencia mundial.  El de Franco fue el más exitoso sólo de los regímenes de derechas.
El mayor éxito, como indicado antes, fue de haber logrado el mayor grado de modernización y progreso, en un lado de toda la historia de España y en el otro de cualquier dictadura de su época.  En 1975 cuando Franco murió, el nivel de bienestar en España estaba muy por encima del soviético, e igualmente con mucha más libertad.  No sabemos cómo va a acabar la China comunista.

¿Como fue posible que el separatismo vasco y catalán resurgieran con tanta fuerza a su muerte?
Ya habían logrado cierto arraigo por 1936, mientras la represión de Franco en en el País Vasco y Cataluña ha sido exagerada por la izquierda. El otro factor ha sido el crecimiento exponencial del posmodernismo deconstructivista e identitario desde los años 60.  Ese ambiente les favorecía mucho, mientras se podía identificar al franquismo como la represión del nacionalismo español.  El auge del europeísmo fue otro factor, que facilitaba la superación de la nación española y proveyó otra referencia.  Igualmente o más importante fue el apoyo casi total de las izquierdas españolas hasta ayudar a crear un monstruo. Y finalmente la política de apaciguamiento casi total de todos los partidos, aumentado por el “efecto llamada” en otras regiones que apoyaban el proceso, en cierto sentido, en provecho de lo que estimaban eran sus propios intereses.
¿Hasta que punto la batalla interna entre tecnócratas y falangistas o Movimiento a partir de la apertura de la economía de finales de los 50 y principios de los 60, fue decisiva para la futura evolución de la historia de España?
Me parece fácil exagerar la importancia de este conflicto interno. A veces complicaba la vida interna del régimen, pero las dos fechas clave en la historia de la FET fueron 1943 y 1957.  La primera determinó el comienzo de la desfascistizacion, mientras la segunda cerró la puerta a una posible refalangistización. Después de 1957 los falangistas nunca tenían una voz determinante en la historia del régimen, sino una voz puramente secundaria.  En esto el éxito del Plan de Estabilización después de 1959 fue fundamental. El régimen evolucionó más y más de acuerdo con los tecnócratas, aunque Franco nunca abandonó su política de equilibrio, de divide et impera.

¿Cree que el enfrentamiento de la Iglesia con el régimen a partir del Concilio Vaticano II, después de haber sido estrechos aliados, fue decisivo para la posterior historia de España?
Lo que Franco llamó “una puñalada por la espalda” fue de verdad importante.  El catolicismo fue fundamental como una de las bases más sólidas y decisivas de su régimen, aunque el papado siempre estaba más distante que la jerarquía eclesiástica en España.
La transformación efectuada por Vaticano II impuso una orientación política muy diferente, no meramente hacia la democracia sino con respecto a las izquierdas.  No hubo nada más significante en hacer imposible una continuación del sistema después de la muerte de Franco.

¿Cree usted que la actual democracia española puede agotarse como le ocurrió a la Restauración hace un siglo?
No estoy seguro que el sistema de la Restauración “se agotó”, exactamente.  Tenía grandes dificultades en mantener la unidad y la coherencia, y llegar a la democratización, pero había logrado mucho y todavía tenía posibilidades. El sistema actual está, evidentemente, en horas muy bajas, pero hay mucho apoyo pasivo. ¿Qué podría reemplazar este sistema? No existe el menor acuerdo con respecto a una alternativa, ni siquiera para formar un gobierno de coalición temporal.  Es imposible adivinar el resultado de todo eso, aunque no parece muy atractivo.

