domingo, 10 de noviembre de 2019

Stanley G. Payne: "Oponerse a la Ley de Memoria Histórica es un deber moral"

Madrid.

Stanley G. Payne es posiblemente el más grande de los hispanistas vivos y el referente mundial sobre la Historia contemporánea de España y de Europa. En marzo fue distinguido con el galardón Bernardo de Gálvez, otorgado por el Consejo América-España, por su gran contribución en la divulgación de la Historia de España en los Estados Unidos. Hoy, a sus ochenta y cinco años y pleno de salud y vigor, sigue trabajando en Wisconsin preparando una nueva obra sobre los hechos más recientes de España junto al autor de esta entrevista, y de ello y más conversamos.
–Lleva más de un año sin viajar a España, ¿cómo observa su situación en general?
–Muy similar a lo que hay en el resto de Europa. Hoy es una sociedad actual con las mismas estructuras que en Occidente. Posmoderna, goza de sus ventajas y también de las mismas patologías.
–Mañana habrá unas nuevas elecciones, las cuartas desde 2015, una cada año; eso indica algo más que una anomalía.
–Hay algo más que una crisis política, que es fácilmente soportable y resoluble. Se trata de una crisis del sistema, instalada en su misma raíz. El 23-F no fue una crisis sistémica, fue un intento de reforma institucional para resolver una crisis estructural del Estado. Ahora hemos llegado a una crisis del sistema mismo, que lleva varios años bloqueado y que ha sido provocada por la propia acción de los políticos, que son totalmente incapaces de formar gobiernos estables. La situación es soportable algún tiempo más, pero no demasiado.
–¿Cómo se podría resolver?
–Los responsables son los mismos políticos. Hay ausencia de liderazgo, de líderes capaces, de líderes de Estado, imaginativos, responsables. No hay en el PP, ni en el PSOE, son partidos sin inteligencia política. No hay patriotismo político, solo de partido. España está inmersa en la mayor crisis contemporánea de la era democrática, la más intensa. El problema es que ni el PP ni el PSOE podrán resolver la crisis del sistema. Son responsables de la misma. Ciudadanos tampoco, es un partido ambiguo y confuso. Y por ello surge la necesidad de uno nuevo. ¿Cuál?, Vox, en teoría, sí que podría resolver la crisis. No está contaminado, y sus propuestas están poniendo el acento en la raíz de los problemas sociales y nacionales, que no son de derecha ni de izquierda. Pero necesita un gran apoyo social para tener éxito, que por el momento no existe.
–¿El desarrollo viciado del bipartidismo durante más de tres décadas y la desorbitada representación de partidos separatistas es una de las causas?
–Ese desarrollo viciado del que habla ha conducido a la corrupción política. Hay un mal endémico de los partidos, y es la deriva hacia el Estado de Partidos; Tocqueville, Michels, Linz y García Pelayo, además de otros, lo describieron suficientemente.
–¿Y la estructura autonómica del Estado?
–Es la causa de la fragmentación y deconstrucción de España como nación. No fue esa la intención original de los políticos que la pusieron en marcha, pero ha sido la consecuencia. El ensayo del café para todos ha funcionado mal. Es un fracaso colectivo de España, que se ha visto bajo un desorden estructural exorbitante, y ha creado una burocracia fomentada por los propios partidos que resulta inviable. El grado de autogobierno es amplísimo, pero los partidos nacionalistas en Cataluña y el País Vasco son separatistas, por ello es imposible que se integren en el Estado, en la nación, y, además, han contaminado a otros pequeños partidos regionales en otras comunidades.
–Qué nos ha llevado al actual proceso de rebelión abierto en Cataluña.
–El sentido de nación es un concepto psicosociológico. Aquí se ha llegado a él a través del adoctrinamiento, de la propaganda, de la educación durante más de cuatro décadas con el beneplácito de los diferentes gobiernos socialista y conservador. En Cataluña se ha creado una conciencia emocional de nación en una parte considerable. Y ello ha sido posible porque el Estado se ha automarginado, ha dejado hacer. No hay Estado, y eso ha permitido llegar a este proceso de autodestrucción. Los responsables finales son los separatistas. Desprecian la Ley. No la reconocen, pero el Estado tampoco impone el imperio de la Ley. El gobierno del Estado es culpable, no por lo que ha hecho, sino por lo que no ha hecho. Su política ha sido de entreguismo, de dejar hacer, y lo han incentivado a base de financiación, engañando a la sociedad con que eso calmaría al separatismo a cambio de obtener el efímero apoyo en los presupuestos u otras medidas de gobierno mediante un chantaje permanente. Es un proceso inacabable al que no se le ha puesto freno. Ni el PP ni el PSOE pueden resolver este asunto.
–Todo esto apunta al colapso del Estado. De nuevo España como país único.
–España es una nación típicamente occidental. No es diferente del resto, aunque tiene unas características propias como la desunión. En el pasado hubo desafíos radicales catalanistas que se cerraron por algún tiempo, pero luego han resurgido. Hace una falta una izquierda nacional. No existe. En la Transición la hubo durante un tiempo en el PSOE de Felipe González, pero ahora, con la radicalización del PSOE de Zapatero y de Pedro Sánchez, es una amenaza grave para la estabilidad del sistema político. La extrema izquierda está en declive y por ello busca aliados en los separatistas. Los separatistas no pueden lograr su objetivo de la independencia por sí solos y buscan el apoyo de la extrema izquierda, y así tenemos una crisis continua.
–¿Existe riesgo de fragmentación?
–El sistema político puede colapsar y ello llevar a la disgregación de la nación. Los problemas con los catalanistas y vasquistas es más intenso ya que en Bélgica. No anticipo la fragmentación total de España, pero la situación es muy, muy grave. Después de la rebelión en Cataluña, la situación sigue igual o peor aún, porque no se resuelve. Vamos de crisis en crisis. No es imposible que en España se vuelva a repetir un escenario como el de la experiencia cantonal de la Primera República.
–¿Qué papel puede jugar en ello la corrección política y sus mantras?
–El discurso de la corrección política es un nuevo totalitarismo en dos niveles; poder del individuo y el poder del Estado que lo determina. El primer y más grave de ellos es el reconocimiento del victimismo. En España es más grave que en otros países de Occidente. El victimismo divide a la sociedad en víctimas y perpetradores. Víctimas políticas, raciales, etc. El separatismo catalán es un claro ejemplo de victimismo. Efecto del discurso de la propaganda. Tiene muchas ventajas, se hace más próspero, viven mejor en la descentralización que incluso en Suiza o Bélgica. La corrección política es un arma política formidable y genera un conflicto permanente. Y, en ella, están la crisis del clima, la violencia de género, el colectivo LGTBI o la memoria histórica.
–¿Qué puede señalar sobre estas?
–La crisis del clima es un discurso constante en el último siglo. Resulta evidente que estamos experimentando una subida de temperatura desde hace algunos años, pero de ahí a definirlo como una crisis climática global es demagógico. Hay una retórica exagerada. No es una cuestión de las temperaturas, es una cuestión antropogénica. A lo largo de los siglos ha habido cambios climáticos sin que la acción del hombre tuviera nada que ver con ellos. El colectivo LGTBI, feminismo, violencia de género, son otras armas de la corrección. Hay cambios importantes del sentido moral y cultural de la sociedad cristiana, un cambio en la estructura de la micromoralidad y responsabilidad del individuo hacia el concepto de vida humana que se basa en la macromoralidad que se ha traspasado al Estado, quien como poder político es el que decide como macromoralidad, no el individuo como micromoralidad. Se ha impuesto el igualitarismo moral completo. Es el nuevo totalitarismo de signo democrático, como lo ha definido el ministro de Justicia norteamericano, Willian Barr
–¿La inmigración ilegal masiva es una amenaza para la sociedad y las naciones?
–La inmigración masiva incontrolada contribuye a los objetivos de la corrección política. A la destrucción de los valores de Occidente. La propaganda dice que esos son los valores de la explotación de los perpetradores sobre las víctimas. Ahora está surgiendo una reacción a la inmigración masiva en Europa occidental que está provocando el surgimiento de un verdadero movimiento nacionalista. Si la inmigración no se controla llegará a destruir las sociedades. No hay precedentes en la historia.
–Como un crecimiento demográfico inexistente en muchos países occidentales.
–El problema demográfico es fundamental en Occidente, y en España es muy acusado. Esto no ocurre en la América española, en Asia, en África, entre el mundo musulmán. Lo cierto es que hay una disminución de la población en el mundo occidental. Un declive que ha llevado a una grave crisis demográfica en Occidente y sobre la que los gobiernos no toman soluciones, porque se trata de un trastorno sociocultural.
–¿Y acerca de la mal llamada Ley de Memoria Histórica?
–Su objetivo es controlar el discurso político de la historia y del pasado. Crear una historia de la opresión, ser víctimas, el discurso por el victimismo. Significa presentar la historia con una sola cara, sin libertad de expresión, de crítica, anular la investigación, salvo la que supuestamente sirva para dichos fines con todo tipo de ilegalidades. No se ha inventado en España, pero Sánchez está yendo más lejos que Zapatero y mucho más que otras leyes en Europa. En España se ha convertido en un arma sectaria para controlar a los partidos de la oposición. Por un temor enorme de ser tachados de franquistas. Oponerse a ella es un deber moral. Hace falta vigor e independencia para ello.
La exhumación de Franco, «una profanación»

Respecto a la actualidad política española, explica Stanley Payne que «sacar a Francisco Franco del Valle de los Caídos no ha sido el problema, incluso había un argumento a su favor. Cuelgamuros se erigió como monumento y reposo para los caídos y las víctimas de la Guerra Civil. El problema más grave cometido por el Estado ha sido la profanación de una iglesia en contra de las leyes del propio Estado y del Vaticano. Y sin el permiso de los familiares. Se han violado sus derechos civiles y políticos. Y violar la ley para un Estado es un hecho muy grave.La comisión creada por Zapatero en 2011 hizo un informe en que señalaba que si bien exhumar al dictador de ese lugar sería deseable, tal acto no se podría llevar a cabo sin el consentimiento de la Iglesia, de la orden benedictina y de la propia familia», continúa, «y que, por lo tanto, lo mejor era dejar las cosas como estaban. Pedro Sánchez ha ido mucho más lejos al ir en contra de la propia Ley de Memoria Histórica, que dice que los restos se deben entregar a la familia para que ella decidiera donde volver a enterrarlos donde quisiera. El acto ha tenido un claro objetivo político, como lo es el traer a Franco y el franquismo al debate político del momento, para presentar a Sánchez como el gran «justiciero» de la historia. Una absoluta barbaridad», concluye.

viernes, 8 de noviembre de 2019

HOLLYWOOD Y EL TERCER REICH

Goebbels nunca ocultó admirar algunas películas de Hollywood. Se ha dicho que, a partir de las 21:00 horas, Hitler invitaba a sus acompañantes a proyecciones privadas de Laurel and Hardy (El gordo y el flaco) o de Mickey Mouse. No eludía reír ante las escenas más desternillantes. Se ha añadido que admiraba a Greta Garbo –y quizás fuera cierto en tanto que el rostro de la actriz emanaba esa simetría y serenidad que tanto atraían al Führer– y que le encantó Camille (1936, Margarita Gautier) hasta el punto de que derramó algunas lágrimas… También se añade que consideraba a Tarzán como un perfecto imbécil… Es posible y, en cualquier caso, todo esto indicaría que Hitler era, incluso, humano.

En el libro The Collaboration [1] de Ben Urwald aparecen algunos datos interesantes sobre las relaciones entre el Tercer Reich y la industria del cine de Hollywood. El tema es todavía más interesante en la medida en que el autor reconoce que todos los estudios de Hollywood estaban en manos de personalidades de origen judío [2]. El interlocutor de la industria del cine con Alemania era el cónsul de ese país en Los Angeles, Georg Gissling. Gissling había ingresado en el NSDAP en 1931 en su Sección Exterior (NSDAP–AO, Auslandorganisation). Desde 1927 ostentaba esa misión diplomática (en la que permaneció hasta 1941). Practicaba deportes de invierno y participó en el equipo alemán de bobsleigh en las Olimpíadas de Invierno de 1932 (en Placid Lake, Nueva Yok). Se le conoce como “el hombre de Hitler en Hollywood”. Gissling ejerció en muchas ocasiones su papel de mediador, advirtiendo –a invitación de los estudios de Hollywood– qué películas no podrían proyectarse en Alemania. Su papel era, por tanto, importante, en la medida en la que los distintos estudios de Hollywood aspiraban a mantener el mercado alemán. Gissling era habitualmente invitado a los estudios de cine para sondear su opinión sobre tal o cual película.

Algunas sugerencias se tuvieron en cuenta [3] y otras se rechazaron, pero lo cierto es que entre 1933 (subida de Hitler al poder) y 1941 (entrada de los EEUU en la Segunda Guerra Mundial), Hollywood introdujo decenas de películas en Alemania y solamente unas pocas en las que su mensaje anti–nazi era explícito fueron rechazadas. Películas como The Lives of a Bengal Lancer (1935, Tres lanceros bengalíes) respondían perfectamente, no solo a las necesidades de espectáculo del pueblo alemán, sino a la ideología del Tercer Reich basa en el liderazgo, el heroísmo, el espíritu de aventura, la milicia y la lealtad. Lo mismo ocurrió con Mutiny on the Bounty (1935, Rebelión a bordo) que expone la justeza de una revuelta contra una autoridad ejercida despóticamente. Ninguna película de humor fue vetada y la prensa del régimen, al igual que la prensa independiente, elogiaron todas estas producciones o bien realizaron una crítica estrictamente cinematográfica.

En 1939, periodistas de los diez mayores diarios alemanes de la época, incluido el Völkischer Beobachter fueron invitados a realizar una “gira de buena voluntad” a los estudios de la Metro Goldwin Mayer en Hollywood. Poco después se estrenó en Alemania, Mister Smith Goes to Washington (1939, Caballero sin espada), de Frank Capra y protagonizada por James Stewart. La película es, en realidad, una crítica al gobierno americano, a sus lobbys, a sus grupos de presión y a sus corruptelas, a los políticos sin escrúpulos y, en definitiva, a la democracia forma. La película recibió el Oscar al mejor guion y otras once nominaciones. La película se adaptaba como un guante a la crítica que realizaba el Tercer Reich a la democracia formal y, a pesar de la proximidad de la guerra y a la sensación de que se estaba avecinando, la película tuvo una extraordinaria repercusión en Alemania y fue un éxito rotundo de taquilla. Esto ocurría un año después de que se hubiera producido la campaña de agitación anti–nazi que sucedió al asesinato del diplomático alemán en París, Vom Rath y a los incidentes de la llamada Noche de los Cristales Rotos. A pesar de todo esto, el volumen de negocio del mercado alemán era demasiado tentador como para que la industria de Hollywood no optara por explotarlo hasta el límite.

Una de las películas que no pasaron los controles de calidad del Tercer Reich fue All Quiet on the Western Front (1930, Sin novedad en el frente) que se había estrenado antes de la llegada de Hitler al poder pero que fue retirada a partir del 30 de enero de 1933. El guion de la película se basaba en la novela de Erik María Remarque del mismo nombre, calificada como “derrotista” por el NSDAP desde el momento mismo de su aparición. Durante su estreno en 1930, ya se habían producido algunos incidentes. Las SA lanzaron bombas fétidas en las salas y soltaron ratones.  Sin embargo, el nuevo gobierno pidió que se realizaran algunos cambios en el guion para que pudiera seguir exhibiéndose en Alemania. Tales cambios se realizaron y la película siguió exhibiéndose.