¿No se ha echado en falta un gran estadista en el Régimen de 1978 como pudo ser Antonio Cánovas del Castillo a finales del XIX?
Un gran líder constituye una ventaja enorme, pero no está muy probable en medio de la mediocridad española actual, y lo de España no es tan diferente de otros países.  Los regeneracionistas buscaban un Mesías, pero luego acabaron meramente con Primo de Rivera (aunque ciertamente no el peor de los dictadores). No se puede esperar pasivamente a un Salvador.  Hay que trabajar, hacerse caso y participar con vigor.  El Señor ayuda a los que se ayudan a sí mismos.

viernes, 27 de diciembre de 2019

En defensa de Elvira Roca

En la última semana hemos asistido con estupor a una campaña de descrédito público dirigida contra la investigadora Elvira Roca Barea. El acoso fue iniciado por el diario El País, con armas y bagajes, pero ha sido continuado por otros medios, y es fácil ver que hay una línea común que busca desautorizar las incómodas, pero muy reveladoras, tesis que la autora defiende en sus libros Imperiofobia y leyenda negra -superventas con más de 100.000 ejemplares- y el más reciente Fracasología, del que se ha lanzado una insólita primera edición inicial de 20.000 ejemplares.
Lo más sorprendente es que se pretenda acusar a la autora de defender una visión de la historia de España que lanza balones fuera y que culpa de nuestros males a los otros, a otras naciones y países, cuando es justo al revés. Ya en Imperiofobia, pero de forma muy rotunda en Fracasología, Elvira Roca defiende que muchos de los problemas de España tienen su origen en la actitud servil de sus élites, que renegaron de su país llevados de una acrítica admiración hacia todo lo exterior. Lo novedoso de España no es que fuera víctima de una leyenda negra -todos los imperios las padecieron- sino que sus élites la asumieran y se la creyeran.
El inicio de la campaña en El País motivó una recogida de firmas en respuesta al periódico, y en defensa de la autora, a la que se han suscrito personalidades como el escritor Fernando Savater; el periodista Arcadi Espada; el dramaturgo Albert Boadella; el filósofo y experto en Educación Gregorio Luri; Carmen Iglesias, directora de la Real Academia de la Historia o el novelista Javier Moro, por destacar sólo a unos pocos de los integrantes de un listado de 101 personas que no mereció más que una escueta respuesta autojustificativa de El País, y sin hacer referencia a los firmantes que respaldaban el escrito, pese a su obvia notoriedad.
Firmantes que incluían también a otros periodistas y columnistas como Isabel San Sebastián, Cristian Campos, Julio Valdeón, Antonio Pérez Henares, Jorge Bustos, José Pardina, Enrique García Maíquez, Rebeca Argudo, Berta González de la Vega, Jesús Nieto Jurado, Alfonso Basallo, Pepe Albert de Paco, César Cervera, Dolores Canales o Aurora Pimentel, entre otros. Así como a personas destacadas del mundo de la cultura como Pedro Insúa, Mikel Arteta, Teresa Giménez Barbat, Francisco Sosa Wagner, Júlio Béjar, Roger Domingo, Jorge Ferrer. Ilia Galán, Ignacio Gómez de Liaño, José Luis López Linares, José Antonio Martínez Climent, Fernando Navarro García, Iván Vélez, o Sofía Rincón, entre otros muchos que pueden consultarse en el listado final.
A continuación reproducimos el escrito que dirigimos a El País y que ni siquiera mereció ser publicado íntegramente en su web.