Cuando Georg Gissling fue informado en 1936 de que la Metro estudiaba llevar a la pantalla la novela de Sinclair Lewis, It Can’t Happen Here (1935, Esto no puede pasar aquí) en la que se instauraba un gobierno fascista en los EEUU, la opinión de Gissling fue determinante para que cesara la producción a poco de haber comenzado. ¿La razón? Que Alemania se sentiría molesta con la película. Antes de 1933, Hollywood había tenido muy en cuenta a la opinión pública alemana. Era evidente: lanzaba productos de masas que, en caso de ser rechazados, por una parte de la población alemana, perdían mercado y, por tanto, debían ser repensados. El propio gobierno alemán antes de la llegada de Hitler al poder, había impedido la difusión de películas sobre la Primera Guerra Mundial en la que los oficiales alemanes aparecían como sinvergüenzas y sádicos. El gobierno de Weimar había elaborado una ley para evitar la difusión de productos culturales que pudieran resultar ofensivos para el ejército alemán. Hitler se apoyó en esta legislación para vetar a algunas cintas: no era legislación del Tercer Reich sino de la República de Weimar.

Carl Laemmle, el jefe de la Universal, se encargó de las relaciones entre Hollywood y el Tercer Reich. Era de origen judeo–alemán pero no se había exiliado a los EEUU al llegar el NSDAP al poder sino que había emigrado mucho antes, en 1884. Fue el fundador de los Estudios Universal que constituyó en 1915 con el nombre de Universal City, amasando una extraordinaria fortuna, una parte de la cual dedicó a ayudar a la comunidad judía de Laupheim, su lugar de nacimiento. Treinta y seis días después de la llegada de Hitler al poder Sin novedad en el frente resultó prohibida y debió modificar su estructura. La calle que llevaba su nombre en la ciudad en la que nació fue retirada, siendo llamada calle de Albert Leo Schlageter. Después de esto facilitó la salida de 300 judíos de Laupheim hacia EEUU. De entre todos los propietarios de estudios de Hollywood, Laemmle fue el que mantuvo una actitud más militante de hostilidad hacia el nacional–socialismo. 

De aquella época salieron de los laboratorios de Hollywood películas que, si bien no eran antisemitas, si podían ser consideradas como tales según la óptica con la que se contemplasen. Tal fue el caso de The House of Rothschild (1934, La casa de los Rothschild) en la que quedaba claro que la dinastía financiera de origen judío, dominaba Europa, alguna de cuyas escenas fue aprovechada para la elaboración del documental Der ewige Jude. Dokumentarfilm über das Weltjudentum [4](1940, El judío eterno).

Si bien esta primera “colaboración” entre Hollywood y el cine alemán, era muy limitada y superficial, los estudios de Hollywood, en concreto la Paramount y la 20th Century Fox, acordaron con la UFA la producción de documentales sobre la vida en Alemania. No sólo eso: la Metro había invertido dinero en 1938 en fábricas de armas alemanas en Austria y en los Sudetes, algo que puso de relieve el libro de Urwand y que este autor repitió en un vídeo recogido en youTube[5]"El estudio de cine más grande de América financió en realidad la producción de armamentos alemanes inmediatamente antes de la Segunda Guerra Mundial”. Esta colaboración siguió después de que se iniciaran las hostilidades en Europa y su cine siguió exhibiéndose en el Reich.

En 1937, Gissling consiguió que la Warner modificara una película sobre la vida de Emile Zola en la que se aludía al “caso Dreyfus”. Los estudios de Hollywood llegaron a firmar sus notas a Berlín con la coletilla “¡Heil Hitler!”. La primera película en la que se criticaba al nacional–socialismo solamente fue producida en 1939 por la Warner: Confessions of a Nazi Spy (Confesiones de un espía nazi) protagonizada por Georg Sanders y Edward G. Robinson, en la que un agente del FBI investiga una red de espías nazis en EEUU con contactos en países sudamericanos. Se trato de una excepción.

Esta actitud del cine norteamericano fue muy diferente de la prensa de ese mismo país, parte de la cual, era propiedad de empresarios judíos que desde 1933, prácticamente, estaban en guerra contra Alemania. La diferencia de actitud de los empresarios de la misma comunidad judeo-norteamericana, pertenecientes a dos sectores distintos, se debe a que la prensa no precisaba exportarse, pero si las películas de Hollywood que tenían en el mercado europeo y, más concretamente, en Alemania y sus países aliados, buena parte de su clientela.

[1] The Collaboration: Hollywood's Pact With Hitler Ben Urwand, Harvard University Press, EEUU, 2013.

[3] David Mikics, profesor de la Universidad de Houston, ha señalado “los nazis tuvieron un poder de veto total sobre las películas de Hollywood” que serían distribuidas en Alemania y otros países. (cf. Revista Comprimis – DAIA – Hollywood y el Tercer Reich: cinco minutos por los seis millones (Año 5, nº 33, abril de 2012, http://www.daia.org.ar/2013/uploads/documentos/63/compromiso33.pdfhttp://www.daia.org.ar/2013/uploads/documentos/63/compromiso33.pdf)
[4] Puede ver completo en https://www.youtube.com/watch?v=9DOI3FqCZJEttps://www.youtube.com/watch?v=9DOI3FqCZJE. La película bajo la forma de documental registra una parte importante filmada entre las comunidades judías de Polonia. A partir del minuto 54:35 la filmación se convierte en escalofriante con una muestra del ritual kosher de sacrificio de animales, reseñándose en letras sobreimpresas que el pueblo alemán abominaba en su amor a la naturaleza de este tipo de costumbres.
[5] https://www.youtube.com/watch?v=MNtXbC78K-Qhttps://www.youtube.com/watch?v=MNtXbC78K-Q