CARTA ABIERTA

Los abajo firmantes hemos leído con sincero estupor el amplio artículo que el diario El País dedicó el pasado 20 de diciembre a desautorizar el libro Imperiofobia y leyenda negra, de la investigadora Elvira Roca Barea, y no podemos menos que mostrar nuestra sorpresa e indignación por el tono y planteamiento del texto periodístico de este diario.
Digamos, para empezar, que es insólito someter a una criba semejante a un ensayo histórico que, en todo caso, debe ser objeto de contraste de pareceres y controversia en el ámbito académico, o en el terreno de la crítica cultural. Pero dar tratamiento informativo a las precisiones que realiza El País, fácilmente corregibles en alguna de las nuevas ediciones del libro, sin que ello afecte lo más mínimo a la tesis principal que Imperiofobia defiende, es algo que no recordamos haber visto antes.
Pretender desmontar una tesis tan sólidamente construida como la del libro de Roca Barea con 14 matizaciones aisladas, cuya relevancia, además, es muy exagerada por la autora del reportaje, parece más un ataque al hombre (en este caso a la mujer) que un verdadero debate sobre la historia. Que el reportaje afirme, además, que Roca Barea se ha convertido en referente del pensamiento conservador español parece apuntar con claridad al tipo de interés político que motiva el artículo.
No obstante, si se trata de una nueva línea periodística que el periódico considere válido mantener convendría extenderla a más autores. Podrían empezar, por ejemplo, por otro libro al que el diario El País ha dado amplia cobertura en sus páginas, Imperiofilia, de José Luis Villacañas; libro plagado de juicios de valor sin ningún fundamento que no ha merecido reproche o comentario crítico en su periódico. Por otra parte, probablemente ni siquiera muchos de los más sesudos trabajos históricos académicos pasarían un cedazo como el que se ha aplicado a Elvira Roca. Y conviene recordar que Imperiofobia nunca pretendió ser más que lo que es: un ensayo. Eso sí un ensayo muy bien defendido y argumentado; quizás sea justo eso lo que moleste tanto.
El empeño del reportaje por cuestionar el libro Imperiofobia lleva a su autora incluso a desmentir un dato cierto: en efecto, el documental de la BBC Los Andes. La espalda del dragón maneja en su versión en castellano la cifra imposible de que los españoles acabaron con 1.500 millones de incas, tal y como Elvira Roca recoge en su libro como prueba de la pervivencia de una leyenda negra según la cual todo lo malo es posible cuando se trata de España. Que el error esté en la versión española del documental, y no en el original inglés, no invalida la tesis ni mucho menos autoriza a tachar a Elvira Roca de ligera o mentirosa.
Asimismo, toda la controversia que levanta el reportaje de El País sobre las cifras relativas al porcentaje de presos de la Inquisición que sufrieron tortura, cuestionando que el experto Haliczer dijera lo que Elvira Roca afirma, queda desmontada por un vídeo disponible en youtube (El Mito de la Inquisición Española, parte 2 de 3, minuto 1, aproximadamente) en el que el propio experto, de viva voz, corrobora los datos que Imperiofobia le atribuye.
Pero hay que insistir, además, en que incluso si diéramos por buenas todas las correcciones que el reportaje plantea -muchas de las cuales podrían ser objeto de legítimo debate- ninguna de ellas afectaría a la tesis principal que el libro defiende. Apenas supondrían más que leves rasguños en el muy sólido edificio argumental que Elvira Roca Barea ha construido con su obra.
Paradójicamente, el propio artículo de El País, en su empeño por desautorizar el libro Imperiofobia no hace otra cosa más que confirmar una de las tesis que su autora defiende: la resistencia de una parte de la intelectualidad española del presente a admitir la pervivencia de la leyenda negra entre nosotros.
Firmantes:
1. Juan Abreu, escritor
2. Pepe Albert de Paco, periodista
3. Rebeca Argudo, periodista
4. Vidal Arranz Martín, periodista
5. Mikel Arteta, doctor en Filosofía Política
6. Mariano J. Aznar Gómez, catedrático de Derecho Internacional Público de la Universitat Jaume I
7. Juan Barrionuevo, abogado
8. Alfonso Basallo, periodista
9. Julio Béjar, escritor
10. Pilar Bensusan Martín, catedrática de Derecho Administrativo de la Universidad de Granada