lunes, 4 de noviembre de 2019

FRANCO: CUARENTA AÑOS DE PAZ, JUSTICIA SOCIAL Y PROSPERIDAD

A todos nos afecta. Ya no sirve la bromita progre y cierta de que “contra Franco vivíamos mejor”. Se acabó el antifranquismo de opereta. El antifranquismo, hoy, impide derechos constitucionales básicos como el derecho de reunión, de manifestación, de respeto a las creencias ajenas que, sostenían, era fundamento de la democracia. Se discrimina por razón de ideología, de creencias. Se acepta el chantaje, se nos impone cómo debemos expresar el dolor por nuestros difuntos y se prohíbe cualquier evocación de quien nos gobernó tan acertadamente durante cuarenta años. El día 4 de noviembre se cumplieron 127 años del nacimiento de nuestro Caudillo Francisco Franco Bahamonde.
Pero ocurre que, quienes llevaron a España al desastre económico, la desintegración territorial y el enfrentamiento civil, vuelven a tener patente de corso para amedrentar, insultar, prohibir, coaccionar y violentar vidas y haciendas, todo ello con la complicidad suicida de una derecha desnortada y sin principios, cobarde y acomodaticia, servil y contemplativa con quien no respeta ninguna regla que no le beneficie. Caminamos hacia la barbarie, que a nadie le quepa duda. Pronto, si no se frena este proceso revolucionario de la nada, veremos como dejan de respetarse vidas y haciendas. Conocemos el proceso y sus consecuencias. La izquierda utópica de un marxismo inepto y criminal, nos muestra a diario su nostalgia y su miseria: No pueden vivir sin Franco.
Lo que ocurre es que Franco desde la Eternidad y desde la Historia, les recuerda lo que hizo de España. De ahí que, unos y otros, pretendan silenciarnos. Con Franco no habría seis millones de parados, uno y medio en el umbral de la miseria y mantenido por los comedores sociales de beneficencia. Con Franco no estaría Cataluña pidiendo la independencia, ni los catalanes manipulados hacia la pobreza, pidiendo un imposible. Con Franco no habría 17 Autonomías sangrando la economía de la Nación para mantener a una “casta política” endogámica y despreciable. Con Franco no estaríamos suplicantes ante Europa, pidiendo una moratoria financiera o el rescate. Con Franco no habrían quebrado las Cajas de Ahorro, ni estafado a los indefensos ahorradores, con artificios financieros.
Con Franco los trabajadores no serían meros instrumentos de agitación política, al servicio de unas Centrales cuyo único logro ha sido incautarse de los edificios de la Organización Sindical creada por Franco, y vivir holgadamente de los Presupuestos del Estado. Con Franco todo progresaba, menos los vividores de la política, los sindicatos de clase, la corrupción y el separatismo.
El antifranquismo esta nervioso y temeroso de que el pueblo se de cuenta que los malos son ellos, los que nos han vuelto a llevar donde solíamos, a la cola de Europa y del paro, al pan y circo, futbol y movida. Tontos útiles, pesebreros de un antifranquismo que cada vez cotiza menos, aunque se pague bien y sea mas virulento.
Desde que se les cayó el Muro de Berlín y la estatua de Lenin, andan estos antifranquistas de charanga y pandereta, de subvención y desmemoria histórica, de chantaje y opereta, desnortados y sin pedigrí. Como la mentira y la propaganda es consustancial a su filosofía y existencia, son incapaces de enfrentarse al decepcionante presente que han contribuido a crear. Por eso repiten una y otra vez, su mantra, contra Franco. No han aprendido a vivir sin Franco. Ya que no han podido derrotarlo en vida, pretenden borrarlo de la memoria colectiva mediante Leyes, Decretos, disposiciones administrativas varias. Todo inútil. Porque la historia vuelve, no sólo como enseñanza, sino también para señalar las causas que produjeron los indeseados efectos de 1936. Y eso es imposible de borrar del imaginario colectivo. Ya Stalin, vuestro papito venerado, lo intentó en Rusia con la mayor masacre colectiva de la historia, y mirad el resultado, ochenta años después.
Definitivamente la izquierda post-mortem de Mayo del 68 no tiene remedio, padece una “franquitis aguda” consistente en pretender borrar, vano intento, de la historia y de la memoria del pueblo español la etapa de mayor progreso social, armonía, cohesión interna y paz de los últimos dos siglos. Para ello se valen de los instrumentos de siempre: la cobardía de sus oponentes de la derecha, y la coacción como última ratio, donde la propaganda y la manipulación no llega. Así han obtenido que algunas calles de Madrid y del resto de España se pongan nombres a la calles de “asesinos” que quisieron destruir a España, mientras los héroes que la engrandecieron son borrados. Asesinos como De Juana Chaos o Bolinaga están en la calle ensalzados, mientras las víctimas sufren el doble escarnio de la incomprensión e injusticia. Felipe González, el Presidente del “crimen de Estado”, de la corrupción, del control y politización de la justicia, de la primera crisis económica y hundimiento de la Seguridad Social; es homenajeado; mientras se intenta impedir el homenaje mínimo debido a quien desde su nacimiento, hace 120 años, no hizo otra cosa que servir y engrandecer a su patria y el bienestar de su pueblo.
Ya Marcial, que no era un jugador de futbol, sostenía en el siglo I después de Cristo que “a Dios y al soldado todos los hombres adoran en tiempos de guerra, y sólo entonces. Pero cuando la guerra termina, y todo vuelve a su cauce, Dios es olvidado y el soldado vituperado”. Nada, bueno o malo, nos es ajeno. Todo es, en general, debido a nuestra acción u omisión voluntaria. Si vivimos una democracia degenerada y con una izquierda patibularia nuestra es la responsabilidad y a nosotros corresponde corregirla. Comencemos por la historia.

Fuente

viernes, 1 de noviembre de 2019

Qué es el socialismo - Donald Trump

El socialismo promete unidad, pero produce odio y discordia.
El socialismo promete un futuro mejor, pero siempre vuelve a los capítulos más oscuros del pasado. Nunca falla: siempre es así.
El socialismo es una ideología triste y desacreditada, anclada en la total ignorancia de la Historia y de la naturaleza humana, lo que hace que tienda a desembocar en la tiranía. Y siempre lo termina haciendo.
Los socialistas dicen que aman la diversidad, pero siempre exigen una conformidad absoluta.
Sabemos que el socialismo no tiene que ver con la justicia, ni con la igualdad, ni con mejorar el nivel de vida de los pobres. El socialismo solo tiene un objetivo: conseguir poder para la clase dirigente. Y cuanto más poder tiene, más poder anhela.
Quieren dirigir la atención sanitaria, los transportes, las finanzas; quieren gestionar la energía, la educación, manejarlo todo. Quieren poder para decidir quién gana y quién pierde, quién está arriba y quién está abajo, qué es verdad y qué es mentira e incluso quién vive o quién muere.
Por resumir, todos los que estamos aquí hoy sabemos que no hay nada menos democrático que el socialismo.
En cualquier momento y lugar en que aparece, el socialismo se abre paso bajo la bandera del progreso, pero al final solo ofrece corrupción, explotación y decadencia.
Y para aquellos que querrían imponer el socialismo en los Estados Unidos, nosotros tenemos un mensaje muy simple: los Estados Unidos no serán nunca un país socialista.
Donald Trump.

Una reflexión sobre el paganismo

En algunos artículos de nuestro blog y en algunos títulos que hemos publicado hasta el día de hoy (véase La Cruz frente a la modernidad o bien Edén, resurrección y tierra de los vivientes de Gianluca Marletta) no hemos dudado en defender el legado de cierta vertiente de la tradición cristiana, y no tanto porque mostremos una decidida adhesión a los preceptos religiosos que vertebran la doctrina, como por el hecho de reivindicar el hecho espiritual frente a un mundo moderno donde el materialismo y la vida horizontal predominan sobre cualquier otra cosa, y lo hace porque en la propia concepción antropológica del liberalismo burgués no hay lugar para el desarrollo de esa parte espiritual, tan consustancial a nuestra naturaleza y que nos avoca a una existencia oscura y limitada, a una paradójica desmesura suscitada por un vacío interior imposible de colmar. No en vano Ernst Jünger definió a la sociedad burguesa que nació de los grandes ideales revolucionarios de 1789, como aquella de la «razón» y la «moral».

No obstante, el hecho espiritual puede ser enfocado desde muy diferentes perspectivas, y está condicionado por cada tiempo histórico, modelo de civilización, sistema de representaciones, valores y, en definitiva, Cosmovisiones que pueden llegar a ser de lo más complejo. El llamado «paganismo», al que nosotros preferiríamos calificar de sistema de creencias precristiano, por aquello de la carga peyorativa que el término tiene, en referencia a aquellos que «viven en el pago» y que no fueron cristianizados, tiene perspectivas y formas de entender las relaciones y la propia naturaleza humana absolutamente válidas y que podemos entender y aplicar incluso al mundo de hoy día. En algunos casos el «paganismo» se entiende como una suerte de reacción frente a los males del progreso y del mundo moderno, vinculado frecuentemente a ciertos ambientes ideológicos identitarios o patrióticos, o bien a posturas intelectuales que son el fruto de una reflexión, aunque esto suceda más en el ámbito más individual, ha terminado derivando en aquellos fenómenos de «segunda religiosidad» de los que Spengler nos hablaba, y que serían tan característicos de nuestra época, en la que la reconstitución de un pretendido «Orden Pagano» no sería sino un mero simulacro infantil y ridículo, o incluso una forma de invocación de dimensiones oscuras y subterráneas, de esas fuerzas invertidas de antitradición que Evola nos advirtió en su momento.

Una lectura positiva



El «paganismo», valorado genéricamente, no fue una doctrina espiritual concebida para la salvación, ni para calibrar la trascendencia en función de la existencia individual, algo que es característico del Cristianismo, y que estaría perfectamente en consonancia con el prototipo humano del Kali-Yuga, que vive en un mundo desconsagrado y donde las fuentes de la sabiduría tradicional sobreviven de forma fragmentaria. Del mismo modo también son fragmentarias, cuando no totalmente desconocidas, muchas formas de sabiduría «paganas» de las cuales solamente conocemos sus síntesis modernas, descontextualizadas y sin fuentes fidedignas para que puedan ser contrastadas. En otras ocasiones nos encontramos ante perspectivas más holísticas, y no por ello más verdaderas, donde se nos habla de una energía cósmica, de un culto a la vida desde una especie de sobrehumanismo nietzscheano más vitalista o bien de un culto a la naturaleza bajo la visión de un modelo panteísta, en lo que son interpretaciones o visiones muy mediatizadas por la mentalidad moderna y que, en cierto modo, cuentan con ciertos obstáculos planteados por una distancia de contexto histórico de más de 2000 años y por la propia acción de la teología cristiana en el transcurso de los mismos.

El «paganismo» no representa en ningún caso las dimensiones de la existencia que propone el Cristianismo, y eso pese a la obra sincrética que el segundo obró sobre el primero, en la medida que el credo precristiano no conoció la realidad individual que, a través de la Salvación, sí ha practicado la Iglesia de Cristo. En el paganismo no residiría en ningún caso la fuente o causa primera de la existencia del Ser, sino que sería el escenario de la existencia sin más, como un ente objetivo sin filiaciones exclusivas con el hombre. El universo del «paganismo» estaría en las antípodas de un Cristianismo, que por sus orígenes y naturaleza, como sucede con el resto de religiones monoteístas, podríamos considerar históricas, bajo un determinado marco histórico.De hecho, como señala Frithoff Schuon, el Cristianismo representa un hecho único en la historia de la humanidad, en la medida que el Creador envía a su hijo bajo la forma y el aspecto humano a la Tierra, entre los hombres, en la forma del verbo encarnado. Del mismo modo, el Islam, más tardío, y el judaísmo, al que la síntesis paulina vinculó estrechamente al Cristianismo, son religiones históricas, muy diferentes a aquellas que nacen fruto de la reflexión metafísica y que, lejos de plantear las antítesis entre fe y creencia frente a la racionalidad y el mundo de la ciencia, presentarían una estrecha armonía entre el Ser y el Creador. Tal es así, que en ningún caso podríamos hablar de dioses absolutamente desligados de las realidades humanas, de sus aventuras y desventuras, y afectados por la mismas preocupaciones de los hombres. No hay más que leer al más famoso de los rapsodas griegos, Homero, para ver en La Ilíada, por ejemplo, la intervención permanente de los dioses en las causas humanas, con un Aquiles protegido por Afrodita para más señas, y tomando partido en la guerra de Troya. Dioses que revelan en sus comportamientos y preocupaciones un comportamiento más humano, presa de las debilidades y las contingencias, que propiamente divino, con una hipotética impasibilidad y distancia frente a cualquier pasión humana.

De este modo, en el orden «pagano» las relaciones con el mundo, con la naturaleza y entre los Dioses y los Hombres, no reflejan esa jerarquía entre Creador y Criatura que vemos en el Cristianismo, prevaleciendo, en cambio, un principio de horizontalidad. En este sentido quizás deberíamos considerar que la cuestión del Ser, del Hombre y de su Destino no pertenecían sino a un Orden Objetivo, a un Cosmos que trasciende incluso a los propios dioses.

La ausencia de un afán proselitista y de conversión, como sí existe en el Cristianismo, no afectaba al paganismo, que no se definía por las antítesis presentes en el primero, donde el carácter único e unívoco de la Revelación excluiría a priori cualquier otra forma de explicación de los orígenes, y cada reflexión de carácter ontológico que no se ciñese a la ortodoxia cristiana. El «paganismo» no entiende la necesidad de imponer o cambiar a los demás en el signo marcado por sus cultos y ritos, y ello pese a tener un vínculo muy estrecho con aquellos pueblos que lo practican frente al universalismo del Cristianismo, y su voluntad de homogeneizar el hecho espiritual en su integridad hace que desconozca el principio de la alteridad, de la existencia de realidades espirituales alternativas que puedan ocupar un mismo espacio. Obviamente nos referimos al Cristianismo histórico, no al actual, en una consideración que podríamos hacer extensiva al Islam, aunque no así al judaísmo, que sí toma las características de una religión nacional vinculada al destino de un solo pueblo. También conviene advertir que el pretendido «ecumenismo religioso» de nuestros días revela una voluntad de devaluar el mensaje cristiano, y vincularlo a otras fórmulas religiosas con el fin de desactivar toda su carga espiritual.

Mucho se ha hablado también en torno al orden moral y el carácter moralizante del Cristianismo frente al «paganismo», especialmente en el sentido de que éste último carecía de esa categoría moral al consagrar el mundo, o al representar las categorías que lo caracterizan. Quizás esa necesidad de fundamentar y apuntalar la religión sobre un orden moral esté íntimamente relacionado con la propia finalidad que el Cristianismo tiene bajo la idea de la salvación, y con ésta la necesidad de perfeccionar la obra imperfecta de Dios en ese dualismo entre Creador y criatura, que en el pensamiento contrarrevolucionario y antiliberal de Joseph de Maistre abocaba al hombre al pecado permanente, biológicamente heredado en una culpa ininterrumpida que recorre los siglos y milenios. Sin embargo, la ausencia de ese carácter normativo en el paganismo no implica que los comportamientos humanos no estuviesen regulados por normas morales, y esto lo vemos a través de la propia idea del equilibrio, de no tender hacia lo desmesurado o el cultivo de la virtud. La moral es indisociable de la propia condición humana, de su manera de actuar y relacionarse y de ser en el mundo, y al fin y al cabo termina por definir parte de las cualidades que caracterizan a una civilización. Sin ir más lejos, el hecho de que se castiguen determinadas conductas en el seno de una sociedad cualquiera evidencia la existencia de unas normas morales. De hecho, el mundo «pagano» conocía una ética del honor vinculada a ese cultivo de la virtud, la búsqueda de la excelencia en un plano más inmanente, de tal manera que mientras el Cristianismo privilegia la visión moral del mundo que implica ontológicamente nuestra existencia, el «pagano» limita lo moral a un plano más interior, pero no en un sentido de piedad respecto al otro, sino de perfeccionamiento.

Al fin al cabo, el reconocimiento del Ser profundo y la unidad de su destino con lo espiritual es una de las ideas fundamentales que debemos recuperar, y que de algún modo tendría su razón de ser en los primordios, en los orígenes de la propia civilización greco-latina y de la misma historia de la filosofía, desligada del principio socrático racionalista, en los presocráticos, podría darnos algunos de esos indicios fundamentales dentro del pensamiento de Heidegger. Y nosotros creemos que la búsqueda de esas raíces espirituales y la identificación plena de la persona en su naturaleza profunda con la esencia de su devenir en términos fundamentales es algo muy necesario en nuestros tiempos presentes.

De todos modos, después de 20 siglos de Cristianismo es muy complicado entender el fenómeno del «paganismo» o una forma de «neopaganismo» sin caer en la falsificaciones y las construcciones artificiales. Es imposible resucitar a los antiguos dioses, las estructuras mentales de los hombres antiguos bajo las concepciones pluralistas y diversificadoras, con todo el universo de representaciones simbólicas y existenciales que ello implica. No obstante, muchas de las corrientes revitalizadoras de este fenómeno, que han hecho recaer sobre la teología cristiana todos los males del mundo moderno, tienen un propósito identitario, de purificar las raíces espirituales de Europa en sus formas de espiritualidad tradicionales, al margen de la civilización judeo-cristiana y sus formas derivadas.

Este propósito, a priori, puede resultar interesante, en la medida que la Modernidad tiende a la uniformización y la secularización de la vida en general, traduciendo al ámbito de lo profano cualquier forma espiritual o lenguaje de lo sagrado. No obstante, y pese a los desvaríos de la Iglesia moderna post-conciliar, es evidente que, atendiendo a lo anteriormente mencionado, es imposible restaurar por arte de magia un sistema de creencias y representaciones simbólicas, una cosmovisión general de la vida, con la que el mundo actual, y de los dos últimos milenios, no ha tenido contacto alguno.

La visión del Tradicionalismo


Dentro del tradicionalismo hay una perspectiva sustancialmente diferente a aquella que nos describen los llamados «movimientos neopaganos», especialmente en cuestiones tipológicas y de forma, dentro del contexto de una concepción involucionista de la historia. Lo que se concibe genéricamente como «paganismo» no representaría la pureza espiritual de los orígenes, al menos en las formas que han servido para nutrir el imaginario que ha dado forma al concepto en nuestros días. Hesíodo habló en su momento de la doctrina de las cuatro edades, en correspondencia con los metales (oro, plata, bronce y hierro), dentro de una lógica involucionista desde la perfección y armonía más perfecta hasta su antítesis, en un proceso de alejamiento progresivo de los orígenes. En esos orígenes míticos el hombre y los dioses compartían una misma condición, que finalmente acabó perdiéndose por el error del hombre, terminó por degradarse adoptando formas cada vez más animalizadas. Julius Evola nos habla de las razas hiperbóreas y atlánticas como aquellas que detentaron esa condición originaria, y a partir de las sucesivas caídas los residuos de éstas construyeron otros ciclos de civilización sucesivos, entre los que encontraríamos a aquellos correspondientes a la civilización greco-latina.