11. Oscar Bermejo, economista
12. L. Blanco Valdés, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago de Compostela
13. Albert Boadella Oncins, dramaturgo
14. Jorge Bustos, periodista
15. Enrique Caballero Madera, economista
16. Juan Cabrera Cabrera, médico y ex decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de Las Palmas
17. Cristian Campos, periodista
18. Dolores Canales Bustamante, periodista
19. José Luis Castrillón, escritor
20. César Cervera Moreno, periodista
21. Ramiro Cibrián, Antiguo Lector PH Yale University
22. Miguel Angel Clavijo Redondo, profesor de la Universidad de la Laguna
23. Fernando Company Cera, arquitecto técnico
24. Roger Domingo, editor
25. Aquilino Duque, poeta
26. María Escribano, crítica de arte
27. Arcadi Espada, periodista
28. María Luisa Esteban Hernández, bibliotecaria
29. Jorge Ferrer, traductor
30. Mercedes Fuertes, catedrática de Universidad
31. Ilia Galán Díez, profesor de la Universidad Carlos III y poeta
32. Enrique García Maiquez, periodista y poeta
33. Carlos García Mateo, escritor
34. Fernando García Romanillos, periodista y profesor
35. Teresa Giménez Barbat, escritora
36. César Girón, Académico de número de la Real Academia Andaluza de la Historia
37. Ignacio Gómez de Liaño, profesor universitario
38. Sergio González Ausina, periodista
39. Berta González de Vega, periodista
40. Jesús González Maestro, profesor de Universidad
41. Alberto G. Ibáñez, escritor y ensayista
42. Ricardo Graziani, médico
43. Rosario Herrero Pérez, bibliotecaria
44. Carmen Iglesias, directora de la Real Academia de la Historia
45. Pedro Insua, profesor de Filosofía
46. Pilar Irureta-Goyena Sánchez, bibliotecaria
47. José Miguel Jaubert Lorenzo, abogado
48. David Jiménez-Blanco, economista
49. Fátima La Roche, médico
50. Larry Levene, productor y director de documentales
51. José Luis López Linares, director de cine
52. Gregorio Luri, profesor de Filosofía y experto en Educación
53. Casiano Manrique de Lara Peñate, economista
54. Francisco Mansur Nauffal, empresario
55. Agustín Marrero Quevedo, ingeniero
56. Luis Martín Arias, profesor titular de Universidad de Valladolid
57. José Antonio Martínez Climent, escritor
58. Juan José Martínez Jambrina, médico psiquiatra
59. Ignacio Martínez Lagares, abogado
60. Luis Méndiz Marín, sociólogo y educador
61. Óscar Méndez Pirez, jurista
62. Rafael Molina Petit, funcionario
63. Mario Virgilio Montáñez, gestor cultural
64. Tomás Morales, administrador de empresas
65. Javier Moro, escritor
66. Lorenzo Muñoz Cerdeña, economista
67. Fernando Navarro García, presidente del Centro de Investigaciones sobre los Totalitarismos y Movimientos Autoritarios
68. Jesús Nieto Jurado, escritor, actor y columnista
69. Francisco Oya Cámara, profesor de Historia
70. José Pardina, periodista y editor
71. Antonio Pérez Henares, periodista
72. María Jesús Petrement, funcionaria
73. Aurora Pimentel Igea, periodista
74. Rafael Pombriego Castañares, dirigente empresarial
75. Miguel Angel Quintana Paz, profesor universitario de Ética
76. José Matías Ramos Trujillo, ingeniero industrial
77. Manuel Rebollo Puig, catedrático de Derecho Administrativo
78. Sofía Rincón, artista plástica
79. Antonio Robles Almeida. Profesor de Filosofía y escritor
80. Miguel Ángel Rodríguez, escritor e ingeniero de Obras Públicas
81. Carmen Elena Rodríguez Zurita, profesora de Historia
82. Carlos Ruiz Miguel, catedrático de Derecho Constitucional
83. Marlene Sáez Díaz, psicóloga
84. Isabel San Sebastián, periodista
85. Javier Santacruz Cano, economista
86. Fernando Savater, escritor
87. Juan Carlos Savater, pintor
88. Nicolás Socorro Ortega, empresario
89. Francisco Sosa Wagner, catedrático de Universidad
90. Maximiliano Trapero Trapero, catedrático de Universidad
91. Julio Valdeón Blanco, periodista
92. Tomás Van de Walle, empresario agrícola
93. Rodrigo Vázquez de Prada y Grande, periodista
94. Eduardo Vega de Seoane, pintor
95. Mario Velasco Pérez, ingeniero
96. Iván Vélez, escritor
97. Mariano Vergara Utrera, abogado
98. Manuel Wood Wood, profesor titular de Universidad
99. José Antonio de Yturriaga Barberán, embajador de España. Profesor de Derecho Diplomático de la UCM
100. Jesús Zorita González, abogado
101. José A. Zorrilla, embajador de España

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