En cualquier caso, la civilización greco-latina, aquella que sería tomada como referente estándar de la imagen de lo «pagano» a día de hoy, todavía no habría perdido su vínculo con lo sagrado. Dentro de la doctrina de Hesíodo podríamos calificar esta etapa como la edad de plata, en la que ya empiezan a forjarse los gérmenes de la futura destrucción a través de la difusión de la dialéctica discursiva propia del racionalismo, formas de humanismo etc. No obstante, dentro de las referencias simbólicas del mundo evoliano, sería muy importante apuntar la existencia de polaridades opuestas y enfrentadas que ya se manifiestan durante este periodo. Estamos hablando de formas de espiritualidad invertida y oscura, representada por el sustrato de pueblos pre-indoeuropeos, que es portadora de los elementos disolutivos apuntados, frente a aquellos propiamente indoeuropeos que representan todo lo contrario, siendo depositarios de parte de esa tradición nórdico-aria y atlántica decaída. Todo el universo heroico-sacral de ritos y de costumbres que vemos reflejado en la Grecia micénica es producto de esas poblaciones indoeuropeas, de dorios y aqueos, que vemos reflejados en los poemas épicos de la Antigüedad griega. Es una cultura patriarcal y masculina, de carácter aristocrático y sacral. El ideal olímpico de de lo divino, los mitos y los semidioses que comparten una naturaleza humana y divina y protagonizan historias y relatos de carácter épico y heroico. Se trata, en definitiva, de una concepción espiritual construida por la polaridad solar y masculina, liberada de toda forma de misticismo, evasionismo, abandono o complejo de culpa, que Evola atribuye a su antítesis, la polaridad femenina.

De todos modos, ya vemos la prefiguración de muchos elementos modernos, y propios de la polaridad femenina, en la aparición de la democracia y la difusión del dionisismo, el afroditismo o el pitagorismo, y con el advenimiento en última instancia de la filosofía, tendrá lugar el avance de una serie de procesos disolutivos característicos de la antitradición. De hecho, apunta el pensador romano, que esa es la imagen que tenemos de la Grecia clásica, de unos dioses despotencializados y reducidos a abstracciones mitológicas en un contexto de humanismo generalizado y de sometimiento progresivo a la esfera de lo profano y de esa dialéctica discursiva que apuntábamos con anterioridad.

El vínculo con la dimensión de lo trascendente y suprarracional continúa su vertiente descendente durante el ciclo romano, donde los elementos femeninos y telúricos también están en abierta pugna con aquellos que representan la espiritualidad ario-occidental. Todo ello es fruto de la existencia de unos orígenes heterogéneos en el propio sustrato poblacional de la Roma antigua, que vemos reflejado en el plano social (patricios y plebeyos) o en el panteón divino, en el que aparecen dioses de naturaleza y polaridad contrapuesta en una dualidad que se puede remontar a la fundación de Roma con Rómulo y Remo. Finalmente la antítesis entre los dos polos espirituales desemboca en el triunfo de las fuerzas de la subversión con el Cristianismo y su conquista del imperio. Para Evola este hecho representa el triunfo pleno de la modernidad con la igualdad política y social y la degradación absoluta de la condición humana. 

De tal modo el «paganismo» no representa simplemente, como creen muchos a día de hoy, unas formas de creencia sobre la naturaleza, la condición del hombre o similares, desligados de un modelo de civilización o de un tipo específico de Cosmovisión respecto al hecho espiritual. En el tradicionalismo evoliano el «paganismo» no fue más que la expresión de formas de espiritualidad menguadas y decaídas, residuos fragmentarios de una espiritualidad superior, metahistórica y abocada al principio de Trascendencia, que nos remite ineludiblemente a los orígenes de una Tradición primordial única, eterna e invariable.

Como apuntamos con anterioridad, estamos demasiado acostumbrados a concebir lo espiritual desde la perspectiva secularizada del presente, donde lo profano lo acapara todo y la creencia, la fe o la forma de experimentar esta dimensión de la existencia, queda relegada al ámbito más privado, a la «opción personal».

René Guénon también hizo sus consideraciones respecto al mundo greco-latino, al cual consideraba ya de entrada, inferior a otras tradiciones orientales, y para el pensador francés solamente ejerció de transmisor de las enseñanzas orientales, que los griegos modificaron para adaptarlas a su mentalidad. De hecho, Guénon creía que los presocráticos primero y posteriormente los neoplatónicos habrían tenido algún contacto con la filosofía de La India. En cualquier modo la dialéctica griega habría sido la principal desventaja en su modelo de civilización, en la medida que restringirían al ámbito del pensamiento humano verdades trascendentales hasta hacerlas irreconocibles. Del mismo modo que Evola, Guénon considera que el mundo griego ya presenta elementos de decadencia y caída, especialmente por el aspecto individualista y la preeminencia de la filosofía sobre el intelecto puro y la metafísica.

Otro elemento importante es que los orientales nunca han prestado culto a la naturaleza como los griegos de la Antigüedad clásica. Para ellos la naturaleza representa el mundo de las apariencias, lo transitorio, lo que no permanece, el mundo de lo contingente. Pese a este carácter naturalista de los griegos sin tomar demasiado en cuenta el ámbito de la experiencia en una tendencia que, a juicio de Guénon, no se entiende sin la influencia de Oriente. Y es que las ciencias experimentales con su especialización son más propias del hombre moderno con todas sus aplicaciones prácticas en el terreno de lo contingente. Este sería un aspecto positivo del pensamiento griego, pese a que ya tuviera en forma embrionaria muchos de los aspectos que pertrecharían la modernidad como tal en sus aspectos esenciales. Con lo cual el pensamiento y la civilización griega sería ya occidental en términos guenonianos, y más si nos remitimos a la propia idea de metafísica presente en el autor francés, en referencia al conocimiento del intelecto puro, al margen de toda experiencia física y contingente, y del que Aristóteles sería la referencia más cercana dentro de este pensamiento occidental.

El llamado «prejuicio clásico» al que Guénon se refiere es aquel de considerar a griegos y romanos como fuente de toda civilización, el reduccionismo que haría de este complejo de civilización como la más privilegiada dentro del espectro occidental. Para Guénon se trata de una civilización más y con unos orígenes no muy remotos o relativamente recientes. Podríamos decir que las críticas de Guénon se circunscriben sólo al ámbito cronológico y del método histórico. Desde la perspectiva de Guénon, la existencia de documentos escritos y la toma de referencia de éstos constituye otro de los problemas de la insuficiencia de la civilización griega frente a aquella oriental. La transmisión de la intelectualidad pura prima la vía oral sobre la fuente escrita como fundamento esencial en la constitución de toda base tradicional.

La opinión respecto a la civilización romana del pensador francés es todavía peor, y algunos autores como Renato del Ponte lo atribuyen al desconocimiento de la Tradición Romana. Toda consideración de la civilización clásica u occidental en general viene mediatizada por la Tradición Oriental, que Guénon considera la verdadera ortodoxia. La civilización occidental solamente representa una anomalía capaz de caer en la peor barbarie, a menos que una élite cualificada tomase el control en la reconstitución de una tradición espiritual e intelectiva a semejanza de la oriental. A pesar de todo, Guénon creía que los pueblos latinos eran los verdaderos depositarios de la Tradición en Europa, y aquella cristiana producida en el Medievo era la única legítima para Guénon.

Dentro de esta perspectiva no podemos obviar la síntesis de la doctrina tradicional elaborada por Guido de Giorgio, el «iniciado en estado salvaje», tal y como lo definió Julius Evola en su momento. Algunos autores han hablado de un «Cristianismo vedántico» en la obra de este singular pensador tradicionalista, especialmente en el ámbito de sus planteamientos metafísicos. Para éste las vías que conducen a Dios pueden ser muchas, y todas confluyen en el centro que vendría representado simbólicamente por una circunferencia. La doctrina de la no dualidad presente en el Vedanta, es asumida por De Giorgio a través del concepto del Silencio como gran contenedor de lo Absoluto, del Principio Supremo, 

Su principal obra, publicada póstumamente en 1973, bajo el título de La Tradizione Romana se expresa muy claramente en torno al concepto del «paganismo», que De Giorgio considera el fruto de un equívoco, dado que corresponde a una etapa de degeneración, marcada por la exterioridad del rito, la incomprensión de los símbolos y la tendencia a la idolatría, lo cual marca una ruptura respecto a la Tradición Primordial. Frente a este «paganismo», que nada tiene que ver con la ortodoxia tradicional, surge un Cristianismo triunfante, que se extenderá con el uso de la violencia, desde la intransigencia dogmática y que, según De Giorgio, no actuará contra la pureza de la norma primitiva. Lo importante en este caso es que la renovación tradicional tiene como eje permanente a Roma, una ciudad considerada como eterna desde su misma fundación. 

Roma representa el eje de la Tradición occidental, y al mismo tiempo es depositaria de los símbolos necesarios para reconstituir el legado de la misma a través de la restauración integral de la autoridad espiritual y del poder temporal, para recuperar las pureza de las fuentes originarias. Para tal fin la Tradición de Roma se sirve de una serie de elementos característicos, entre ellos el Jano bifacial romano, que lejos de relacionarse con el «paganismo» denostado por De Giorgio expresa un vínculo mucho más profundo y originario con la unidad sustancial e invisible de Dios. De hecho la bifacialidad de Jano representa la equivalencia y armonía de los contrarios propia del sustrato pre-originario. El Fascio Litorio es otro de los símbolos que también expresa un simbolismo cósmico y originario, y que junto a Jano tendría su integración definitiva en la Cruz, donde quedarían impresas todas las posibilidades de la manifestación universal.

Podemos apuntar un cuarto autor dentro de la perspectiva tradicional: Attilio Mordini, representante del tradicionalismo católico bajo una línea muy cercana a la de su compatriota Julius Evola, y no es casual que fuese conocido bajo el apodo del «Evola católico». Mordini delineó un pensamiento orientado a explicar los rasgos de ese gran proyecto metahistórico que es el Cristianismo, y como tal era un católico radical e intransigente. Sin embargo, estas características en relación a sus posicionamientos no le impidió apreciar el valor de otras tradiciones espirituales y sus respectivas creaciones.

En este sentido el modelo tradicional que esboza Mordini tiene un sentido eminentemente metafísico, frente al cual la filosofía y la ciencia, al igual que en Evola y Guénon, no juegan papel alguno. La fuente de Verdad y Sabiduría viene delegada y transmitida a través de una serie de ritos y conocimientos mediante de la acción salvífica del Padre a través del Hijo en una dimensión que comprende a pueblos enteros. De este modo, cualquier civilización fundada en la vía de lo sagrado, de los valores espirituales, siempre debe prevalecer sobre aquellas profanas cuyas bases reposan sobre lo económico, lo material y lo profano. Dentro de este carácter metahistórico del Cristianismo y la acción de Dios en el mundo a través de Jesús, la Divina Providencia habría preparado el advenimiento del mensaje crístico a través de multitud de manifestaciones artísticas y culturales, en las que Grecia y Roma jugarían un papel fundamental pese a las diferencias y distancias existentes con aquella cristiana. De hecho, el propio Mordini ve una conexión fundamental entre las civilizaciones «anteriores a la Encarnación del Verbo» y aquella cristiana a través de un pasaje evangélico en el que Jesús afirma lo siguiente:


No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir.
                                                                                                                                    (Mateo 5:17)


La Encarnación del Verbo es el momento de catarsis histórica que da sentido a las etapas históricas precedentes y liga el Destino y devenir de los pueblos a la función salvífica y trascendente de la Cruz y el mensaje evangélico. De este modo, el llamado «paganismo» no tendría otra función que aquella de preparar la llegada del Cristianismo, una preparación o prólogo necesario a su irrupción en la historia. De hecho, las fuentes clásicas nutrieron las doctrinas de la Iglesia, a través de los Padres y hombres Doctos de la misma, durante siglos, de ahí el sentido de continuidad de la cita reseñada por Mordini.


Perspectivas últimas


Es evidente que las posibilidades de restaurar cualquier forma de creencia pre-cristiana en la Europa actual son inexistentes. Podemos hablar de cultos druídicos, a Odín o a cualquier otra divinidad, que no son sino una manifestación artificial, folclorista y superficial, totalmente vacía en términos religioso-espirituales de divinidades antiguas que no existen sino como mero simulacro, como una expresión exterior y vacía de una imagen o una idea que no permanece integrada y arraigada en el alma de quienes, supuestamente, la profesan.

Lo más probable es que las próximas transformaciones que Europa va a experimentar en los próximos años en el terreno religioso contribuyan al retroceso del Cristianismo, un fenómeno ampliamente documentado en las últimas décadas, en detrimento del avance del Islam en lo que también es consecuencia del avance demográfico de poblaciones extraeuropeas procedentes del Medio Oriente y el África musulmana. En este contexto la Iglesia Católica, total y absolutamente desconsagrada, e inmersa en una crisis que dura décadas, no parece posible que pueda refundarse o recupere parte de ese vigor que le caracterizó en el periodo pre-conciliar.

Los fenómenos de «segunda religiosidad» de los que hablábamos antes, y que han favorecido la aparición de formas aberrantes de pseudoespiritualidad, bajo interpretaciones de autoconsumo de la verdadera espiritualidad extremo-oriental, siguen en pleno auge, y seguramente seguirán creciendo bajo el ropaje de fórmulas terapéuticas y difusos cultos panteístas exigidos por multitud de aburguesados, snobs y posmodernos en general. Ante este panorama es evidente la necesidad de una forma de espiritualidad que pueda cubrir ese vacío que la degeneración del Cristianismo ha venido experimentando, el avance agresivo del Islam, y un new age que se antoja tan insuficiente como vacío en sus formulaciones positivistas.

No sabemos si el caos, la destrucción y la incertidumbre que un periodo como el que vivimos actualmente, cuyas coyunturas parecen apuntar a la configuración de un nuevo orden, puede dar lugar al resurgir de cultos y formas de espiritualidad enterradas por milenios de historia en la memoria colectiva. La necesidad de un certezas y seguridades en el hombre es una constante en la historia humana, y por tanto la búsqueda de una armonía y un orden, de un Cosmos. Restaurar el equilibrio del universo para sentirlo nuevamente como propio. En cualquier caso aquello que pudiera manifestarse en ese sentido no podría reeditar en modo alguno el «paganismo» practicado en la Antigüedad. Aunque querríamos ser optimistas las perspectivas no son nada halagüeñas, y más ante el nivel paródico que la percepción de lo espiritual ha alcanzado. Sin embargo, queremos confiar en las necesidades y cualidades innatas que el hombre lleva experimentando desde la noche de los tiempos respecto al ámbito de lo inmaterial y lo trascendente.

Por otro lado, tampoco es descartable que el propio Cristianismo, y bajo un impulso más popular y desde el terreno de las creencias puras, sin mediación de la propia jerarquía eclesiástica, experimente un crecimiento o fortalecimiento frente a un Islam que avanza implacable en un afán de proselitismo y radicalismo ya decaído entre los cristianos. Paralelamente una nueva era del ateísmo, con una sociedad descreída, absolutamente profana y materialista, amenaza con desterrar definitivamente toda forma de espiritualidad prolongando una era de oscuridad y nihilismo extremo peor que la que padecemos en nuestros días.

¿Qué queda hoy de Ramiro Ledesma?

Ochenta y tres años son muchos como para que el tiempo no haya desgastado y difuminado el recuerdo de uno más del medio millón de muertos de la última Guerra Civil. Y, sin embargo, hay algunos que nos resistimos a pasar página y dejar atrás la figura de Remiro Ledesma. Lo más terrible de aquel fusilamiento fue que dejó en la incógnita lo que hubiera sido su vida intelectual posterior y, por otro lado, dio pie a malas o malísimas interpretaciones de su obra, que iban paralelas a exaltaciones y retórica tanto o más ridículas.

Ramiro Ledesma era “fascista”, claro está que entendía el fascismo de manera genérica como una tendencia internacional “de las juventudes” que había que adaptar en cada país: patriotismo + justicia social. La síntesis que él creó para España se llamó nacional-sindicalismo. Ni siquiera hoy el nombre resulta comprensible en un momento en el que la tercera revolución industrial se solapa con los inicios de la cuarta, mientras que el sindicalismo fue la forma de organización de los trabajadores mientras duró la segunda revolución industrial, para ser hoy un simple arcaísmo sólo apto para mantener a unos “interlocutores sociales” subsidiados, que representan muy poco.

Era diferente, claro está, en los años 30, cuando la CNT era el sindicato mayoritario en Cataluña y Andalucía y estaba separado por unos pocos miles de afiliados de la UGT. Y la CNT era el “sindicalismo revolucionario apolítico”. Así que se trataba de “politizar” a las masas obreras. Ramiro Ledesma no fue el único en intentar ganarlas para su causa. Todo el nacionalismo catalán de la época había intentado otro tanto (y fracaso, igualmente). Los únicos que lograron controlar el sindicato, para su desgracia, fue la FAI que logró incluso invertir los términos: no fue el nacionalismo catalán el que logró conquistar al sindicato, sino el sindicato el que logró que, durante los 10 primeros meses de guerra civil, la Generalitat comiera de la mano de la CNT-FAI. Por entonces Ledesma ya había sido fusilado en Aravaca.

Ledesma, por cierto, no había sido el padre de la consigna de “nacionalizar a la CNT”. Su conocimiento del alemán le permitía estar al corriente de lo que se cocía en Alemania desde finales de los años 20 y era inevitable que aquella consigna de “nacionalizar a la clase obrera alemana”lanzada por Adolf Hitler, resonara en sus oídos. A fin de cuentas, cuando José Antonio Primo de Rivera viajó a Italia poco antes del mitin del Teatro de la Comedia, el propio Mussolini le aconsejó que contactara con Ángel Pestaña para integrarlo en su proyecto político (detalle que demuestra el interés y la información que poseía el Duce sobre el movimiento obrero europeo; el detalle lo aporta Ángel María de Lera en su biografía de Pestaña, transmitido por el propio biografiado que cuando explicó cómo había ido la entrevista con José Antonio).

Hasta última hora, Ledesma mantuvo en pie su idea de “nacionalizar a la CNT” y, de hecho, tal era la intención de su última aventura editorial “Nuestra Revolución”.A 83 años de su fusilamiento, parece evidente que, de todos los temas que propuso en su época, éste no ha sido de los que conservan más actualidad.

En las biografías de Ledesma aparecen cinco “actividades profesionales”: “filósofo, político, escritor, ensayista y periodista”. Efectivamente, fue todo eso, pero no en el mismo grado y, por lo demás, habría que especificar qué tipo de político fue, porque su historial nos revela que no tuvo nada que ver con el político al uso tal como se entendía en la época. Ledesma fue, especialmente doctrinario y estratega.

Lo primero nos induce a plantear qué queda de la “doctrina” enunciada por él enunciada. Es simple: su patriotismo que viene acompañado de una “cualidad”, es un “patriotismo crítico”. No se limita a cantar las glorias, reales o míticas del pasado, sino que apunta a solventar los problemas y las carencias de España en aquel momento histórico. 

En este terreno, cabe decir que, después suyo, salvo la polémica entre Calvo Serer y Antonio Tovar sobre “España sin problema” o “España como problema”, no ha existido ningún intento de revisión del patriotismo español como la realizada por Ledesma. Quizás ese sea el problema que sufre hoy el patriotismo español: que no ha vuelto a tener intérpretes, ni ser objeto de revisiones en un momento en el que la historia lleva unas décadas acelerada. La revisión de Ledesma en su Discurso a las Juventudes de España esta, ciertamente, lastrado por el espíritu de los años 30, pero el “patriotismo crítico” sigue siendo, en estos momentos, la única forma de ser razonablemente “patriota”.

Y luego está el otro aspecto, el de “estratega”. Ledesma era a principios de los años 30, uno de los pocos españoles que se había leído La Técnica del Golpe de Estado de Curzio Malaparte y conocía al dedillo la evolución del NSDAP y sabía que elementos habían aportado pujanza al nacional-socialismo. Sabía que lo esencial no era generar brillantes ideas, sino cómo traducir estas en políticas de Estado y, para eso, había que construir un movimiento político utilizando las piezas dispersas que figurasen en el tablero. Y eso hizo en los últimos momentos de la Dictadura cuando concibió la idea de llevar a la práctica en nuestro país aquello por lo que, primero Giménez Caballero le había ilustrado y que luego él mismo fue capaz de asimilar.

¿Y cuál era la “estrategia” de Ledesma? La de “construcción del partido” en torno a un núcleo duro que fuera ampliando su radio de acción.Todo fue bien hasta la crisis generada a finales de 1934 cuando la ampliación de ese radio de acción pasaba, simplemente por integrar a Calvo Sotelo en Falange o trasladar el proyecto a otra sigla. La “escisión de los jonsistas” fue negativa para el partido de José Antonio, pero extremadamente buena para el nacional-sindicalismo. El período de reflexión, hasta que ambos reconstruyeron la relación a lo largo de 1936, generó un texto de referencia, sin duda el documento más brillante emitido por aquella área política durante el período republicano: el Discurso seguido por las dos Digresiones sobre el destino de las juventudes. Textos para la posteridad.

Leer toda aquella literatura, en el 2019, puede aportar poco en sí misma. Nos indica solamente cómo fue una época y cómo Ledesma trató de influir sobre su tiempo. Ochenta años después, las técnicas políticas son completamente diferentes, los procesos de “construcción del partido” se realizan con otras técnicas, lo que Malaparte pudo sugerirle en su libro es hoy, en cualquier caso, irrealizableY las obras doctrinales de Ledesma o su nacional-sindicalismo ideado para una situación de pujanza de la clase obrera y del sindicalismo revolucionario, ya no tiene sentido. Y, en lo relativo al “patriotismo crítico”, vale más como método de análisis, pues no en vano la época de los Estados-Nación ha periclitado.

Estas reflexiones, así como la percepción de que lo peor sobre Ledesma eran los intérpretes de su obra que creían poder arribarla a sus pequeños chiringuitos, fue lo que nos indujo una tarde en la que salir a la calle en Montreal suponía quedar congelado, a escribir una serie de ensayos sobre él, que se publicaron en los primeros números de la Revista de Historia del Fascismo, y que luego fueron recogidos en el volumen Ramiro Ledesma a contraluz publicado en 2014.

Lo que sobrevive de Ledesma, junto al “patriotismo crítico”, es la necesidad de un método en política, de una estrategia (plan general de operaciones para la conquista de un objetivo político). Si hoy vemos partidos que nacen, crecen y mueren en apenas 10 años, si vemos movimientos de masas lanzadas a la calle por sus mentores, pero sin esperanzas, es precisamente por que desconocen el “método” sobre el que solamente un filósofo matemático como Ledesma, podía establecer con conocimiento de causa. Pero, claro está, las respuestas a estos dos problemas, el “patriotismo crítico” y el “método”, que Ledesma teorizó en los años 30, no puede ser el mismo, en ningún caso, que el necesario hoy en España. Así pues, ni basta con leer escritos redactados hace entre 80 y 90 años, ni con conocer su biografía: es preciso tener la imaginación suficiente, la creatividad, la objetividad y la voluntad (siempre la voluntad, por encima de todo la voluntad) de adaptar “método” y “patriotismo crítico” a la mutación científico-histórico-social, en medio de crisis económicas derivadas de la globalización, que se nos viene encima en la próxima década.

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